Desconocidos •


Caminaba despacio tanteándose entre las sombras, siendo guiada por su bastón el cual le indicaba los lugares por los que ella transitaba de manera despreocupada, llevaba casi cinco años así, viviendo en la oscuridad y ya se había acostumbrado a la vida que llevaba desde aquel trágico día.

Llego hasta una esquina y cruzo rápidamente la calle hasta llegar a un pequeño cubículo el cual pertenecía a un estacionamiento, ella visitaba a un viejo anciano encargado de levantar la palanca para dar acceso a los autos que entraran o salieran de ese lugar.

Sakura, tanteo una vez más con su bastón el desnivel que había a la entrada de ese cubículo y entro como siempre lo hacia todas las noches de la semana, acomodándose en una silla de metal al lado del anciano, su amigo.

– Aún no ha comenzado, ¿cierto? –pregunto emocionada, buscando en su bolso unas cosas que habría traído para él.

Del interior de su bolso sacó un frasco de jalea, pan, algunas frutas y un recipiente que contenía algo de comida la cual tenía un aspecto no muy agradable aunque su olor compensaba la vista, parecía ser algo dulce y delicioso, Sakura estaba poniendo todas esas cosas sobre las piernas de su amigo que incrédulo y con cierto asombro recibió todo lo que la hermosa y joven chica le daba.

– También traje algunos dulces –le dijo pasándoselos por las manos, los cuales solo pasaron por ellas porque de manera espontánea Sakura los guardo para ella dejando con las manos estiradas al chico–. Pero estos no son para ti –murmuró con gracia–. Esto es mío –terminó poniendo los dulces sobre sus piernas mientras dibujaba una linda sonrisa en su rostro. Luego de ello se dispuso a sacar de su bolso una pequeña botella de licor.

– Sé que es tu favorito –le susurró de manera suave y divertida al mismo tiempo en que estiraba sus manos esperando a que él la tomara pero su amigo no lo hizo, eso le sorprendió un poco pues generalmente él siempre lo tomaba casi de inmediato.

– ¿Qué ocurre? Tómalo –dijo sin perder esa sonrisa de su rostro y estiro todavía un poco más sus manos para que él la tomara pero su amigo estaba tan sorprendido que quedo confundido pues para él, esta era la primera vez en que la veía.

Él pensaba que ella se había equivocado, que lo había confundido con alguien más pero no se explicaba todavía del porque ella le seguía ofreciendo todo lo que le estaba dando; ellos eran dos completos desconocidos. Intento hablar pero Sakura no se lo permitió, ni siquiera le dio el tiempo suficiente de poder explicarle que él no era la persona que ella estaba buscando y no fue sino hasta que Sakura tomo las manos del chico para poner la botella en ellas, fue entonces que quedo sorprendida.

La sonrisa en su rostro se borró, coloco la botella sobre la mesa que tenía en frente y estiro nuevamente sus manos, esta vez en dirección al rostro del chico que yacía inmóvil y sin palabras observando los movimientos de ella. Sus manos sujetaron aquel rostro jovial y suave, aquel rostro no se parecía en lo absoluto al de su amigo que tenía la piel arrugada y áspera.

– ¿Quién es usted? –preguntó asustada retirando de inmediato sus manos, poniéndose de pie, tirando la silla y alejándose lo suficiente, su temor la había obligado a llevarse las manos a su pecho que trabajaba de manera descontrolada, representando un miedo casi nulo porque a decir verdad estaba más sorprendida que asustada debido a la vergüenza de haberse proyectado contra un extraño.

– ¿Dónde está el abuelo? –preguntó aflojando un poco su semblante mientras se interesaba ahora por aquel nuevo sujeto extraño que tenía frente a sí.

– El abuelo dejo de trabajar aquí esta tarde, soy su remplazo –respondió aquel sujeto con voz gruesa, sutil y muy varonil, aunque su voz reflejaba cierta confusión y extrañes.

