Hinata tenía trece años la primera vez que se dio cuenta de que algo malo le sucedía.

Fue en una tarde calurosa en la que tuvo que ir con su mamá a una cena familiar. Su familia era enorme, feliz y llena de bebés -o niños pequeños-, así que no tenía nada de qué quejarse. Siempre se divertía en esas reuniones familiares.

Pero ese día fue diferente.

Su primo Aoki, unos años mayor que él, había llevado a su novia para que conociera a la familia. Era amable, bonita y olía a fresas. Tenía el cabello largo y rubio y una falda rosada. Era femenina y no parecían molestarle sus zapatos altos, a pesar de que parecían muy incómodos.

Otra cosa que Shouyou notó era que la chica llevaba lápiz labial rosa. Era el mismo que tenía su mamá -que rara vez usaba-, y brillaba pero parecía, de alguna forma, bastante natural.

Al final de la comida, cuando todos estaban charlando y riéndose, se dio cuenta de que no podía apartar los ojos de aquella chica.

Pero no era ella. No le gustaba esa chica, no quería hablarle o besarla. No le gustaba. Era extraño, era como si quisiera ser ella. Como si quisiera usar esa falda rosada, esos zapatos altos e incómodos y ese lápiz labial.

Ese día su primo Aoki se molestó con él porque creyó que le gustaba su novia porque no dejaba de mirarla. No era así, claro, pero no podía decirle lo que había estado pensando toda la tarde, así que dejó que su primo se enfadase.

Esa noche, Hinata fue al baño y se probó el lápiz labial de su madre, y era bonito, femenino y tenía olor a fresas, justo como esa chica. Estuvo allí mirándose al espejo hasta que su mamá le dijo que era hora de dormir. Se quitó el pintalabios -no quería que su madre lo viera usando sus cosas-, pero lo guardó en su habitación al fondo del armario por si quería usarlo después.

Cuando su mamá quiso usar su lápiz labial -semanas después- y no lo encontró, Shouyou le dijo que tal vez se lo había olvidado en otro lugar, y ella asintió, porque eso era lo mas lógico.


Hasta los quince años, Hinata nunca le había mencionado aquel "incidente" a nadie. Tenía amigos, pero se pasaban todo el día hablando de chicas, y a él sólo le interesaba hablar de volley. Era mucho más entretenido.

Cuando sus compañeros le preguntaban qué tipo de chicas le gustaban, él respondía que no tenía idea, pero en realidad sí sabía la respuesta: ningún tipo de chica.

A Hinata le gustaban los chicos, y usar ropa de su madre cuando ella no estaba, y era asqueroso, porque todos sus compañeros usaban esa clase de cosas como insultos, así que era mejor mantenerlo en secreto.

En una ocasión, se había comprado un vestido de flores ajustado en la cintura, y lo había guardado muy, muy en el fondo de su armario, sólo para asegurarse de que nadie pudiese encontrarlo. Cuando su mamá y Natsu estaban fuera, se lo probaba, y deseaba tener una figura mas pequeña, mas femenina -a pesar de ser bastante menudito-.

Sin embargo, había muchas veces en las que sí disfrutaba ser un hombre.

Cuando tuvo que estar en el mismo equipo que Kageyama Tobio, por ejemplo, deseó ser mucho mas alto y masculino y poder patearle la cara.

Era confuso.

Había investigado en Internet varias veces. Sabía lo que era una persona transexual, pero no era eso lo que lo describía. No, él no quería ser una chica.

Bueno, a veces sí, pero no para siempre.

¿Que se supone que iba a hacer cuando no quería ser ni un hombre ni una mujer? ¿Qué se suponía que era?

La respuesta llegó cuando conoció a Kenma.

Kenma estaba en otro equipo. Era callado la mayoría del tiempo, pero era un buen amigo y él y Shoyou se divertían jugando videojuegos cuando se visitaban, que no era muy a menudo por la distancia a la que se encontraban.

No hablaban de cosas sentimentales, para nada. Las únicas veces que tuvieron conversaciones serias fueron iniciadas por el pelirrojo, pero esa vez fue diferente.

Habían quedado para reunirse a las tres en un parque en Tokio, que era el único lugar al que Hinata sabía ir sin perderse -su sentido de orientación era bastante malo-. Shouyou era generalmente el que llegaba tarde, por apagar el despertador o no encontrar sus zapatos por toda la casa, y ambos estaban más o menos acostumbrados a eso, y no había sido diferente esa vez, sólo que Kenma no estaba.

