Nota de autora: Este fic y sus personajes principales (Magnus y Alec) están basados en la saga de libros "Cazadores de sombras" de Cassandra Clare. Los otros personajes que aparecen en la historia no forman parte de dicha saga, son inventados por mí.

El sonido del despertador era como martillazos en su cabeza, quizá asistir aquella fiesta el día anterior a la firma de los acuerdos fue una mala idea. Para ser sinceros, lo que realmente fue una mala idea fue ingerir tanta cantidad de alcohol, no la fiesta en si. Pero ¿Qué más podía haber hecho? Se vio forzado asistir a la ceremonia y en consecuencia a comportarse tal y como lo hizo, tenía una fama que preservar. Aunque no le gustase reconocerlo ya no tenía el aguante de dos siglos atrás. Intentó levantar la cabeza pero de inmediato tuvo que volver a ponerla en la almohada: todo le daba vueltas aún. Hizo aparecer una infusión hecha a base de hierbas y flores, sabia como agua de cloacas pero era mano de santo para las resacas. Mientras se la bebía se fijó en los arañazos de su brazo consecuencia de la pasada noche de pasión.

-Despierta- acariciando con cariño el desnudo cuerpo de su lado.

-Mmmm- Esa queja fue todo lo que obtuvo por respuesta.

-¡Venga va!- Insistió el Gran Brujo de Brooklyn mientras se ponía los pantalones – Hoy es el día de los acuerdos, tenemos que irnos ya. De hecho ya deberíamos estar allí-.

-Me duele la cabeza y el estómago. La firma es mañana hoy tan solo se hacen reuniones – le contestó de mala gana – no entiendo porque tenemos que ir ahora-. Dicho eso empezó a vomitar.

-¿Todavía tienes algo aquí dentro para sacar? Pensé que ya lo echaste todo ayer por la noche- se burló Magnus. Se puso a su lado y mientras que con una mano le sujetaba la frente con la otra la recogía su larga melena rubia hacía atrás. –Tenemos que ir por dos motivos: el primero es porque eres la secretaria del consejo y tu obligación es estar allí y el segundo es porque eres mi novia y yo soy uno de los representantes de los brujos. Los representantes van a los actos oficiales con sus parejas-.

-Lo sé, sé los motivos, era una pregunta retórica. No me des la lata-.

-Pensaba que te gustaban esas elegantes fiestas con gente respetable. A más es tan solo una vez cada diez años, vamos allí hacemos lo que tenemos que hacer y nos olvidamos hasta la próxima década-.

-Lo sé y si me gustan, pero no ahora. Ahora tan solo me gusta esto- señalando la almohada. –Pero debo reconocer que tengo ganas de ir a Idris, el famoso hogar de los nefilim, nunca he estado allí. Dicen que es precioso-.

Idris. Nefilim. Inevitablemente esas palabras lo transportaron a un doloroso pasado que prefería no recordar. Ahora haría 7 años que rompió su relación con Alexander Lightwood, el primogénito de una importante familia de cazadores de sombras. Esa ruptura la recordaba como la más dolorosa de todas las que había tenido (que no eran pocas) y eso era así porque jamás había amado a nadie como a él. Alec era una persona muy especial y en consecuencia su forma de amar también lo era. Debido a esta pérdida empezó a beber y a beber hasta acabar en una clínica de desintoxicación teniendo que dejar atrás su vida en Brooklyn: se alejó de esa ciudad, de todo lo que le recordaba a ese chico y nunca más quiso saber nada acerca de los hijos del Ángel. Nunca más hasta hoy que se veía obligado a viajar hacía ellos.

El portal les llevó directamente al centro de Alacante, también conocida como la Ciudad de Cristal. La capital de Idris se volcaba por completo al importantísimo evento de la "Firma de los Acuerdos", era como si fueran las fiestas de la villa: todas las calles estaban decoradas, se había triplicado la vigilancia y los habitantes esperaban con ansias la llegada de los visitantes. La vida en Idris era muy tranquila y nunca sucedía nada especial. La gente vivía de lo que cultivaban y de su propio ganado. La tecnología allí era prácticamente inexistente y no hacía tantos años que gozaban del privilegio de la electricidad. Antiguamente la presencia de subterráneos allí hubiese sido impensable, pero hoy en día sus mentes habían evolucionado y estaban encantados con la idea de recibir a importantes personajes del submundo. Les encantaba verles pasar con sus lujosos vestidos y complementos desprendiendo elegancia y saber estar.

Solo salir del portal les estaba esperando una larga alfombra roja de terciopelo que les guiaba hasta el salón de los acuerdos, donde se les daba la bienvenida con un cóctel y una banda tocando música ambiental en directo, para posteriormente celebrar una reunión donde se debatían nuevos acuerdos o modificaciones de los antiguos. Magnus Bane era una de las personas más esperadas tanto por los representantes como por el expectante público. Todas las miradas se dirigieron hacia él y su exuberante pareja mientras andaban por esa elegante alfombra. Acabada la asamblea fueron a ponerse sus mejores galas para la cena y ceremonia que venían después.

Magnus se puso unos tejanos oscuros con una camisa de seda blanca y una chaqueta de traje por encima. Para los pies reservó sus zapatos más exclusivos, eran literalmente una edición limitada, ya que no hacían más como aquellos, así que los reservaba para ocasiones especiales para no estropearlos. Laurie, su novia, iba con un atrevido vestido rojo brillante con una abertura en la parte de debajo que dejaba ver su larga pierna y un pronunciado escote hasta el obligo. Lo único que impedía que ese escote se abriese del todo era una fina tira de metal dorado. Sus labios y uñas iban a conjunto con el vestido y llevaba su larga melena ondulada suelta. Estaba tan espectacular que todo el mundo se giraba a su paso.