La chica supuso en ese instante que él tendría la misma impresión que ella de él pues de seguro para él era raro que una extraña entrara sin avisar y le entregara cosas de una manera tan confiada.

Sakura balbuceo un poco pensando en que decir después de tan inapropiadas acciones, busco alguna clase de pregunta que la pudiera ayudar a salir de tan vergonzosa situación pero lo único que se le ocurrió fue el preguntar porque él había aceptado todo lo que ella le había dado.

– Fue porque usted me las dio –esa respuesta le dejo confundida y aturdida.

La hermosa joven hizo algunas muecas pretendiendo querer sonreír para hacer más amena la situación, estiro sus manos en busca de las cosas que momentos antes le había entregado y las tomó una a una.

– Disculpe la molestia –anunció quitándole todo mientras lo guardaba de nuevo en su bolso–. A menudo vengo aquí para ver la novela de las nueve con el abuelo, traigo bocadillos y algunas otras cosas.

La reacción de la chica le había sorprendido tanto al chico que le dio un poco de risa, éste continuo mirándola detalladamente mientras la observaba como con mucha agilidad ella metía las cosas a su bolso y aunque él ya lo sabía quiso comprobarlo nuevamente pues parecía que en ciertos momentos ella veía como cualquier otra persona. Entrecerró un poco los ojos e inclino la cabeza aún lado divisándola mejor a lo que ella viro su rostro, lo cual ahora a él lo tomo por sorpresa obligándolo a sonrojarse por haber quedado demasiado cerca.

Ingenua a la situación Sakura le pregunto nuevamente por el abuelo.

– Él dijo que tenía que mudarse –fue todo lo que respondió aquel chico acerca de Jiraya, el abuelo.

– Oh, con que eso dijo –musitó bajando la cabeza, preparándose para salir–. Le pido una disculpa –anunció buscando a tientas su bastón–. No sabía que Jiraya se había ido –le sonrió delicadamente luego de ello se dispuso a irse tocando el marco de la puerta con una de sus manos.

Al salir del cubículo Sakura tomo el gorro de su impermeable y se cubrió la cabeza para no mojarse ya que esa tarde había llovido y aún no paraba de chispear. Deslizó su bastón, se acomodó un poco más las ropas y comenzó a caminar a tientas hasta llegar a la acera en donde se detuvo por algunos momentos a pensar.

Probablemente estaría pensando en que el abuelo se había ido sin siquiera haberse despedido de ella o en que quizá ya no habría nadie con quien ver su novela o quizá estaría pensando en el nuevo sujeto que acaba de conocer y cuyo remplazo no fue nada amistoso o tal vez sí.

Aunque más que ver su novela preferida ella disfrutaba del tener una compañía amena que la ayudara a pasar mejor el rato, al menos eso era mucho mejor que si estuviera sola en casa viendo la novela.

Sakura se sentía triste pero tenía que aceptarlo, algún día Jiraya iba a irse, ella lo sabía aunque no contaba con que fuera pronto. Bajo su rostro un poco y suspiro de manera cansada, sus ojos representaban tristeza, ahora que el abuelo se había ido no sólo se perdería de su novela sino también de la compañía de alguien especial.

Llevo sus manos a su pecho sintiendo la frialdad de la noche que era acompañada por una tenue lluvia que no cesaba desde la tarde, su extraño amigo el cual se encontraba resguardado en el interior de ese pequeño cubículo no paraba de observarla, fue entonces que de repente ella escucho unos pasos acercarse tras ella pues las pisadas en los charcos de la lluvia se lo habían advertido.

– Oye –escuchó nuevamente esa voz–. Si quieres puedes venir a ver la tele mientras termina de llover –musitó a su lado, Sakura instantáneamente volteo justamente al lugar de donde aquella voz había provenido.

Ella lo pensó por unos minutos, era estar con un nuevo extraño en un pequeño cubículo de estacionamiento mirando su novela o permanecer en la calle bajo la lluvia para después caminar a casa y llegar a ver el resto de lo que quedaba de su novela, sola.

Si, quizá hubiera elegido la segunda opción pero ella no quería estar sola.

