Hola Mundo Fanfiction, me presento; soy Mouka y aquí les dejo mi primer fic sobre The Maze Runner.
Espero que les guste y me dejen su opinión, sin mas...
Disclaimer: The Maze Runner no me pertenece.
Algunas veces pensaba ¿Por qué diablos los Creadores les habían dado relojes con alarma programable? ¿Acaso querían que se levantaran temprano todos los días en aquel infierno a trabajar? Sí que estaban dementes, terminaba por concluir.
Así cada mañana, cada que su reloj de muñeca lo despertaba a las cinco.
Aquella mañana en particular el chillante sonido de la alarma lo despertó de malas. Se removió en la cama y abrazo la almohada. Gruño. Resistiéndose a abrir los ojos, tanteo su brazo hasta llegar al reloj y presiono todos los botones que encontró tratando de callarlo, lo cual fue en vano.
Sabía que debía levantarse, su deber y trabajo lo llamaban, en especial a él, siendo él, casi, casi tenía la responsabilidad de saludar y anunciar el nuevo día.
Lanzo un bufido de frustración al aire, abriendo los ojos por vez primera; la habitación aún seguía a oscuras, apenas los perceptibles rayos de luz se colaban por la ventana. Miro en todas direcciones del cuarto, como todos sus compañeros respiraban plácidamente dormidos. Frunció el ceño, eso le molestaba aún más que tener que madrugar: ver a todos los demás dormir.
Y no era como si fuese la primera vez que se levantaba temprano, cada mañana lo hacía sin rechistar, pero ésta en particular, lo había traído al nuevo día de malas. Tenía ganas de recortarse de nuevo, acobijarse y dormir hasta tarde, pero sabía que eso era un lejano deseo que jamás se le cumpliría.
Arrojo la manta y almohada lejos de su alcance, y a pasos pesados salió de la habitación.
En el Área no hacia ni frío ni calor, el clima permanecía estable y algunas veces agradable; después de trabajar duramente, se convertía en un maldito horno, pero luego de tomar un baño, te congelabas como bloque de hielo.
Después de ir al baño, lavarse el rostro, quitarse el estupor del sueño y vestirse, se dirigió a la cocina, necesitaba abastecer su mochila con provisiones para pasar el día entero en el Laberinto. Se hizo un par de sándwiches y tomo unas cuantas manzanas, corto trozos de vegetales frescos y revolvió los estantes en busca de algo donde guardarlos; gustaba de hacerle un caos a Sartén.
Posterior a eso, se sentó solitario en una mesa cercana, calentó un panecillo y lo comió acompañado de mantequilla, una rebanada de jamón y un gran vaso de leche tibia.
Antes de marcharse en una nueva, matutina y continua carrera, fue hasta la Sala de Mapas, ayer, los Corredores habían dejado un desastre por todos lados; papeles, mapas, lápices regados en la estancia. Cuando cruzo la puerta, maldijo por lo bajo, tendría de alguna manera que reprenderlos, se convertían en holgazanes desordenados.
-Vaya, que mal educados se han hecho tus niños, deberías inculcarlos a que limpien su lugar antes de irse a dormir, sino terminaras de niñera; persiguiéndolos para que laven sus dientes y coman por las tardes- escucho risas detrás suyo, se dio vuelta y se topó con el rostro burlón de Newt, estaba encogido por la frescura de la mañana, con la mano izquierda en el bolsillo, la otra sostenía una taza con liquido humeante; parado bajo el umbral de la puerta examino el sitio –Güey, te hablo enserio, tus Corredores se están haciendo del asco.
-Sí, seguramente les hace falta tu amistosa presencia para animarlos a ser más "ordenados". Esos garlopos necesitan una lección pronta- frunció el ceño nuevamente, por segunda vez en lo que llevaba de día, no quería que se le hiciera costumbre, luego lo empezarían a tachar de un segundo Alby y esa no sería una muy buena reputación.
