Disclaimer: Avengers y sus personajes son propiedad de Marvel y de sus creadores Stan Lee y Jack Kirby
08/06/2019
Hola, gracias por entrar n.n
Hace tiempo que quería revisar este fic, pero no encontraba el momento ni la motivación. Hasta que llegaron ambas: estoy atravesando algunas dificultades para escribir, por lo que me pareció un buen ejercicio el ponerme a editar algunas de mis publicaciones. Y le tocó el turno.
Traté de actualizarlo un poco con respecto a las películas y de agregar algunos personajes, pero la verdad es que la historia tiene su propia cotidianidad, contexto y leit-motiv, por lo que me resultó difícil cambiar algunas cuestiones. Por ejemplo, Thor a veces menciona a Jane como parte de su presente. Sin embargo, como personaje no aparece más allá de estas menciones, por lo que preferí conservar el detalle cuando, de haberlo quitado, hubiese afectado demasiado la narración. Lo mismo sucede con otros aspectos. Lo que me fue posible cambiar, lo cambié, pero cuando ese cambio complicaba las cosas, me abstuve de hacerlo.
Por lo demás, sigue siendo un fic muy sencillo, los problemas que aborda son de los más comunes tratándose de estos personajes. Me centré en el universo de las películas, pero apenas se deslizará alguna referencia a ellas. Habrá momentos reflexivos y momentos humorísticos, o al menos ese es el intento. También pongo a consideración el hecho de que utilizaré las palabras "héroe" y "superhéroe" de modo indistinto para mitigar un poco el efecto repetitivo que, de todas maneras, se manifestará.
Por último, aclaro que sólo serán extensos este primer capítulo y el último, los demás serán más breves (en total son diez). Inicialmente los ocho del medio eran viñetas de menos de mil palabras, pero pude extenderlas un poco. Compensaré la brevedad con actualizaciones semanales, si los dioses e internet permanecen de mi lado XD
Amo este universo y no creo que el fic original ni estos torpes intentos de edición estén a la altura. Sin embargo, espero haber expresado de algún modo el cariño que le tengo a este tipo de historias. Si a pesar de todas estas parrafadas quieren darle una oportunidad, les pido disculpas desde ahora por los posibles fallos que puedan encontrar y les agradezco mucho por su tiempo de lectura, o por volver a leerla si ese es el caso :D
Primer problema:
La doble identidad
De todos los conocimientos posibles, el más sabio y útil es conocerse a sí mismo.
William Shakespeare
.
Uno de los principales incordios que debe afrontar un héroe es que lo convoquen en cualquier momento del día con cualquier razón, sea asunto de vida o muerte o sea asunto burocrático, pero siempre con el requerimiento de presentarse sin demora. "Rápido", "Ahora", "Para ayer", parece que el tiempo corre con atraso cuando se trata de encarar la situación y nunca lo suficientemente rápido para finiquitarla. Quizá sea el tiempo el verdadero archienemigo de la humanidad.
Por esta razón, ninguno de los convocados se atrevió a tomarse al menos unos segundos para preguntarle al acelerado integrante del grupo los motivos por los cuales los había llamado. De haberlo hecho, quién sabe si se hubiesen movilizado con esa celeridad hacia la torre Stark o si se hubiesen agitado siquiera, como si el mundo, una vez más, estuviese a punto de desaparecer. Pero ahí estaban los Vengadores, firmes, bien peinados y debidamente ataviados intercambiando miradas de interrogación.
-¿Alguien sabe qué quiere Stark de nosotros? –indagó Steve vestido como el Capitán América.
-No tengo la menor idea –murmuró Thor, impaciente, vestido como… Thor.
-De seguro nada bueno –murmuró Clint, adusto, tal vez vestido y disfrazado a la vez.
El soldado se dirigió luego hacia Bruce (que por fortuna lucía como tal o si no se hallarían en un verdadero aprieto) y éste simplemente se encogió de hombros.
-A mí no me miren –se limitó a decir Natasha, más bien resignada que fastidiada. Formar parte de SHIELD le había valido la fama de estar anoticiada de todo, cuando lo cierto era que las excentricidades del multimillonario a ella también se le escapaban-. No tengo por qué saberlo –añadió, por si a alguien le quedaba alguna duda.
