GRAN ESPÍRITU

I: PRÓLOGO

Paris, Francia

Año 3 del Nacimiento de Athena

Bianca estaba sentada junto con su prometido, Jérémie Blanc, mientras esperaban a los padres de la chica. Ambos estaban comprometidos desde hacía un año, y estaban haciendo los últimos planes para la boda, que sería en un par de semanas. Bianca tenía veinticinco años, y ambos llevaban cuatro años saliendo juntos.

-¿Qué sucede, Bianca?- dijo Jérémie, notando que su novia estaba algo pensativa- ¿no estás feliz?-

-Claro que estoy feliz, amore mio. Aunque a decir verdad, estoy un poco preocupada- dijo Bianca- creo que mi mamá va a estar muy enojada-

-¿Porqué lo dices, mon amour?- dijo él.

-Porque… invité a la familia de mi papá- dijo Bianca, jugando nerviosamente con sus dedos- de mi padre biológico, quiero decir-

Jérémie se mordió el labio. Oh, sí, él estaba al tanto de la historia. El nombre completo de su prometida era Bianca Lombardi. Los padres de Bianca, que también eran italianos, habían peleado hacía once años, y ambos se habían divorciado y cortado toda comunicación con ellos. Lo único que Bianca sabía era que su padre se había vuelto a casar, y que tenía una hermana menor. Apenas hacía dos años la madre de Bianca se había vuelto a casar, pero la chica se había negado a cambiar su apellido al del nuevo esposo de su madre. Ya no era una niña después de todo, era una mujer adulta, con un trabajo y un prometido.

Esa decisión molestaba horriblemente a su mamá.

Finalmente, la señora du Vallon entró a la sala, y felicitó animadamente a los novios. La mujer no parecía tan molesta como Bianca había previsto.

-¿Cómo van los preparativos, Bianca?- preguntó la mujer.

-Todo va excelente, mamá- dijo la chica, algo insegura- quería hablarte sobre un invitado que no estaba contemplado…-

-¿Tu padre?- dijo la mujer, arrugando los labios. Si bien su madre siempre había sido dulce, el tema de su ex esposo siempre la ponía de excesivo mal humor- sí, supe que lo invitaste…-

-¿Ah, sí?- dijo Bianca, algo nerviosa, buscando a tientas la mano de su prometido como apoyo. Jérémie tomó su mano entre las suyas, y la acarició para tranquilizarla- ¿y…cómo supiste, mamá?-

-Pues porque acabo de recibir una carta de su nueva esposa, felicitándote por tu boda y disculpándose porque ninguno de los dos va a poder asistir- dijo la señora du Vallon, cruzándose de brazos- tuvieron que hacer un viaje inesperado a Roma, y no podrán regresar a tiempo, cariño-

-Oh- dijo Bianca, algo decepcionada. Jérémie miró a su prometida con una expresión preocupada. ¡Qué noticias tan malas! El chico realmente esperaba que todo fuera perfecto para ella.

-¿Acaso no te lo esperabas, hija?- dijo la mujer, cruzándose de brazos, exasperada- sabes que Vincenzo Lombardi es un bueno para nada, y es imposible que le tenga afecto a alguien-

-¡Mamá!- dijo Bianca en un tono reprobatorio- no digas esas cosas. Sé que mi papá no era la mejor persona, ni la más afectuosa del mundo, pero sé que al menos tiene algo de cariño por mí…-

Bianca sabía lo que decía. Si bien su padre no se comunicaba con ella, pagaba sin falta todas colegiaturas y le pagó la mayor parte de la universidad, y sin falta cada cumpleaños le mandaba una postal. No era como que se hubiera desentendido de ella.

