Mi universo – Capitulo 1
En una galaxia muy lejana, existía un planeta llamado Mixlenium, en el habitaban seres llamados Monix. Tenían una forma idéntica a la de un pulpo, eran de color verde, tenían anillos de color dorado en sus tentáculos, un par de antenas y una banda de metal puesta en la parte en su cabeza, en medio de dicha banda había una esfera grande, redonda y negra a la que se le podría decir que es su ojo. Eran pequeños, median aproximadamente 10 centímetros de ancho por 15 centímetros de alto. Podían volar a no más de 12 metros de altura o simplemente transportarse en el suelo a una velocidad de 20 kilómetros por hora. Son seres muy inteligentes, con la tecnología más avanzada que ningún otro planeta podía obtener, solo que hay un defecto en ellos, su índice de vida. Esta duraba aproximadamente como máximo 4 semanas y como mínimo 3 semanas dependiendo del estado en que se encuentre la criatura, son asexuales y su reproducción es muy lenta lo que hace que se declaren en peligro de extinción.
Un día, el consejo espacial de la especie Monix se encontraba debatiendo sobre alguna cura al problema.
— ¡No podemos dejar esto así! —Dijo uno de los integrantes.
— ¡¿Qué podemos hacer? ¡Cada vez morimos más rápido! —Dijo otra criatura desde su asiento.
De pronto, en la gran sala de debate, se creó todo un escándalo debido al pánico que tenían sobre el problema.
— ¡Orden, orden todos ustedes! —Dijo el líder de la organización. Todos se lograron calmar para dejar que el líder pudiese continuar. —Se dé ante mano que este problema es muy grande así que pido calma y paciencia.
De pronto, el príncipe de la especie, que también era un prestigioso científico en su planeta, dijo lo siguiente.
—Según en mis investigaciones descubrí la existencia de un planeta lejano llamado "Tierra". Los habitantes de ese lugar utilizan una tecnología bastante primitiva, pero, sorprendentemente, han logrado sobrellevar su índice vital mayor a los 80 años. —Dijo, al decir eso todos mantuvieron su atención hacia él, y después de varias pausas, continúa hablando de una forma seria y clara. —Yo, como príncipe y superior entre los científicos más capacitados del planeta Mixlenium, tengo la obligación y la responsabilidad de ir hacia ese planeta, investigar y traer aquí la cura para la larga vida.
Los integrantes del congreso comenzaron a murmurar hasta formar un nuevo escándalo ¿Era buena la idea del príncipe de los Monix? Al percatarse del desorden, el líder del congreso impuso orden de nuevo.
—Calma todos ustedes, es lo que pido. El príncipe Gueitar ABRI Em Let se ha dispuesto a arriesgar su vida por nuestra especie —Dijo.
— Yo, sin duda, arriesgaría mi vida por mi especie. Yo, como segundo elegido al puesto del trono, iré hacia ese planeta y hare todo lo posible por traer la cura.
Todos aprobaron la decisión del príncipe, terminaron y salieron del lugar.
Pasaron 3 días después de la junta del congreso, el príncipe se preparaba para su viaje al planeta azul, no sabía lo que le esperaba, era un lugar desconocido, pero sin duda, era su obligación salvar a toda su especie.
—Cuídate, hijo mío —Dijo el padre, rey de los Monix
—Lo hare padre, confía en mí, volveré lo antes posible, antes de que mi vida haya acabado —Dijo con una gran confianza.
Su pequeña nave estaba lista, el daba los primeros pasos para entrar ahí, volteo atrás para ver a toda su gente que lo admiraban y rogaban por su bienestar.
Encendió los motores, oprimió los determinados botones de aceleración, activo el radar y por fin la nave se elevo hacia una distancia, para así, avanzar rápidamente con dirección hacia la Tierra.
Por otra parte, el cielo estaba despejado, los pájaros volaban de un lado a otro, el aire daba una brisa fresca y el sol estaba en su total esplendor. En la escena estaba Alex, un chico de 16 años de edad, mediana estatura, pelo largo color castaño y lacio, lo tenía peinado de forma que su frente quedaba despejada.
El, junto con sus 3 hermanas, iban de paseo en el camper que había comprado su hermana mayor. El se encontraba viendo la ventada, todo lo que pasaba afuera mientras el transporte avanzaba, tenía una mirada seria y despreocupada.
— ¿A dónde dijiste que íbamos? —Pregunto Alex a su hermana mayor que iba conduciendo.