Salir disparados de donde sea que estuviesen se había convertido en una ceremonia tan habitual que ni siquiera se les había ocurrido pensar que tal vez sus servicios de superhéroes no fuesen requeridos. En realidad no habían pensado en nada –más allá de alguna nueva calamidad-, y ahora naufragaban entre la incertidumbre del despliegue y la bochornosa certeza del reflejo condicionado de salir de salvataje… sin necesidad.
O quizá Stark les haya jugado una broma apremiándolos por teléfono, ¿quién sabe?
Unos minutos después el magnate descendió por las escaleras del salón y se dirigió teatralmente hacia ellos, los brazos tendidos en un fraternal e ilusorio abrazo de bienvenida. Lo único que les ahorró fueron los ampulosos acordes de AC/DC, que de todas formas resonaron en sus mentes, de nuevo, por mero acondicionamiento.
-He aquí los amigos más elegantes y forzudos que un servidor pueda tener –bromeó a modo de saludo, restregándose las manos con satisfacción. Sus invitados compusieron diversos mohínes e indagaron por los motivos de aquella inesperada reunión, entonces Tony les hizo una seña para que fueran tras él-. Si hacen el favor de seguirme a la biblioteca, pronto hallarán allí las respuestas a sus preguntas.
Los otros volvieron a intercambiar recelosas miradas, dubitativos. ¿Habían escuchado bien? ¿Los estaba llevando a una biblioteca? Se le quedaron viendo como si, para luchar, se hubiese puesto un traje de cowboy en lugar del habitual.
-¿Vendrán o se quedarán ahí parados hasta que les crezcan flores? –los conminó él. Luego los miró con el ceño fruncido-. ¿Por qué vinieron con sus trajes?
Gestos y resoplidos de disgusto, superados por la enojosa observación, fue todo lo que se dignaron a emitir sus invitados.
Sin conseguir deshacerse del asombro, pero resignados, finalmente se resolvieron a ir tras él. Lo siguieron a través de largos corredores, elevadores inteligentes, vestíbulos informatizados, se llenaron la vista de "lo último en equipamiento tecnológico" como si se tratase de un tour futurista –que nadie había demandado-, hasta que llegaron por fin a la habitación más espaciosa, más apartada y más… rústica que hayan podido imaginar.
-¿Bromeas? –articuló Steve mirando a su alrededor con extrañeza.
-Esto sí que no me lo esperaba –reconoció Clint.
-Bello –comentó con aprobación Thor, que en Asgard había visto muchas bibliotecas de gran antigüedad y de mayores dimensiones aún.
-Al fin un poco de cordura –murmuró Bruce, satisfecho con el panorama.
-¿Qué son esas caras tan embelesadas? ¿Nunca habían visto un fantas… digo, un libro? –se burló Tony, interiormente gratificado por haberlos impresionado.
-El extraño aquí eres tú, Stark, no los libros –señaló Steve, tomando uno del estante más cercano para hojearlo con interés.
Los anaqueles atiborrados de volúmenes de diversos tamaños y encuadernaciones se alzaban casi hasta el techo y aparecían simétricamente distribuidos en la amplísima habitación, aunque de forma desordenada. Stark se mostró orgulloso de su tesoro, en cambio los demás tuvieron que reponerse del asombro que les produjo el contraste entre ese cuarto y los que habían atravesado con anterioridad. Eran dos mundos completamente distintos y ni siquiera precisaron del Tesseract para pasar de uno al otro.
Lo que todavía ignoraban era qué diablos hacían allí.
-¿A qué viene todo esto? –inquirió Natasha, cada vez más extrañada-. Creí que teníamos asuntos más importantes que atender, Stark.
-¿Se trata de la incursión de algún enemigo? –preguntó Steve rebuscando entre los títulos por si hallaba uno que le fuese familiar.
-¿Algún hallazgo científico de interés? –indagó Bruce, recorriendo también.
-¿Una anomalía en el campo gravitacional? –inquirió Thor, que había escuchado esa expresión muchas veces en boca de Jane.