-Y se buscó otra esposa, y ahora tienen otra linda hijita, pelirroja y llena de pecas, con la que ya te reemplazaron- dijo la señora du Vallon, sin poder evitar cierto tono de amargura. Normalmente la mujer era amable, comprensiva e incluso carismática, pero cuando se trataba de su ex esposo, Vincenzo Lombardi, se transformaba en un ser lleno de odio- ah, ¿y a que no sabes qué más? No vendrán a la boda porque están en Roma atendiéndola. La mocosa es diabética. Se lo merece, y tu padre se olvidará de ella de la misma manera en que se olvidó de ti-

-¡Mamá!- volvió a decir Bianca, esta vez horrorizada por lo que había dicho su mamá. Sabía que no lo decía en serio, pero igual se sentía mal que dijera esas cosas- no hables así de ella. Mi hermanita no tuvo nada que ver con lo que pasó entre papá y nosotras-

-No es tu hermana, es tu media hermana- la corrigió la mujer, poniendo énfasis en la palabra "media", al parecer sin darse cuenta que a Bianca le causaba mucha tristeza ese tema- de mí te acuerdas, Vincenzo va a abandonar a esa mujer y a la mocosa de la misma forma de que nos abandonó a nosotras dos…-

Bianca bajó la mirada, y Jérémie la tomó de la mano, sonriéndole levemente para hacerla ignorar lo que su madre estaba diciendo. Bianca no tenía daddy-issues, y era respetuosa con su padre, aunque éste se hubiera distanciado de ella la mayor parte de su vida.

-Señora du Vallon- dijo Jérémie, en un esfuerzo para calmar la situación y buscar una manera de consolar a Bianca- si bien no van a venir a la boda, ¿no podríamos escribirles? Si Bianca quiere, quizá podrían mantener contacto cuando menos con su hermana-

-Media hermana- lo corrigió la mujer de nuevo- y no, no pueden. Mi ex esposo y su nueva esposa dejaron bastante claro que no querían que estuviéramos en contacto con ellos. Seguramente la mocosa es igual de desagradable y grosera que ellos dos, no veo porqué quieran mantener el contacto con ellos-

Bianca se encogió de hombros. Le daba tristeza saber que esa niña, que era su hermana (dijera lo que dijera su madre), estuviera enferma, pero no tenía más remedio que obedecer a su mamá. Y lo cierto era que no quería causar ningún problema con su padre.

-¿Cómo dices se llama tu hermanita, Bianca?- preguntó Jérémie en voz baja, tan pronto como su madre se distrajo en otra cosa, y dándole un beso en la mejilla.

-Mi hermanita se llama Sofía- dijo Bianca- Sofía Lombardi-

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Jamir

Año 5 del nacimiento de Athena

Mu estaba sentado en la entrada del palacio de Jamir, sentado en el suelo, en la entrada del mismo. Había cerrado los ojos, y se encontraba meditando en silencio. Respiró hondo. Las tardes eran frescas muy, a diferencia de Atenas, a pesar de ser mediados de junio. Disfrutó el suave aroma de la montaña.

Llevaba cinco años viviendo solo en Jamir, desde que su maestro había muerto y que había detectado algo extraño con el nuevo Patriarca. Los otros santos dorados no lo habían escuchado, y solo se había logrado apoyar con el maestro Dohko, en Rozan.

Suspiró y se frotó la frente. Ya casi era hora de cenar y comenzaba a tener hambre.

-¿Qué es eso?- dijo Mu para sí mismo, abriendo los ojos de golpe.

Y fue entonces cuando lo sintió. Un cosmo. Era muy tenue, y casi desaparecía, pero no estaba lejos de ahí. El chico se levantó a toda prisa y, tras pensarlo un segundo, se puso la armadura de Aries antes de desaparecer hacia el sitio donde había sentido ese cosmo.

Tan pronto como se materializó en el sitio donde había sentido el cosmo, en un pueblo a quince millas de Jamir, Mu abrió los ojos, incrédulo. La mayor parte de pueblo había sido completamente destruido e incendiado. No había ninguna persona, habitante o atacante, a la vista. El chico se llevó las manos a la boca, horrorizado por lo que acababa de ver.

El chico miró a su alrededor, impresionado por el horrible paisaje que tenía frente a sus ojos.