Suspiro de manera resignada y juntó los mapas, acomodándolos en pilas según su sección. Newt entro y recorrió el lugar, su rostro matutino denotaba una ligera expresión de tristeza, tal vez melancolía, mezclada con remordimiento y molestia de estar en el antiguo lugar al que pertenecía. Estiro su brazo y le ofreció de la taza.
-¿Qué es?- pregunto, inseguro sobre los brebajes que usualmente consumía en las mañana, tenía la costumbre de beber cosas raras para despertarse; y comenzar el día con un malestar estomacal o deshidratado no era una muy buena idea.
-Café, ¿Qué más?- se subió de hombros enarcando una ceja.
-Pues si shank, pero es que hay veces en que tomas unas cosas, que ay cabrón, ni me acerco a preguntar.
-No te preocupes, lo último que quiero es enfermar a nuestro Encargado de los Corredores- sonrió de medio lado y guiño un ojo, pasándole la taza, mientras continuaba con el trabajo de su amigo, recogiendo el desorden.
Minho tomo la taza con ambas manos, el calor del café era extrañamente reconfortante, como una manta con olor a limpio, unos calcetines calientes y acolchados, una sopa de verduras con carne. Otra vez lo ataco aquel sentimiento de volver a recostarse en la cama, olvidarse por un efímero segundo del laberinto y dormir unas cuantas horas. Se había levantado de malas, lo sabía muy bien.
Se desplomo en la silla más cercana, se sentía cansado, pesado y aburrido; fastidiado de cada momento que pasaba en ese lugar y haya afuera, pero no había de otra, en él recaían las esperanzas de todos por salir, y le gustara o no, su trabajo diario era salir a correr.
-Yo sé que no eres un hombre muy sentimental, pero te veo desanimado, ¿sucede algo malo?
-Amanecí de malas, es todo- contesto secamente con un resoplido, deslizando la taza por la mesa –Le falto azúcar; estaba desabrido.
Pronto las Puertas se abrirían, era suficiente de charlas. Salieron de la Sala de Mapas con los primeros destellos del escondido sol pegándoles de lleno en la cara, los Habitantes ya merodeaban el Área, listos para sus rutinas diarias, los Corredores de igual forma se alistaban al frente de todas las puertas; solo faltaba él.
Cerró la puerta con sus llaves y apretó las correas de su mochila. Echó un último vistazo al edificio y suspiro.
-Te vas a desinflar si sigues suspirando de esa maldita manera- dijo Newt –Relájate, veraz que cuando vuelvas te sentirás tranquilo y cenaras una de las suculentas preparaciones misteriosas de Sartén.
-Haber si no me da ahora si una indigestión con eso; apenas resistí tu café malo.
-Ya, lárgate, mucho tiempo de ver tu cara de plopus- le palmeo la espalda. Con un nuevo suspiro de parte de Minho, negó con la cabeza y salió trotando hasta la Puerta del Este.
Los desayunos se convertían en pesadas tareas para Sartén, mucho más que las comidas o cenas, puesto que debía levantarse temprano a preparar los alimentos para más de cincuenta muchachos que necesitaban estar listos para un arduo día de trabajo. Y eso costaba bastante.
En una mesa alejada de la cocina, Alby comía junto con Nick, pronto apareció Newt, cargando una canasta de tomates y ciruelas.
-¿Qué traes ahí?- pregunto Alby señalándole los entrecruces marrones de la cesta.
-Zart me pidió que le ayudara a recolectar, cuando lo fui a buscar para desayunar.
-Te levantaste temprano, ¿no es así?- la relajante voz de Nick lo hizo temblar de pronto, el tipo llegaba a sonar bastante misterioso y terrorífico algunas veces; aunque su cuerpo corpulento, grande y rizos alborotados color cobre daban otra impresión, sin mencionar sus ojos caídos y su constante sonrisa cansada, que a más de uno alteraba.
-Sí, Minho me despertó con su alarma, lo fui a despedir.
-Que considerado- se burló Alby, al tiempo que dejaba salir un bufido que trataba de sonar como risa.
