NA: Este es mi primer fanfic así que tened paciencia...

Entre el frío y el vacío

Momentos antes de caer por el acantilado sus ojos grisáceos habían estado observando con cierta ira reprimida a la esbelta figura que se encontraba a pocos metros de ella y que a su vez, parecía observar el gélido paisaje donde se encontraban.

No confiaba en él y desde el primer momento le había causado cierta inquietud. Su instinto le decía que debía alejarse de él.

Pero por el momento no podía hacer nada, estaba allí, encerrada en aquel glaciar, totalmente impotente...

"Y dependiente" pensó con frustración al mirar el corte profundo que tenía en el brazo izquierdo y que rompía el trazo armónico de sus tatuajes.

Desde entonces no había podido utilizar sus poderes por lo que tenía que depender de sus nuevos compañeros.

Por fin levantó la mirada a las unidades de almacenamiento que habían encontrado poco antes, enterrados en la nieve. Y aunque aún no tenían armas, se habían dedicado a coger toda la munición que había en ellas.

Ya habían terminado.

-Bueno- dijo el comando guardando las últimas cajas de munición en su mochila- Ahora solo necesitamos armas.

- ¡Estoy seguro de que Sir Hammerlock puede aportaros un buen arsenal! Los torosimios acechan por todas partes….

-Si de eso ya nos hemos dado cuenta- comentó el Gunserker, a su lado- Así que...¿Falta mucho para llegar al pueblo?

-¡Oh, no!- negó dirigiéndose al borde del acantilado. Señalando el terreno que se extendía bajo él, entre la blancura de la nieve, se distinguían una puerta grande y metálica.

-¡Esa es la entrada!- señaló.

-Huh…-El Gunserker palideció levemente con el ceño fruncido al ver todo el recorrido que aún les quedaba y el vacío que se encontraba delante de ellos. Se encontraban a gran altura.

-¿Que pasa?

-Nada. Simplemente no me gustan las alturas.

La joven mecanomante, a pocos pasos de él intentaba calcular la caída que había bajo ella. Pero era difícil ver el fondo entre la nieve y la maraña de pelo pelirrojo que bailaba frente a sus ojos movido por el viento.

-¿...Como se supone que vamos a bajar?- preguntó.

-Habrá que descenderlo escalando…-el comando le dirigió una mirada curiosa a la joven que se encontraba encogida por el frío con el temor reflejado en su rostro- ¿Oh? ¿Tienes miedo?

-¡No!- negó ella al instante mostrándose lo más firme posible- Puedo bajar.

-Tu si, pero ¿Y la sirena?- preguntó el Gunserker, señalando el corte que tenía en el brazo.

-¿Tengo un nombre sabes?- dijo ella molesta. Aunque el Gunserker como siempre, la ignoraba - Además, no pasa nada. Puedo bajar.

Se levantó decidida, con su mano agarrando los harapos que cubrían el corte de su brazo. No quería ser una carga para el grupo y quería salir de allí lo antes posible.

- ¿Estás segura? - Gruñó desconfiado, con un tono de preocupación que a la sirena sinceramente la sorprendió.

-El tiempo pasa\- intervino el asesino recitando su haiku habitual- el frío nos mata\ Hay que seguir ya.

-Tiene razón- afirmó el comando- se nos va a hacer de noche. Vamos…

Se dispusieron a marchar, cuando el claptrap cuya presencia habían olvidado les interrumpió el paso.

-¡Eh! ¿Quien va a ser el afortunado esbirro que va a tener el honor de bajarme?- Preguntó el robot parlante

Todos le dirigieron una severa mirada al pequeño robot de Hyperion. Lo suficientemente callados como para saber que ninguno de ellos tenía intención de llevar a esa cacharra parlante. Era pesado y especialmente molesto. La única razón por la que los acompañaba era porque el pequeño robot era el único que podía sacarlos del glaciar.

-Yo mismo- se ofreció el comando rompiendo el silencio tras unos instantes.

-¡Buen esbirro!- el comando lo cogió en brazos y lo alzó sobre el. En sus labios se formó una pequeña sonrisa maliciosa. Y así, con las peores intenciones se volvió al acantilado.

-¡¿Que…?! ¿Esbirro? No….¡NOOOOO!- el pequeño robot empezó a mover extremidades despavorido cuando se dio cuenta de sus intenciones, en un intento estúpido por liberarse.

-Esto es por lo de mi torreta...¡Capullo!- a continuación el comando lo lanzó al vacío. Oyeron sus gritos mientras caía hasta que en apenas segundos se hizo el silencio.

-Un problema menos- dijo el comando con una radiante sonrisa.

Finalmente fue el primero en empezar a descender por la pared rocosa, asegurando un camino que poco después siguió la mecanomante, seguido del enano Gunserker.

El asesino y la sirena quedaron los últimos en lo alto del acantilado.

La sirena miró la altura del acantilado bajo sus pies, era su turno. Abajo apenas se distinguían las figuras de sus compañeros que parecían decirle algo, pero estaba a gran altura y sus palabras eran robadas por el fuerte viento glaciar.

-Baja- le dijo entonces el asesino, detrás suya.

Ella le dirigió una breve mirada y se puso en marcha. Empezó a bajar el acantilado poco a poco, pero por mucho cuidado que tuviera sentía pinchazos de dolor cada vez que movía el brazo y de vez en cuando no podía reprimir soltar un gemido.

Su dolor se intensificaba a medida que bajaba...el frío la consumía y la congelaba.

Finalmente se paró en la mitad sin apenas fuerzas para seguir. Se aferró a la roca con desesperación pues no podía más.

-Tus brazos son el anclaje\ oyó cerca de ella- controla tu punto de apoyo...-

La sirena miró a su izquierda. El asesino, se encontraba a su lado, su cuerpo se agarraba ágilmente a las rocas sin problemas.

-¡No puedo...! - lo interrumpió. Sentía que en cualquier momento iba a caer, sin poder aguantar más su agarre a las rocas...

-...Juega con la gravedad- Volvió a hablar el asesino, terminando su Haiku.

-¡Hug! ¡Deja de recitar esos estúpidos haikus!- gritó sin poderse contener- ¡TODO ESTO ES CULPA TUYA!

Sentía como las lágrimas se escapaban incontroladas ante el pensamiento de una caída y de finalmente la muerte. Apoyó la cabeza en la roca intentando ocultar las frías lágrimas que se congelaban en sus mejillas. Sus manos se aferraban con desesperación a la roca gastando sus últimas fuerzas. Entre el viento apenas podía oír los gritos de sus compañeros que se encontraban abajo del acantilado, mirando la escena con impotencia.

Y al final, sin darse cuenta sus dedos se soltaron de la roca.

Cerró los ojos, por un momento creyó estar cayendo al vacío cuando notó una mano aferrada a su muñeca.

Volvió a abrir los ojos e instintivamente se agarró a la piedra congelada. Pero para su mala suerte, esta se desprendió.

Esta vez ni siquiera el asesino pudo evitar su caída al vacío.

Me gusta lo DRAMÁTICO