-Por los dioses- dijo Mu para sí mismo, aún horrorizado de lo que acababa de pasar, pues algunas ruinas aún humeaban por el fuego reciente.

Nuevamente, el santo dorado cerró los ojos, concentrado en buscar el pulso de cosmo que había sentido en ese sitio. Después de un rato lo sintió. Un pequeño cosmo, salvaje y sin entrenamiento, entre los escombros de una de las casas más grandes de ese pueblo.

Mu se apresuró al sitio indicado. Cuando utilizó sus poderes de telequinesia para hacer a un lado los escombros y encontrar el cosmo que estaba llamándolo, pidiéndole ayuda. El pequeño cosmo, el pequeño pulso de vida se estaba apagando, y el chico sabía que tenía que apresurarse. Terminó de remover los escombros y fue cuando por fin lo encontró.

Un bebé, un pequeño recién nacido que estaba aún en los brazos de una mujer cuya vida ya se había escapado, llorando débilmente. Mu se apresuró y lo tomó en sus brazos. El pequeño era pelirrojo, de su misma raza, que no tendría más de dos semanas de vida. Mu lo abrazó contra su pecho, para ayudarlo a entrar en calor, y cerró los ojos para pensar que era lo que iba a hacer ahora.

¿Qué iba a hacer él con un pequeño recién nacido? Si su maestro aún estuviera vivo, quizá podría haberle pedido consejo. Quizá podría dejarlo en un orfanato, como había hecho con la niña que había encontrado en Atenas unos años atrás. No, no podía hacer eso. El pequeño tenía un cosmo que, aunque era latente, parecía que sería muy poderoso. Quizá… quizá si su maestro estaba ya para ayudarlo, podía probar lo segundo mejor: pedirle consejo al maestro Dohko en Rozan.

Primero que nada, pediría a alguna mujer en el pueblo cerca de Rozan que alimentara al recién nacido. Pero Mu ya sabía la respuesta del viejo maestro. Sabía que tendría que criar al pequeño, y enseñarlo a usar su cosmo.

El pequeño siguió llorando a todo pulmón. Mu encendió su cosmo suavemente, y al parecer eso logró tranquilizarlo y hacerlo entrar en calor.

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Territorio Sioux, Wyoming, Estados Unidos

Margot Blanc se aferró a la falda de su mamá al ver que el grupo de niños morenos se acerca a ella, para mirarla con curiosidad. La mujer la tomó de la mano, y le dio un apretón para tranquilizarla. Sabía que los Sioux de esa zona eran muy amistosos, aunque los nombres de sus habitantes fueran un poco extraños y tal vez intimidades para la niña de cinco años.

-Tú debes ser Margot- dijo uno de los niños- tu papá nos habló mucho de ti-

-Ven a jugar con nosotros- dijo otro de los niños, tomando la mano libre de la niña y tirando de ella- vamos a ir esta tarde a la cascada de Pájaro de Nieve-

-No, ven con nosotras- dijo una de las niñas- los niños de Little Crow son muy aburridos-

Margot miró a su mamá por un momento, y ésta le sonrió y asintió. No era que Margot no estuviera acostumbrada a conocer niños nuevos. Sus padres se dedicaban a viajar alrededor del mundo. Su papá era periodista, y su mamá era la fotógrafa. Esta vez habían viajado a la reserva Sioux, cerca de la torre del Diablo, a filmar un documental sobre los indios. Siempre que hacían esos documentales, la madre de Margot aprovechaba para tomar fotos de su hija en esos lugares extraños y mágicos que visitaban. Finalmente Margot siguió a una de las niñas, que parecía ser apenas unos cuatro o cinco años mayor que ella, y su madre la miró alejarse con una sonrisa.

-¿A dónde vamos?- preguntó Margot, siguiendo a la niña, y de pronto se sintió algo avergonzada de no haber preguntado su nombre.

-Me llamo Mika. Tú te llamas Margot, ¿verdad? Vamos a la fogata- dijo la niña, tomando a Margot de la mano- la abuela Pequeña Tortuga va a contar una historia-

-¿Porqué tu abuela se llama Pequeña Tortuga?- preguntó Margot.

