- Todos los personajes pertenecen a Rumiko Takahashi, para su creación "Ranma ½", (a excepción de algunos que son de mi invención, y que se irán incorporando durante el transcurso del relato en una especie de "actores secundarios"). Esta humilde servidora los ha tomado prestados para llevar a cabo un relato de ficción, sin ningún afán de lucro.

- Espero que los fanáticos de esta serie como de sus personajes me disculpen por las libertades que puedo tomarme de aquí en adelante para la creación de esta historia. Tratándose de una historia nacida de mi imaginación, es muy probable que los personajes no se comporten de acuerdo a los cánones preestablecidos por su creadora original.

- Agradezco con antelación a todos los que se arriesgarán a leer y acompañarme en el desarrollo de esta historia. Por su tiempo y paciencia, muchas gracias.


Traición en Nerima

* * *

A modo de prólogo...

"Hace unos cuantos años, la vida era mucho más fácil. Eran apenas unos jovencitos que estaban recién tomando el rumbo de sus vidas. No sabían muy bien lo que les deparaba el futuro, aunque creían que sería algo grande... pero de pronto se dieron cuenta que su mundo ideal se venía abajo, abruptamente se quitaron la venda de los ojos, maduraron rápido y no tuvieron tiempo suficiente para pensar, sólo actuaron por impulso y egoísmo.

Los años que habían pasado no consiguieron borrar los recuerdos. Amargos y tristes recuerdos de un pasado que todos aborrecían.

La juventud te hacía cometer muchos errores, pero eso no justificaba el gran error que ellos, todos ellos habían cometido arruinando la vida de personas inocentes, todo por conseguir sus egoístas objetivos.

Sí, habían sido egoístas y cobardes, porque cuando habían podido enmendar su error, ellos habían huido, ocultándose para no salir perjudicados y con eso habían sentenciado sus destinos.

Ahora, siete años después, los fantasmas aún rondaban a su alrededor y a pesar de que todos habían seguido como si nada hubiera pasado con sus respectivas vidas, siempre había algo que les recordaba lo que habían hecho, y cada vez se convencían más de que ese error del pasado les impedía llevar una vida feliz.

Era una espina clavada profundamente en sus corazones, era el precio que debían pagar por su cobardía, era la cruz que debían cargar por haber abandonado a su suerte a aquella persona, por no prestarle ayuda cuando lo necesitaba con desesperación y por tratar de olvidar su recuerdo... a pesar de que sabían muy bien que no lo lograrían... nunca...

Fue así como habían destruido su propio mundo...fue así como todo comenzó..."

Capítulo I

"Fantasmas del pasado"

Nerima, lunes, 10:30 hrs.

En un conocido restaurante del barrio, una joven mujer de larga cabellera llegaba del mercado cargada de bolsas, junto a su pequeño hijo.

En el interior del recinto, su esposo anotaba cifras en una libreta, comparaba facturas y efectuaba sumas y restas en una calculadora. Se sacó sus anteojos para frotar sus ojos y así recuperar la nitidez de su cansada vista; concentrado como estaba, no se había dado cuenta de la llegada de su esposa.

-¿Ni siquiera puedes ayudarme con esto? –le regañó ella desde la puerta del local.

-No te escuché llegar, lo siento.

-Aunque lo hubieras hecho, estoy segura que de todas formas no me ayudarías, para ti no soy importante.

-Te complace discutir todo el tiempo conmigo ¿verdad? –contestó él, levantándose de la silla en que se encontraba sentado para arrebatarle las bolsas a su mujer.

-¡Eres un desatento!, antes corrías a prestarme ayuda y ahora... ¡no sé cómo me pude casar contigo!.

-¡Créeme que yo tampoco logro entenderlo!.

-¡Claro, tú hubieras preferido nunca haberme conocido!, ¡estoy segura de que eso es!.

-¡No soy el único, tú hubieras preferido a otro!, aunque pasaron los años, ¡nunca le has olvidado!.

