Que hago en el cuerpo de Katniss Everdeen.

1. Que hago en el cuerpo de Katniss Everdeen.

Mi nombre es Brithgel y les contare mi historia de cómo rayos termine en el cuerpo de mi personaje favorito Katniss Everdeen.

Todo comenzó en invierno cuando fui al cine con mi mejor amiga, Maia. Fuimos a ver la película de juegos del destino para festejar que Jennifer gano el Oscar a mejor actriz, al llegar a su casa después de ver la película me quede a dormir en su ella, o al menos ese era el plan. Estábamos bromeando sobre qué haríamos si estuviéramos en el papel de Katniss. Ella decía que hubiera escogido a Gale, pero yo en cambio tenia completamente en claro que escogería a Peeta.

Era media noche y se fue la luz, la madre de Maia que es vidente o algo así; me pidió que consiguiera unas velas del segundo cajón de la cocina, ya que era invitada de ella, le respondí amablemente y fui a la cocina para tomar las velas. El mueble que me había dicho estaba muy alto y decidí tomar una vela negra del primer cajón. La encendí y fui al cuarto de Maia a seguir platicando. Ella comenzó a bromear de nuevo.

-No, enserio. Si estuvieras en el momento del tren donde esa perra le rompe el corazón a Peeta porque todo era una actuación, lo arruinarías todo y terminarías muerta en tus segundos juegos y seguirías peleada con Peeta y arruinarías la historia.

-Claro que no, de hecho yo arreglaría todo. Sería un perfecto símbolo de la revolución, y te aseguro que ignoraría a Gale y Peeta seria mío y yo suya incluso antes de llegar al capitolio en la gira de la victoria.

-Oh, ¿enserio? ¿Si en este momento estuvieras en el tren rumbo al distrito doce crees que lo lograrías?

-Claro – respondí. Segura de mi misma.

-Sí, aja.

Apareció la madre de Maia dando pasos silenciosos- Querida. ¿Estás dispuesta a apostar?

-Madre no. Por favor no lo hagas – Le pidió Maia, repentinamente seria, lo cual era muy raro en ella.

-¿Qué cosa?- pregunte un poco confundida.

-Vamos, no le pasará nada y ella ama a Peeta. – le dijo conciliadoramente y luego me miró a mi – Escucha, Brithgel ¿ves esa vela negra en tu mano?

-sí.

-Bien. si pudieras estar en el cuerpo de Katniss cambiarias las cosas ¿cierto?

-Claro ¿es esto una apuesta?- pregunté burlándome internamente.

-Claro.

-Bri, no lo hagas. No sabes en lo que te estás metiendo- intervino Maia casi rogándome.

-Solo es un juego, hija. ¿Aceptas? - me ofreció la mano

-Claro- le di mi mano. Sellando el trato.

La vela comenzó a brillar intensamente en mi otra mano. Tanto que la solté, pero en vez de quemar la sabana sobre la que cayó, se consumió inmediatamente y todo comenzó a dar vueltas y me desmayé.

Entonces, ¿me estás diciendo que lo de estos últimos días y, supongo..., lo del estadio..., no era más que una estrategia que habían diseñado? –pregunta un chico rubio, un poco más alto que yo y de unos hermosos ojos azules

-¿Qué?- pregunto confundida, no sé donde estoy, ni que paso.

-Katniss, respóndeme, era una estrategia que habían diseñado?- veo el dolor en su mirada, las flores de mis manos y me doy cuenta que estoy junto a un tren y que traigo una trenza. ¡Oh por Dios¡ ¿Que hago en el cuerpo de Katniss Everdeen?

-No. Es decir, ni siquiera podía hablar con él en el estadio, ¿no? balbuceo, no tengo idea de que hacer para cambiar la historia aunque me la sé de memoria cada dialogo, cada palabra descripción y pensamiento. Pero mi cabeza esta embotada y no logro encontrar que decir.

-Pero sabías lo que quería que hicieses, ¿verdad? –me pregunta, y me muerdo el labio, creo que me bloquee no se qué hacer. ¿Suzanne por qué escribiste esto?

- ¿Katniss? -Me suelta la mano y doy un paso, como para recuperar el equilibrio - ¿fue todo por los juegos? ¿Una actuación?

-No todo, yo -respondo, agarrando las flores con fuerza.

-Entonces, ¿cuánto? No, olvídalo, supongo que la verdadera pregunta es qué quedará cuando lleguemos a casa.

-No lo sé. Yo, Peeta yo -respondo y comienzo a llorar de desesperación. No se qué hacer para corregir esto. Si tan solo hubiera aparecido una escena antes, una página antes.

No puedo creer que yo le esté haciendo esto. Él espera a que se lo explique, pero no lo hago. Solo estoy llorando y trato de respirar ya que me falta aire.

-Bueno, pues házmelo saber cuándo lo sepas y no finjas llorar.

El dolor que desprende su voz es palpable.

Sé que se me/le han curado los oídos porque, incluso con el rumor del motor, oigo todos y cada uno de los pasos que da hacia el tren.

Me derrumbo en el suelo en posición fetal a llorar hasta que ya no puedo más.

Creo que arruine la historia. No, al diablo la historia; le eh roto el corazón a Peeta.

Cuando subo a bordo, él ya se ha acostado, toco su puerta y le ruego que me abra por casi una hora. Tampoco lo veo a la mañana siguiente. De hecho, no aparece hasta que estamos entrando en el Distrito 12. Me saluda con un gesto de cabeza, inexpresivo, Ambos tenemos los ojos rojos. Effie nos envía a lavarnos la cara.

Quiero decirle que no está siendo justo, que yo en verdad siento algo por, el que me enamore de él desde el primer libro, bueno tal vez eso no; que eran

Desconocidos; que hizo lo necesario para seguir viva, para que los dos siguieran vivos en el estadio; También quiero decirle lo mucho que ya lo echo de menos, aunque prácticamente lo acabo de conocer, pero no sería justo por mi parte.

Así que nos quedamos de pie, en silencio, observando cómo entramos en nuestra mugrienta estacioncita. A través de la ventanilla veo que el andén está hasta arriba de cámaras. Todos están deseando presenciar nuestra vuelta a casa.

Por el rabillo del ojo veo que Peeta me ofrece la mano y lo miro,

Vacilante. --¿Una última vez? ¿Para la audiencia? --me dice, no en tono enfadado, sino hueco, lo que es mucho peor.

El chico del pan empieza a alejarse de mí, o más bien de ella. No lo sé.

Lo cojo de la mano con fuerza, preparándome para las cámaras y temiendo el momento en que no me quede más remedio que dejarlo marchar y tal vez no recuperarlo nunca.