-Muy bien- soltó Nick –Eso es lo que nos hace falta; consideraciones- Newt y Alby intercambiaron miradas confusas –Tiempos oscuros no requieren de medidas agresivas.
-¿De qué hablas?
-Verán, estuve pensando hace un par de noches en el próximo Novato. Cuando llegue, será un mar de lágrimas y preguntas, estará confundido y asustado, no sabrá qué hacer ni que creer, mucho menos con las actitudes arrogantes que se llegan a tomar. No ocupamos una novela de misterio, tampoco un cuento de hadas, pero, ¿Por qué no una oda a nuestra situación?
-¿Una oda a…?- empezó a decir Newt, pero fue callado por una mano ajena que se plantó en su cabeza, empujándola hasta que la frente golpeo el borde del plato, lanzando trozos de comida por todos lados, enredándoseles en el cabello.
En un rápido movimiento se incorporó, viendo como Winston reía a carcajadas, alejándose deprisa.
-¡Maldito miertero! ¡Ven acá!- grito y salió rengueando tras él. Alby y Nick le restaron importancia a la repentina situación bromista que se había montado a su lado, sabían que Newt se las arreglaría con ese tipo de bromas de mal gusto.
-Así que… decías acerca de algo con el Novato.
-Cierto- Nick se aclaró la garganta y continuo –Me refiero a que debemos tener un poco de consideración con el pobre larcho siguiente.
-¿A qué te refieres con consideración?- pregunto Alby realmente confundido ante las palabras del líder.
-Bueno, me parece que llegue a la conclusión de que el próximo Novato, será atendido por mí, no solamente la Visita Guiada, sino el suficiente tiempo para que pueda acoplarse a nuestro modus operandi de vida. Un Habitante del Área productivo- acabo diciendo, sonriendo con su cara floja.
-Whoa, ¿Qué? ¿Hablas de ser la niñera del Novato?
-No digas niñera, no será de ese modo. Tratemos al siguiente niño como eso, un chico desorientado, no nos burlemos de él y le hablemos de cosas que aún no entiende, no lo abrumemos con horripilantes historias de la vida diaria que hemos tenido, tengámosle la "consideración" adecuada para su estado y nueva situación, ¿me captas?
-Amm…, creo que se a lo que te refieres- Alby no estaba seguro de como formular su frase sin que sonara insultante o a la defensiva –Pero no creo que lo hayas analizado por el lado de todos los demás. Mira, que tal si sí, pon que tú te la pasas con el Novato, le muestras nuestro mágico lugar llamado Área y nuestras adorables criaturitas guardines del laberinto de árboles exóticos que nos rodea, si, ponte en ese escenario, ¿Qué habrá con los demás Habitantes? ¿No piensas que algo así como celos, o envidia podrían surgir? Digo, tal vez se pregunten, "¿oye, por qué Nick no fue así de amable conmigo cuando yo llegue? ¿Qué tendrá de especial ese garlopo?" Así empiezan los problemas Nick, las complicidades y el desmadre. Recuerda la palabra favorita de Newt; orden. Todo funciona con orden, equidad, confianza y armonía- negó con la cabeza –No, realmente no te recomiendo que hagas eso.
-Pues que pena que no compartamos ideas- se levantó de la mesa con su plato vacío –Pero como líder, me tomare la ligereza de apaciguarle el golpe al Novato. Y tú, te quedaras al mando mientras yo me tomo mi papel en serio, que Newt sea tu remplazo en caso de fallar, ¿está bien?- no espero respuesta y se marchó.
Alby no sabía que pensar, aquellas repentinas ideas de Nick lo desorbitaron por completo, pero de algo estaba seguro: ahora él tenía el liderazgo.
La mañana transcurría con calma, no había alboroto ni problemas, a lo visto, graves. Subió las escaleras de la Finca, dirigiéndose hasta su habitación en el segundo piso, abrió la puerta de golpe, encontrando a uno de sus compañeros sin camiseta, encogiéndose por la impresión.