El llanto angustiado del pequeño de cuatro años interrumpió la discusión. Lo cierto era que ese tipo de escenas se estaban haciendo cada vez más comunes entre el matrimonio y era el niño el que siempre pagaba las consecuencias.

-Ya mi amor, no llores –dijo la mujer acercándose a su hijo para tomarlo en sus brazos y acunarlo en ellos-. Papá y mamá no querían asustarte.

-Entonces, ¿por qué peleaban?.

-No estábamos peleando, sólo... cambiábamos opiniones –contestó el hombre acercándose a su esposa y a su pequeño hijo.

-¿Ya no quieres a mamá? –preguntó el niño sorbiendo sus propias lágrimas.

-Por supuesto que quiero a tu mamá –contestó su padre, su mirada se cruzó con la de su esposa y una sombra de pesar se instauró en los ojos de ambos-. Siempre la he querido mucho.

-Llevaré las compras atrás –dijo la mujer bajando a su hijo, para cambiar rápidamente el tono de la conversación.

-Tendremos que hacer algo pronto, la situación se ve muy complicada –continuó él hablándole mientras la seguía, cargando con la mayoría de las bolsas que había traído la mujer consigo-. Si no hacemos algo, perderemos el restaurante.

-¿Es tan grave?.

-Más de lo que creíamos.

En ese momento ingresó un señor de unos cincuenta años y elegantemente vestido al local.

-¡Buenos días! –saludó con cortesía.

-Señor, no hemos abierto al público aún.

-No se preocupe joven, mi intención no es consumir, lo que puedo intuir, sería un delicioso platillo. Más bien quisiera hablar con el dueño del local.

El matrimonio intercambió una mirada y luego se acercaron al señor que había ingresado, éste sonrió amablemente y se acercó a los jóvenes esposos.

-Mi nombre es Kenji, Takabe Kenji, me gustaría hablar de negocios.


Nerima, martes, 22:30 hrs.

La joven mujer se sentía exhausta. Con ropa de trabajo, rostro cansado y su larga cabellera cayendo en desorden por su espalda, se encontraba en pleno proceso de cerrar su local. Había sido un día de trabajo arduo en el restaurante, sin contar con que había tenido que lidiar con el fastidioso hombrecito que iba todos los meses a saber cuándo le pagaría la cantidad del dinero adeudado que había solicitado en préstamo cuando había remodelado su local comercial. Ese día también había recibido la visita de uno de sus más antiguos proveedores, quien le había dicho que ese sería el último despacho que le entregaría si no pagaba la abultada deuda que mantenía con él.

Dinero, todo se resumía a esa simple pero poderosa palabra y ella se encontraba al borde de la desesperación. El negocio no andaba bien, apenas le alcanzaba para solventar los gastos que ella y su pequeña hija generaban. Las deudas se acumulaban por montones, ni qué decir del aviso que había enviado el Banco, amenazando con el remate de la propiedad si no se ponía al día con la deuda que mantenía con ellos. Ella se sentía incapaz de encontrar una salida.

Si tan sólo hubiese hecho las cosas bien en su adolescencia, si él se hubiera quedado a su lado después de conocer la verdad, tal vez entre los dos hubieran salido adelante, incluso habrían podido emigrar a otra ciudad o inclusive del país y buscar una solución lejos de allí. Ella le habría ayudado a encontrar una cura para la maldición y él le habría dado seguridad, lejos de los fantasmas que siempre la atormentaban.

-¡Mami!.

-Ve a acostarte amor, ya es tarde –dijo levantando la última silla para ponerla sobre una de las mesas del local-. Yo estoy terminando, enseguida estaré a tu lado.

-¿Por qué no me dejas ayudarte?.

-Porque eres muy pequeña.

-Pero mami...

-¡Ve a dormir! –gritó la mujer con energía. La pequeña la observaba asustada. Su madre, aunque estricta, nunca había sido violenta con ella. La niña aguantó los deseos de llorar y le dio la espalda a su joven madre.