-No sé, aquí muchos de los viejos tienen nombres extraños. Ella es una de los dos jefes de la tribu- sonrió Mika- vamos, te van a gustar mucho sus historias-

-¿Tienen dos jefes?- preguntó la niña.

-Claro, un jefe de guerra y un jefe de paz- dijo Mika- el jefe de guerra siempre tiene que ser un hombre, se llama Wapasha. El jefe de paz puede ser mujer, esa es mi abuelita, Pequeña Tortuga-

Cuando llegaron a la fogata, todas las niñas de la tribu querían sentarse junto con la niña extranjera. Las mujeres también fueron amables con la niña. Pequeña Tortuga sonrió benévolamente al ver a la pequeña hija de Jérémie Blanc, el reportero que había llegado al pueblo la noche anterior y tan amablemente les había pedido permiso de filmar un documental con su esposa e hija.

-Bueno, bueno, niñas, siéntense- dijo Pequeña Tortuga, haciendo que las chicas de la tribu se sentaran alrededor del fuego- el día de hoy tenemos una invitada de honor. Se llama Margot Blanc, que nos visita desde el otro lado de la tierra y del gran océano-

Las chicas murmuraron, haciendo ruborizar a Margot, pero Mika le dio un codazo para tranquilizarla. La niña miró a su compañera, y se sonrieron.

-Bueno, pongan mucha atención- continuó Pequeña Tortuga- vamos a escuchar la historia de Mato Tipila, el Aposento del Oso. Los caras pálidas la llaman la Torre del Diablo-

Margot parpadeó y miró a su alrededor. Todas las niñas parecían muy interesadas, incluso Mika. Todas las niñas estaban señalando la enorme torre de piedra detrás de ellas.

-Había una vez- comenzó a decir Pequeña Tortuga- un grupo de siete chicas que estaban bailando junto al fuego, a la luz de la luna, alejadas del resto de la tribu, cuando un grupo de osos las sorprendido. Las chicas corrieron y corrieron, pero los osos no dejaron de perseguirlas. Cuando las siete terminaron agotadas, y no podían correr más, las siete rezaron al Gran Espíritu para que las salvara-

-¿Y qué pasó después?- dijo Margot antes de poderse contener. Mika rió, y todas las demás niñas la hicieron callar con un "shhhh".

-El Gran Espíritu hizo crecer el suelo, convirtiéndolo en una enorme torre que llegó hasta el cielo- continuó Pequeña Tortuga- por más que los osos intentaron trepar y rasguñar la roca, no pudieron alcanzarlas. Y al llegar al cielo, las siete muchachas se convirtieron en siete estrellas que aún iluminan el cielo- Pequeña Tortuga miró fijamente a Margot- los caras pálidas les dicen Las Pléyades-

La boca de Margot formó una "o" casi perfecta. Ella había visto a sus padres fotografiar las estrellas, y había escuchado ese nombre.

-Abuela Pequeña Tortuga- dijo Mika- ¿cómo sabes que era el Gran Espíritu?-

-El Gran Espíritu es una fuerza que nos rodea a todos- dijo Pequeña Tortuga, poniendo su mano sobre su corazón- y Nahimana, la fuerza que puede contener el poder del Gran Espíritu-

-¿Qué es el Nahimana?- preguntó Margot.

-Es el Corazón del Cielo, una fuerza que mantiene al Gran Espíritu en la tierra- dijo Pequeña Tortuga- siempre un Sioux la posee, le permite hablar con todos los espíritus del bosque, pedirles ayuda, y aprender de ellos-

-¿Y dónde está ahora?- preguntó Mika.

-Es un secreto, Mika- dijo Pequeña Tortuga- nadie sabe quien la tiene, más que su dueño, porque muchas personas malvadas pueden desear su poder-

-¿No pueden quitársela?- preguntó otra de las niñas.

