Creo que hoy ha sido un buen día, sí, estoy segura de ello, con un buen sol, mucha gente en el parque y sobre todo, Henry y yo haciendo nuestros malabares acostumbrados, hoy el público fue particularmente generoso, cien dólares ha sido la recolección, salvamos prácticamente la semana, pero hay que aprovechar la primavera, la gente está más alegre y nuestro show de los parques le encanta, incluso los niños adoran jugar con Henry después de las funciones, pero ya se está haciendo tarde y es mejor que volvamos a casa.


¿Mi nombre? Swan, Emma Swan, ¿mi profesión? Pues depende, soy malabarista de calle en las tardes, ladrón nocturno y madre a tiempo completo; si hace cinco años me hubieran dicho lo que pasaría, seguro y les decía que estaban ebrios, luego conocí a Neal, parecía un buen chico, aunque fue él quien mejoró mi técnica de robo, nos acercamos demasiado y tuvimos un encuentro un poco más pasional de lo que debería haber sido, luego de eso yo escapé, no es que quería una relación con nadie en ese entonces, yo amaba mi libertad, pero un mes después me enteré de las consecuencias de todo y 8 meses más tarde nació el que le ha dado sentido a mi vida desde entonces, al principio no supe que hacer y miles de ideas se me cruzaron por la mente, pero al final decidí hacerme cargo de la situación, los primeros cinco meses me esforcé por robar lo suficiente para salvar el resto del embarazo, pero no me malinterpreten, no soy un ladrón inescrupuloso que provoca destrozos por donde pasa, la verdad empecé a robar por necesidad y ahora lo hago igual, mis víctimas son generalmente personas con buena posición social, y ese robo no significa mucho en sus cuentas bancarias, yo uso lo necesario para vivir bien con Henry, sin excesos y lo que sobra se lo doy en comida o en vestido a personas que en verdad lo necesiten, niños de orfanatos, asilos de ancianos o indigentes, a veces me gusta pensar que soy como un superhéroe actual, solo que sin capa y súper poderes, bueno, solo uno, cuando estoy en un lugar y me concentro lo suficiente la gente no nota mi presencia, eso hace más fácil las cosas.


Pero es mejor dejar de hablar de mí y enfocarme en lo realmente importante, el resto de la tarde con Henry

- Hola mamá, ¿qué tal estuvieron las ganancias de hoy?

- Mejor de lo que esperaba muchacho, creo que si aprovechamos la primavera podremos darnos algunos gustos extras- su sonrisa al escuchar eso no tuvo comparación, sobre todo porque lo pillé mirando un carro de helados y unos globos, y como hoy nos fue tan bien, le hice caso a mis instintos – Tengo ganas de helado, ¿Quieres uno chico?

Sinceramente su sonrisa bien valía el más caro de los helados, pero como es Henry, escogió uno helado simple de vainilla, - Está muy rico mamá, gracias-

-De nada chico, sabes que cuando hay como, hago lo que sea por ti.

-¡Henry, Emma!- escuché a lo lejos y en un parpadeo vi correr hacia mí a Mary Margaret, mi compañera de piso, una dama, todo corazón, y para nuestra suerte la profesora de escuela de Henry.

- Hey, ¿Qué tal el día con todos los niños?

- Cansado, pero sabes que amo a los niños

-Sí, lo sé, por eso me sigo preguntando como es que no tienes los tuyos propios- cada que ese tema sale a luz la mirada de Mary Margaret se oscurece, con la sombra de un secreto antiguo y doloroso, llevamos varios años de compañeras de piso y nunca me ha dicho que pasó, yo respeto su silencio, es obvio que así yo también puedo guardar mis secretos.

- Vamos a casa que ya está oscureciendo – comentó Mary Margaret a lo que Henry asintió y fueron caminando despacio al apartamento, mientras yo me quedé observándolos, en verdad Mary Margaret era buena con los niños, fueron jugando y cantando, me alegra de haberla conocido hace algunos años, pues ella me ayuda mucho a educar a Henry.


Son más de las 9, Henry está ya en la cama, muy bien acurrucado con su pequeño elfo, uno de los pocos peluche que le he comprado sin levantar sospechas de la razón del dinero extra, creo que solo hace falta el beso de las buenas noches.

-Hasta mañana campeón, que descanses

- Espera mamá ¿me cuentas un cuento? – no es que mi hijo sea muy infantil, pero hace poco Mary Margaret le regaló un libro de cuentos y me ha hecho leerle uno cada noche.