-Está bien mamá.

La mujer observó como su hija se perdía en dirección a su habitación y suspiró cansada, escurrió el líquido sobrante del trapero que usaba para limpiar y comenzó a pasarlo por el piso del local.

La puerta a sus espaldas se abrió lentamente, ella paró en seco lo que estaba haciendo y volvió su vista hacia ese sector. De pie en el umbral vio a un señor de unos cincuenta años y elegantemente vestido que le sonreía amablemente.

-Lo siento señor, el restaurante se encuentra cerrado.

-Lo sé señorita, pero venía por otra cosa, ¿usted es la dueña?.

-Sí, ¿por qué?.

-Me llamo Kenji, Takabe Kenji, me gustaría proponerle un negocio.


Nerima, jueves, 16:00 hrs.

La joven mujer de cortos cabellos se encontraba de pie, en silencio, apoyada en el umbral de la amplia puerta observando como el joven de oscura cabellera pulía la duela del Dojo. A pesar de que habían pasado los años, aún no se podía explicar cómo había terminado casada con él.

Él no la quería, lo sabía, le había quedado muy claro desde el día en que tontamente habían firmado el contrato matrimonial. Todo el cariño que por ella había sentido alguna vez ese apuesto joven había sido abruptamente enterrado cuando él se había enterado de parte de lo que ella había hecho, cuando se había enterado de su participación en el episodio más oscuro en la vida de todos ellos, los jóvenes y locos "amigos" del barrio de Nerima.

Años atrás, ella habría estado segura de poder contar con algo de su aprecio, inclusive con su respeto, a fin de cuentas eran amigos, pero cuando ella le había revelado parte de su verdad, él jamás volvió a mirarla de la misma forma, sus ojos, esos que antes la miraban expresando sólo buenos sentimientos se habían endurecido, incluso podía asegurar que la despreciaba, que le era repulsiva y ella sabía que tenía toda la razón en sentir esa repulsión hacia su persona.

Suspiró profundamente y llamó su atención.

-Necesito hablarte –dijo calmadamente, él ni se inmutó, continuó puliendo la duela del Dojo-. Es importante.

-Te escucho –contestó con desgana.

-¿Siguen disminuyendo los alumnos? –él la miró de soslayo y luego de unos segundos que a la joven le parecieron eternos, contestó fríamente.

-Sí, ¿acaso ahora te interesa lo que pueda suceder con el Dojo?.

-Es el Dojo de mi familia, por supuesto que me interesa.

-¿A qué viniste?.

-Ayer me visitó un señor, extrañamente estaba enterado de lo que sucede con nuestro Dojo y...

-¿Nuestro Dojo? –dijo él poniéndose de pie. Arrojó violentamente el trapo que conservaba en la mano al piso y se cruzó de brazos-. Dijiste, ¿nuestro Dojo?.

-Estoy preocupada por lo que pueda suceder contigo y con mi padre, él no esta bien y yo...

-¡La hija modelo ha vuelto para preocuparse de su padre y de su esposo!.

-¡Te guste o no estamos casados y el Dojo y la casa también me pertenecen!.

-No estamos casados porque yo lo quiera –dijo él de una forma tan desprovista de sentimientos, tan dura y tan gélida, que a ella le pareció congelarse con sus palabras.

-Cuando sucedió todo, cuando nos obligaron a casarnos, pensé que al menos eras mi amigo... yo pensé que...

-¿Qué es lo que quieres? –le interrumpió con fastidio.

-Hay una forma de salvar el Dojo, una forma de que el Banco no haga efectiva la hipoteca, pero tendrás que acompañarme la próxima semana a una reunión, junto con papá.

-¿Dónde?.

-Toma, aquí se encuentra anotada la dirección –dijo extendiéndole una sobria tarjeta de visitas-. El próximo jueves, a las 17:00 hrs.

-Takabe Kenji, ¿quién es él?.

