Allways and Forever

A/N: Hola mis queridos querubines, pues heme aquí con este nuevo fiction, donde obviamente me doy a la tarea de explorar los personajes que han ocupado mi mente últimamente, trataré de actualizar seguido, pero por el trabajo y algunas otras circunstancias, será una actualización mensual, aquí vienen las advertencias, mis fictions siempre contienen escenas de índole sexual, así que si no es su gusto, no lean, REPITO NO LEAN, vendrán grandes contenidos de violencia, y grandes contenidos de abuso de alcohol y otras sustancias. Habrá muchas situaciones dramáticas, eróticas y más, así que espero que disfruten el fic. Les dejo saludos cordiales, para los que no me conocen, les comento desde ya, que disfruto del lenguaje soez, y de dar recomendaciones musicales, por lo pronto los dejo a música de su elección por ser el prólogo de la historia.

Declaimer: Saint Seiya y su universo no pertenecen, no prtendo obtener ningún lucro con este fiction, mas que el uso de mi imaginación y ahondar mayormente en los personajes que iré describiendo, que esta declaración sirva sus fines para todos los capítulos dentro de esta obra.

Saludos y Disfruten.

Sabrina

Prologo

"Y poco a poco, el miedo quitado, ora sus pechos le presta
para que con su virgínea mano lo palpe, ora los cuernos, para que guirnaldas
los impidan nuevas. Se atrevió también la regia virgen,
ignorante de a quién montaba, en la espalda sentarse del toro:
cuando el dios, de la tierra y del seco litoral, insensiblemente,
las falsas plantas de sus pies a lo primero pone en las ondas;
de allí se va más lejos, y por las superficies de mitad del ponto
se lleva su botín. Se asusta ella y, arrancada a su litoral abandonado,
vuelve a él sus ojos, y con la diestra un cuerno tiene, la otra al dorso
impuesta está; trémulas ondulan con la brisa sus ropas"

Ovidio "El Rapto de Europa"

Aquella de los ojos brillantes había ocupado su mente omnipotente y omnipresente durante ya bastante tiempo; la hija del rey fenicio, Agénor y la reina Telefasa, de Tiro. La joven esbelta con caderas pronunciadas, y senos prominentes, solía bañarse en las orillas del mar mediterráneo cada tercer día, dejando que el azul del mar se tragara su blanca piel, cubriendo de sal sus mejillas y labios afilados, su vientre de paloma inmaculado; su sonrisa cantarina, sus ojos, azules como el más profundo de los secretos, brillantes con picardía e inocencia que avisa en el cielo que se avecina una tormenta; como la tormenta de deseo que se avecinaba en su interior: y entonces el sentía celos de Poseidón por tener la capacidad de sentir tan tersa y hermosa piel. Su rubia melena se extendía como abanico en el agua, mientras las hebras de sus sueños se hilaban a las orillas del mar, llevando sus deseos y anhelos a los dioses. Otro día más pasaba y Europa no era suya, y por Caos que él la tendría, a Zeus no se le negaba nadie, los titanes en el tártaro eran prueba fehaciente de eso.

Prendado de Europa, esa tarde lo decidió, Zeus se transformó en un toro blanco y se mezcló con las reses que tenía el padre de la muchacha, sabiendo que ella gozaba de la compañía de los animales.

Mientras Europa y su séquito de doncellas vagaban por los parajes de la pradera cercana al castillo; recogían flores cerca de la playa para llevarlas al templo de los dioses; ella lo vio por vez primera, era un toro blanco, de hermosa cornamenta y contextura, sus músculos bien delineados y ojos con expresión dominante, particularmente expresivos para pertenecer a un animal.

No pudo evitarlo, como presa del mas turbio de los trances se acercó lentamente al toro, llevada hacía él por una energía mayor a la fuerza de atracción o al mismísimo hilo negro, curiosamente el aroma que desprendía el animal, no era un hedor insoportable, no, era un aroma a sándalo y a bosque, olía a tierra húmeda, y una tormenta cuando se avecina lo acarició, no pudo evitarlo, al sentir la piel de sus costados, el vellocino más sedoso encontró sus palmas, Europa al notar que el Toro era manso, se montó en él.

En ese preciso momento, y frente a los ojos de sus doncellas, Zeus aprovechó la oportunidad: corrió al mar y nadó hasta la isla de Creta llevándose a Europa en el lomo para no volver a ser vista por su familia. Ella jamás sintió miedo, y cada que una oleada o marejada la asustaba, tocaba y sentía la cornamenta del animal que la tranquilizaba inmensamente, bendecido y ayudado por su hermano poseído, Zeus cruzó el mediterráneo, y llegó a la isla de Creta. Ya en Creta, Zeus reveló su auténtica identidad.