- Seguro, ¿cuál quieres ahora? – ese libro es bueno para mantener la fantasía viva en un niño, pero últimamente se ha encaprichado con uno en especial.

-El de la reina malvada- cuando me lo pidió por primera vez, pensé que hablaba del cuento de Blanca Nieves, pero cuando lo empecé a relatar me corrigió de inmediato, cogió el libro y me señaló un cuento en especial, la verdadera historia de la Reina Malvada, una mujer como cualquiera que en el transcurso de su vida tuvo que sufrir mucho, lo que le hizo convertirse en el mal personificado, todo por venganza, una venganza que nunca nació como tal y en cuyo interior siempre fue apenas la forma de protegerse del daño que podían causarle los demás, y tanto fue el encanto de mi hijo que incluso yo empecé a enamorarme de ese cuento, y de su protagonista.

- Pero si lo hemos leído mil veces Henry-

- Lo sé, es solo que me gusta pensar en ella, quisiera poder conocer a alguien como Regina mamá-


Una vez contado el cuento, arropado y dado el beso de las buenas noches, salí despacio de la habitación de Henry, y en la sala, como en las últimas semanas, se encontraba Mary Margaret, esperando para preguntarme las cosas que no puedo responder.

-¿A dónde vas esta noche?

- Ya te lo he dicho Mary Margaret, tengo que ganarme algo más de dinero vuelvo a media noche- y dicho esto salí del departamento, odiaba mentirle a Mary Margaret, pero si le decía lo que hacía por las noches, de seguro se enojaría mucho conmigo, es una buena amiga y no quiero que sea cómplice de mis robos al no delatarme a la policía.


Esa noche en particular no tenía planes del robo, caminé sin rumbo por casi una hora, y cuando desperté de mi transe me encontraba en uno de los pocos lugares que visito, el aeropuerto, es un buen lugar para robar lo básico, carteras, maletas o uno que otro teléfono o reloj, es solo que es difícil averiguar en un aeropuerto quien en verdad pose dinero y quien no, todos van enternados, con sus maletas y aparentan ser importantes, así que tendría que dejarme llevar por mi instinto una vez más; atraída por un extraño magnetismo llegué a una de las puertas de llegada, podía ver a familiares reencontrándose, amigos felices, personas esperando a sus seres queridos o a sus jefes y entre toda la multitud pude ver a alguien en especial.

Una morena no muy alta, con una hermosa melena, cuerpo delgado, de seguro muy ágil (las cosas que podría hacer ese cuerpo), sus manos delgadas y su piel a simple vista delicada, una visión hermosa a pesar de tener un aspecto algo cansado y enfermo, de seguro no le sentó bien el viaje, estaba impaciente, como esperando algo o buscando a alguien, miraba el reloj a cada segundo y vaya que reloj, de seguro ella era la razón de la atracción al lugar, había encontrado la víctima de esta noche.

En menos de 5 minutos llegó otro avión y la entrada de pasajeros provocó un buen momento para mi acto, me concentré lo más que pude en no ser detectada y cuando me sentí a salvo, y vi que sacó su teléfono celular vi la oportunidad, corrí empujando a varias personas alrededor de ella, lo que provocó que su celular se cayera, y me dio tiempo de acercarme a su bolso, me agaché en medio de tanta gente y tomé ambas cosas en mis manos, pero algo extraño pasó en ese momento, la chica me miró fijamente, algo que nunca en mi vida me había pasado, si yo estaba a salvo, nadie podía verme, pero sus ojos café se clavaron en mi alma, en verdad me vio y yo no fui capaz de controlarlo, solo tomé las cosas y salí corriendo, no podía darme el lujo de fallar.


Antes de entrar a casa revisé el botín, de seguro el celular valdría mucho, ya mañana hablaría con August y ver cuando me ofrece, en el bolso no había mucho, maquillaje, una que otra fotografía, su pasaporte y al fin encontré lo importante: la billetera, en su interior al menos cinco tarjetas de crédito me daban la bienvenida, de seguro ya las reportará y no podré hacer nada, unos cuantos papeles, y en efectivo 200 dólares, no es mucho, pero tampoco es despreciable, y por impulso casi sin pensarlo busqué su DNI: 28 años, Estadounidense, soltera, Regina Mills.

Boté las cosas innecesarias en la basura, y subí al apartamento, fue suficiente por esta noche, es mejor descansar.


Este capítulo y el siguiente son como para ubicarnos en la historia y quien es quien, de allí veremos como sigue... Dejen sus comentarios para saber si va bien o no