-Un señor que se contactó conmigo, nos tiene una propuesta.

-Bien.

-¿Lograrás perdonarme algún día? –preguntó ella de improviso, con un hilo de voz y mirándolo de forma suplicante. Él la observó fijamente por unos instantes.

-Lo siento –contestó, sus palabras exentas de cualquier tipo de sentimiento-. De verdad lo siento, pero creo que nunca conseguiré hacer algo semejante.

El joven tomó nuevamente el trapo y siguió con lo que estaba haciendo cuando la mujer lo interrumpió. Ella lo observó tristemente, se dio media vuelta y salió del lugar.


Algún lugar de Kyoto, viernes, 23:45 hrs.

Siete años. No era mucho tiempo si lo pensabas bien, pero durante ese intervalo, su vida había cambiado drásticamente.

Esa fecha en particular se había marcado a fuego en su memoria. Cada año era igual, sentía la misma rabia, la misma tristeza, la misma angustia que había sentido siete años atrás.

Olvidar, las pocas personas que aún le demostraban su aprecio le decían que debía olvidar, y era tan fácil para ellas decirlo, se escuchaba tan sencillo poner en práctica aquel sabio consejo, pero después de todo lo que había pasado, de todo lo que había vivido, el olvido no era una opción.

No, no olvidaría.

No olvidaría porque todo lo bueno que alguna vez había tenido se lo habían arrebatado hacía exactos siete años.

No olvidaría porque ellos le habían enseñado que la maldad, la verdadera maldad existía en el mundo.

No olvidaría porque ellos no merecían vivir una vida tranquila y feliz, después de haber destrozado su mundo.

No olvidaría porque la victima del truculento plan que ellos habían ejecutado merecía ser recordada. El mundo se enteraría quién había ideado esa estratagema que había hundido a personas inocentes en el fondo del abismo.

No olvidaría porque le faltaba muy poco para conocer toda la verdad y para eso había trabajado durante años y ahora estaba a punto de cumplir con su objetivo, sólo faltaba un poco más y se reencontraría con todos ellos.

No olvidaría porque debía hacerles recordar uno a uno todo el daño que habían hecho, y sólo después de cumplir con todo aquello, sería capaz de dormir bien por una noche, dormir en paz, sin que las pesadillas concurrieran y perturbaran su descanso como lo habían hecho día tras día durante esos siete años.

Apagó su cigarrillo en el elegante cenicero que tenía en frente y enfocó su mirada en la pálida luna que se divisaba a través de la ventana.

Siete años desde que encontrara el cuerpo inerte de esa persona a los pies de esa escalera, siete años desde que había conocido la cárcel por una causa injusta, siete años desde que había dejado de ser la persona que había sido, siete años desde que todo lo que podía albergar en su corazón por aquel pasado reciente era un profundo odio.

Su vida había sido difícil, tortuosa y triste. Durante todo ese tiempo, sólo una cosa le daba cierto grado de alegría y tranquilidad, pero sabía que si no conseguía su anhelada revancha, no sería capaz de disfrutarla.

Ya faltaba poco, muy poco.

El tiempo que había sufrido en la cárcel le había enseñado a ser paciente. Al principio había gritado y clamado por su inocencia, pero en un lugar como ese, nadie le prestaba atención, después de todo, las personas privadas de libertad se declaraban inocentes aunque no lo fueran y allí, todos estaban acostumbrados a convivir con el sufrimiento de sus semejantes.

Luego vinieron los meses de profunda tristeza y dolor, sin ninguna compañía, sufriendo la hostilidad de las demás personas recluidas, tratando de sacar fuerzas de donde no tenía para soportar las pruebas que le deparaba ese extraño mundo el cual no conocía.

Sólo tres personas del exterior le habían dado su apoyo incondicional, cada una de ellas se habían transformado en una especie de ángel guardián y por eso les agradecía infinitamente, de lo contrario no lo habría soportado.