-Por Dios –gruñó Tony, desestimando con un gesto todas esas disparatadas teorías de héroes con más experiencia de la necesaria-. ¿Por qué creen que el mundo está por acabarse a cada momento? ¿Se les complica mucho disfrutar del tiempo libre? ¿Les sirvo un refresco, un bocadillo… o algún artefacto de otro planeta para destruir?
-Ya dinos qué quieres de nosotros –lo apuró Natasha una vez más.
-¿No es obvio? –repuso aquél, extendiendo los brazos a ambos lados-. Necesito que me ayuden a ordenar, el lugar está hecho un desastre.
Los otros lo miraron con incredulidad. Tony ladeó la cabeza, sardónico.
-¿Qué creían? –preguntó, y empezó a recorrer las instalaciones con absoluta desfachatez.
El estupor se prolongó durante unos instantes hasta que, finalmente, menearon la cabeza con resignación. Porque tratándose de las excentricidades de ese sujeto, la única alternativa posible era, una vez más, resignarse. ¿Quería poner orden en su biblioteca y para eso convocaba a los superhéroes más reconocidos de la Humanidad? Bien, pues…
Era Tony Stark. El muy maldito podía permitírselo.
Sin embargo, una vez superado el asombro, algunos espíritus afines a la atmósfera del lugar comenzaron a pactar con la situación. Bruce, por ejemplo, en el fondo se divertía con la insólita idea, y el propio Steve Rogers empezó a pensar que no podía ser tan malo ponerse a ordenar libros viejos. Por el contrario, pronto se sintió a sus anchas en esa estancia que parecía de otra época, así como él.
Thor, en cambio, se cruzó de brazos y suspiró malhumorado. ¿Acaso se había quedado en Midgard para eso? ¿No tenían mejores cosas que hacer con su tiempo? Miró a Bruce buscando complicidad, pero el tipo negó con la cabeza indicando que lo dejase pasar. En Clint halló a un aliado, tan molesto como él, pero el arquero lo resolvió fácil: desdeñando de plano la propuesta, se acomodó en el suelo y empezó a chequear meticulosamente el estado de sus numerosas flechas.
Thor intentó lo propio con su martillo, pero el examen finalizó con un vistazo.
-Por los dioses antiguos –masculló con fastidio.
Para desconcierto de todos, la más práctica fue Natasha, quien, adaptándose rápidamente al insólito desafío –o apurándose para darle en el gusto a Tony y liberarse del contratiempo de una buena vez-, dispuso la forma de organizarse. Dividió las estanterías a ojo y cada uno de ellos se dio a la noble tarea de tratar de ordenar esa caótica superposición de libros olvidados. Excepto Clint y sus flechas, claro.
Tenían entre sus manos el destino de uno de los tesoros más valiosos con los que podía contar el mundo, sólo unos pocos elegidos lo sabrían, y por eso la tarea les cuadraba mucho mejor de lo que cualquiera de ellos podría sospechar. Pero ninguno se daría cuenta de eso.
Aunque al final, más que ordenar, se dedicaron a explorar. Fue así como, entre libro y libro, entre la curiosidad y la admiración, se distrajeron fácilmente con los títulos, los autores, las ilustraciones de las tapas y las de los interiores, o simplemente soplando el polvillo acumulado por el abandono. Hacía tiempo que no se dedicaban a una labor tan pacífica y el encanto de lo simple y de aquello que perdura los envolvió hasta abstraerlos por completo del desgano inicial.
Desde luego, el más entusiasta fue Steve, que se sintió cada vez más familiarizado con el lugar. Por fin se hallaba en un sitio atemporal, un espacio en el que podía olvidar las fechas y maniobrar con obras que eran tan importantes entonces como ahora, los clásicos de la literatura universal. Bruce le siguió en el disfrute, pues recordó sus años universitarios y las arduas averiguaciones en la biblioteca pública para poder completar alguna tesina o preparar su doctorado. Todo con libros, con generosos y maravillosos libros.