-Shuck, ¿Por qué no tocas? Podría haber estado sin pantalones- replico Newt lanzando su camiseta lejos, revolviéndose el cabello, tratando de quitar todo rastro de comida de este.
Alby enarco una ceja.
-Ni que tuvieras algo que no haya visto antes- se quedó de pie junto a la puerta, viendo la espalda desnuda del chico –Aun tienes cicatrices frescas.
Newt se volteó y lo miro entrecerrando los ojos.
-Dudo que alguna vez desaparezcan- tomo otra camiseta y se la coloco con apuro. Se dirigió a la puerta, deteniéndose antes de salir, justo al lado de Alby, lo observo con el ceño fruncido –Es mejor que aprendas a tocar puertas.
-Cierra el hocico, shank. Es mi habitación también- dicho esto, Newt salió.
Después de aquel infortunado encuentro en la habitación, Newt había adquirido una actitud distante y distraída, sabía que esa mala vibra que llevaba podría ser contagiosa, así que para no causar malos entendidos, decidió entonces ir a podar árboles en los Jardines con el Encargado de los Aradores.
En la mañana, ayudando a recolectar cultivos, se dio cuenta de lo maravillosas que eran las actividades del campo para la distracción y el olvido, alivio de problemas y frustraciones pasajeras. Su tarde la pazo deslomándose duramente trabajando.
La tranquilidad le duro poco, puesto que diviso a un gran número de Habitantes aglomerarse en la entrada de la Puerta Este, horas antes de que los Corredores volvieran. Se extrañó, algo debía de andar mal, los movimientos alborotados daban que pensar al respecto. Intranquilo, se acercó a la multitud a paso veloz.
No fue hasta que empujo a unos cuantos chicos cuando comprendió lo que sucedía; en el suelo frente a las Puertas, se encontraba un Minho totalmente deshecho, las ropas sucias y empapadas, cubierto de sudor y respirando agitadamente. Lo peor fue ver su pierna derecha; la rodilla la tenía molida, motas rojas de sangre coagulada se esparcían por la piel, al igual que se le pintaban manchas secas, estaba raspada y cubierta de arenilla.
La preocupación y el asombro se arremolinaban en el pecho de Newt, no cabía en la sorpresa de ver a Minho de esa manera, simplemente no podía analizar la situación.
-¿¡Que te sucedió!?- grito, sin preocuparse en disimular su tono asustado y la voz quebrándose. Minho le echo una mirada cansada, respirando aun con dificultad.
-¿Qué más? Un maldito Penitente apareció de improviso.
-¿Te pincho?
-No tengas tanta suerte…, no, me persiguió buen rato, pero lo perdí en un recodo. Tropecé y el escombro aplasto mi rodilla… güey, tuve suerte de perderlo y poder regresar- Newt torció el gesto, pronto los Habitantes comenzaron hablar, todos al mismo tiempo, cosas inentendibles. Newt se hartó del ruido, el estrés le estaba haciendo picor en la cabeza.
-¡Cállense todos!- volvió a gritar, haciendo el silencio. Respiro tranquilo, señalo a un muchacho a su derecha –Tu, busca a Clint, dile que me espere en la Finca. Los demás, ¿Qué no tienen cosas que hacer? ¡Vuelvan a trabajar!- con esto último, todos murmuraron por lo bajo, retirándose a sus respectivos puestos, al igual que el chico que mando a buscar a Clint, salió disparado de ahí.
-Tranquilízate, nena. Sigue así, y uno de estos días te dará un ataque al corazón- dijo Minho, Newt no contesto, sus ojos se oscurecieron, hizo una mueca y su rostro pareció tornarse en un gesto amargo. Se inclinó para ayudarlo a levantarse, pasándose un brazo por sus hombros –Este no ha sido mi día- murmuro.
-¿Un Penitente?- exclamo con evidente sorpresa Alby.