-Mi señor—Europa inmediatamente abrió sus ojos como platos, mientras observaba al portentoso hombre frente a ella, su aura divina emanando de él. Sus ojos de inteligencia afilada, lascivos y elegantes, como era posible ser poseedor de una expresión así.

Zeus se acercó a ella y la puso de pie, colocando ambas manos en sus antebrazos, sonriendo indulgente.

-Europa, concédeme tus dones, y serás bendecida, concédeme tus dones mujer y prometo hacerte mía por el resto de tu vida, concédeme tus dones—las manos del dios recorrían sus costados y caderas, para después subir a una de sus mejillas y levantar la barbilla de la mujer, mirándola así fijamente a los ojos—comparte mi lecho Europa, somete tu voluntad a los influjos de este mi deseo—

La seducción de Europa había sido inminente, la inocente y virgo intacta, compartió el lecho de Zeus, esa, y muchas noches más, a cambio el dios la hizo la primera reina de Creta y dio a la mujer un collar hecho por Hefestos, forjado con el oro de su misma armadura divina, algo que siempre protegería su corazón de los celos enfermos de Hera y evitaría el ataque de cualquiera de las flechas de Cupido, asegurando su fidelidad y devoción solamente para él; además de ese collar Zeus dio otros tres regalos a su mujer:

Talos el autómata de bronce, forjado por el propio Hefestos con la ayuda de los cíclopes, el infatigable guardián de Creta, encargado de dar tres vueltas cada día a la isla, impidiendo entrar en ella a los extranjeros y salir a los habitantes que no tenían el permiso de la reina, el autómata tiempo después pasó a ser propiedad del Príncipe Radamanthys. Cuando Talos sorprendía a algún extranjero, se metía en el fuego hasta calentarse al rojo vivo y abrazaba entonces a sus víctimas hasta calcinarlas, esa norma la había impuesto el príncipe Radamanthys, encargado de realizar el Corpus Iuris Civilis, la ley de la ciudad, su hermano mayor, Minos, conocido como el juez, velaba por que las normas se cumplieran, mientras que Ayacos, perseguía a los delincuentes.

El segundo regalo fue el Lélape, un perro que siempre atrapaba a su presa cuando cazaba; siendo el mayor de todos los príncipes, aficionado a la caza, su madre le regaló al canido, para de esta manera éstar segura que no importaba lo que el príncipe persiguiera, siempre lo conseguiría y regresaría sano y salvo a casa, Minos acompañado de su perro y de la jabalina que nunca erraba su blanco solía cabalgar por la isla cazando fauna, extranjeros e infractores por igual, ganándose a pulso el temor y respeto de sus súbditos, a diferencia de su hermano Radamanthys que era amado por todos.

Mientras que al duro de Ayacos, en un intento por proteger su volátil corazón le regaló el collar que lo protegiera de los demás, pero sobre todo de los infiernos y habernos que su mismo corazón albergaba.

Los tres hermanos disfrutaban de debates y deportes, congeniaban y compartían por igual, incluyendo las amantes, hasta que un día Eris, envidiosa de la relación que los tres hermanos tenían, y del amor que se profesaban, alimentó en ellos la discordia. En el mayor alimento el hambre de poder, logrando que él mismo matara a su madre con la jabalina que ella misma le había obsequiado; Eris sonrió al ver su logro y alimentarse de ese dolor y ruptura en el alma del joven Minos, aberrado por lo que había provocado y por tener la sangre de su madre en sus manos, Minos colocó hilos de oro alrededor de las muñecas y tobillos del cadáver de Europa, en su locura intentando moverla como una marioneta.

Radamanthys, al llegar a la sala del trono, y ver esto sintió como la ira y la cólera lo invadían, entonces Eris, alimentó la violencia en él, y como poseído por un demonio, Radamanthys arremetió contra su hermano mayor, golpeándolo con sus puños, creando una gran caución, sin embargo el enfrentamiento no fue fácil, siendo ambos diestros en las artes de la guerra.

Ayacos, preocupado al escuchar la gran conmoción en el salón del trono, corrió en búsqueda de sus hermanos, y al llegar el mismísimo infierno se develó antes sus ojos, sus hermanos yacían frente a él, ambos inconscientes, la sangre de su madre estaba regada por el suelo, y su cadáver estaba colocado de una forma antinatural, era como si todo aquello fuera una ilusión, las imágenes antes él, provocaron que el mismo se quisiera sacar los ojos.

