Un corazón pequeñito... ¡Aunque no tan chiquititito!

Parece que fuera ayer... Llegué, ya no recuerdo cómo, pero llegué y todos me quisieron al instante. Fue un nuevo comenzar para mí: probablemente todos digan que alguien como yo merecía estar solo toda su vida, pero yo creo que alguien como yo necesita siempre, como todos, un poco de compañía y sinceros sentimientos.

Sí, todos me querían, pero yo me enamoré mucho, si así se le puede llamar a ese sentimiento, de una niña de profundos ojos enormes y cabello lacio y oscuro. Muy linda, me correspondió casi al instante y me hizo realmente feliz. Pero todo tiene su final: ella terminó enamorándose de alguien más parecido a ella y me dejó, para irse en busca de su felicidad. Me dejó como al inicio, como antes de ingresar a este Hogar: solo, completamente solo.

Pero casi al segundo entre que ella me dejó y yo asimilé mi realidad, unos ojos verdes me sonrieron con una sinceridad y un amor que jamás he vuelto a encontrar en otra persona, ni siquiera en su propia familia: eran unos ojos que no he podido, ni podré olvidar nunca. Y fue ahí, desde ese instante, que comencé a ser feliz, porque ella prometió velar por mi felicidad.

Pasamos tantas penurias juntos... Esos que nunca la amaron y que probablemente jamás sabrán lo que es amar, a pesar de que ella es lo suficientemente noble como para quererlos, la hicieron sufrir mucho. Pero apareció en su vida alguien que la hizo dejarme de lado un poquito, pero sólo un poquititito. Al inicio, debo reconocer, me sentí terriblemente celoso... Pero luego entendí cuánto la amaba y que el corazón humano puede amar de muchas maneras. Es un corazón pequeñito, aunque no tan chiquititito, en comparación al corazón de Dios. Pero tiene tantas habitaciones que todos los hombres y criaturas del mundo pueden entrar sin estar incómodos dentro.

Me tocó la prueba más terrible un día que se suponía era de fiesta: mi niña de los ojos verdes salió y me dejó porque iba a un juego con su amado. Yo me quedé porque me dijo que era un poco peligroso y yo no tenía la edad suficiente. Sin embargo, no estuve tranquilo: días antes había salido a pasear con él y regresó muy asustada... Mis temores se confirmaron: el joven, ese bello joven, había muerto. Sé que fui de ayuda, de auxilio para su corazón, pero no fue suficiente... Tardaría mucho en sanar ese corazón que en ella es, sin dudas, ligeramente más grandecito.

¡Y llegó la ayuda que necesitaba! Un joven muy apuesto, que a mí se me antojaba parecido al angelito muerto, le hizo ver que la vida debe continuar cuando uno sufre una pérdida, porque es el mejor homenaje para esa persona. Creo que ella nunca pudo olvidarlo... era muy galante y apuesto... Tiempo después, la mandaron a estudiar muuuy lejos. Yo escuché desde algún lugar alejado, y comencé a llorar porque sentí que sería el adiós... Me iba a quedar solo nuevamente.

¡Pero no fue así! Mi dulce caramelito se las ingenió para hacerme ingresar a su colegio sin que hicieran muchas preguntas. ¡Oh, tooooodooooooooo lo que aprendí ahí! Desde ese día me sentí verdaderamente refinado. Es cierto, no vivía con los otros muchachos y tampoco me hablaban. Pero había alguien que me quería mucho, tanto como el joven que se parecía al angelito: al principio pensé que era medio arrogante, porque se burlaba de mi caramelito, y generalmente me ignoraba como el resto. Sin embargo, cuando venía de visita a mi lugar, platicaba conmigo y me entonaba una melodía muy dulce, aunque debo reconocer que era ligeramente triste.

Vi emocionado que mi niña adoptaba un nuevo matiz de verde en esos hermosos ojos cada vez que hablaba con ese joven, y salté de la felicidad al comprobar que en los azules de él se observaba el mismo brillo. Pero para mi terror, un día, él me visitó y habló en tono de despedida. Sinceramente creí que huía: a mi princesita la habían encerrado días antes por una trampa malintencionada. Pero me contó que le había dicho adiós tocando mi canción favorita y me dejó un pequeño regalito. Entendí que se iba pensando en su bienestar.

Pasamos tantas penurias luego de eso... Ella lo amaba y decidió irse del colegio también. Con dificultad, llegamos a nuestra casa en medio de una nevada. Todo pasó tan rápido luego, que no recuerdo lo que ocurrió. Sólo sé que mi mayor temor se hizo realidad al poco tiempo que llegamos a nuestro Hogar.

