Capítulo 1: Despertar
El sol comenzaba a esconderse por entre los brillantes e imponentes rascacielos de Manhattan, dándoles un suave tono que los hacía parecer de oro. Una ligera brisa alborotaba el pelo de Simón, que se llevó instintivamente la mano a la cabeza para esconder la marca en su frente, la Marca de Caín. No le importaba llevarla, en absoluto, por mucho que fuese una maldición. Con ella había salvado su propia vida más veces de las que podía contar y, sobre todo, la de la gente que le importaba. Clary le había dado aquello que lo hacía indestructible ante cualquier ser viviente que intentase hacerle daño. Pero Simón tenía claro que ese poder era algo demasiado importante como para guardarlo para sí mismo y, el poder ser útil para los cazadores de sombras, de algún modo, le hacía sentirse más unido a ellos, le hacía sentirse bien.
Recordaba las palabras que una vez le dijo Camille sobre que nunca pertenecería a los cazadores de sombras, que él siempre sería un extraño entre ellos, que nunca envejecería cuando ellos seguirían adelante sus vidas. El simple hecho de recordarlas ya le hacían sentir como si se le pusiesen los pelos de punta, si es que pudiese estremecerse de verdad.
Levantó la cabeza para darse cuenta que había llegado al instituto y la enorme puerta se elevaba sobre él, inexpugnable. Estar maldito no le permitía entrar. Ese era otro punto a favor de las palabras de Camille, que aún volaban en su cabeza.
Tocó el timbre y esperó a que alguien bajase a recibirle. Al minuto escuchó un sonido metálico y pesado detrás de la puerta y vio cómo se abría poco a poco. Isabelle salió con la sorpresa grabada en la cara. "Definitivamente no esperaba verme a mí", pensó Simón. Pero una sonrisa inundó la cara de él.
El pelo le caía sobre los hombros como un manto de terciopelo negro y brillante, el más brillante que Simón recordaba haber visto en su vida. Desde que se había convertido en vampiro, este tipo de cosas como los colores, las texturas y olores se habían intensificado de tal manera que había veces que llegaban a marearle y siempre, siempre le sorprendían de nuevo. Como el pelo de Isabelle. "Aunque sus ojos no se quedan atrás…", pensó mientras miraba a la chica de arriba abajo.
"¿Simón? ¿Qué estás haciendo aquí?" – su voz le sacó de sus pensamientos.
"He venido a ver qué tal están Clary y Jace."
"Oh, claro." – salió cerrando la puerta tras de sí – "Están bien. Clary ya se ha levantado de la cama," – esta noticia llenó de alegría a Simón – "pero Jace…" - podía ver su rostro afligido.
"¿Jace?"
"Sigue inconsciente Simón. Ya son dos días." – le miraba con un terrible dolor en los ojos.
"¿Cómo es posible? Magnus dijo que se recuperaría."
"Y lo sigue diciendo… pero yo ya no estoy tan segura."
"Bueno, tienes que confiar en él. Tiene ochocientos años y digo yo que algo de razón tendrá… ¿no?"
"Supongo."
"Y…" - Simón dudaba en preguntar – "¿y tú cómo estás?"
"¿Yo?" – él sabía que quizás le hubiese molestado un poco la pregunta, pero en verdad quería saber cómo se encontraba Isabelle. Hacía días que no sabía nada de ella y, claramente, Simón sabía que lo estaba evitando. En cierto modo, cuando decidió venir al instituto en lugar de llamar a Alec para preguntar por Clary y Jace, era por si, de casualidad, podía ver a Isabelle. Y el encontrarla a ella detrás de la puerta del instituto le había hecho sentir que había sido la decisión correcta – "Bien, creo."
"¿Crees? Eso no me parece una respuesta muy convincente."
"Pues es la mejor que tengo."
"Izzy…"
"No me llames Izzy… me llamo Isabelle."
"Está bien… Isabelle. Deberías descansar un poco."
"No me digas lo que tengo que hacer Simón. Además, no tengo tiempo para esas cosas. Entre cuidar de Clary y Jace y mantener el instituto a salvo después de lo que pasó, descansar es un privilegio para los que no tienen preocupaciones."
"Pero Isabelle… tan sólo tienes dieciséis años… no deberías…"
"Simón, mis padres no están y recuerda que soy una cazadora de sombras. El tener dieciséis años no significa que me tenga que desentender de los problemas."
"Pero sí que te desentiendes de los problemas…" - dijo Simón, arrepintiéndose al instante, sabiendo que había encendido la chispa en Isabelle que pronto la haría estallar.
"¿Cómo has dicho?"
"Te desentendiste de mí" – dijo con los ojos clavados en sus zapatos. Esperó unos segundos, pero no obtuvo respuesta. Alzó de nuevo la mirada y vio los enormes ojos azul oscuro de Isabelle debatiéndose entre la ira y la pena. – "Lo… lo siento."
"No lo sientas."
"¿Qué?" – verdaderamente estaba asombrado. Isabelle estaba dando su brazo a torcer.
"Tienes razón. Eres el único problema del que he intentado huir."
"¿Así que admites que me has estado evitando?"
"Si. Y si no te importa" – se giró hacia la puerta abriéndola – "me gustaría seguir haciéndolo."
"¡Isabelle!" – la desazón de Simón era tan grande que creyó que sentiría su corazón palpitar con furia contra sus costillas de un momento a otro. Pero eso era imposible. – "¡Espera!" – pero ella ya había cerrado la puerta dejando a Simón solo en el umbral.
"¡Deberías hacer algo Magnus!" – Clary casi le gritó a la cara, conteniendo parte de su rabia.
"No puedo hacer nada más Clary. Se despertará cuando esté preparado para hacerlo" – dijo Magnus en un tono que no convenció a Clary en absoluto.
"¿Qué significa eso?"
"Clary," – Alec le puso una mano sobre el hombro, intentando calmarla. Pero ella no quería calmarse, quería a Jace de vuelta, a su Jace – "no te preocupes. Despertará."
"¿Pero cuándo?" – las lágrimas ya asomaban a sus ojos. Odiaba llorar delante de la gente, pero se sentía tan frustrada por no poder hacer nada por el amor de su vida que, ahora mismo, el que la viesen llorar, era una de sus menores preocupaciones.
"Eso no lo podemos saber Clary… tienes que tener paciencia." – Magnus intentaba mantener un tono tranquilo para no alterar más a Clary.
"¡Pero yo ya ha tenido suficiente paciencia! ¡Lo que quiero es que Jace vuelva!" – se deshizo de la mano de Alec de su hombro con un brusco movimiento y miraba a Magnus como si le fuesen a salir chispas de los ojos.
"Lo que creo es que deberías descansar… si no, sabes que te puedo obligar" – Clary vio cómo Magnus levantaba sus dedos para chasquearlos, mirándola con sus gatunos ojos tornados en enfado. Con solo un gesto podría noquearla y perder la voluntad ante él.
"¡No te atrevas Magnus!"
"¡Oh! Lo haré" – sonrió con suficiencia.
"Está bien. Ya vale los dos." – Alec se puso entre los dos. Miraba a Magnus con desaprobación y, cuando miró a Clary, esta pudo ver la tristeza en sus brillantes ojos azules. – "Me parece a mí que habéis olvidado que Jace está arriba sólo, inconsciente, mientras vosotros dos estáis aquí discutiendo tonterías. Si de verdad os importa deberíais hacer lo que es mejor para él. Tú," – señalaba a Clary mirándola con gesto severo – "sabes que tienes que descansar para recuperarte del todo. Y tú" – ahora señalaba a Magnus – "vas a subir para comprobar cómo está Jace ahora mismo y después volverás para informarnos, ¿de acuerdo?"
"De acuerdo" – contestó Magnus impresionado por el arrebato de Alec. Le miraba con verdaderos ojos de admiración.