Después vino el alivio de recuperar la libertad, pero para ese entonces tenía otros problemas y ya había atentado contra su vida en unas cuantas ocasiones, una más no le parecía una mala idea, por lo que lo hizo nuevamente, pero sólo consiguió una larga estadía en el Hospital y después de eso, o más bien, a raíz de aquello, conoció a la persona que sin querer, le ayudaría a concretar sus planes.

Desde ese momento, la vida pareció sonreírle, pero con tanto dolor a cuestas, se sentía incapaz de devolver esa sonrisa, por lo que se dedicó a elaborar una estrategia para conseguir sus objetivos.

Lentamente y con el pasar de los meses, añadía un nuevo dato a sus averiguaciones, agregaba un nuevo nombre a la lista, pensaba en una mejor forma de enfrentarse a ellos, a su pasado y ahora, por fin, después de siete largos años de espera, había llegado el momento. Estaba todo listo, sólo faltaban unos cuantos días más.

Tenía todas las herramientas, había adquirido toda la experiencia, ellos mismos habían sido sus maestros en el arte del engaño, la mentira y la maldad. No había tenido que hacer nada más que investigar un poco para tener indicios de lo que habían hecho y de cómo lo habían hecho y aunque había personas que no habían participado de esa treta, o que ni siquiera se habían enterado de ella, no les perdonaba que se hubiesen dejado influenciar por otros y que no le hubieran prestado su apoyo cuando más lo necesitaba.

No, todos debían conocer lo que había tenido que padecer por culpa de otros. Al menos, aquellas personas que no habían sido partícipes, sabrían el desengaño del que había sido victima.

Sí, los que tenían que pagar, lo harían de una buena vez.

Se giró con parsimonia en el cómodo y elegante sillón de cuero, posesión que había heredado del anterior dueño de la casa en la que hacía tanto tiempo habitaba y miró directo hacia la puerta de salida del espacioso despacho privado.

Recibió de lleno la luz eléctrica de los pequeños y llamativos foquitos adosados a la parte superior de ambas paredes del pasillo.

Su fiel sirviente hizo el intento por encender las luces en el interior del despacho, pero con voz calmada se lo impidió.

-Deja la luz apagada Kwai-Yu, por favor.

-Como guste.

-¿Maya?.

-En su habitación.

-Bien.

-¿Puedo ofrecerle algo de beber?.

-No, gracias Kwai-Yu. Mañana tendremos un día muy agitado. Quiero que te dediques a empacar.

-¿Piensa viajar a algún lado?.

-Sí, regresaré a Nerima y necesito que me acompañes.

-¿Y Maya?.

-Vendrá con nosotros. Los arreglos de la casa han concluido, ya podemos habitarla.

-Entonces... finalmente va a comenzar.

-Finalmente. Todos ellos volverán a recordar, tal como yo recuerdo día a día lo que me hicieron hace siete años atrás –dijo tamborileando sobre el escritorio con la punta de sus dedos-. Hoy recibí la confirmación de que ya está todo listo.

-¿El señuelo funcionó?.

-A la perfección. Algunos se encuentran tan desesperados que no pusieron ninguna objeción al ofrecimiento... confirmaron su presencia de inmediato.

-¿Disfruta de su venganza?.

-Sabes que más que una venganza se trata de limpiar mi nombre y descubrir la verdad. Quiero saber a causa de quién pagué por un crimen que no cometí, quiero que esos desalmados me digan quién me arruinó la vida, quiero volver a ver la cara de la persona que atentó contra la vida de una excelente persona, una persona a quien yo quería mucho... sólo quiero saber quién es para volver a dormir en paz Kwai-Yu.

-Y yo le ayudaré en todo lo que esté a mi alcance. Sabe que puede contar conmigo.

-Lo sé. Pero por ahora, sólo necesito que te dediques a cuidarla. Sabes a lo que me refiero ¿no?.

-Sí.