-Cuantas veces tengo que… ¡ah, carajo!- se quejó Minho por el dolor. Recién llegaron a la Finca, Clint ya los estaba esperando, transportaron al Corredor hasta su habitación y le trataron la herida rodilla; cada cierto tiempo no se evitaba maldecir por el dolor. Le limpiaban la herida cuando apareció Alby, sin poder creer lo que había escuchado de parte de los Habitantes.
-Es curioso, ¿Qué no se suponen que salen de noche?- puso una mano en su mentón, pensativo, a su lado, parado en el umbral, Newt permanecía en silencio con la cabeza baja, no decía palabra alguna desde que lo dejo en la cama, y pareciera que el sentía mucho más dolor que el mismo Minho, que se negaba a voltear y preguntarle qué le ocurría.
-Se supone, no quiere decir que no salgan de día ¡maldito garlopo de plopus, me duele!
Justo en ese momento, Nick atravesaba la puerta, con su habitual rostro cansado y siniestra sonrisa, se acercó a Minho; este no evito inclinarse hacia atrás, de cierta forma, aquel chico le causaba repulsión.
-Entonces los rumores son ciertos: un Penitente salió de día y te persiguió. Muy valiente, sobreviviste- Minho enarco una ceja. Nick extendió su sonrisa a un lado, levanto la mano, deteniendo la venda que Clint colocaba en la rodilla –Déjenos solos.
Dicho esto, los tres tomaron camino a la puerta sin decir nada.
-¿Qué? ¡No me dejen solo con este shank chiflado!- protesto Minho, pero era tarde para que lo escucharan. Él no era un hombre silencioso, si algo le molestaba no dudaba en decirlo, y cada que podía, dejaba salir a luz comentarios sarcásticos sobre su desagrado hacia el líder. Por alguna razón Nick no le caía para nada bien, mucho menos su extraña forma de liderazgo.
-Tranquilo, Minho, no te hare nada malo- dijo secamente, acercando una silla para sentarse. Minho no se sentía seguro a solas con él, apenas resistía compartir la habitación, era demasiado dejarlos solos durante el día.
-¿Qué quieres?- frunció el ceño e instintivamente se puso a la defensiva.
-Tu lesión en la rodilla, por lo que veo, es algo seria.
-Una buena noche de descanso es lo que necesita, para mañana en la mañana estará mejor, no te preocupes- Nick negó con la cabeza, Minho frunció más el ceño.
-No Minho, no. Esa herida es más seria de lo que aparentas, en una noche, dudo que se alivie- hizo una pausa –Tal vez un día, o dos.
-¿Qué quieres decir?- se apresuró a preguntar, pero temía lo que le fuera a responder. Espero unos minutos, Nick aclaro la voz.
-Yo, como líder- se le acerco, señalándolo con el dedo –Me encargare de que no pises fuera de estas cuatro paredes en un par de días, hasta que esa pierna este bien… ¡Tómalo, como vacaciones!- Minho abrió enormemente los ojos, ¿hablaba enserio?
-¿Unas vacaciones? ¿Qué garlopa esta pasando por tu cabeza? No puedes dejarme aquí encerrado, no puedo no recorrer el Laberinto, mucho menos ahora, me parece que estamos cerca de algo.
-Pues a mí me parece que después de estos dos años corriendo, dudo que estés incluso cerca de tu nariz.
-Miertero cabrón, ¿Qué diablos…?
-¡Es más!- se levantó de golpe, arrojando la silla hacia atrás –Ahora que me has agarrado de buenas, creo que la práctica de los Corredores merece un descanso. Sí, eso, ¡vacaciones para todos ellos!- Minho no podía creer lo que estaba escuchando, le parecía absurdo, una pesada broma en un mal día.
-¿Has estado fumando plopus de vaca?
-Ay Minho- comenzó Nick, acercándose para palmearle el hombro –Tu humor me pone de buenas. Tres días, en el Área, veras que divertida es- terminó por decir, posteriormente, salió.
De alguna manera, aquel deseo que creía imposible, tal vez se hiciera realidad más de una mañana; recostarse en cama y dormir hasta tarde.