La reunión terminó rápido y como todavía quedaba un buen rato para la cena Laurie quiso ir a visitar la Ciudad de cristal, para ver si realmente era tan bonita como decían. No se decepcionó, a más a más las luces de fiesta le daban una luminosidad especial haciéndola aún más bonita. Sus calles se estaban llenando de mesas, sillas y comida. No solo los altos cargos celebraban esa noche, todos los nefilims salían a la calle a cenar. Montaban largas mesas enfrente de las casas y comían todos juntos, tanto los que vivían en la capital como los que habitaban en los alrededores de Idris. El ambiente era realmente acogedor. "El Gran Brujo de Brooklyn" "Magnus Bane" oía como murmuraba la gente al verles pasar. A su acompañante le encantaba ser el centro de atención y ser envidiada e idolatrada así que paseaba con la cabeza bien alta y su mejor movimiento de caderas.

De entre todo el murmullo una frase sobresalió por encima de las otras: "Alec, pon la mesa más a la derecha". Se giró de inmediato hacia la voz y a menos de diez metros allí estaba él. Alec. Alexander Lightwood, el que había sido el centro de su mundo, levantando una mesa por encima de su cabeza para colocarla entre medio de dos maderas. Se quedó paralizado como si hubiese visto el fantasma de una persona fallecida años atrás. Cuando el nefilim terminó con su tarea levantó la vista de las mesas y se encontró con que El Gran Brujo del que todo el mundo hablaba, su ex, le estaba mirando. Por la cara de shock del muchacho Magnus dedujo que se sentía igual que él. Se quedaron así unos segundos hasta que Alec le dedicó una gran sonrisa, fue hacia él y le dio un rápido pero fuerte abrazo haciéndole estallar un volcán de sentimientos y emociones que creía tenerlas muertas.

-Magnus, por el Ángel, cuanto tiempo ¿Cómo va todo? Wow, estás igual que siempre- ilusionado con el reencuentro.

-Tú estás mucho más guapo. Te sienta bien cumplir años Alexander-. Impulsivamente dijo lo que realmente estaba pensando. Ese joven chico de 19 añitos se había convertido en un hermoso hombre de 26 años. Su delgado cuerpo de adolescente había sido substituido por uno de fuertes músculos bien definidos y ancha espalda, incluso juraría que había crecido un par de centímetros más aunque seguía siendo más bajito que el brujo. Sus espectaculares ojos azules tenían un brillo diferente y su nuevo corte de pelo dejaba su precioso rostro despejado.

-Cariño… - le avisó Laurie apretándole la mano. Por unos instantes se había olvidado de ella.

-¡A sí! Ella es mi pareja: Laurie Ness-.

-Wow- se la miró aluciando- Es espectacular-.

-Gracias querido- feliz de que se le prestara atención de nuevo. Le alargó la mano con mucha finura.

De repente una cosa pequeña y delgada salió de la zona de juegos para niños y se abrazó a la pierna de Alec.

-Papá, Papá, he ganado-.

-¿Has ganado? Muy bien campeón-. Le cogió en brazos y le besó.

-¡¿Papá?!- Exclamó Bane completamente asombrado.

-Sí- sonrió Alexander- Nathan, cariño, saluda-. El pequeño se giró hacia Magnus sin desenrollar las piernecitas de la cintura de su padre y le clavó sus redondos ojos azules mientras le ofrecía su pequeña mano.

-Hola. Me llamo Nathan Lightwood y tengo 3 años-.

-Un placer señor- no pudo evitar sonreír mientras le alargaba su dedo índice (la mano hubiese sido demasiado grande para él) y le saludaba sin poder creerse lo que estaba pasando. No hacía falta que jurasen que eran padre e hijo, ese niño era una autentica fotocopia de Alexander, era literalmente un mini-Alec.

-Buenas noches- interrumpió una dulce chica.

-Ella es Irina- comentó Alec.

-¡¿TU MUJER?!- La cara de Bane era un cuadro.

-Efectivamente-. Se miraron con complicidad -Legalmente sí pero más bien es la madre de mi hijo. De hecho Irina es la futura mujer de Ingrid- dijo señalando a una chica que se dirigía hacia ellos. – Yo sigo siendo gay, esto no ha cambiado-.

-¿Nos vamos ya? Esto está a punto de empezar-. Preguntó Ingrid tan solo llegar. Iba vestida y peinada como un hombre, sus gestos eran bastos y sus orejas repletas de piercings.

-Chicas, este es Magnus y su novia Laurie-. Las dos chicas saludaron a la pareja quedándose pasmadas con esa bella mujer. Ingrid no pudo evitar hacer un pequeño silbido de admiración e Irina comparó sus ropajes con los de ella sintiéndose avergonzada.

-¿Vivís todos juntos?- El brujo necesitaba saber más sobre esa historia.

-Más o menos, esa es nuestra casa – señalando una vivienda hecha de grandes piedras blancas. -¿Te apetece que te la enseñe?- Ilusionado.

-¡Por supuesto! Será un honor. Y de paso me explicáis bien como va todo este lio que tenéis montado.- Decidió sin contar con la opinión de su acompañante a la que no le sentó muy bien.

-Cariño no podemos ir ya tenemos nuestro propio evento social – le susurró mientras seguían a sus anfitriones.

-Será solo un momento- arrastrándola con él.

Sigue en capítulo 2