Disclaimer: Amour Sucré y sus personajes pertenecen a Chinomiko y Beemov, yo solo los uso porque mi corazón no se siente conforme con los cambios T_T

Almas gemelas

I: Vacío

Era hora del cierre de caja. Hyun había dispuesto el dinero sobre una de las mesas en la cafetería, su gorra reposaba sobre su regazo mientras mesaba su cabello a la par que sacaba las cuentas. Sucrette, aún incómoda por la cantidad de dinero que siempre terminaba en las manos de ambos, disponía los billetes en paquetes de cien y apilaba las monedas en montos de diez.

—Muy bien, ni un centavo más, ni uno menos —dictaminó Hyun una vez terminó de contar el dinero, y fue imposible para Sucrette no dejar escapar la respiración que había estado conteniendo—. Veo que aún no te acostumbras a esta parte del trabajo.

—Me asusta pensar si llega el día que sobre o falte dinero; la jefa se pondría furiosa… —Palideció dramáticamente y él dejó deslizar una sonrisa, mientras Su recordaba lo 'linda' que creía él que se veía cuando estaba a segundos de experimentar un colapso nervioso—. Aunque, teniéndote a ti, creo que eso sería imposible. Me sorprende cuán fiable eres.

—No es para tanto… —Hyun, tomado con la guardia baja, tuvo que desviar la mirada mientras el sonrojo se hacía cada vez más pronunciado.

Sucrette sonrió victoriosa.

—Ya es un poco tarde; y mi experiencia andando sola por la ciudad no es del todo grata —comentó la joven, ayudando a disponer el dinero en una caja de seguridad.

—Te acompaño hasta el campus.

—No es necesario, Hyun.

—Insisto. —Curvó los labios levemente, en un gesto que a Sucrette se le hacía dolorosamente familiar.

Ella asintió, queriendo olvidarse de la ruptura de antaño. Se suponía que había regresado totalmente dispuesta a superarse a sí misma. Le iba excelente en sus clases y hasta le había tomado la maña a Yeleen para que no fuera tan insoportable. Había reanudado su amistad con Nathaniel y estaba en buenos términos con Castiel.

Sin embargo, en cuestiones del amor, le era difícil concentrarse en alguien en especial. Sorprendentemente, y conociendo un lado de su sexualidad que jamás pensó tener, se sentía atraída por Priya, aunque, vamos, ¿quién no era cautivado por una chica tan carismática? También tenía que admitir que el profesor Zaidi era deslumbrante y apasionado, pero aparte de esa ciega admiración, no era capaz de sentir algo más. Pensar en Nath como posible candidato amoroso estaba fuera de cuestión, y es que se le hacía raro empezar a salir con él por todo el pasado que los ataba. Claro que no podía pasar por alto cuán apuesto se había vuelto Castiel, gritaba madurez por todos lados y el aire seductor que lo rodeaba en el instituto se había vuelto aún más potente; sin embargo, era el mejor amigo de su ex novio, y seguro existía alguna ley no escrita donde se prohibiera salir con la ex del mejor amigo. ¿Y cómo olvidar al dulce Hyun? Era atento, con buen sentido del humor y una de las personas más confiables con las que se había encontrado en la universidad; claro que le gustaba, pero aún había rastros de Lysandro en su corazón como para pensar que alguien más podría ocupar su lugar.

—¿Ocurre algo? —Hyun cerraba la cafetería con la mochila encajada en los hombros.

—Divagaba.

—Divagabas —repitió él, alzando una ceja mientras su curiosa mente empezaba a especular un sinfín de posibilidades—. Suena a problemas amorosos.

—Na-nada de eso. —Negó vehementemente y él rio.

—No tienes que decirme nada si no quieres.

—No es eso… Solo que es complicado.

—Dime tú cuándo hablar de amor no es complicado… —susurró y recompuso su sonrisa amable—. El día de hoy fue caótico, ¿no crees?

—No me lo recuerdes —se quejó—. Agradezco que la jefa no haya estado por allí para ver mi sinfín de errores.

—No es cierto. —Agitó la cabeza—. Para ser una novata, lo haces decentemente.

—Ugh, no empieces tú también con lo de 'novata'.

—A Clemence le gustan las películas de entrenamiento militar, ¿quizás te ve como su cabo menos prometedor? —bromeó.

—Al lado de ti cualquiera es opacado —repuso, siguiéndole el juego—. Aunque eso explicaría mucho la manera en la que habla… Supongo que también ve las películas del viejo oeste.

—Lo dices por el estampado, ¿verdad?

—Exactamente. —Rio cuando Hyun se carcajeó—. Pero la conoces muy bien, empiezo a ponerme celosa.

—¿Eh? —Hyun abrió los ojos un poco más de lo normal, sonrojándose—. No es eso… Solo que llevo casi toda la carrera trabajando allí, supongo que me ve como al hijo que nunca pudo tener o algo así.

—A mí nadie me engaña, estoy segura de que le gustas —fastidió con una sonrisa socarrona.

Hyun parpadeó un par de veces y dejó que un escalofrío sobreactuado se apoderara de su cuerpo.

—No, gracias… La imagen mental que me diste fue perturbadora. —Cerró los ojos, intentando alejar los pensamientos bizarros que se le metían en la cabeza—. Además, ya tengo a alguien en la que estoy interesado… Bueno, realmente me gusta.