Magnus se dio la vuelta y se perdió rápido entre las sombras del pasillo sin decir nada más. Alec se volvió para mirar a Clary, esperando que ella también hiciese algo. Pero no se movió, ni tan sólo un centímetro. Sentía una presión tan grande en el pecho ahora mismo que creyó no poder moverse del peso que notaba.
De verdad sentía celos de Alec, quien había demostrado la mayor entereza de todos ellos. Su madurez impresionaba a Clary cada día más, pero estos arrebatos de cordura cuando las cosas estaban difíciles la sacaban de quicio. Nunca se dejaba llevar. Pero intentó mantener la poca calma que le quedaba.
"¿No piensas moverte del pasillo?" – le dijo Alec.
"Sí, claro." – Clary intentó ser cortante con Alec – "En cuanto te marches tú."
"¿Acaso no escuchaste lo que dije? Vamos a esperar a que vuelva Magnus con noticias y no creo que el pasillo sea el sitio más cómodo para hacerlo."
"Me da igual. Esperaré aquí."
"Clary… no seas testaruda. No tienes que pagar conmigo lo mal que te sientes." – Él tenía toda la razón, pero Clary estaba tan enfadada porque Jace no despertaba… - "Yo también me siento mal, igual que tú, pero no voy peleándome con todo aquel que intenta ayudar."
Clary sintió una punzada en el pecho. Alec también estaba mal y sus ojos se lo decían, "Pero ¿por qué no se derrumba como yo?", pensó Clary. Sabía que Alec era fuerte, sobre todo después de lo que ha tenido que pasar y soportar por mantener una relación con Magnus. Pero el hecho de no verle derramar nunca una lágrima extrañó a Clary. "Sólo le vi llorar cuando murió Max", recordó.
"¿Vienes o qué?" – Alec le hizo un gesto con la cabeza para que le siguiera, estando ya junto a la puerta del salón.
"Está bien."
Isabelle avanzaba por el pasillo a oscuras, hundida en sus pensamientos. "Lo que acabo de hacerle a Simón debe de haberle dolido de verdad". Se sentía culpable por sus palabras, por hacer sufrir al vampiro de aquella manera. Pero en el fondo ella seguía dolida con él por haber estado jugando a dos bandas con ella y con Maia durante tanto tiempo. En verdad nunca le habría dado importancia a algo así, porque ella lo había hecho también alguna vez. Pero esto era diferente. Se trataba de Maia y de ella, se conocían, habían luchado juntas y se habían preocupado por él. Además, el darse cuenta que Simón le importaba más de lo que había pensado no ayudaba para que se quitase de la cabeza el pensamiento de que la había traicionado.
Alzó la mirada y vio que de la puerta del salón se filtraba un chorro de luz. Se acercó para asomar la cabeza y vio a Clary tumbada sobre el sofá, con la cabeza apoyada sobre un cojín y los ojos cerrados. Alec estaba sentado en uno de los sillones junto a Clary, observando el fuego de la chimenea que le otorgaba unas duras facciones, dándole un aire misterioso. Entró despacio para no despertar a Clary y llegó junto a su hermano.
"¿Qué hace ella aquí? ¿Por qué no está en su cuarto descansando?" – Alec se volvió para mirarla.
"Ella está bien Izzy. Además, intenta tú mantenerla en su cuarto si puedes. Es tan cabezota…" - Isabelle vio cómo la miraba mientras dormía, con un gesto de cariño en sus ojos. ¿Pero desde cuando Alec le tenía ese aprecio a Clary?
"Oye, ¿estás bien?"
"Sí, yo estoy bien, no te preocupes. Es sólo que…bueno… antes ha tenido una pequeña crisis." – dijo Alec mirando a Clary para después devolverle la mirada a su hermana – "Creí que esta pequeñaja pegaría a Magnus." – sonrió de medio lado.
"¿Quería pegar a Magnus?"
"Eso creo…o al menos eso parecía."
"Vaya… hoy no dejan de sorprenderme…"
"¿A qué te refieres?" – Alec la miraba curioso.
"El que estaba llamando al timbre era Simón."
"¿Simón? ¿Qué hacía aquí?"
"Me dijo que vino para saber cómo estaban Jace y Clary."
"¿Y por qué no me llamó como siempre? Si sabe que no puede entrar aquí para verlos…"
"No lo sé" – Isabelle agachó la cabeza mientras se sentaba en el sofá frente a su hermano.
Sí que sabía por qué había ido Simón hasta el instituto. Había ido a verla a ella, para saber cómo se encontraba, para tener una mínima posibilidad de que no le evitase tal y como había hecho desde que salvaron a Jace de las manos de Sebastian. Habían pasado los días juntos e Isabelle había disfrutado de la compañía de Simón, conociéndole, dejando que él la conociese a ella. Pero nada más. Sólo se trataba de dos amigos que unían fuerzas para salvar a otro amigo.
Pero cuando volvieron a Nueva York, Isabelle estaba demasiado preocupada por Jace y Clary, por el estado en el que los habían encontrado; ocupada por atender el instituto ya que sus padres estaban en Idris buscando soluciones para dar caza a Sebastian y preocupada por cómo se sentía ella con todo esto. Era tal la situación que dejó a Simón en último lugar, aprovechando que no podía entrar en el instituto para verlo e intentar sacarlo de su cabeza por un tiempo.
"¿Seguro?" – Alec la miraba divertido – "¿Acaso no vino para verte a ti?"
"¿Por qué iba a tener que venir a verme a mí?" – notaba cómo el calor llegaba a su rostro. Pero intentó sonar lo más cortante posible.
"Ya sabes por qué…"
"No. No lo sé."
"No entiendo por qué no admites de una vez lo que sientes por ese estúpido vampiro. No creo que se merezca que le hagas sufrir así. Ni tú tampoco."
"¿Por qué os habéis empeñado todos en decirme lo que tengo que hacer?" – subió un poco el tono, irritada por las palabras de su hermano.
Vio cómo Clary se removía en el sillón y abría los ojos. A la luz del fuego el verde se le tornaba oscuro, como si estuviesen entre sombras, deseosos de ver la luz. Se incorporó despacio, mirando a Alec y después a Isabelle, con una expresión de duda en el rostro.
"Mira, ya la has despertado" – reprendió Alec a su hermana.
"¿Me… me he quedado dormida?" – Clary parecía confusa.
"Sí. Siento haberte despertado" – afirmó Isabelle.
"No pasa nada". – Clary volvió el rostro hacia Alec – "¿Sabes algo de Magnus?"
"Aún no ha bajado." – le dijo con un movimiento de cabeza.
"¿No está tardando mucho?"
"Necesita tomarse su tiempo Clary. No está realmente al cien por cien después de haberos ayudado a Jace y a ti. Necesita recuperar algo de energía."
"Quizás… podría intentar usar una runa para despertar a Jace" – Clary miraba ansiosa a Alec, el cual tenía unos oscuros ojos cargados de compasión.
"No creo que eso sea buena idea. Podría interferir con la magia de Magnus."
"Si Clary," – intervino Isabelle – "es mejor esperar."
"Además," -dijo Alec – "si creas una runa así, sabes que eso te puede debilitar. Y no queremos eso precisamente ahora."
"No harán falta runas" – Magnus entró en la sala, caminando despacio y mirando a Alec con los ojos brillantes, transmitiéndole algo con ellos que Isabelle jamás podría entender.
"¡Magnus!" – Clary se puso de pie para quedar frente a Magnus – "¿Cómo está?"
"Tranquila Clary. Siéntate."
Ambos se sentaron en el sofá donde Clary había estado durmiendo. Alec se giró para quedar frente a ellos e Isabelle estaba atenta a lo que Magnus estuviese a punto de decir.
"¿Ha despertado?" – volvió a preguntar.
"No Clary, aún no" – le dijo apenado – "Pero le he estado examinando y, físicamente parece estar bien. Las magulladuras y las heridas van desapareciendo poco a poco y pronto podréis ponerle algunas runas si queréis, para que mejore más rápido. Pero hasta que no despierte no puedo acceder a su mente para ver si hay algún daño."
