Él sabía que un día llegaría su momento de ser akumatizado, que su temperamento explosivo detonaría y que no podría hacer nada para aminorar su rencor. Aun así, buscó por todos sus medios mantener sus impulsos bajo control.
Tomó clases de yoga, fue a cursos para el manejo de la ira e incluso apartó el segundo domingo de cada mes para tener una sesión de reiki, que le proporcionaba un amable señor a quien le encantaban las playeras hawaiianas.
Todo con el fin de aminorar la probabilidad de caer bajo las garras de aquel villano, todo para no poner en peligro al niño modelo que protegía cada día. Claro que ya no era un niño, pero le era imposible no verlo de ese modo.
Adrien era sumamente parecido a Emilie, de sonrisa amable y un poco caprichoso, sí, pero al fin de cuentas un chico bueno que necesitaba su protección.
Protección que en su momento le había prometido a su madre y que al final le había fallado; aún recordaba con tristeza el día que regresó de las vacaciones que la señora Agreste le había insistido en que tomara, encontrándose con la triste noticia.
Si tan solo hubiera estado aquí. Se había dicho mil veces, en especial cuando veía a Adrien y lo desolado que se encontraba.
Para al final, fallar de nueva cuenta.
Se prometió que lograría alcanzarlo. Intentó seguirlo a cualquier lugar a donde fuera a pesar de que huía con tan solo verlo. A sabiendas de que no era algo personal y pensando en cada momento en la probabilidad de que algo le pudiese pasar al querer esconderse de las personas que aclamaban su nombre.
Si él tan sólo me hubiera dicho. Pensó. ¡Rayos! No le hubiera importado meterse en problemas con Nathalie para que les permitiera salir a ver la película donde aparecía Emilie.
Al fin de cuentas, él también quería ver su asombroso y misterioso debut, del papel con el que le había ayudado a practicar en los ensayos.
En lugar de eso terminó con la pulsera de Adrien en su poder y recibiendo un regaño de su jefe que no había dudado en decirle que era un tonto. Al final le pareció curioso, se había protegido de su ira, pero no del dolor provocado por ningún otro sentimiento.
Sabía que los akumatizados recordaban poco o casi nada de su transformación, o al menos eso decían las entrevistas que había leído; como si hubieran bebido de más y no recordarán lo sucedido, alguien había declarado.
Sonrió para sí al recordarlo, a Adrien y Ladybug entre sus manos como si fueran un par de muñecos; recordando su claro deseo de juntarlos a pesar de que sus propias manos se lo impedían.
Acción provocada al recordar el fanatismo del chico por la heroína.
Estaciono el automóvil frente al Colegio, desviando su mirada del camimo hasta el espejo retrovisor y espero.
—Gracias, te veo a las tres —Le dijo Adrien antes de bajar del vehículo.
Aprovechó el momento para suspirar con desgano antes de arrancar de nueva cuenta, molesto. Había pasado toda la noche buscando la pulsera del chico, para al final recordar que la chica de rojo no había alcanzado a devolverle aquel objeto.
Entonces lo pensó, sonrió ligeramente, apenas por un segundo. Quizás Ladybug se había quedado con la pulsera y eventualmente se la regresaría a Adrien.
Lo cual significaba que el menor de los Agreste tendría un momento con la chica que idolatraba y que eso solo significaba que él, de algún modo, había ayudado a que eso sucediera.
De ser ese el caso, ya no tenía razón para estar molesto, ya que al final valdría la pena haber sido akumatizado.
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