Sonrió un poco y bajo las manos de su pecho ya que las tenía sobre este, su bastón toco nuevamente el suelo y camino de regreso al cubículo adentrándose, sentándose como en un inicio en aquella silla fría. Nuevamente comenzó a sacar de su bolso todas aquellas cosas las cuales en vez de dejarlas sobre las piernas del chico las dejo sobre la mesita que tenía en frente, excepto la comida.

El cubículo por fuera parecía que era demasiado pequeño pero por dentro todo estaba bien organizado, era espacioso y muy cómodo, en un rincón estaba un televisor el cual servía para pasar el tiempo, también había un pequeño estante en donde había varios documentos y papeles con algún tipo de significado que el abuelo había dejado ahí, había un ventilador y una pequeña planta, era nardo cuidadosamente cultivado en una macetita y a decir verdad el lugar era bastante acogedor para ser tan pequeño.

Sakura se quitó nuevamente el impermeable colocándolo en un perchero, poniendo atención a su exterior imaginando lo que posiblemente estaría haciendo su nuevo amigo quién buscaba el canal exacto en donde se transmitiría la novela que ella quería ver.

– ¡Ahí esta! –le dijo entusiasmada saltando en su lugar cual si fuera una niña pequeña emocionada por algo.

El chico enarco una ceja y la observo mientras ella sonreía amablemente de forma encantadora, definitivamente para él esta no era la clase de cosas que con regularidad veía en televisión ya que por lo menos antes de que ella llegara él estaba mirando el canal de boxeo en donde su ex entrenador levantaba la mano de su ahora nuevo pupilo.

Sakura parecía realmente encantada con los diálogos de los actores de su comedia favorita algo que al chico no le parecía nada interesante pues observaba inquieto hacia todos como esperando la hora en que esa novela terminara aunque en realidad más que ignorar lo que estaba en ese canal sus ojos indeseablemente se posaban en su compañera a la cual veía con cierto asombro ya que ella estaba realmente entretenida con el programa imaginado embelesada todas las escenas que se suscitaban.

Ella tenía entre sus manos una mandarina con la cual estaba jugando, de vez en cuando la llevaba a sus labios acercándola a ellos pretendiendo besarla pero no lo hacía, eso evidentemente a él le divertía, Sakura se emocionaba lo suficiente como para que él pusiera toda su atención en ella quién la observo detalladamente concentrándose en sus gestos repentinos hasta que esta se sintió observada. Ella volteó a verlo y él desvió su mirada hacia el lado contrario sintiéndose apenado esperando a que ella dejara de observarlo pues a pesar de que ella no lo veía a él le daba la impresión de que si podía verlo.

Así pasaron todo el rato que duro la comedia, de vez en cuando él la observaba y ella se emocionaba hasta que por fin Sakura tuvo que retirarse.

– Gracias por dejarme verlo –musitó de forma agradecida mientras se colocaba nuevamente su impermeable y se acomodaba su bolso del cual sacó el recipiente con la comida–. Esto sabe mucho mejor de lo que se ve –dijo ofreciéndoselo, él lo tomo entre sus manos y asintió con la cabeza en señal de agradecimiento lo cual fue correspondido con una dulce sonrisa de la extraña chica.

Ella giro en su lugar dando media vuelta, estiro su bastón y antes de salir del cubículo le señalo al chico el nardo que tenía a sus espaldas.

– Esa es una planta muy especial, no olvide regarla –le dijo casi en tono de orden haciendo un ademan con su dedo índice luego le sonrío para así retirarse y caminar hacia su casa.

El chico por su parte miro el nardo que tenía a sus espaldas y lo encontró tan verde y lindo pero no le causo algún efecto especial. Dejo de mirar la planta y miro a la chica cruzar la calle y caminar hasta perderse en la oscuridad de la noche.

El chico se sentó en su lugar y tomo el periódico que el abuelo le había dejado esta noche cuando él llego a tomar su puesto y comenzó a leer, así se le fue el tiempo hasta que se llegó la hora de cerrar, necesitaba irse a casa a descansar para levantarse temprano y así cumplir con sus responsabilidades.