Para Tony no fue más que un entretenimiento ocasional y una excusa perfecta para reunirse con sus camaradas y estudiarlos. Por más que llevasen tiempo conociéndose, de vez en cuando aún salía a relucir alguna que otra aspereza o recelo en el grupo que debían limar luego a las apuradas, porque el villano de turno les pisaba los talones con sus intentos de "dominar el mundo". Al final debían resolver los conflictos sobre la marcha y esa forma de componérselas había dejado de convenirles, por eso ideó el encuentro.
Si tenían asuntos que discutir, mejor hacerlo en el marco de un trabajo apacible que en el medio de una batalla de proporciones apocalípticas. Sabía perfectamente que amistad era una palabra enorme para calificar lo que tenían, pero la desconfianza era un lujo que no podían permitirse. Ellos estaban para salvar, para proteger, para ayudar, y con semejantes expectativas entenderse entre sí se hacía fundamental.
Además, de algo estaba más que seguro: Fury se vería espeluznante en el rol de niñera. Tony prefería ahorrarse la visión.
Un rato después, no obstante, como no podía con su genio se encargó de fisurar la armonía.
-Vaya, vaya, vaya, qué encontré por aquí –comentó con mal disimulado tono de desafío.
-¿Tu humildad? –ironizó Steve.
-Por todos los cielos, ¡pero si fue una broma! –repuso él, condescendiente-. Enhorabuena, querido capitán, ¡estoy orgulloso de ti! Pero no, me temo que nunca tuve algo parecido a eso. Si lo necesitas puedo comprarla, no vaya a ser que te niegues a salir de la cama por carecer de una.
-Bien, bien, ya entendimos. Mejor dinos qué encontraste –intervino Bruce, hastiado.
El multimillonario les mostró un libro manipulándolo como un bailaor con su abanico.
-Un libro –comentó Steve con obviedad.
-Un libro –lo secundó Natasha, aunque la mirada de advertencia no fue ninguna broma.
-Un libro –corroboró Tony sin hacerles caso-. Pero no cualquier libro.
Hizo silencio por si alguno de sus compañeros tenía alguna otra cosa que señalar, pero esta vez los Vengadores se limitaron a guardar silencio. Conocían a Tony y sabían que lo que más adoraba el tipo era contar con un público favorable, por lo que prefirieron acortar todo lo posible el momento de la expectación.
Y surtió efecto, pues al advertir el final de las repercusiones hizo un mohín de disgusto y se limitó a continuar.
-El libro que tengo aquí, señores, es la llave para entender quiénes somos.
Silencio en la sala. Tony carraspeó y lo intentó de nuevo.
-El libro que tengo aquí, amigos míos, es la cifra de nuestra esencia como superhéroes.
Silencio una vez más. El anfitrión volvió a intentarlo.
-El libro que tengo aquí, pequeños indolentes, declara la doble naturaleza que nos caracteriza como defensores de la humanidad.
Los otros persistieron en su indiferencia y Tony perdió la paciencia.
-¿Alguno de ustedes ha leído alguna vez El extraño caso del Doctor Jekyll y Míster Hyde, idiotas?
Bruce y Steve bufaron sobradoramente y se alejaron para seguir con lo suyo. Natasha, por su parte, demostró con un desahuciado gesto de los brazos la poca paciencia que le quedaba, mientras que Thor miró a Tony con gesto de interrogación.
-Me temo que desconozco el contenido de tal leyenda –admitió, aunque en términos equívocos.
-¿Han visto? ¿Han visto? ¡Aquí tenemos un ignaro en la materia! –celebró Tony infantilmente, atrayendo la atención de los demás otra vez. Excepto la de Clint y sus flechas, por supuesto-. Por qué no me sorprende –murmuró luego escrutando burlonamente la figura del dios.
-Si pretendes que ordenemos este lugar será mejor que dejes de jugar con nosotros, Stark –le advirtió Steve con su bonhomía habitual.
Pero lo último que quería hacer Tony era respetar los deseos de alguien más. En Thor había hallado una audiencia favorable y eso era todo lo que necesitaba su siempre ávida vanidad.
-¿Por qué dices que habla de nosotros? –preguntó Thor.