"¿Su mente?"
"Sí. Al estar inconsciente, hay sobre ella como una especie de bloqueo que me impide saber si todo está bien."
"¿Pero todo va a estar bien, verdad?" – Isabelle preguntó notando cómo se le iba la voz. En verdad temía por que Jace ya no fuese el Jace que conocía, el Jace al que quería, cuando despertase.
"No veo por qué no iba a estarlo" – contestó Magnus relajado – "Pero tenemos que esperar."
"Siempre tenemos que esperar" – dijo Clary en un susurro, hundiendo la cara entre sus manos.
"Y tú podrías hacerlo descansando señorita" – Magnus la miraba con un filo protector.
"No quiero descansar. Quiero verle."
"Clary," – Alec la tomó del brazo – "convencí a tu madre para que te quedases porque me prometiste que no saldrías de la cama, que descansarías lo que fuese necesario."
"Pero Alec…" - Clary le miraba suplicante.
"Alec," – intervino Magnus – "quizá pueda quedarse con él en la enfermería," - volvió sus ojos hacia Clary, que lo miraba con la esperanza grabada en su cara – "si nos promete que no se moverá y que se mantendrá en reposo."
"¡Lo prometo!" – se apresuró a decir.
"Está bien. Sube entonces." – dijo Alec mientras Clary le miraba por permiso con sus brillantes ojos verdes.
Clary se puso de pie de inmediato y salió por las puertas del salón como si no hubiese nadie en él a quien mereciese la pena volver a mirar. Ella ya sólo pensaba en ver a Jace.
Alec se incorporó y se dirigió también a la puerta, seguido de la mirada de Magnus, una mirada cargada de cariño y admiración que Isabelle envidiaba. A ella nadie la miraba así, ni si quiera Simón.
"¿A dónde vas cariño?" – preguntó Magnus.
"Voy a la biblioteca. Quiero mandar un mensaje de fuego a mi madre para informarle del estado de Jace y Clary. Me pidió que lo hiciera."
"Oh, está bien." – vio a Alec salir por la puerta – "Pues entonces creo que yo voy a descansar un poco. Esto de estar sacando siempre de problemas a los nefilim me deja exhausto."
Magnus se puso de pie y salió por la puerta por la que hace tan sólo unos segundos Clary y Alec se habían marchado. Isabelle estaba de nuevo sola, mirando al fuego y perdiéndose en sus pensamientos.
Clary empujó la puerta de la enfermería y mientras caminaba, el radiante blanco de la sala le obligaba a entrecerrar los ojos. Los rayos de sol de la tarde que entraban por la ventana se reflejaban en los cabellos de Jace, dándole el dorado más intenso que Clary le había visto jamás. Yacía boca arriba, con las manos a cada lado de las caderas y con el rostro relajado. Una fina sábana blanca le cubría el cuerpo hasta la mitad del pecho. Clary pudo ver que no le habían puesto una camiseta y pensó si quizás tampoco llevaba pantalones, lo que la hizo enrojecer por un instante. Pudo ver también los moratones que oscurecían su cuerpo mezclándose extrañamente con las cicatrices y las runas en su piel. Su rostro también se veía magullado, con arañazos y restos de sangre seca en las heridas que tardaban más en cicatrizar. Clary acercó una mano a su rostro y lo acarició despacio, pensando que tan sólo su roce podría hacerle daño. Una lágrima le corría por la mejilla cuando agarró la mano de Jace con las suyas, apretando fuerte, como si intentase que despertase por la impresión. Pero no lo hizo.
Jace estaba delante de ella, inconsciente y no sabía cuándo volvería a despertar. Era injusto que cada vez que se reencontraban sucedía algo que los volvía a separar, que impedía que siguiesen adelante con su vida juntos, con su amor. Esta vez había sido Sebastian. Se llevó a Jace la noche que acabaron con Lilith. "Más bien la noche que Simón acabó con Lilith", se corrigió. Y ella no pudo hacer nada para evitarlo. Pero no se rindió. Le buscó más allá de los confines de la realidad y se adentró en un mundo lleno de oscuridad y terror para traerlo de vuelta, junto a ella. Pero el estar ligado a Sebastian no hizo que la misión fuese fácil para Clary… ni tampoco para Jace. Recuperar su alma era la cosa más importante que Clary se había propuesto hacer en esta vida… y estaba segura que lo iba a conseguir, le costase lo que le costase. Jace tenía que volver a ser su Jace.
Cansada del ajetreo de todo el día, cogió un butacón forrado de terciopelo rojo, la única nota de color en toda la habitación, y lo arrimó hasta la cama de Jace. Se desplomó en él dejando sus brazos sobre la cama y sin dejar de mirar a Jace. Le sujetaba la mano aún, pero su agarre ahora era suave. Sabía que no iba a despertar por mucho que ella le apretase la mano. Las lágrimas le seguían cayendo por el rostro, incontrolables, cuando soltó un leve suspiro.
"Jace… despierta" – dijo en un susurro.
Alec entró por las puertas de doble hoja de la enfermería y la lúgubre luz le obligó a entrecerrar los ojos para enfocar. La larga fila de camas blancas estaba vacía a excepción de una de ellas, la que está junto a la ventana que proporciona la luz a la habitación durante todo el día. Ahora era de noche y la habitación estaba en penumbra, iluminada solamente por una pequeña lámpara en la mesilla junto a la cama de Jace. Avanzó a paso lento, dudoso de si acercarse más al lecho o quedarse mirando a lo lejos a su amigo aún inconsciente.
Clary estaba sentada en una incómoda silla junto a la cama y allí es donde había pasado toda la tarde. Su madre no había estado muy de acuerdo en que ella se quedase a velar a Jace en el instituto, pero no podía hacer nada para cambiar la opinión de Clary, se quedaría allí hasta que despertase, aunque intentasen llevársela a rastras, o al menos esas fueron sus palabras. Y desde luego, su madre desde Idris tampoco podía hacer mucho.
Clary estaba con el cuerpo inclinado hacia delante, dejando sus brazos apoyados sobre la cama y su cabeza sobre ellos. Alec avanzó para ver si se encontraba bien, pero en realidad se había quedado dormida sujetando la mano inerte de Jace. Dudó unos segundos si cogerla y llevarla a una de las habitaciones vacías del instituto, pero en seguida recapacitó y se lo sacó de la cabeza. Si Clary despertaba y veía que no estaba junto a Jace, se enfurecería.
Así que Alec metió sus manos bajo las rodillas de Clary y bajo sus brazos, levantándola con cuidado. Cuando la tenía en brazos pudo ver su rostro de cerca, lo más cerca que jamás lo había visto. Pudo ver cómo su pelo rojo se enmarañaba por su cara dándole un aspecto de niña pequeña que le suscitaban unas tremendas ganas de protegerla, las pecas alrededor de su nariz, sus finas pestañas de un rojizo más oscuro que su pelo, la línea de su cara… todo. Entonces creyó entender un poco por qué Jace se desvivía por ella… realmente se veía preciosa. Lentamente dejó a Clary en la cama contigua a la de Jace y la arropó con una fina manta blanca.
"Alec."
El corazón de Alec dio un vuelvo cuando escuchó su nombre pronunciado por aquella débil voz. Miró con atención a Clary, pero ella no se había movido, no había abierto sus labios para hablar.
"Alec."
Giró excitado y encontró los ojos dorados de Jace mirándole con frenesí, con una inmensa preocupación en ellos. Pero aún así estaba emocionado. Pensó en Clary y en cómo se molestaría de no haber sido ella la primera en verlos.
"¡Jace, estás despierto! ¿Te encuentras bien? "
Alec le hablaba en susurros y se inclinaba hacia él intentando examinar el estado de su amigo.
"Clary…" - Jace desvió los ojos para mirar a Clary, tumbada sobre la cama.
"Tranquilo Jace, está bien. Sólo está dormida." – Alec se sentó en el borde de la cama, poniendo las manos sobre los hombros de Jace para impedir que se levantase.