-No para nada- dijo Pequeña Tortuga- se dice que quien tiene el Corazón del Cielo solo lo puede liberar cuando alguien tiene su llave… la llave de su corazón. La persona a la que ama, quiero decir- añadió, al ver la expresión confundida de las niñas.

-¿Qué poder tiene el Corazón del Cielo?- quiso saber Margot.

-Pues… cuenta la leyenda que quien posee el Nahimana puede controlar las fuerzas de la naturaleza a voluntad- dijo Pequeña Tortuga.

Margot, como las otras niñas, estaba tan fascinada con la historia que no se percató de lo que estaba sucediendo a su alrededor. Pronto, todas las chicas de la tribu escucharon una explosión que hizo que dieran un salto de sorpresa y algunas gritaron aterradas.

La niña se asustó. Estaba sola, rodeada de extraños, no sabía donde estaban sus papás, y escuchaba explosiones a su alrededor. Sintió un tirón en su brazo y gritó de susto, pero pronto vio que era Pequeña Tortuga quien estaba intentando llevara a una de las tiendas de la tribu. La pequeña se dejó llevar por la mujer hasta que ambas quedaron cubiertas por la tela de la tienda.

-Tengo mucho miedo, Pequeña Tortuga- sollozó Margot, con sus ojitos bien abiertos en una expresión aterrorizada- ¿qué está pasando?¿dónde están mis papás?-

-No tengas miedo, Margot- le dijo la mujer, aún con su mano en el corazón y la otra rodeando la muñeca de la niña- no tengas miedo. Escúchame bien, pequeña. Te necesito. No debes decir nada de lo que dije, o de lo que va a pasar aquí. ¡Promételo!-

-Lo prometo- dijo Margot sin entender. Pequeña Tortuga sonrió, y se quitó la mano del corazón. Margot quiso dar un paso atrás, pero la anciana se lo impidió. Estaba sangrando, y no le quedaba mucho tiempo. En su mano ensangrentada brillaba un pequeño corazón hecho de la más pura luz que Margot hubiera visto nunca.

-Ellos te llevarán a salvo donde tus padres- le dijo Pequeña Tortuga- no confíes en nadie más. Y recuerda tú promesa-

La niña asintió repetidamente, mientras que Pequeña Tortuga ponía el corazón luminoso sobre su propio pecho.

-Debe ser otorgado voluntariamente, no arrebatado. Nahimana, el Corazón del Cielo es tuyo- dijo la anciana, sonriendo al ver que el corazón dorado se introdujo en el pequeño de la niña, tras lo cual la mujer cayó al suelo y no se movió más.

-Pequeña Tortuga…- dijo Margot, asustada, y extendiendo la mano hacia ella.

"Déjala, Margot", escuchó una voz dulce y cariñosa, hablándole al oído. No sabía porque, pero tan pronto como la escuchó, la pequeña sintió confianza y tranquilidad, "no hay nada que hacer por ella. Recuerda lo que te dijo Pequeña Tortuga: no confíes en nadie, y encuentra a tus padres. Nosotros te guiaremos"

Margot se limpió las lágrimas, y tras salir de la pequeña tienda, comenzó a correr hacia el bosque, alejándose de la tribu y de las explosiones. Mientras la niña corría, vio que Mika la estaba siguiendo. La pequeña no dejó de correr. Cuando llegó a una intersección en el camino, vio una sombra con forma de lobo. No, mejor dicho, una estructura no corpórea en forma de un lobo formado con humo blanco. A pesar de que Mika había corrido hacia la izquierda, el lobo incorpóreo le señaló con el hocico que fuera a la derecha.

"No confíes en nadie", dijo el lobo, nuevamente con ese tono de voz que llenaba su corazón de calidez.

Margot tembló, dudosa, pero finalmente siguió al lobo, y tras correr unos dos o tres minutos en la niebla, un par de brazos la atraparon.