Ya una vez, cuando sus antiguos parientes malos amenazaron con hacerme daño, ella había intentado dejarme lejos, pero no lo logró. Ahora decidía hacerse enfermera y no podía llevarme, porque era algo más serio: hubiera estudiado yo también, había aprendido mucho de geografía, física, literatura, cuando estaba en el colegio, porque siempre la vigilaba en silencio, desde fuera de las aulas. Por eso, decidí estar completamente presentable para ella desde el día anterior: jamás lo había intentado, pero era urgente lograrlo. Me di un baño a la luz de la luna, esperanzado en que viéndome tan lindo entendería que yo la amaba mucho y que no quería dejarla enfrentarse sola con el mundo.

Pero ella no me entendió: corrí y corrí detrás de su máquina enorme que la alejaba de mí. Yo lloraba: ya era más grande, pero no me interesaba que me viera llorar. Mi corazón pequeñito se rompió cuando vi desaparecer el tren... Pero nunca dejé de esperarla... porque jamás he dejado de amarla...

No sé por qué recuerdo estas cosas justamente hoy, la verdad es que siendo una fecha tan linda debería reír, pero mis ojitos se han llenado de lágrimas. Ese último recuerdo fue el más duro para mí, porque me enseñó que hasta mi Candy puede ser capaz de herir, aunque no voluntariamente. Pero su capacidad de reflexionar y amar es lo que la ha llevado a vivir esta nueva felicidad en su vida.

Ya hemos colocado el árbol y los adornos. Archie, Annie, Patty, Tom y los hijos más grandes de Pony trajeron muchos regalos, aunque no tantos como los de Terry Grandchester, es decir, mi amigo, el músico, y los del señor William, ¡que he entendido resultó ser el joven que se parecía tanto a mi angelito rubio!

Mi niña de los ojos verdes acaba de llamarme por mi nombre y he ido corriendo. Me ha preguntado que por qué lloraba: siempre tan atenta a mis sentimientos. Lo único que he hecho es darle un beso en su mejilla y ella ha comenzado a reír. Es bello saber que su risa de niña no ha cambiado con el tiempo.

Hubiera querido dar regalos yo también. Por eso traje a la fiesta lo que más me gusta y en lo que soy un experto recolector: unas enormes y dulces castañas. Todos mis hermanitos y hermanitas las están abriendo, y aunque esa no era la idea, me las están dando a mí para comerlas. Jijiji, creo que en el fondo yo deseaba ahorrarme ese trabajito.

La hermana María acaba de hacer un brindis por Nochebuena, deseando la felicidad para todos. A mi niña la veo un poco inquieta: faltan aún dos personas muy especiales que ya enviaron sus obsequios y que prometieron venir a vernos... Oh, la puerta se ha abierto y uno de ellos ha llegado. Ha corrido como si aún tuviera seis años y se le ha colgado del cuello. De veras que se nota que lo ama mucho, aunque no como yo pensara en su momento...

Yo, que he visto venir y partir a muchos niños como Annie, Tom, Jimmy, y mi propia Candy, jamás dudé que ella llegaría a ser feliz. La puerta vuelve a abrirse y esta vez sí que ha descubierto la manera de trasladarse sin caminar, porque ante todos estaba un momento al lado de su amigo y luego ya estaba siendo abrazada con mucho afecto.

La veo ahora rodeada de sus amigos, en nuestro nuevo Hogar de Ponny, en este que acaba de recibir al amor de su vida... y comprendo que cumplí mi promesa: Annie me dejó a ella para que me cuidara, pero creo que yo logré hacer lo mismo, pero en sentido inverso. Ahora mi niña de los ojos verdes es tan feliz como ella me ha hecho desde el día en que su hermana me dejó a su cuidado. Sé que el amor de su vida la va a hacer muy feliz...

Los dejo con la curiosidad, no puedo contarles más... Es mejor que sea ella quién les diga a quién ama su corazón en este momento.

Sólo les puedo decir, que una pequeña, aunque no chiquititita parte de el es ocupada por este tímido y coqueto coatí. Porque, mis queridos amigos, yo, soy el pequeño Klin. Ese corazón pequeñito, aunque no tan chiquititito, que siempre ha sido amado por la pequeña pecosa... Su verdadero y único galán, que jamás la ha dejado sola.

Klin