¡Hola, queridos lectores! Debido al retraso que hubo con las ovas, ésta historia está planeada con una continuidad distinta. En realidad no ahondaré en los eventos mostrados, tal vez sólo con algunas referencias.

Aclaraciones: Code Geass es propiedad de Estudio Sunrise y diseño CLAMP.


The days before the war.

I.

Tras su llegada al puesto del Ejército de Varsovia los otros soldados se habían dedicado a mirarlos mientras susurraban sin disimulo. Un piloto Eleven escoltando a una comandante. Inmediatamente habían sido identificados como la Unidad W-0.

El cebo desechable para las misiones.

Leila soltó un suspiro, deseando que llegara el momento en el que finalmente pudiera descansar. Desafortunadamente el campamento sólo le había proporcionado dos tiendas pequeñas, lo que era un problema.

—Lo sentimos, Comandante Leila Malcal —se disculpó otro soldado, mirándola apenado—, el campamento no cuenta con suficientes tiendas. Le sugiero comparta una de las que le fueron asignadas con algún miembro de su unidad.

—Entiendo —respondió—, gracias.

El soldado de rango aparentemente menor al de ella, hizo una seña para después retirarse del lugar. Una vez que Leila se cercioró de estar sola, volvió a suspirar, ésta vez preocupada.

—Tendré que pedírselo a la Oficial Kosaka —se dijo.

—Comandante, ¿olvida que ella intentó matarla? —le dijeron.

La Comandante se dio la vuelta, encontrándose con el inexpresivo rostro del Teniente Hyuga.

—Pero… eso debió ser porque estaban nerviosos por la operación —intentó justificar.

—El hecho es que por el motivo que fuera, la atacaron. Su vida estuvo en peligro —Akito respondió serio. La rubia torció los labios sin poder replicar—. Considero que por su propia seguridad es mejor que se mantenga cerca de mí —añadió después.

—Teniente… ¿qué intenta decir? —cuestionó sonrosada.

Intuía lo que su compañero había sugerido, sin embargo no había podido evitar formular la pregunta de todos modos.

—Compartamos una de las tiendas —dijo con simplicidad—, de ése modo podré estar atento a usted. Aunque si no lo desea puede negarse, no me importa.

—No, me parece que es una buena idea —intentó aparentar seriedad.

Ambos soldados comenzaron a caminar en completo silencio. Durante un momento Leila dirigió su vista hacia el rostro de Akito, mirándolo con cierta duda. Imprudentemente había tocado el tema de su hermano y el Teniente no había respondido de la mejor manera.

Su mano aún dolía.

—Comandante, sino mira al frente tropezará —Akito la devolvió a la realidad.

—E-es verdad —asintió avergonzada—. Lo siento.

—Por cierto —él la miró de reojo—, ¿cómo está su mano? —su voz sonaba con un ápice de arrepentimiento.

—Está bien —le sonrió, sobándola inconscientemente—, sólo fue un apretón.

Minutos antes cuando detrás de una de las tiendas hablaban sobre el caballero de Britannia, Shin Hyuga; Akito había tomado la mano de Leila, apretándola con suficiente fuerza. Luego de eso se había alejado dejándola sola.

—Perdóneme.

—No tiene que disculparse —respondió apurada—, fue mi culpa por entrometerme en sus asuntos personales.

Akito la observó durante unos segundos, después regresó la mirada al frente. Leila por su parte decidió imitarlo. El resto del camino hacia la tienda prosiguió en absoluto silencio.

Una vez que entraron al espacio asignado, dos pequeñas camas (a simple vista duras), un pequeño mueble para realizar anotaciones y una vieja silla de madera, les recibieron.

El Teniente decidió recostarse en una de las camas, mirando hacia la fría pared de metal. Leila en tanto apagó las luces de la tienda, dejando encendida una linterna de mano que apenas alumbraba el mueble, después jaló la vieja silla.

—Comandante, ¿planea redactar su informe ahora? —Akito se dio la vuelta para verla.

—No es mi informe, es un diario personal —contestó apenada—. Discúlpeme por molestarlo cuando sé que está cansado.

—No importa —respondió.

La rubia apenas pudo sonreír, antes de regresar la mirada a su pequeño diario.

Calendario Revolucionario, año 228. Pradial.

Lanzamiento del Chariot de Apolo.

La operación fue un fracaso. La ciudad bielorrusa de Slonim fue tomada por el Ejército de Britannia. Mi intervención en ésta operación también fue un fracaso.

Aún con eso, en medio de tanta negatividad, afortunadamente todos logramos sobrevivir.

En estos momentos me encuentro en el campamento del Ejército de Varsovia compartiendo una pequeña y fría tienda con el Teniente Hyuga.

La posibilidad de que la guerra termine algún día… cada vez parece más un sueño inalcanzable.

Hoy estoy en el frente de batalla, pero mañana, me pregunto, ¿dónde estaré?