-¿Margot?¡Margot!- la niña escuchó a su mamá, abrazándola asustada- oh, gracias a los dioses estás bien. ¡Jérémie! ¡La encontré!-

-Gracias a los dioses…- dijo el padre de Margot, en un tono bastante aliviado. Tomó a la niña en sus brazos y se volvió a su esposa- vámonos de aquí, Bianca, no es seguro…-

Mientras tanto, aún en la aldea, los atacantes miraron a su alrededor.

-No hay señal de lo que estamos buscando, señor- dijo uno de los hombres.

-De acuerdo- dijo el líder del grupo- no esperaba encontrar ese antiguo poder aquí. Esperaremos a que mi hija crezca y cumpla con la profecía-

-¿Cuáles son sus órdenes, lord Castlehaven?- dijo el hombre.

-Vámonos de aquí, regresemos a Londres. Estos salvajes no nos sirven de nada-

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Año 12 del Nacimiento de Athena

Reserva de los Cherokees, Oklahoma, Estados Unidos

El santo de Aries no estaba nada contento con el arreglo actual. Al parecer el Patriarca del Santuario había enviado a algunos santos de plata a Jamir, en un débil y estúpido intento de acallar los pulsos de cosmo que sentían en ese sitio. Si bien él tenía escondido su cosmo la mayor parte del tiempo, Kiki aún no lograba esa habilidad. No, lo mejor era escapar a un lugar como en el que estaban actualmente, un sitio lleno de espíritus animales que podían bloquear el cosmo de su joven estudiante, por consejo del viejo maestro Dohko.

-No entiendo nada, señor Mu- dijo Kiki, quien tenía en esos momentos unos siete años- ¿qué estamos haciendo aquí, tan lejos de casa?-

-Entrenamiento- dijo Mu, sin dar más detalles.

Kiki se cruzó de brazos, no muy convencido. Mu suspiró. No tenía otra opción, tenía que proteger a su pequeño estudiante. Ya se acercaba el momento en el que podría enviarlo a misiones solo, pero aún no estaba muy seguro de que fuera lo mejor.

Los nativos americanos se acercaron a los dos chicos al verlos llegar, y se inclinaron, aunque los miraban muy curiosos.

-Sean bienvenidos a nuestra tierra, extranjeros- dijo el jefe Cherokee- mi nombre es Anoki, soy el jefe de esta tribu-

-Gracias por la bienvenida- dijo Mu, inclinándose- me llamo Mu, y él es mi estudiante, Kiki. No queremos molestar, solo necesitamos un lugar tranquilo para disfrutar la naturaleza-

El jefe sonrió y les mostró una cabaña algo apartada del resto de la tribu, en un paraje más o menos abandonado. Tras agradecer al jefe, Mu y Kiki se dispusieron a descansar de su viaje a la orilla del pequeño arroyo

Mientras que Mu tomaba una manzana de un árbol y comenzaba a pelarla con su cuchillo, miraba atentamente a KIki, quien se había quitado los zapatos y había metido los pies en el pequeño arroyo. Mu sonrió. En Jamir hacía demasiado frío como para que su aprendiz pudiera divertirse un poco en el agua, al contrario de las cálidas aguas de Oklahoma.

De pronto, el chico vio un extraño brillo en el agua. Se inclinó para meter la mano al arroyo, y vio que era una pequeña piedra brillante. Kiki la tomó, y sintió una extraña sacudida que lo hizo soltarla. Cuando quiso volverla a tomar, la piedra había desaparecido.

Mientras eso pasaba, la esposa del jefe, una mujer llamada Nidawi, se acercó a ellos para llevarles algunos frutas y otras cosas de comer.

-Muchas gracias- le agradeció el santo de Aries.

La mujer le sonrió al chico, y después miró al niño, quien iba saliendo del arroyo, sacudiendo los pies para secarse, al ver las frutas que estaban a la vista. Como reflejo, seguramente por sus alborotados cabellos rojos, la mujer le acarició la cabeza, pero retiró su mano casi de inmediato, y dio un par de pasos hacia atrás, asustada.

-¿Qué sucede?- preguntó Mu.