Y era extraño.

Kozume siempre llegaba a tiempo, pero hace media hora que debería estar allí.

No podía llamarlo -maldito crédito que nunca cargaba- y no pensaba moverse del lugar para ir a buscarlo porque probablemente se perdería, así que se sentó en una banca a esperarlo. Quizás sí era la primera vez que Kenma se quedaba dormido o algo así.

Luego de veinte minutos, cuando su amigo finalmente llegó, se dio cuenta de dos cosas.

La primera, era que Kozume no se había quedado dormido.

La segunda, era que quizás había otra persona como él.

Tenía un vestido. Un lindo, -muy lindo- vestido celeste, y unos lindos -muy lindos- zapatos altos blancos. Y maquillaje.

Whoa.

Kenma tenía el rostro completamente sonrojado, y miraba hacia el suelo, casi como siempre, pero esta vez parecía más avergonzado que otra cosa.

—Si es demasiado raro, puedes, uh, irte. Lo entenderé—dijo, aún sin levantar la mirada—hoy soy una chica.

—¿Hoy?

El otro asintió con la cabeza, haciendo contacto visual por unos tres segundos antes de volver su mirada al suelo.

—Me gusta tu vestido.

Kozume levantó la vista, algo sorprendido y con las mejillas un tono más rosadas que antes. Murmuró un "gracias", y eso fue toda la conversación sobre el tema. Shouyou hizo un par de preguntas más a la noche, pero nada importante. No quería molestar a Kenma, y de todas formas, ya tenía la información que necesitaba.

Las cosas que descubrió fueron que:

1- Se podía ser un hombre un día y una mujer al otro. Era bueno, porque no siempre quería llevar maquillaje y vestidos, y no siempre quería que Kagey-sus amigos, lo trataran como un hombre.

2- No hacía falta explicar por qué era hombre un día y una mujer al otro. Sólo había que ser como uno se sentía ese día.

3- El vestido celeste de Kenma le quedaba bastante bien.


Kageyama Tobio, el irritante, malhumorado y terco de Kageyama Tobio, era su mejor amigo.

Era su mejor amigo porque le hacía pases, porque era divertido -muy ocasionalmente-, porque se juntaban todos los fines de semana a pasear o a jugar videojuegos, porque se quedaban a dormir en la casa del otro, y porque...porque sí.

Y le gustaba.

Claro, cómo no.

Tobio era alto, fuerte y tenía ojos intensos. Tenía mal carácter, pero la mayoría de las veces era sólo por apariencias. Shouyou era una de las únicas personas con las que Kageyama podía reír libremente, decir comentarios estúpidos y hablar de sus pensamientos en voz alta.

Era amable, de hecho, pero le avergonzaba que la gente lo supiera.

Hinata lo sabía, por supuesto que lo sabía. Cuando lo invitaba a su casa para que estudien alguna materia que a Tobio se le hacía fácil, sólo para poder ayudar al otro, o cuando no lo presionaba para que hablara de lo que le sucedía mientras se quedaba mirando a la nada, o cuando hablaba con él hasta que se quedara dormido cuando tenía pesadillas "sólo porque yo no tengo sueño, imbécil". Shouyou sabía que Kageyama se preocupaba por él.

Y le gustaba mucho.

Kageyama Tobio, el irritante, malhumorado y terco de Kageyama Tobio, le gustaba muchísimo.

Tenían casi completa confianza el uno con el otro. Casi, por aquel secreto que Hinata escondía.

Pero ya no más.

Luego de haber hablado con Kenma, había decidido que era hora.

Luego de unas tres semanas de preparación, Hinata estaba listo. Más que listo. Iba a decirle a Kageyama.


Claro que pensarlo era mucho más fácil que hacerlo.

Su mamá y Natsu habían ido a casa de su tía a pasar la noche para cuidar a su nuevo bebé mientras ella salía, y aunque le habían insistido a Shouyou para que fuera, él se rehusó diciendo que "ya tenía edad suficiente como para estar en casa sólo" y que, obviamente, se divertiría más estando con un amigo de la escuela.

Había preparado todo.