"Dime que no le ha pasado nada… que yo no le he hecho nada." – Alec podía ver la angustia en los ojos dorados de Jace, volviéndose cada vez más brillantes. Se apresuró a tranquilizarle.
"No Jace, cálmate. Se quedó dormida esperando a que despertases, eso es todo" – Alec veía que su amigo se relajaba y su cuerpo perdía la tensión que le obligaba a sujetarle – "Pero, ¿Por qué habrías tú de haberle hecho algo?"
"No me fío de mi mismo."
"Jace, llevas inconsciente dos días."
"¿Dos días?" – la expresión en su rostro pasó del dolor a la sorpresa.
"No podrías haberle hecho nada aunque quisieras Jace."
"Y no quiero" – bajó la mirada hasta sus callosas manos. Alec le siguió con la vista y empezaba a preocuparse por su amigo.
"¿Te encuentras bien? Físicamente, quiero decir. ¿Recuerdas lo que pasó?"
"Supongo que sí. Y si… lo recuerdo."
"Magnus te ha estado cuidando estos días, pero no me ha dejado ponerte ninguna Marca para que no interfiriese con su magia. Si necesitas alguna…"
"No. Estoy bien."
"De acuerdo."
"Sólo necesito una cosa." – aún seguía mirando sus manos y apretándolas hasta que sus nudillos se veían blancos.
"Dime."
"Quiero que la saques de aquí."
"¿A Clary? No creo que sea buena idea… si se despierta y ve que no está a tu lado…"
"No me importa lo que ella quiera ahora mismo Alec."
"Pero Jace…"
"Haz lo que te pido." – Levantó la cabeza y clavó su mirada de oro rodeada de oscuridad por los moratones en Alec – "Por favor."
Alec se quedó quieto, sin saber qué hacer. Si se llevaba a Clary fuera de la enfermería y esta despertaba y veía que no estaba junto a Jace, sería como un volcán en erupción. Pero Jace le estaba diciendo aquello muy en serio, no quería que Clary estuviese allí y, sobre todo, nunca pedía las cosas por favor.
"¿Jace?"
La voz de Clary le sacó de su anonadamiento y se volvió para mirarla sin saber aún qué hacer ni qué decir. Ella se estaba incorporando sobre la cama, dejando caer al suelo la manta que Alec le había colocado por encima. Tenía los ojos como platos y de un verde brillante que Alec jamás le había visto. "Parecen dos esmeraldas", pensó. Su rostro estaba iluminado por la alegría de ver a Jace despierto. Saltó de la cama y fue a abrazarle con todo su ímpetu. Alec se apartó un poco para dejarle espacio y se quedó de pie frente a la cama sin poder evitar sonreír al verla tan feliz. Pero una punzada en el pecho le hizo recordar lo que Jace le había dicho hace unos segundos y que lo que vendría ahora no iba a ser agradable.
"¡Jace, estás despierto! ¡Dios mío Jace!" – Clary sujetaba la cara de Jace con ambas manos, pero él la miraba sin ninguna expresión en el rostro, sus ojos se habían vuelto fríos como el hielo y Alec pudo notar el creciente nerviosismo de Clary. – "¿Jace?"
"No me toques, por favor."
"¿Qué? – Clary apartó sus manos despacio, sin dejar de mirar los helados ojos de Jace y sus labios convertidos en una fina línea sin expresión. - ¿Por qué dices eso? ¿Te duele algo?"
"No."
"¿Entonces?"
"Es mejor así."
"¿Mejor? ¿Mejor por qué?"
"Alec, por favor…" – Jace le miró con ojos suplicantes y Alec pudo sentir el dolor de su amigo, la angustia que sentía al apartar a Clary de aquel modo de él. Vio a Clary girarse y se encontró con sus ojos, evidentemente peleando porque no se le escapasen las lágrimas. Miró de vuelta a Jace, quien, libre de la mirada de Clary, luchaba también por no romper a llorar. O al menos eso creía Alec.
"Clary, ven conmigo" – le tendió una mano para que Clary fuese con él, pero ella se volvió para encarar a Jace.
"¿Qué se supone que estás haciendo obligando a Alec a que me saque de aquí? ¿Por qué… sólo quiero saber por qué?" – Clary agarró con ambas manos las de Jace que se mantenían apretadas en puños.
"Haré todo lo que sea para evitar volver a hacerte daño Clarissa." – le dijo estas palabras sin mirarla a la cara. Alec sintió de nuevo la punzada en su pecho cuando escuchó a Jace llamarla Clarissa y, si él pudo sentir el dolor, imaginó que Clary estaría destrozada. Sin pensarlo más fue hacia ella y la sujetó por los hombros.
"Vamos Clary, por favor."
"¡No! ¡Alec vete, quiero hablar con él!"
"No Clary, no es el momento. Acaba de despertarse así que dejemos que Magnus lo examine ¿de acuerdo?" – Alec sabía que no sería capaz de sacarla de allí así como así, por lo que intentó razonar con ella por otro medio.
"¡Eres un cobarde Jace!" – Clary le miraba con ojos llenos de furia mientras Alec la sujetaba por los brazos e intentaba sacarla de la enfermería. Tenía que hacer más fuerza de la que se esperaba. – "¡Un cobarde y un estúpido que no se atreve ni a mirarme a la cara!"
Alec consiguió llegar hasta la puerta mientras Clary continuaba forcejeando con él y gritando a Jace, quien no se había molestado ni en levantar la vista. Cuando por fin estaban fuera, Alec soltó a Clary de su agarre y ella le alejó de un manotazo. Estaba realmente furiosa y con aquel cabello rojo parecía que iba a explotar.
"Lo siento mucho Clary."
"¡¿Lo siento?! ¡Acabas de sacarme de ahí como un perro Alec! ¡Yo quería hablar con él!" – Clary se le acercaba para encararle y Alec pudo ver cómo las lágrimas empezaban a asomar a sus ojos.
"Clary, no es el momento. Sabes que no está bien y ahora tiene la idea de que te puede hacer daño."
"Siempre tiene esa idea, pero no es verdad."
"Esta vez es diferente… no está bien Clary."
"¿Pero por qué?" – las lágrimas ya corrían por las mejillas enrojecidas de Clary y Alec no pudo evitar avanzar hacia ella y rodearla con los brazos, quedando la cara de ella hundida en su pecho, sintiendo cómo lloraba desconsoladamente.
"Sólo dale un poco de tiempo." – acariciaba su pelo mientras intentaba tranquilizarla – "Sé que ahora quieres estar con él más que nunca, después de todo lo que habéis pasado, pero precisamente por eso es que él cree que puede hacerte más daño que nunca. Y créeme que te entiendo Clary, de verdad que te entiendo."
"¿Tú me entiendes a mí?" – Alec bajó la vista para encontrase con los enrojecidos e hinchados ojos de ella. – "No creo que tu novio te rechace de esta manera Alec."
"No. Pero lo que sí sé es que cuantas más cosas horribles pasan a nuestro alrededor, más ganas tengo de estar con él Clary. Aunque sea estar en la misma habitación, eso ya me vale… porque sé que está bien."
"Pero Jace no me deja ni estar ahí."
"Lo sé. Tiene miedo Clary… pero se le pasará."
"Y todo volverá a ser como siempre cariño."
Alec sintió una fuerte presión en el pecho y notaba cómo el calor le subía al rostro cuando escuchó a Magnus y veía cómo se acercaba a ellos desde la oscuridad del pasillo. ¿Habría estado escuchando todo lo que le había dicho a Clary sobre él, sobre sus sentimientos? Pero en verdad lo había hecho para tranquilizarla ¿O no?
"¡Ma… Magnus!" – Alec tartamudeaba mientras soltaba a Clary de su abrazo.
"¿Me voy a tener que empezar a preocupar por la señorita Clary?" – Magnus los miraba divertido, con sus ojos de gato brillando con la tenue luz de las lámparas del pasillo. El pelo le caía lacio cerca de los hombros, como una capa negra de terciopelo que resplandecía con tonos azules.