-Tienes… tienes la llave- dijo Nidawi.

Mu la miró perplejo. Quizá había entendido mal.

-Eh… no entiendo, ¿de qué estás hablando?- dijo Mu en perfecto inglés. Kiki no parecía haberse dado cuenta del susto de la mujer, pues se había puesto a intentar elegir la manzana más linda de la canasta que Nidawi les había llevado.

-La llave…- dijo Nidawi, dando otro par de pasos atrás, alejándose de ellos- ellos vendrán aquí, como vinieron por los sioux, y se querrán llevar al niño. No están seguros en este país. ¡Váyanse de aquí!-

El santo de Aries no sabía ni qué pensar. La mujer no dio más explicación, y corrió gritando a la aldea. Mu suspiró, resignado, y llamó a Kiki. Aparentemente tendrían que regresar a Jamir, o buscar otro sitio donde llevar a cabo su entrenamiento.

Una vez que estuvieron de regreso, el santo dorado siguió pensando en lo que había dicho la mujer, preguntándose qué significaba todo aquello.

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Templo de Virgo, Santuario de Athena

Año 17 del nacimiento de Athena

Un mes después de la destrucción de la Esfera de Arquímedes

Shaka se encontraba meditando en su flor de loto junto con su aprendiz, y no pudo evitar alzar las cejas al escuchar los fuertes pasos resonando por su templo. Sin siquiera abrir los ojos, por el sonido y el ritmo de las pisadas supo que se trataba de Lena, y que estaba molesta por alguna razón. Gruñó en voz baja, preguntándose quién la habría hecho enojar en esta ocasión.

-¿Maestro?- dijo Chris en voz baja, quien también había reconocido los pasos de la chica de su maestro, y sabía muy bien que no estaba contenta.

-Creo que tendremos que tomarnos un descanso forzado, Chris- dijo Shaka en voz baja y tono resignado.

No pasó mucho tiempo cuando Lena se detuvo frente al santo dorado, brazos cruzados y mirada furiosa. Pero primero se dirigió al aprendiz.

-Chris, necesito que vayas a buscar a Edith- dijo la amazona en un tono severo- tengo que hablar con Shaka a solas por un segundo-

Christoffer respiró, aliviado de no tener que presenciar el huracán que se le venía encima a Shaka, y huyó en cuando Lena terminó de hablar. Se iba a salvar de ver a Lena furiosa por alguna razón, y además tenía su permiso de pasar tiempo con Edith. ¿Qué podía ser mejor?

Shaka observó a su aprendiz alejarse corriendo, entrecerrando los ojos.

"Mocoso suertudo", no pudo evitar pensar Shaka, pero decidió mejor concentrarse en lo que le pasaba a su chica. Levantó la mirada y le sonrió levemente.

-¿Qué sucede, Lena?- dijo el santo dorado- ¿porqué estás molesta?-

Lena no le respondió, solamente se sentó junto a él, en el suelo, y le mostró unos papeles. Eran las hojas de un calendario cuidadosamente marcado con cruces de colores azul y rojo, que para el santo de Virgo era como si le presentara un texto en sánscrito.

-No entiendo, ¿qué significa esto?- dijo Shaka.

Lena tomó los papeles y se los lanzó encima a Shaka, quien se frotó la cabeza por la molestia.

-¡Metimos las patas, y estoy embarazada, maldito tarado!- exclamó ella, molesta.

-¿Qué?- dijo Shaka, abriendo los ojos, asustado, y tomando en serio su molestia por primera vez. ¿Lena?¿Embarazada? Eso no podía ser posible. Ella era bastante cuidadosa para haber cometido un error- es una broma, ¿verdad?-

De nuevo, Lena le dio un zape con los papeles.

-¿Bromearía con algo así, cabeza de bagre?- dijo ella en voz alta. Shaka la miró. No la había visto tan enfadada desde aquella vez que habían peleado por culpa de que Shaka se había burlado de sus preocupaciones sobre el hecho de que Chris estaba frecuentando a su antigua aprendiz.