Por las mañanas Sasuke trabajaba como repartidor de agua embotellada y por las noches se dedicaba ahora en su nuevo trabajo en el estacionamiento.

Colocó el candado cerrando su cubículo, al estar afuera se puso el gorro de su sudadera gris, suspiro cansado y hecho a correr cruzando la calle para dirigirse primeramente hacia al centro en el cual buscó una caseta telefónica. Después de tanto de pensarlo esa noche solicito a la operadora el número telefónico de un gimnasio en particular.

La operadora le proporciono el número el cual él memorizo después de ello camino un par de cuadras más hasta llegar a su departamento.

– Buenas noches, Sasuke –le saludo amigablemente el recepcionista del edificio.

– Hola, Lee –contesto pasando de largo para subir las escaleras.

No era que el elevador no sirviera porque si funcionaba, era sólo que a Sasuke le gustaba hacer ejercicio, por eso casi siempre usaba las escaleras.

Llego hasta su habitación y abrió la puerta adentrándose en su departamento, no había encendido la luz porque le gustaba estar a oscuras ya que él se había acostumbrado a ella, siempre había vivido en la oscuridad y en la soledad de ser un niño solo, no tenía padres o hermanos que lo cuidaran o que le hubiesen dado un poco del amor que él necesitaba, él desde que recuerda y tenía uso de razón siempre fue huérfano o eso es lo que le dijeron.

Su cuarto era iluminado solo por una lámpara de escritorio que se encontraba sobre una mesita que estaba cerca del gran ventanal que tenía una vista genial hacia el resto de la ciudad y hacia los enormes edificios comerciales de la misma, era lo único que en esos instantes alumbraba su cuarto y su vida sin mencionar que ahora y por alguna extraña razón la chica nueva que conoció esta noche comenzó a abrir una grieta dejando pasar una tenue luz a su vida.

Saco el recipiente de comida de su sudadera y lo abrió, en realidad como ella lo había dicho esa comida no tenían buen aspecto aunque su sabor era perfecto, era extrañamente dulce, amargo y picoso, sabores que él de cierta manera odiaba aunque en realidad esta nueva mezcla de sabores le gusto desde su primer bocado el cual compartió con una pequeña tortuga que tenía dentro de una pecera.

Era raro, completamente extraño lo que él de pronto había sentido sin ninguna razón o algún motivo aparente, él no era así, él no tenía sentimientos afectivos por nadie pero el conocer a esa nueva chica le inquieto de sobre manera y aunque ya era algo tarde no podía dormir, solo pensaba en aquel dulce rostro tan tierno e inocente.

De todas las chicas que él había conocido fue ella quien le sorprendió de sobremanera con su peculiar cabello rosado, liso y largo, su tersa y suave piel blanca de facciones finas, su encantadora voz llena de inocencia y diversión al hablar, tan segura y suelta con las palabras; ella era delgada con una silueta femenina delicada aunque lo que más le impresiono al chico fueron sus hermosos ojos color jade, tan brillantes y relucientes, tan hermosos pero que tristemente eran opacados con una oscuridad que no se podía quitar pues ella no podía ver, irónicamente pese a ese dilema a la chica parecía no importarle su condición física ya que el poco tiempo que estuvieron juntos ella siempre intentaba compensar su lindos ojos con una tierna sonrisa y eso era lo que a él le hacía sonreír.

Camino hacia su cama en la misma oscuridad y se abraso así mismo contemplando su propio silencio y a su propia respiración en medio de las penumbras que de alguna manera hoy eran más cálidas que nunca. Se acomodó en su cama y miro al techo mientras posaba sus manos debajo de su nuca y así se quedó dormido pensando en aquel rostro atento que se divertía con el sueño de volver a ver.


Hola.
Finalmente volví con esta adaptación del guionista Hong-jin No. Bueno, sin más que decir las dejo con lo que para mí sería el primer capitulo.