—Oh, ¿y quién es la afortunada?

—Ah… Eso… —Hyun se sintió ruborizar a la máxima potencia, mientras intentaba vocalizar un solo nombre que le costaba escapar de sus labios.

—¿Y quién es este chico apuesto?

Sucrette dio un salto cuando la atajaron por el cuello, y si no fuera por el jovial tono, quizás no lo hubiera reconocido por el tambaleo y la sonrisa descolocada.

—¡Alexy!

—¡Siempre te quedas con los chicos guapos, Su! Déjame uno… —Hizo un puchero infantil.

—¿Es tu amigo? —preguntó Hyun, ayudándola a soportar el peso del muchacho más alto.

—Sí, aunque creo que está ebrio. No le prestes atención, por lo general no es así; o sea, lo indiscreto no se lo quita nadie, pero…

—Su, me hieres y lastimas con esas falacias. —Se sorbió los mocos.

—Te voy a llevar a tu habitación. —La muchacha acarició su cabello—. Lo siento, Hyun.

—No te preocupes. La cosa es que llegues a salvo a los dormitorios.

Sucrette no quiso decirlo, pero en ese punto Hyun parecía un ángel caído del cielo.

—Su, mis compañeros me hicieron beber y beber… Ya sabes, como los peces en el río —reprochó dramáticamente—. Si no hubiera sido por Nath que me ayudó a salir…

—Estarías ahogándote en tu propio vómito, probablemente —acotó Sucrette.

—No seas cruel. —Rio Hyun.

—Lo que el chico guapo dice. —Alexy esgrimió una sonrisa inocente.

Caminaron un par de cuadras más con Alexy semiconsciente hasta poder colarse en los dormitorios masculinos y dejarlo en su habitación, donde su compañero no estaba. Hyun se fregó los ojos con sueño, bajando por las escaleras mientras Sucrette intentaba hallar alguna excusa para no hacer quedar tan mal a Alexy.

—Muchas gracias por ayudarme y acompañarme y, bueno, Alexy es un buen chico y…

—No te preocupes. —Hyun le sonrió misericordiosamente, mientras Su, de nuevo, se recordaba a sí misma que él era un ángel—. Uhm, solo quería decirte que, bueno, pasado mañana es el último domingo del mes y no sé si quisieras acompañarme… acompañarnos —rectificó— a buscar los vegetales y las frutas que usaremos para la primera quincena del próximo mes en la cafetería.

—¿Con Clemence?

—Sí. —Asintió, notando que su afirmación causaba reticencia en la muchacha—. Probablemente. Estos últimos meses lo ha dejado en mis manos. Hago el trabajo por el dinero extra, y quizás podríamos dividirnos las ganancias.

—¿Es lejos?

—Es en una granja muy cerca de aquí. De hecho, es nuestro abastecedor más confiable, es un chico muy agradable. Seguro que te cae bien.

—No sé qué estás usando para chantajearme, si el dinero, la ausencia de Clemence o la posibilidad de ver chicos guapos.

Hyun rio más relajado y juntó las manos a la espera de una respuesta, la cual, siendo un poco pretencioso, sabía la respuesta.

—Suena interesante. ¿Te parece si nos vemos en la parada del bus a las ocho y media?

—Es una hora y media de viaje, y él abre a las diez; así que me parece estupendo. —Hyun sonrió, el arrebol inundando sus pálidas mejillas por el simple hecho de haber obtenido una respuesta afirmativa—. Entonces, nos vemos pasado mañana.

Sucrette se quedó de una pieza cuando Hyun, con su rapidez inhumana de ninja, acortó la distancia entre ambos y besó suavemente su mejilla. Al separarse, le sonrió como quien comete una travesura.

—Ya solo váyanse a un motel —gruñó Yeleen, poniendo los ojos en blanco a pesar de esgrimir una sonrisita extraña de congratulaciones.

—Tú tan dulce —repuso Sucrette, imitando su gesto.

Hyun estaba parado allí, deseando que la tierra los tragase. Mientras ambas muchachas compartían un amistoso diálogo hostil, giró cual autómata y se marchó en silencio.

—Tu novio se asustó —molestó Yeleen.

—Con la cara de estar oliendo mierda que pones cada vez que ves algo que desapruebas, no lo culpo. Y no es mi novio.

—Bueno, tu vacile o como quieras decirle.

—Él no…

Sucrette miró los últimos rastros de Hyun en los dormitorios y suspiró. La idea de que fuera él quien llenara el vacío en su corazón, empezó a hacérsele ridículamente tentadora.

:-: Continuará :-:

¡Muchas gracias por leer!


Ese momento incómodo en el que no encuentro etiquetas para los personajes nuevos...

Dejando eso a un lado, aún no termino de digerir lo que ha ocurrido con CDM; me gustan los personajes nuevos, sí, pero no tienen el encanto de los anteriores o quizás soy yo enfrascada en el pasado xD

Pero, al mal tiempo buena cara (?) ¿Qué mejor forma de iniciarme en el fandom que usando a los nuevos personajes? A quién engaño, yo solo quiero escribir algo de Lysandro después de enterarme que no fue incluido en la universidad.

En fin, este fic constará de cuatro capítulos y un epílogo, espero. El siguiente capítulo lo publicaré el viernes por la noche después de corregirlo, hasta ese entonces, nos estamos leyendo.

¡Que tengan una excelente semana!