El santo de Virgo respiró hondo. Lena no podía estar embarazada. Ella era demasiado cuidadosa, tenía apuntadas las fechas y… ¡oh!

Levantó la mirada. No, no solo estaba molesta. Parecía que estaba asustada.

-A ver- dijo Shaka, respirando hondo, intentando calmarse y deseando que eso sirviera para que Lena se calmara también- segur que esto no es lo que teníamos planeado, pero tampoco es el fin del mundo. No somos un par de adolescentes descuidados, somos dos adultos responsable. Las cosas pueden seguir igual que siempre, y…-

-¿Igual que siempre?- dijo Lena, esforzándose por parecer molesta, pero Shaka notó que estaba intentando reprimir un puchero- ¿qué va a pasar son mi aprendiz? No quería dejar de entrenarla, y…-

Shaka sonrió levemente, pasando su vista entre el calendario de la chica y su expresión entristecida. La conocía muy bien: odiaba que las cosas no salieran conforme a sus planes. Y un bebé no era exactamente lo que la chica tenía en mente: era una GRAN desviación de sus planes.

Shaka la rodeó con los brazos y la atrajo hacia sí mismo. Al principio, Lena estaba enfurruñada y trató de soltarse, pero el chico no la soltó. Usó su cosmo tranquilo para rodearla y tranquilizarla. Pronto, la chica dejó de resistirse y se dejó abrazar por el santo dorado. El chico notó que temblaba, así que le dio un beso en la mejilla, y le frotó los brazos con cariño.

-Ya, no tengas miedo- le dijo Shaka con cariño, mientras la chica hundió su rostro en el pecho de él- estamos juntos en esto. Yo te ayudaré con Edith. Además, no creo que haya alguna razón para que dejes de entrenarla. Por lo demás, podemos solucionar lo que sea que pase-

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Lugar desconocido

Año 17 del Nacimiento de Athena

Greta y Bellini salieron del templo de los dioses gemelos mostrando idénticas expresiones derrotadas. Habían tenido esperanzas que el hechicero japonés les ayudara a recuperar la esfera de Arquímedes, pero según su información, ya la había perdido para siempre: Athena la había desactivado y destruido por completo.

-Si los señores Phobos y Deimos tienen razón, perdimos nuestra oportunidad con la esfera- dijo Greta- no tenemos otra opción que seguir con la ruta que trazó Castelhaven-

-Pero, ¿dónde podemos encontrar a una persona así? Los sioux son muy cuidadosos, y nunca ninguno ha traicionado al portador. Me atrevo a decir que la mayoría preferiría morir antes de darnos esa información-

-No importa, Emmanuele- dijo la mujer, cruzándose de brazos- empezaremos rodeando a los sioux y obligándolos a hablar-

Bellini se encogió de hombros, pensando que tal vez debería haber una manera de encontrar al portador de ese poder divino. Era distinto al de la esfera de Arquímedes, o al poder de Satu, pero sabía que, teniendo de su lado todos los espíritus de la naturaleza, no habría manera de que pudieran perder.

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CONTINUARÁ…

Notas de Autor:

Amore mio: (italiano) mi amor

Mon amour: (francés) mi amor

Nahimana: (lakota) místico.

Monumento Nacional de la Torre del Diablo: es una intrusión ígnea monolítica o cuello volcánico situado en Colinas Negras, cerca de Hulett y Sundance en el condado de Crook, al noreste de Wyoming. En lakota se llama Mato Tipila, que significa "Aposento del Oso".

¡Hola a todos! Pues vengo con una nueva historia. Obviamente la fecha estipulada era mañana, pero ALGUIEN (coff..coff… Misao… cof…) amenazó con colapsar y morir, y culparme de su muerte, así que no tengo opción, me muero si no continúa su fic, y no puedo dejar que muera, así que aquí tienen.

Espero que les esté gustado esta historia. Muchas gracias a todos por sus reviews. Nos leemos pronto.

Abby L.