"¿Qu… qué?" – Alec estaba tan nervioso que no podía evitar vacilar.
"No Magnus… no te tienes que preocupar de nada." – Clary habló sin ganas, bajando la mirada a sus pies.
"Lo decía porque parece que he interrumpido algo" – una sonrisa burlona le cruzaba la cara. Alec lo miraba fijamente, molesto por sus palabras y porque hubiese podido pensar que entre él y Clary pudiese haber algo que interrumpir. Pero decidió no empezar una pataleta y se cuadró, con el ceño fruncido, para dirigirse a Magnus. Éste le miró con ojos de sorpresa.
"Sólo intentaba ayudarla Magnus" – se sorprendió de que la voz no le temblase.
"Está bien, cazador de sombras. No tienes que ponerte así" – le puso una mano en el hombro que hizo a Alec estremecerse. Siempre que estaba con Magnus o, simplemente con mirarle, notaba cómo su cuerpo reaccionaba ante él de una manera que desearía poder controlar mejor.
"Será mejor que me vaya" – Clary comenzó a caminar con la cabeza gacha y los brazos cruzados sobre el pecho, evidentemente abatida. Alec no pudo evitar sentirse mal por ella, por todo lo que Jace le estaba haciendo, por la brusca manera que él mismo la había soltado de su abrazo al ver a Magnus y por las palabras de éste.
"Clary, espera." – Alec la sujetó por el brazo para retenerla, pero en seguida volvió su mirada hacia Magnus para hablarle a él. – "Tienes que entrar. Jace ha despertado y creo que no está bien. Esperaremos en la cocina hasta que termines."
"De acuerdo" – el rostro de Magnus se volvió serio, casi culpable por lo que había dicho antes, creyó Alec.
"Vamos Clary" – Alec lanzó una mano sobre el hombro de Clary. Sentía unas tremendas ganas de protegerla. La veía tan frágil y derrotada que no lo podía evitar.
Las lágrimas le caían a Jace de los ojos de manera incontrolable. Se sentía estúpido por llorar de aquella manera. Siempre se había dicho que llorar era como aceptar que había sido totalmente derrotado en la batalla y, ni entonces, quizás se lo hubiese permitido. Pero esto era más grande de lo que él mismo podía imaginar. Amaba a Clary más de lo que se podía querer a alguien. Él nunca había sentido algo así por nadie, nunca se lo había permitido a sí mismo. Tenía las palabras de Valentine demasiado grabadas como para ignorarlas del todo: "Amar es destruir y ser amado es ser destruido". El sentía que estaba destruyendo a Clary al igual que él se sentía derrotado por el amor de ella hacia él. La situación le superaba de tal manera que no le quedaba más que… llorar.
"No creo que esa sea una buena solución."
Magnus estaba de pie junto a la cama mirando a Jace con sus brillantes ojos gatunos y una expresión indescriptible en el rostro. "Quizás pena, quizás compasión", pensó Jace. No le había sentido entrar, pero el verle allí tampoco le hizo asustarse, sólo sentirse algo avergonzado de que le viese llorar de aquella manera. Se secó las lágrimas de su rostro enrojecido con el dorso de las manos y miró a Magnus con desgana.
"¿Qué?"
"Lo que estás haciendo con ella."
"No sé a qué te refieres."
"Mira, no creo que apartar a Clary de ti e ir los dos llorando por las esquinas sea la solución a lo que sea que os pase."
"No sabes de lo que hablas."
"Créeme cuando te digo que lo sé. He vivido mucho tiempo y no necesito que alguien me diga lo que pasa para poder verlo con mis propios ojos."
"Muy bien, pero no necesito tus consejos, brujo." – bajó la mirada a sus manos que estaban apretadas en su regazo para evitar que Magnus le viese temblar.
"Está bien, no te los daré si no quieres. Sólo era mi humilde opinión. La verdad es que estoy aquí para ver cómo sigues."
"¿Cómo sigo?" – volvió a levantar la vista al ver a Magnus acercarse más.
"Alec me ha pedido que te examine para ver cómo te encuentras, así que… fuera esa sábana y quítate los pantalones." – le hizo un gesto con la mano.
"¿Los pantalones? Ah, ya entiendo. Eso es lo que buscabas desde un principio siendo mi médico personal ¿no? Verme sin pantalones."
"Vaya, me alegro que al menos tu sarcasmo siga intacto."
"Eso no ha sido sarcasmo."
"Venga Jace. Si lo hago en contacto con la piel tardaré mucho menos tiempo y antes te dejaré solo para que puedas seguir llorando."
Jace retiró la sábana de mala gana y se quitó los pantalones de pijama que alguien le había puesto para que no estuviese en ropa interior, pero al parecer se habían olvidado de la camiseta, o quizás tenían miedo a ponérsela por las heridas entonces abiertas en sus brazos y su pecho. Ya no le dolían, sólo eran marcas rojizas en su piel que se unirían al resto de marcas de las runas y cicatrices. Vio cómo Magnus le miraba sin ninguna expresión en su rostro, impasible ante la escena y concentrado en lo que tenía que hacer. De sus manos comenzaron a salir chispas azules y recorrían sus dedos como si bailasen entre ellos. Las acercó lentamente a sus pies y cerró los ojos. Jace comenzó a notar un leve cosquilleo allí donde las chispas le rozaban. Magnus no llegaba a tocarle, sus manos recorrían su cuerpo a tan sólo un centímetro, pero no le temblaban ni hacía movimientos bruscos que provocasen el tocar directamente a Jace. Sólo el fuego de sus manos. Jace cerró los ojos cuando Magnus acercó sus manos hacia la cara de él, más que por miedo, por la sensación de ver sobre sus ojos el fuego azul que no le quemaba. Dejó de sentir el cosquilleo para pasar a un entumecimiento del cuerpo entero. Abrió los ojos y Magnus seguía de pie junto a él mirándole con una media sonrisa.
"No hay de qué preocuparse, está todo en orden. Mis servicios parecen haberte ayudado de verdad… aunque no es que yo lo dudase." – tenía una sonrisa torcida en sus labios.
"Bien."
"Bajaré a avisar a Alec y los demás, por si quieren traerte algo de comer. Si necesitas algo más, avísanos."
"No necesito nada, pero gracias."
"Claro, lo olvidaba, eres Jace, tú nunca necesitas nada."
"Exacto."
"Algún día te darás cuenta que sí que se necesitan cosas y, sobre todo, a las personas."
"¿Y eso quién lo dice?" – le miraba desafiante.
"Te lo dice alguien que ha necesitado estar ochocientos años vivo para darse cuenta de ello."
"Puff" – Jace soltó un bufido. – "Tú no necesitas a Alec… él es sólo un entretenimiento para ti, hasta que deje de ser el chico guapo de ojos azules que es ahora. ¿Crees que no me he dado cuenta?"
"Te equivocas Jace, como siempre. Pero entiendo por qué lo dices."
"¿A sí? Ilumíname" – le desafió.
"Si no eres capaz de entender y llevar adelante tus propios sentimientos, obviamente no entenderás los míos."
Magnus se dio la vuelta antes de que Jace pudiese contestar y desapareció por la puerta de la enfermería con una gracia casi felina. Jace sentía su corazón martilleando en su pecho, insistente y veloz. Su cabeza se había convertido en un torbellino después de las palabras de Magnus. Pensaba que él tenía la razón, era Jace y no necesitaba a nadie, nunca había necesitado a nadie, le habían enseñado a vivir así. Hasta que llegó Clary y derrumbó el muro que cuidadosamente se había ido construyendo con los años para evitar acercarse demasiado a las personas, para evitar que ellas se acercasen a él. Por un momento pensó que podría vivir sin él, sin su coraza que le protegía del mundo y dejar que Clary entrara en su vida y en él, pero ella es demasiado importante como para hacerla sufrir con su trastornado interior. Incluso creyó haberse vuelto loco cuando soñaba con matarla… y casi lo consigue. Aquello no se podía volver a repetir, por ello su convicción era clara y apartar a Clary de su vida era la mejor opción que tenía para mantenerla sana y salva. Aunque fuese lejos de él.