Kageyama estaba en su cama con las piernas cruzadas, mirando sin mucho interés la película que ellos habían elegido. Algo de terror, probablemente, pero Hinata no podía prestar atención. Debía decírselo. Debía pausar la película y decir "tenemos que hablar".

Bueno...no, así no era como lo había planeado, pero casi.

No quería pasar por la fase de "tenemos que hablar", porque era incómodo para ambos.

Se aclaró la garganta.

Y nada.

Volvió a hacerlo, pero no, nada.

Kageyama Tobio era un idiota, al final de todo.

Cuando intentó hacerlo otra vez, pero más fuerte, Kageyama tomó el control remoto y pausó la película. Probablemente tampoco le interesaba. Nada que no fuera Volley le interesaba.

—¿Qué pasa? ¿Estás enfermo o algo?

Shouyou respiró hondo, entendiendo que ese era el momento. Si no lo decía ahora, probablemente le tomaría semanas, quizá meses, reunir el valor necesario para hablar sobre el tema.

Le iba a decir a Kageyama.

—No...uh, sólo es...—de repente, sintió cómo el calor subía por su nuca hasta su rostro. Oh, no, dios, no. Sentía el estómago encogerse, el nudo en la garganta, y los ojos húmedos. No podía llorar, definitivamente no podía llorar—tengo algo que decirte.

Pero Tobio parecía no entender de todas formas. Parecía no entender que era algo serio.

O quizás sí lo entendía, pero no quería que el otro llorara.

—Sólo dilo. ¿Cuál es el problema? sólo soy yo—murmuró Kageyama, mirándolo algo confundido. "Sólo soy yo".

Y era cierto. Sólo era el torpe de Bakayama, a quien probablemente le diera igual si Hinata tuviese cinco manos en vez de dos, con tal de que pudiese jugar volley con él, con tal de que pudiera recibir sus pases.

—Soy...um, Kageyama, soy transgénero—su voz salió quebrada y muy, muy bajita, pero fue lo suficiente como para que el otro lo oyera—género fluido. Um...a veces quiero ser una chica, y a veces..uh, no.

Transgénero, género fluido. Kenma le había enseñado esa definición.

Miró las sábanas. ¿Qué estaba pensando Kageyama? ¿Le diría que no, que era un chico, y que no exagerara las cosas? ¿le diría que ya no quería jugar volley con él?

—Oh...ya veo.

¡¿EH?!

Hinata levantó la cabeza para mirar al otro, pero no estaba seguro si estar aliviado, enfadado o qué.

—¡¿Qué se supone que significa eso?! ¡Dí algo, bakayama!—gritó en respuesta, intentando no levantarse y golpear al otro.

Tobio sólo se rascó la nuca y lo miró algo confundido, como si Shouyou le hubiera dicho algo sin importancia.

—Bueno, es lo mismo, ¿no?, todavía vas a estar en Karasuno. Mientras puedas jugar, no me interesa. Puedes ser lo que quieras, sólo...no puedes venir a casa cuando seas una chica.

Hinata ladeó la cabeza.

—¿Huh?

—...Mi mamá pensará que estamos saliendo, es eso—contestó, entre dientes, sonrojándose levemente—pero lejos de eso está..uh, bien, supongo. No creo que cambie nada. Entre nosotros...quiero decir.

El chico de cabellos naranjas se quedó mirando al otro, aún sin decir nada, pero pronto sonrió, asintiendo levemente con la cabeza.

—Okay. Um, gracias. Por no odiarme o algo así—añadió, mirando hacia otro lado.

—Si serás idiota...¿cómo podría odiarte por eso?, ya te lo dije, ¿no? sólo soy yo.

Y Hinata sonrió.

Sólo soy yo.

Puedes confiar en mi.


¡Hola!

Wow. Hace tanto que no escribía, no saben lo que me costó terminar ésto. Trans Hinata es el mejor Hinata. Estoy completamente segura de que voy a escribir una parte dos de ésto (quizás hasta tres) , porque todavía no saben cómo siguió su relación, qué cosas cambiaron, y cómo Tobio aprendió a pintarle las uñas al otro xD. O algo del estilo.

Me hace muy feliz haber vuelto a escribir, más que nada sobre Haikyuu, porque es un fandom que amo.

Así que muchas muchas gracias por leerlo, por sus comentarios (que me harían muy felices, gracias, te obsequio una mantita 3). Y nos leemos en la parte dos u v u

Besos~