—Al bosque, vamos para ver las estrellas —Contesto.
— ¡Si, las estrellas! —Dijo con entusiasmo su otra hermana, la más pequeña.
— Ya quiero que sea el anochecer, no puedo esperar — Añadió la hermana del medio que estaba sentada en el asiento del copiloto.
La familia de Alex estaba compuesta por su madre María de 48 años de edad, sus 3 hermanas, Ana, Isabel y Lola de 19, 15 y 6 años, su padre falleció en cumplimiento de su deber en un accidente, por lo cual, hace a Alex ser el único varón en la familia. Toda la familia tenía las mismas características de tener el pelo castaño, ojos color marrón y piel blanca.
Alex volvió su mirada a la ventana después de hacer dicha pregunta.
Por fin llegaron al bosque, estacionaron su camper cerca de ahí, alistaron todo, mesas, alimentos y telescopio para ver el espectáculo de la lluvia de estrellas. Ya estaba anocheciendo y los presentes estaban entusiasmados.
Por otra parte, estaba el príncipe Gueitar ABRI Em Let teniendo algunas pequeñas dificultades en su nave al entrar a la capa gravitacional de la Tierra, no quería morir antes de prometer la cura a su gente, así que se preparo muy bien para el brusco aterrizaje.
— Ya veo, será muy difícil entrar hacia ese planeta, aun si me arriesgare para seguir adelante —Dicho esto, se aseguro así mismo de lo que iría a pasar.
La nave estaba poco a poco despedazándose, la velocidad se hacía más fuerte, las alarmas de advertencia se activaron y se encendían las luces rojas de la nave indicando peligro.
Ya era de noche, Alex y sus hermanas estaban esperando a que las estrellas hicieran su arte en el cielo, pero no lograron ver nada.
— ¿Estás segura de que hoy era el día? —Dijo la hermana mayor.
—Seguro, en verdad —Contesto viendo el folleto.
—Pues aun no ocurre nada —Añadió la hermana pequeña
Ya era muy tarde, el frio se hizo presente y en el cielo no se contemplaba nada interesante.
— ¿Saben qué? Ya entremos, aquí no paso nada —Dijo la hermana mayor.
Todos asintieron menos Alex que decidió quedarse ahí un tiempo más.
— ¿Vas a quedarte? —Le pregunto su hermana mayor.
—Claro —Contesto.
—Bueno, cúbrete bien del frio ¿Está bien?
—Muy bien.
Dicho y hecho, las hermanas entraron al camper cansadas y desilusionadas mientras que Alex se quedo ahí sentado contemplando el cielo nocturno.
Había pasado cerca de una hora, hasta que de repente, Alex noto que en el cielo comenzaron a caer estrellas, era muy bello.
Eran cientos y cientos de estrellas fugaces que caían, eran brillantes y resaltaban en el cielo oscuro.
Alex admiraba aquella vista, hasta que de pronto, apareció una estrella color verde fosforescente, aterrizaba más rápido que las demás y no estaba en la misma sincronía y se acercaba más y mas lo que hizo que Alex se asustara poco pero luego noto que había aterrizado más adelante en el bosque. La curiosidad de Alex se hiso presente así que tomo su chaqueta y se adentro en el bosque hacia el lugar en donde había caído aquella estrella brillante.
El príncipe de los Monix había tenido un terrible aterrizaje, su pequeña nave se había destruido pero el aun seguía con vida. Al salir de aquellos escombros comenzó a inspeccionar el lugar con su ojo.
—Las condiciones de este planeta no están nada mal, las agregare a mi lista de posibles curas —Dijo al caminar por ese gran agujero que había dejado. —Creo que se acerca alguien —Dijo al inspeccionar los alrededores.
Alex se había acercado a ese lugar, vio un gran hoyo con una luz verde incandescente que salía de ahí. Estaba oculto en los arbustos y decidió acercarse lentamente.
—Que buena anatomía tiene esa criatura —Dijo el príncipe al percatarse de Alex desde el lugar en donde se encontraba. —Tratare de transformarme a su imagen para evitar problemas.
En eso, el príncipe Gueitar se transformo en un tipo alto de piel blanca, ojos verdes y cabello rubio, lacio, cortado en capas. Se encontraba completamente desnudo.
En eso, Alex lo vio y se sorprendió, nunca había visto a alguien así. La mirada del príncipe era seria, ambos se miraban fijamente a los ojos y dijeron…
— ¿Quién eres tú?
Continuara.
