Hace tiempo que escribí esta historia, y todavía no sé si me gusta o no. He intentado rescribirla, pero no sé cómo mejorarla y tampoco quiero quitarla del todo –al parecer, os gusta (a algunos sí, a otros no, claro) –y, lo admito, es una de las razones para no querer quitarla. Pero cuando alguien me pidió que si podía traducirla, me negué a dejarla tal cual la subí la primera vez, así que esta es la segunda edición. Espero haber erradicado todo los leísmos y laísmos, y alguna que otra falta o palabra que no quedaba bien.

Con cariño, espero que os guste.

Y una canción desesperada

Está otra vez allí: delante de ese arpa. La tela que lo cubre parece más liviana que la primera vez que lo vio. Alza su mano para tocarla, pero sus yemas acarician el vacío del aire. Los mechones rubios de su pelo caen sobre su frente y le acarician la piel. Un susurro se escapa de las cuerdas y le agita los hilos de su cabello, que bailan inquietos.

"Ven, mi pequeña, ven a jugar"

Una dulce voz sale distorsionada del arco. Camina hacia ella y la envuelve en su manto. Luna cierra los ojos. La voz de su madre le abraza como antaño. Como cuando aún era pequeña y juntas buscaban las criaturas extravagantes en las que nadie más cree.

"Ven, mi niña, ven a mí"

Las palabras le atraen como un imán. Ahí está su madre: llamándola para que vaya con ella. Y Luna quiere hacerlo: abandonar esa estúpida guerra y recorrer el cielo con su madre. Si es que de verdad existe.

Sus ojos se llenan de lágrimas mientras avanza hacia el arpa, pero cuando ya está casi al lado, empieza a oír otras voces más.

"Ven a jugar"

"Corre, huye"

"Aquí estarás bien"

"Ven a buscarnos"

"Vete de aquí"

"Ven con mamá, Luna"

"¡Luna! ¡Corre!"

Entonces, Luna reconoce otra voz entre esa orquesta. La de Sirius Black. Un Sirius que cayó, hace mucho tiempo, tras ese mismo arpa. Que dio un paso adelante y dejó todo atrás. Que se deshizo del miedo, de la impotencia, de la guerra, del dolor... Que fue a reunirse con sus amigos y ya no tuvo que luchar más. Y es cuando Luna siente infinitas ganas de correr hacia él.

Pero algo no está bien. Según se aproxima las voces tiran de ella para que no escape. A cada paso dado, la conciencia de Luna va desapareciendo; y su corazón late cada vez más despacio.

Entonces, entre tanta brisa y tanto susurro, nota algo sólido, denso, fuerte. Un brazo le rodea los hombros y le obliga a dar la espalda al arpa. Nota un revuelo detrás y cómo los brazos se tensan. Se revuelve en su nueva jaula y se gira. Detrás de su protector, las ánimas de miles de muertos agitan las cuerdas del arpa y componen lo que a Luna se le antoja la canción más triste y desesperada que jamás se ha escuchado.

El cuerpo resiste hasta que, al final, se rinde. Se deja caer, no sin antes mirar por última vez a Luna. Y ésta observa, como en un deja-vu, a Sirius cayendo al otro lado.

El arpa se lo ha tragado y ahora las almas siguen queriendo cazar algo más. Se abalanzan sobre Luna que echa a correr, asustada.

Despierta de golpe. Está en su habitación de Hogwarts, a salvo, cubierta por una suave y liviana sábana; y un sudor frío.
Respira con dificultad, y a su lado, su compañera le mira con curiosidad.
-¿Pasa algo?
-No –responde Luna- Tranquila, solo ha sido una pesadilla.

Se da la vuelta repitiéndose para sí esas mismas palabras mientras intenta reconciliar el sueño. Mientras, cierra los ojos y busca a Sirius en sus recuerdos felices, en aquellos en que ambos sonríen, aquellos que nunca compartieron pero que, está segura, siempre tuvieron ambos.

A lo lejos, sin embargo, desde un punto inexacto alguien canta:
"Ven, mi pequeña, ven a jugar conmigo"

Y de fondo una canción desesperada.