Las lágrimas volvieron a correr por sus mejillas, imparables.
Clary sostenía una taza de té humeante entre las manos y la miraba fijamente, como si el hilillo de humo que salía de ella la hubiese hipnotizado. Se sentía entumida y cansada. Tenía la cara hinchada y los ojos rojos de tanto llorar. Pensaba que se habría quedado seca y que era imposible llorar más, pero aún se le escapaba alguna que otra lágrima cada vez que pensaba en la expresión de Jace al mirarla en la enfermería, cómo ella se había alegrado tanto de verle despierto y que él ni siquiera haya sido capaz de dejar que le tocase. Un vacío ocupaba el pecho de Clary y sentía una fuerte presión en el estómago. Nervios, pensó ella. Nervios por todo lo que le había dicho cuando Alec la arrastraba hacia el pasillo: "¡Eres un cobarde Jace! ¡Un cobarde y un estúpido que no se atreve ni a mirarme a la cara!". Ahora se sentía horrible por haberle dicho aquello, pero ya no había vuelta atrás. Era lo que sentía en aquel momento y decirlo le había hecho sentir algo mejor, aunque fuese tan sólo un momento, por el simple placer de gritarle. Levantó la vista de la taza y se dio cuenta que Isabelle estaba también en la cocina, hablando con Alec junto al frigorífico y mirando de soslayo hacia Clary. "Le estará explicando lo que ha pasado con Jace", pensó Clary. Se acercaron a la mesa donde Clary estaba sentada y pudo ver la preocupación en los brillantes ojos de Isabelle. Alec se sentó a un lado de Clary e Isabelle al otro, como si fuesen dos lobos flanqueando a su líder.
"¿Cómo te encuentras?" – era Isabelle preocupándose por ella. Realmente eso le extrañaba a Clary, pues ella nunca se había preocupado por ella en lo que al tema de Jace se refiere.
"No lo sé."
"Si quieres puedes irte a descansar a una de las habitaciones" – Alec le puso una mano sobre su brazo y le miraba con sus penetrantes ojos azules y una expresión tan dulce que Clary no pudo evitar sonreírle. No sabía cuando Alec la había aceptado de aquella manera, pero le gustaba ese Alec, el que se preocupaba por los demás y el que abría su corazón para aconsejarte e intentar ayudarte.
"Gracias Alec, pero no creo que pueda dormir."
"Quizás te venga bien Clary, aunque sólo sea estar sola." – insistía Isabelle.
"No. Prefiero esperar a que vuelva Magnus para saber cómo está Jace" – el sólo pronunciar su nombre hacía que el estómago se le retorciese de dolor. De nuevo una lágrima le caía por la mejilla cuando alguien alto y delgado entró a la cocina.
"No vas a tener que esperar mucho más."
Magnus caminaba hacia la mesa despacio y con los ojos fijos en Clary. Alcanzó la silla que estaba junto a Alec y se sentó sin mirar hacia éste, con el rostro inexpresivo, lo que no tranquilizaba a Clary en absoluto.
"¿Y bien?" – era Alec impaciente. Magnus le dedicó una mirada que hizo a Alec enrojecer.
"¿Cómo está Jace?" – Isabelle intervino.
"Él está bien, no tiene ningún daño físico ni mental. Al parecer mis artes de brujería le han ayudado bastante." – Clary sintió que el vacío de su pecho se llenaba, pero tan sólo una décima parte de la inmensa oscuridad en la que se sentía sumergida.
"¿En serio?" – Isabelle se inclinó sobre la mesa en muestra de interés y Magnus la miró.
"Si, está perfectamente… incluso conserva su sentido del humor." – se le levantaron las comisuras en una sonrisa.
"Gracias al Ángel." – afirmó Alec retirándose el pelo hacia atrás con ambas manos.
"No cazador, gracias a mí." – Magnus le miraba con ojos divertidos.
"¡¿Quieres dejar de llamarme cazador de una vez?!" – Alec contestó y Clary pudo ver cómo la cara se le volvía del color escarlata, pero mantuvo la mirada gatuna de Magnus. Isabelle estaba igual de sorprendida que ella con el arrebato de Alec.
"¿Acaso no lo eres?"
"Sí, pero me gustaría que tú no me llamases así."
"Vaya, ¿y cómo prefieres que te llame? ¿Cariño, osito, bebe…?"
"¡Magnus!" – Alec parecía realmente irritado. En realidad parecía avergonzado, pensó Clary.
"Tengo muchos más… puedo seguir si quieres."
"¡Cállate! Te estás desviando de la conversación."
"Fuiste tú quien la desvió, cosita."
"Bueno, par de tortolitos," - Isabelle intervino mientras se ponía de pie, obviamente incómoda por el rumbo que estaba tomando aquel diálogo – "creo que Clary yo nos vamos para que podáis discutir vuestros nombres adecuadamente. Si sucede algo, y con algo me refiero a algo importante, estaremos en mi cuarto. ¿Vienes Clary?"
Isabelle la miraba y Clary se puso de pie para marcharse con ella. En realidad no le apetecía pasar el tiempo con Isabelle en su cuarto mientras ella hablaba sin parar y Clary fingía escucharla, pero obviamente Alec y Magnus necesitaban tener una conversación a solas y, aunque en estos momentos prefiriese la compañía de Alec, tenía que salir de allí.
"No es necesario que os marchéis" – dijo Alec – "Sólo ha sido una tontería."
"Por supuesto que ha sido una tontería" – Clary se sorprendió cuando las palabras salían de su boca. No supo de dónde sacó las fuerzas para hablar. – "Pero de las más pequeñas tonterías nacen después los problemas Alec."
Todos la miraban desconcertados y Clary bajó la cabeza para evitar los ojos de los demás. Sentía que lo que le había sucedido con Jace había sido todo una tontería, que los desencuentros y roces que habían tenido habían sido el desencadenante de esta estúpida situación en la que él sufría por no quererla a su lado y ella sufría porque él no la quisiese a su lado, aunque ambos se amasen como si jamás fuese a existir nada más. Isabelle comenzó a caminar y abrió la nevera sacando un brik de zumo y un plato con las sobras de la cena para después ponerlas sobre una bandeja. Clary no podía creer que aún tuviese hambre después de todo lo que había cenado. Isabelle alcanzó la puerta bandeja en mano y Clary la siguió hasta que notó cómo una mano la sujetaba por el brazo. Se giró y levantó el rostro compungido para encontrarse con la complaciente expresión de Magnus.
"Clary… sólo tienes que tener paciencia. Él volverá, ya lo verás."
"Pero ¿por qué hace esto? ¿Por qué me aleja, Magnus? Si como tú dices… no tiene ningún daño… mental…" - Clary lo miraba ansiosa, buscando respuestas.
"No tiene nada que ver con las heridas de una batalla Clary. Esto se trata del corazón." – le señaló con uno de sus largos y delgados dedos en el pecho de ella – "Tiene miedo de él mismo y de lo que podría hacerte a ti, pero hasta que no se acepte a sí mismo, nunca podrá comprender que el amarte a ti no significa que te esté haciendo daño."
"Pero él no siente nada Magnus… me miraba como si estuviese... vacío."
"Sabes que eso no es verdad. Para él lo eres todo y, precisamente por eso, es por lo que te aleja. Además, cuando he entrado para examinarle me lo he encontrado llorando."
"¿Llorando?" – abrió los ojos como platos.
"No creo que alguien que no sienta nada, como tú dices, pueda llorar como lo hacía él." – Se acercó para susurrarle al oído, a lo que Clary se estremeció – "Pero nunca le digas que te lo he contado o acabará conmigo" – al enderezarse Clary le vio lucir una de sus mejores sonrisas, a pesar de la situación.
