No reclamo los derechos del juego. La historia y sus personajes son propiedad de Quantic Dream. Esta es sólo mi adaptación del juego.


—Te encontramos a un lado de la carretera, en medio de la nada —dijo el policía sentado frente a ella en el escritorio—. ¿Hubo un accidente?

Jodie Holmes permaneció quieta sin decir una palabra, mirando a un punto vacío de la habitación.

—¿Alguien intentó hacerte daño?

Los disparos... recordó los sonidos de los disparos en medio del bosque.

—¿Puedes decirme algo? —presionó el policía—. ¿Un nombre, tal vez? ¿Alguien a quien contactar? Debes tener familia. Amigos... Alguien que nos pueda decir quién eres.

Jodie consideró sus opciones.

¿Stan? Seguramente él ni siquiera sabía que ella se había escapado del hospital. Además, él ya la había ayudado demasiado, y en cambio ella sólo les trajo problemas a él y a Martes. Tampoco quería volver con la CIA. Ellos habían enviado gente a buscarla. Y ella estaba intentando huir.

Y Nathan seguramente la enviaría con ellos.

—No hablas mucho, ¿cierto? —El policía estaba sentado encima del escritorio, más cerca de ella. Pero Jodie no se inmutó—. Bueno, si tú no me ayudas, yo no te puedo ayudar.

Él se levantó, suspirando, y se alejó de ella. Parecía que se estaba rindiendo.

—No vamos a ninguna parte —murmuró, casi para sí mismo.

Cuando se dio la vuelta, vio la cicatriz en la cabeza de Jodie. Desconcertado, le preguntó:

—Esa cicatriz... ¿Es reciente? —Acercó su mano para tocarla. Jodie cerró los ojos, nerviosa.

La taza encima del escritorio se elevó en el aire y se estampó contra la pared antes de que el policía pudiera tocarla. La pared se llenó de café negro, que de todas formas ya se había enfriado hace una hora.

Confundido, el policía pasó la vista de la pared a Jodie, que seguía con los ojos cerrados.

Nathan ya iba en camino a la estación de policía, debajo de la lluvia y sobrepasando los límites de velocidad.

—¡Dígales que vuelvan! —gritó con el teléfono en la oreja—. ¡No tienen idea a qué se enfrentan! Dígales que esperen a que yo llegue. Contacte con ellos enseguida, ¿me oye? ¡Tiene que detenerlos!

Pero ya habían colgado.

—¡Idiotas! —exclamó para sí—. ¡Serán idiotas!

Afuera, en la recepción, estaban entrando varios agentes de la SWAT. Estaban armados y dispuestos a encontrarla.

Y Jodie podía sentirlos.

Sabía que estaban afuera.

"Lo sé. Ya vienen."

Cuando Nathan llegó ya era demasiado tarde.

Se quedó parado ahí, contemplando lo que el caos había dejado detrás.

Todos estaban muertos. Todos, menos el policía que la estaba interrogando.

Él seguía en pie, y no parecía que le hubiese sucedido gran cosa. Como si, al igual que Nathan, hubiera llegado después que pasó lo peor.

El piso estaba lleno de papeles, archivos, sangre y cadáveres. Y vidrios. Los bombillos y los cables echaban chispas. En el aire se podía sentir la pesadez y la miseria.

Nathan no lo dudó ni por un segundo.

—Jodie..., ¿qué has hecho?