-Déjame que te lo resuma en pocas palabras: básicamente, el protagonista de esta historia es un demente que obtiene el modo de disociarse en dos personas completamente opuestas entre sí.
-No es un demente –creyó oportuno señalar Steve.
-Y tú no eres ningún crítico literario –repuso Tony-. El asunto es que este sujeto, inconforme con la vida que lleva, elabora una pócima que le permite sacar su lado salvaje, literalmente hablando. ¿Puedes creerlo?
Thor buscó los ojos de Steve para verificar la veracidad de esas afirmaciones. El soldado compuso un gesto vago, pero no lo desmintió.
-¿Y qué tiene eso que ver con nosotros? –insistió el dios.
-Pues míranos –pidió Tony con obviedad-, eso es exactamente lo que somos. Somos nuestro yo y nuestro propio doble. –Y luego, sopesándolo un poco, agregó-: Y también unos dementes.
Bruce esbozó una sonrisa, meneando la cabeza con resignación. Steve hizo una mueca sin que le sorprendiera mucho la conclusión y Thor compuso un semblante pensativo, considerando de veras la cuestión.
-¿Ahora es cuando debería golpearte? –sopesó Natasha después de la breve, básica y del todo vana conclusión.
-Admirarme, querida Natasha, ad-mi-rar-me –corrigió él.
-No pierdas el tiempo, Natasha –acotó Steve.
-Sí, no lo pierdas –intervino en un retraído murmullo Clint, aunque tal vez estuviese hablando con su flecha refiriéndose a su potencial destructivo… o a algo de las flechas.
Así como Tony trataba de limar asperezas (aunque a veces no lo parezca), ellos también, cada uno por su lado, intentaba relegar las diferencias y sus propias tribulaciones para llevarse bien con el que tenían al lado, para trabajar en equipo y solidariamente con el fin de resolver lo que tocase resolver. A esas alturas se habían percatado de las verdaderas intenciones de Tony al reunirlos y, a su manera, cada uno de ellos se dispuso a colaborar.
Ninguno era tan tonto como para ignorar que en ocasiones les costaba congeniar, que incluso disentían o que el proceder del compañero podía resultar exasperante, pero era precisamente en esos momentos cuando mayor empeño ponía en tolerarlo. No tenían que pensar de la misma manera, compartir los gustos o estar de acuerdo en todo, sólo tenían que pelear del mismo lado. Porque estaban del mismo lado. Los objetivos hacia adelante coincidían y eso podía unirlos mucho más sólidamente que la historia que cargaban desde atrás.
A fin de cuentas, estaban bastante creciditos para rezongar.
El tiempo, que podía ser un enemigo, también les daba la oportunidad de aprender a conocerse, de modo que estuvieron en condiciones de deducir que estaban allí reunidos para hablar de sí mismos y para examinarse mutuamente. Tony les había ofrecido el terreno y las circunstancias más favorables en las cuales encontrarse.
Steve fue el primero en darse cuenta y ponerlo en palabras.
-Por casualidad, Stark, ¿lo que querías era hacer terapia?
Los demás volvieron a dejar la tarea para escuchar la respuesta que ya se temían. Natasha, en particular, se sintió molesta con el término, pues detestaba la psicología a menos que sirviera para la manipulación, cosa con la que sí disfrutaba.
-Absolutamente gratis, por si les interesa saberlo –repuso aquél de inmediato.
-En tal caso, el tema de la doble identidad es demasiado trillado –señaló Bruce.
-Y mira quién lo dice –ironizó Tony.
Bruce lo miró fijamente durante algunos instantes. Luego cerró el libro que había estado leyendo y se acercó al grupo para demostrar que ni esos embates ni la terapia lo intimidaban en lo más mínimo, gracias a Dios y a todos los Santos.
-Admito que puede que tenga algún tipo de… problema con mi otra identidad –declaró.
-Oh, nadie de esta habitación se percató de ello –se mofó Tony. El otro volvió a mirarlo con ojos aviesos-. Está bien, está bien, me pasé –reconoció con ademán defensivo.
-Aun así, me he esforzado para que Hulk sirva de algo –continuó él.