"Gracias."
"Te debía una Clarissa." – le giñó un ojo y mantuvo su flamante sonrisa para ella.
"¿A mí? ¿Por qué?"
"Bueno… supongo que me siento un poco culpable por cómo te traté antes. No fui para nada considerado con tus lágrimas."
"No pasa nada. Tú no sabías lo que pasaba."
"Pero no es excusa. Y sentirme celoso de ti tampoco."
"¿Celoso? ¿Tú, Magnus Bane?" – Clary lanzó una mirada de soslayo hacia Alec, quien permanecía sentado con los brazos relajados sobre la mesa y una capa de pelo negro impidiendo dejar ver sus ojos.
"Cuando vi cómo te abrazaba… no sé, pensé tonterías. No tiene importancia." – hizo un gesto con la mano quitándole importancia al asunto.
"Vaya, Magnus… nunca pensé que te oiría admitir algo así."
"Y si lo cuentas, seré yo quien tenga que acabar contigo."
"Clary, ¿vienes o qué?" – Isabelle se asomó por la puerta impaciente.
"Si, voy."
Alec permanecía sentado en la silla, mirando hacia sus manos en las que sostenía una cucharilla plateada y la hacía rodar entre sus dedos. No se atrevía a levantar la mirada. Había escuchado toda la conversación entre Clary y Magnus y se había sorprendido de las palabras de éste. La manera que le había hablado sobre los sentimientos de Jace y sobre los suyos propios hacia él, le habían dejado algo agitado. Pero claro, eso siempre le pasaba cada vez que estaba con Magnus o le tenía a su alrededor. Tenía que aprender a controlar sus impulsos o si no, se vería arrastrado por una marea de sentimientos que no le dejarían pensar nunca con claridad. Ahora necesitaba calmarse, pero el que Magnus se estuviese acercando de nuevo hacia él no le ayudaba en absoluto. Pero Alec no se movió ni un milímetro, seguía sentado mirando hacia abajo con mechones de pelo negro cayendo sobre sus ojos, impidiéndole ver a Magnus ni por el rabillo del ojo. Aunque sintió cómo se sentaba junto a él.
"Bien, ¿por dónde íbamos amor?" – Magnus hablaba con un tono de ironía que sacaba de quicio a Alec, pero intentó mantener la calma antes de volver a gritarle.
"¿De verdad crees que no he escuchado nada de lo que hablabas con Clary?" – le dijo sin levantar la cabeza para mirarle.
"¿Y tú de verdad crees que no escuché lo que le dijiste tú antes a ella?" – Alec alzó la vista y sintió que el calor se acumulaba en su rostro.
"¿A sí que estuviste escuchando a escondidas?"
"No estaba escondido… tan sólo dejé de caminar para que no me vieseis."
"Es lo mismo" – de vuelta escondió sus ojos bajo los mechones de su pelo.
"Vamos Alec… ¿qué te pasa? Pensé que el tenerme en la misma habitación ya te hacía feliz."
"No te burles de mí."
"No lo hago. Aunque te advierto que yo no me conformo con tan sólo eso." – Magnus estiró su brazo y jugó con un mechón de pelo de Alec, rozando su mejilla con el dorso de la mano.
"Yo nunca dije que me conformase con eso. No entendiste nada de lo que dije."
"Sí que lo entendí. Tan sólo estaba bromeando" – alcanzó el brazo de Alec con una mano. Éste podía sentir su cálido roce incluso a través de la manga de la camiseta, provocando la reacción que había estado intentando controlar desde que Magnus se sentó a su lado. Se giró de improvisto para quedar sentado frente a él, mirándole a sus brillantes ojos verdes con el iris en vertical que siempre le fascinaban tanto, como si fuese cada vez la primera vez que los mirase. Sentía que el corazón palpitaba fuerte contra las costillas y se sujetó ambas manos en su regazo para evitar que Magnus le viese temblar. La expresión de él era de sorpresa.
"¿De verdad estabas celoso de Clary?" – soltó Alec sin pensar, avergonzándose al instante al ver el rostro de Magnus cambiar a una expresión un tanto divertida.
"¿Eso es lo que tanto te preocupa?"
"Lo que me preocupa es que pensases que podía haber algo que interrumpir entre ella y yo. Y no me digas otra vez que sólo era una broma."
"No, no lo era. Y sí que sentí celos de ella."
"Pues no comprendo el por qué. ¿Acaso no confías en mí? Perdona que te diga, pero yo no soy el que ha estado con cientos de personas y otros que no lo son tanto a lo largo de su extensa vida." – le dedicó una amarga mirada a la que Magnus respondió con una expresión afligida que pocas veces mostraba.
"Es solo que… verte abrazándola así me hizo darme cuenta de que eres más importante de lo que pensaba para mí. Y por primera vez sentí miedo de perderte."
Alec le miraba, no podía ni parpadear. Magnus siempre le decía que le quería y que le gustaba cada día más estar con él, pero nunca le había dicho que era importante para él y, por supuesto, nunca había admitido tener miedo de nada en absoluto, y mucho menos de perderle. Un torbellino de sensaciones inundaba a Alec, su cabeza, su pecho, su corazón. No sabía que responder, no le salían las palabras. Era como si su garganta se hubiese cerrado y no dejase paso a sus pensamientos. Aún confuso se levantó y Magnus le miró con una mezcla de asombro y decepción. "Cree que me voy a marchar y a dejarle aquí después de lo que ha dicho", pensó Alec. En ese momento le tendió una mano dejándola frente a su cara aún pasmada.
"Ven conmigo" – le dijo en voz baja, tanto que si no le hubiese tendido la mano, quizás Magnus no le hubiese entendido.
Magnus se puso de pie y Alec le apartó la mirada para dirigirse sin decir ni una palabra más hacia la puerta de la cocina, con su mano estrechada con la de Magnus. Le guió por los pasillos oscuros del instituto sin decir ni una palabra. Magnus tampoco hablaba, se limitaba a seguirle sujetando su mano y Alec advirtió que de vez en cuando, Magnus paseaba en una caricia su pulgar por el dorso de su mano, provocándole incontrolables corrientes eléctricas que se disparaban de su brazo hacia todo el cuerpo. Los nervios le iban a consumir. Llegaron a la puerta de su dormitorio y soltó despacio la mano de Magnus para abrir la puerta y ofrecerle pasar primero con tan sólo un gesto en su mirada. Alec entró después y se puso de cara a la puerta, cerrando el pestillo y tomando aire profundamente, armándose de valor para lo que estaba a punto de hacer. No es que nunca hubiese estado antes con Magnus, pero esta vez era diferente. Él sabía ahora con certeza que esto le importaba a Magnus tanto como a él y que sentía que el perderle cuando el envejeciese le destrozaría el corazón.
Sacudió su cabeza ligeramente como si intentase sacarse los pensamientos con el gesto y se giró despacio. La habitación estaba en penumbra, el sol de la tarde ya se había puesto y la noche inundaba el cuarto, entrando por la ventana tan sólo la tenue luz de la luna y las estrellas. La recortada figura en la oscuridad ante Alec le esperaba con el peso del cuerpo apoyado sobre una pierna, elevando un lado de la cadera y con los hombros el tensión. Podía ver el brillo de sus verdes ojos a través de la oscuridad y se adelantó para verlos más de cerca sin pensar. Sentía que el corazón se le saldría del pecho en cualquier momento.
Estaba ya frente a Magnus y sin esperar ningún avance de él, como siempre solía ser en esta situación, Alec tomó la iniciativa y lanzó sus manos hacia la cintura y hundió su cabeza en el cuello de él, aspirando con fuerza su aroma a cuero con un ligero toque de azufre. Las manos de Magnus alcanzaron la parte de atrás del cuello de Alec y enredó sus finos dedos entre su oscuro cabello. Alec apartó la cara del hueco de su cuello y buscó los labios de Magnus para juntarlos con los suyos. Le besaba despacio, con tal quietud que parecía que sus bocas se entretuviesen bailando un lento vals. Alec se apartó por un momento, saboreando aún la sal de los labios de Magnus, alcanzó el bode de su fina camiseta y se la sacó por encima de la cabeza dejándola caer al suelo. Aún se estaba preguntando de dónde había sacado toda aquella repentina valentía. Volvió a sus labios y Magnus le respondía acercándolo cada vez más, presionando en su espalda con sus firmes manos para que sus cuerpos quedasen lo más juntos posible. Alec podía sentir sus corazones palpitar al compás, ambos desenfrenados.