Zeus, en cólera bajó del olimpo para contemplar el cuerpo de su amada, y ver a sus tres hijos en ese estado, mientras miraba la manzana de la discordia en el centro de ese triángulo que los cuerpos inconscientes de sus hijos formaban, el cielo resolló y trono con la tristeza y enojo del Dios, mientras con uno de sus rayos desterraba a Eris al tártaro, no sin esta antes lanzar una maldición, contra los dioses del olimpo, augurando tres guerras santas por librar.

El dios del trueno, agobiado y melancólico pidió ayuda a Circe, para que les diese un brebaje a sus hijos y así pudiesen olvidar esta existencia mortal y mísera, en la cual ellos ya no pertenecerían a este plano existencial; mientras que por los actos cometidos, los condenaba y encomendaba a las profundidades del Hades.

La voz del Dios resonó en lo alto, mientras condenaba a sus propios hijos.

-Minos, dejaste que tu juicio se nublara, que el orgullo y el ego se apoderarán de ti, dejaste que tu mente fuese controlada como una marioneta, y ahora tu mundo será rodeado por marionetas; tu voto será el decisivo en juzgar a las almas, y tu inferno jamás será reducido, pues tu penar al servicio del Dios del inframundo será eterno, ahora serás presa del Grifo, sus garras se aferraran a tu alma, al igual que su orgullo y el ego, que no permitirán que alguien se acerque a ti, o tu a ese alguien, tus ojos podrán verlo todo, incluso cuando los mantengas cerrados, escucharas los lamentos y penurias de las almas que aquí habitan, y con tu cola darás vueltas a quien se presente ante ti, enviándolos al círculo al que pertenezcan—

El primer trueno se escuchó, convirtiendo a Minos en inmortal, y enviándolo al hades. Desterrándolo junto al Lélape. Al caer en el infierno, producto de la maldición, el perro fue deformado, adquiriendo un tamaño descomunal y tres cabezas, ninguna de las tres dejaba escapar a su presa, que era las almas que se engullía, castigadas a no renacer jamás

-Radamanthys, has permitido que la violencia, la ira y el cólera nublaran tu juicio, por eso ahora tu mundo estará rodeado de violencia y será la guerra tu único oficio, por no haber sido capaz de frenar a tu hermano de matar a tu madre, serás condenado a ver morir una y otra vez a la mujer que ames, juzgarás a las almas de oriente, y será el Wyvern quien se apoderará de tu alma inmortal, haciendo que de tus labios solo salga fuego y veneno, serás incapaz de brindar palabras dulces o de alivio, solo el amor de una doncella virgen será capaz de borrar de tus labios la ponzoña que ahora los impregna—

Un segundo trueno rompió el cielo, enviando al segundo hermano al inframundo, haciendo que el Wyvern tomara presa el alma del joven rubio, y labrando en su espalda el tatuaje que lo maldijo.

-Ayacos, has permitido que la cobardía te hiciera su presa, siendo incapaz de intervenir en la disputa de tus hermanos, ahora el egoísmo e idolatría cubrirán tu ser, haciendo tu corazón y alma impenetrables a los sentimientos, serás incapaz de conocer la bondad o el amor, solamente tus hermanos podrán salvarte, si deciden apiadarse de tu ser, y Garuda tomará tu alma, convirtiéndote en un ser amorfo, tu vista siempre será nublada por tus intereses, y así te destierro—

El tercer y último trueno resonó en todos los cielos, con el lamento del dios preso de su propia discordia, tomando la manzana dorada en sus manos, le dio la manzana a la más sabia de sus hijas, pidiéndole que guardase de ella, para evitar sus malévolos efectos en la humanidad, Atenea, obedeciendo a su padre guardó la manzana en su templo, logrando una breve paz en el olimpo.

Más tarde Zeus recreó la forma del toro blanco en las estrellas que actualmente se conocen como la constelación Tauro, como recordatorio de su amada Europa y brindando un singo más al zodiaco, los olimpianos no sabían que la manzana de la discordia había sido raptada por afrodita y entregada a Paris, príncipe de Troya, instaurando la guerra y envidia en el mundo de los mortales. Fue así que Zeus encomendó una misión más a su hija Atenea, proteger a la tierra, de los males que la aquejaban, sin saber que un mal aún peor estaba por arrasar el mundo.