-Cuando lleguemos a Nerima, nadie debe saber que existe, por lo menos por un tiempo. Habrá muchos interesados. No podemos descuidarnos, es una de mis cartas de triunfo.

-Pierda cuidado. Estará segura conmigo.

-Bien Kwai-Yu, mañana, a esta hora estaremos en Nerima y ya nada ni nadie podrá detenerme hasta conocer la verdad.

-Entonces, será mejor que vaya a descansar.

-Sí, tienes razón –dijo levantándose del sillón y dirigiéndose junto a su sirviente hacia la puerta de salida-. Extrañaré este lugar.

-Es suyo, puede volver cuando quiera.

-Si consigo lo que quiero, es probable que no vuelva nunca más.

-¿Sigue con la idea de renunciar a sus posesiones?.

-Sí, aunque veremos qué sucede más adelante. Sabes que eres más que un simple sirviente ¿no Kwai-Yu? Eres mi amigo y te agradezco mucho tu lealtad.

-Gracias por confiar en mí.

-Eres el único en quien puedo confiar. Hasta mañana.

-Que descanse.

-¿Descansar Kwai-Yu?, no, yo no podré descansar hasta no conocer toda la verdad, hasta no saber quién destruyó mi vida.

La puerta se cerró suavemente dejando la habitación a oscuras. Sobre el antiguo y elegante escritorio de madera enchapada descansaba una libreta encuadernada en cuero rojo, debajo de ella, tres boletos de avión en primera clase con destino a Tokio.

Ya faltaba muy poco para el tan esperado encuentro.


Notas Finales:

1.- ¡Hola!... no me aguanté y reaparecí para darles la lata con este nuevo proyecto. Es el tercero que ve la luz en corto tiempo (una semana de diferencia con los otros, je, je), y que espero irá de la mano con las otras dos historias que he ido publicando (para quien esté siguiendo mis otras historias, no se inquieten, a pesar de que me encuentro escasa de tiempo, prometo no dejar de actualizar cada semana... ahora, me iré turnando con mis "bebés", así es que pretendo ir alternando sus avances. Como confieso ser muy impaciente, tampoco me gusta hacerme esperar), así es que ya tienen dónde elegir. Del fic en general, no puedo revelar muchos detalles, lo único que puedo decir hasta el momento es que en los próximos capítulos sabrán un poco más de lo que sucedió en Nerima tiempo atrás (creo que esto de dejar que pase algo de tiempo en la vida de los personajes se ha convertido en obsesión, pero todo tiene su razón de ser) y que marcó la vida de todos para siempre. La verdad, no sé de dónde salió ésta idea… puede ser que esté leyendo demasiadas novelas policiales, o a la influencia de maese Dumas, o quizá la música un tanto oscura que estoy escuchando hoy en día, qué sé yo, lo cierto es que sentí la necesidad de publicarlo.

También advertirles que en este escrito los personajes vivirán emociones fuertes y no tiene nada que ver con el dolor al que los expuse en "Corazones en conflicto". El rencor, la intriga y el drama le dan vida a esta historia y por ende, los personajes sufrirán cambios. Hicieron cosas de las que están arrepentidos, pero a veces el arrepentimiento no basta. También tendrá algo de romance (obvio, pero espero no se torne tan dulce como otras cosas que he escrito). Es un escrito bastante lúgubre, por calificarlo de alguna forma, oscuro en todo aspecto, así es que, el que se arriesgue a tirarse conmigo de éste avión (sin paracaídas, porque realmente ¡no sé dónde me llevará esta loca idea!), ¡bienvenido sea!.

2.- Sin nada más que decir, espero que me acompañen en esta nueva aventura. Gracias de antemano a los que se tomen la molestia de leer y de verdad, me gustaría saber que piensan de mi nuevo bebé (lo bueno y lo malo, toda opinión es bien recibida, lo saben... o al menos eso espero).

Hasta pronto, cuídense mucho y buena suerte!

Madame De La Fère-Du Vallon.