"Realmente me estás sorprendiendo, Alexander" – dijo Magnus en un susurro, aún rozando los labios de Alec.
"Cállate. No quiero que digas nada más."
Como si de un soldado bajo las órdenes de su comandante se tratase, Magnus dejó de hablar y cerró los ojos para perderse junto a Alec en el placer de seguir besándose y acariciando sus pieles entre la oscuridad. Alec, totalmente decidido y aún abrazado a Magnus, empujó de espaldas a éste hasta llegar al borde de la cama, donde Magnus cayó hacia atrás y tiró de Alec para que quedase sobre él. Le quitó la camiseta y ahora sus cuerpos se tocaban, piel con piel, suave y caliente al tacto. Magnus recorría con sus dedos las finas cicatrices de la espalda de Alec mientras éste buscaba la hebilla de su cinturón. Despacio, le liberó de sus pantalones y se puso de pie frente a la cama para hacer lo mismo con los suyos, quedando ambos en ropa interior. Magnus le miraba con los ojos entrecerrados, creando en su rostro un gesto de provocación. Su pecho subía y bajaba veloz por la excitación y Alec sintió que el suyo le acompañaba.
Volvió a tumbarse sobre Magnus y éste le sujetó por los brazos dándole un inesperado giro, quedando Alec de espaldas contra la colcha y Magnus sobre él sujetando sus muñecas con los brazos hacia arriba, impidiendo que éste se moviese, mirándole con una amplia y complacida sonrisa que llenó a Alec como si un cohete hubiese explotado en su interior y ahora estuviese rebosante de chispas de colores y se le escapasen por los poros de su piel.
Magnus se inclinó y le besaba con furia, presionando todo su cuerpo contra el de Alec. Éste buscaba con sus dedos, deslizándose por el cuerpo de Magnus, hasta que alcanzó el borde de sus calzoncillos y tiró despacio de la goma. Magnus se levantó unos centímetros y ayudó a Alec a quitárselos, quitándole a él los suyos también. Ya no quedaba nada entre ellos, ni una sola capa de ropa que impidiese a Alec sentir el electrizante roce de la piel de Magnus contra la suya, haciéndole encenderse cada vez más y más. Y más. Y más.
Clary estaba sentada sobre la cama de Isabelle mirando cómo los pies le colgaban por el borde de la cama. No dejaba de pensar en Jace, en que finalmente había despertado y se encontraba bien. Pero inevitablemente las lágrimas venían a picar a sus ojos cuando recordaba la impaciencia de él por que Alec la alejase de su lado, porque no le tocase ni se acercase a él. Tenía grabada su fría mirada como si fuese lo último que hubiese podido ver de él para siempre. Tampoco podía evitar pensar en lo que Magnus le acababa de decir, que tenía que darle tiempo a Jace para que dejase de temer por sí mismo, que sus heridas venían del corazón. Pero ella deseaba estar ahí para ayudarle, para llenar el vacío que pudiese sentir. Pero le iba a resultar imposible acercarse a él. Ni Jace ni nadie en el instituto me dejarán acercarme, pensó Clary.
"Tierra llamando a Clary… ¿Me oyes?" – Isabelle agitaba las manos frente a ella intentando llamar su atención, obviamente irritada por que ella no le estaba haciendo ni el menor caso.
"¿Qué…?"
"Te he llamado como unas cinco veces. ¿Se puede saber qué te pasa?" – se plantó delante de ella con los brazos en jarras.
"Nada. Lo siento, no me había dado cuenta que habías entrado en la habitación."
"No, si ya me doy cuenta."
Isabelle se giró y se sentó en la banqueta frente a su desordenado tocador. Incluso había un sostén de color rojo colgando del borde del espejo, cosa a la que Clary ya estaba acostumbrada cuando se trataba de Isabelle. Comenzó a quitarse las horquillas de su abundante pelo, dejándolo caer sobre la espalda como si de un manto de seda negra y brillante se tratase. Clary no podía más con la curiosidad que sentía y se apresuró a preguntar.
"¿Isabelle?"
"¿Sí?" – le dijo sin voltearse para mirarla.
"¿Cómo está él?" – notó como casi no le salía ni la voz. Isabelle se giró ahora y Clary pudo ver algo en su rostro, no sabía bien qué, si pena o indiferencia.
"Está bien" – dijo ella intentando que su tono fuese lo más agradable posible.
"¿Ha comido algo?"
"Sí, se comió lo que le llevé."
"Bien" – Clary volvía a mirarse las manos en su regazo.
"Clary… no tienes que preocuparte, yo me ocuparé de que coma. Le cuidaré por ti."
"Gracias."
"Quizás pronto se le pase esa tontería de no verte." – Se giró de nuevo al espejo y se cepillaba el pelo con ahínco - "Es estúpido castigarse a sí mismo de ese modo."
"Isabelle… creo que me voy a marchar a casa" – dijo Clary poniéndose de pie – "Será lo mejor."
"¿A casa?" – Isabelle se puso de pie de un salto para quedar frente a Clary – "Pero si ya es tardísimo. Además, tu madre y Luke no están en casa y no es bueno que ahora estés sola.
"¿Y de qué me sirve quedarme aquí? ¿Eh…? ¡Dime! ¡Si ni siquiera puedo pasar a verlo!" – sintió una punzada en el pecho. Sentía que se iba a desmoronar y romper a llorar en cualquier momento.
"Clary" – Isabelle se acercó a ella y la rodeó con los brazos. Se sentía confortable que alguien la abrazase de nuevo, para variar. – "Lo siento, no me había dado cuenta."
"Es que sigo sin entenderlo Izzy… ¿Por qué no quiere estar conmigo?" – las lágrimas caían sin control por su rostro, mojando la fina blusa de Isabelle. Clary se apartó de inmediato al notar que la estaba mojando y se limpió la cara con las manos.
"Dale tiempo."
"Todos me decís lo mismo, que le dé tiempo… Pero creo que ya hemos perdido suficiente con todo lo que nos ha pasado desde que le conocí."
"Lo sé Clary… y te entiendo. Pero de todos modos no creo que sea buena idea el salir ahora corriendo. Son las dos de la madrugada y creo que deberías descansar. Y la mejor idea es que te quedes aquí, no que salgas en mitad de la noche de Nueva York a encontrarte con quién sabe qué."
"Siempre podría usar un portal…"
"Nada de portales Clary, eso te debilitaría. Te quedarás aquí y punto." - Isabelle la miraba con una mezcla de enfado y cariño en sus ojos. Clary sintió que no tenía otra opción.
"Bueno… quizás tengas razón. Y tampoco es que quiera estar sola en casa".
"Pues no se hable más." – Isabelle se lanzó a su armario y comenzó a buscar entre sus revueltas ropas. A Clary siempre le fascinaba la capacidad de Isabelle por mantener su ánimo en situaciones como esta. – "Aquí tienes un pijama. Si quieres te acompaño a una habitación."
"Gracias Izzy" – Clary cogió el pijama entre sus manos y se quedó mirando sus azules ojos en los que se podía ver la preocupación por ella. Por esto Clary se atrevió a preguntar – "¿Isabelle?"
"Dime."
"¿Me puedo quedar contigo? No sé si podré dormir y… no quiero estar sola."
"Claro, como quieras. Pero si me das patadas te advierto que te echo de la cama…" - le dijo señalándola con un dedo mientras le dedicaba una media sonrisa. Clary se sentía enormemente agradecida.