-Hulk ha sido de gran ayuda –lo apoyó Thor con solemnidad.
-El asunto es que nuestra doble identidad representa un problema –insistió el millonario.
-No para mí –acotó Steve.
-Ni para mí –intervino Thor.
Los otros lo miraron de arriba abajo. Por supuesto que para el dios no había problema, él siempre sería él sin importar como vistiera. Sin embargo, debido al contraste que le daba al grupo esa certeza, adquirió mayor visibilidad el rasgo del que hablaban.
-Bien, haciendo a un lado a Thor, admitamos que el hecho de ser más de lo que declaramos en nuestras partidas de nacimiento en determinados momentos se vuelve problemático –dijo Tony.
-Acabo de hacerlo –señaló Bruce.
-Prefiero adherir a las palabras de Thor –declaró Natasha, que tampoco se sentía desdoblada como la mayoría de los esquizofrénicos allí presentes-. Y si me preguntan, estoy acostumbrada a lidiar con esos problemas. A decir verdad, suelo limpiar el desastre.
Nadie, pero nadie nadie en esa habitación hubiera osado objetar. La mirada de Natasha los disuadió de hacerlo.
Steve permaneció en silencio. Los otros, sin embargo, lo miraron durante un largo tiempo con las cejas levantadas, esperando que reconociese su parte. Y al final su paciencia -y malevolencia- fueron debidamente recompensadas.
-Puede que… a veces, no siempre, trate de ocultar mi rostro –admitió Steve, contrariado.
-También trato de hacerlo –volvió a farfullar Clint, aunque tal vez le estuviera respondiendo a la flecha que examinaba. La flecha podría haberle venido con un planteo, ¿quién sabe?
De todas maneras nadie le prestó atención, en parte porque el hecho de que hablase solo no revestía la misma gravedad que el problema que estaban discutiendo. No era que fuesen los únicos seres sobre la tierra con desorden de personalidad, bipolaridad, locura temporal o esquizofrenia, pero sin dudas, en cuanto superhéroes, encarnaban estas patologías con especial espectacularidad.
Ya sea la de ciudadano común, ya sea la heroica, los héroes modernos viven cruzando la frontera psicológica entre un área y otra de su personalidad dependiendo de los requerimientos y de las circunstancias. En pos de una buena causa, una causa que los trasciende, se someten a estos vaivenes espirituales sin filtros, sin vacilaciones y sin cuestionamientos, y a veces sin llegar a pasar por una cabina telefónica al menos.
Este conflictivo, arduo, arriesgado, cuasi-obligatorio pasaje entre identidades constituye la parte sustancial de su existencia, es uno de sus más célebres atributos y prácticamente una definición de sus personas. Nada de sujetos simples de camisa y corbata ni mujeres con vestido floreado. Tienen que calzarse la malla, ponerse la máscara, girar sobre sí mismos o metamorfosearse en criaturas verdes con cara de pocos amigos y dejar de ser lo uno para pasar a ser lo otro, porque si además de ser no representan lo que son, entonces su existencia carecería de todo sentido.
Además que el público se decepcionaría bastante.
Aunque resulta problemático. Si no hacen el cambio no es lo mismo, pero si alguien los ve, corren el riesgo de ser expuestos ante la morbosa curiosidad de los espectadores. ¿Quién puede mantenerse en su sano juicio viviendo permanentemente en semejante escisión existencial? Más que darles las gracias y declararles nuestro enamoramiento con hileras de corazones rosados, mejor haríamos en obsequiarles unas buenas sesiones de psicoanálisis.
O prestarles nuestro cuarto cuando deseen cambiarse.
-¿Y tú no tienes ningún problema con eso? –le preguntó Thor a Tony.
-Ninguno –respondió él con la mayor naturalidad del mundo-. Me encanta ser conocido como Iron Man, como Tony Stark o como a la gente más le guste. Se ganan muchos admiradores.
-¿Y para qué diablos quieres admiradores?
El interpelado hizo como que pensaba.
-Veamos… ¿Para que hablen de mí? ¿Para que me adoren? ¿Para tener más auspiciantes? ¿Para ser el número uno en búsquedas por internet? ¿Para tener millones de seguidores en Twitter?
