Lo amaba, era la verdad, no podía negarlo. Cada vez que estaba a cerca sentía paz como nunca antes. Su aroma era fresco, sutil pero indudablemente de hombre. Él era fuerte y bien parecido. Además poseedor de una sonrisa sin igual. Y era tan afectuoso. No podía evitar verlo y no terminar en sus brazos. Había tenido relaciones con otros tipos con anterioridad, incluso un amigo. Pero estar con Kenji era maravilloso. Con él sentía que si podía arriesgarse a una relación seria sin terminar lastimada.

Kanji era el hombre perfecto, había amado con anterioridad, pero cunado la relación termino, a pesar de dolerle, no lo hacia tanto como pensar en perderlo a él. Y Kenji también había amado, pero no fue correspondido. Él se había enamorado desde que era niño de su compañera de equipo, por eso cuando sus padres los comprometieron él fue feliz. Estableció un noviazgo con la chica y antes que todo eran amigos. Hasta que ella le dijo que no podía casarse con él porque amaba a alguien más. Al tercer integrante del equipo. El mejor amigo de Kenji.

A veces sentía que era egoísta porque una parte de ella fuera feliz de que la chica lo dejara, aun si le rompió el corazón, pero de otra forma ellos no estarían juntos. Y Kenji era tan amable y comprensivo que decía que no debía sentirse culpable. Que incluso él era feliz por ello, porque si su amiga le hubiera correspondido, él se hubiera casado, y jamás encontraría el amor verdadero a su lado. Él decía que era una de esas bendiciones disfrazadas de dolor, que ahora se daba cuanta la suerte que tuvo

Temari lo entendía y sentía pena, no por él, sino por la chica, por no darse cuenta que Kenji era diferente a los demás hombres. Por fugarse con el otro chico dejando abandonado a una persona maravillosa. Por no poder apreciarlo como Temari lo hacia. Así que Temari solo podía apretarse contra su pecho mientras juntos veían el sol salir en esa azotea, lejos de las preocupaciones y responsabilidades, lejos de la realidad de que pronto él tendría que volver a su aldea y pasarían semanas antes de volver a verse.

Lo mejor de su relación era que él también la entendía, entendía que no quería ir deprisa, a ella le asustaba el pensar en formalizar la relación. Pero al mismo tiempo, ambos sabían que era inevitable hacerlo, tarde o temprano, terminarían juntos. Todo el mundo se enteraría de que él era de ella, así como ella era de él.

Él hundió su nariz entre su pelo, aspirando fuertemente el aroma que desprendía, y bajo por su cara y cuello, respirando con necesidad de tenerla un poco más. Hasta que finalmente deposito un Sueve beso en sus labios y se separo apenas unos centímetros.

-Amo como hueles.- Pego sus frentes y la miro a los ojos, haciendo una promesa silenciosa de regresar pronto.- Te amo, Temari.

-Y yo te amo a ti.