Los otros pusieron cara de fastidio, a esas alturas entendían bien el tipo de intereses que guiaban sus acciones. De no ser porque sabían que en el fondo también lo motivaban razones más dignas, hace rato que lo hubiesen dejado hablando solo sobre sus extravagancias.
-El asunto es que sí, nuestra doble identidad a veces representa un problema –dijo Steve para cortar su perorata-. Y si en ocasiones lo padezco, no quiero imaginar lo que debe ser para Bruce –añadió, mirando a su compañero.
Éste se encogió de hombros como si le restara importancia al asunto.
-Me limito a lidiar con ello. Trato de aprender, de no dejar que me afecte.
-Pero habrá momentos en que te resulte más difícil mantener el control.
-Los hay –repuso él-. Sin embargo, cuando pienso en lo catastrófico que resultaría dejar que Hulk tome las riendas, la ira mengua hasta volverse manejable otra vez. El ser humano puede adaptarse a todo.
-Ya conoces las consecuencias, por eso las mismas emociones que te sublevan son las emociones que pueden sosegarte –observó Natasha.
-Exacto.
-¿Y qué hay de ti? –le preguntó Thor a Steve.
Antes de responder, el soldado se lo pensó durante unos breves instantes.
-Supongo que huyo de lo que Stark tanto ambiciona.
-La fama no es tan mala –señaló el susodicho.
-La fama seguramente no –dijo Steve-, pero la responsabilidad que conlleva, sí. Una vez que saben quién eres y lo que eres capaz de hacer, debes manejarte a la altura de esas expectativas.
-Hasta ahora siempre lo has hecho con honor –dijo Thor, que notó cierta tristeza en su voz.
-Sí, pero a veces…
Steve buscó las palabras para explicar de la mejor manera posible por dónde iban sus escrúpulos, pero no las encontró. Entonces Bruce, que lo comprendía bien, completó la frase por él.
-A veces quisieras ser un hombre normal.
En el silencio que siguió, cada uno caviló en la importancia de ese deseo, o en lo que significaba para ellos ser normal. Desde luego que las circunstancias diferían, pero en general hallaron que en verdad el hecho de tener que desempeñarse a través de un alter-ego les generaba ciertas inquietudes y, de vez en cuando, auténticas malas pasadas.
En el caso de Tony estaba claro que lo disfrutaba. Haber descubierto en su propio corazón el corazón de Iron Man no sólo le había salvado la vida, sino que le deparó una popularidad y un reconocimiento que iban de pelos con su carácter, por lo que lejos de hallarse en conflicto con los dos aspectos que lo constituían se sentía en la quintaescencia de la satisfacción.
Para Steve, en cambio, el Capitán América era lo que había soñado ser a lo largo de su penosa primera juventud, un sueño conquistado, pero en el presente se daba cuenta de que le había costado demasiados sacrificios. Por empezar, había tenido que dejar su vida dos veces, la primera cuando se sometió al experimento y la segunda cuando cayó en aquel sueño que lo distanció para siempre de su época original. Ahora era más Capitán América que Steve, y le agradecía a ese lado de su personalidad el sentirse útil para la sociedad. Sin embargo, cuando volvía solo a su casa, debía reconocer que las hazañas del soldado no podían colmar las humildes aspiraciones que todavía embargaban al hombre.
En cuanto a Bruce, bueno… Irónicamente, cuando pensaba en su doble no podía menos que enojarse consigo mismo por ser tan débil de temperamento. Sólo la debilidad y la falta de control pueden hacer que una persona se transforme en un monstruo irreconocible y arremeta con todo aquello que le genera intolerancia. Ese costado de sí mismo le avergonzaba.
Cada vez que podía se dedicaba a continuar con sus investigaciones, lo mismo que Jekyll, para deshacer el terrible error que había cometido. Y al igual que el atormentado protagonista de aquella novela, terminaba frustrado y angustiado ante el temor de una nueva transformación que pudiese generar consecuencias catastróficas.
Thor, por el contrario, estaba a salvo de esas tribulaciones. Las comprendía bien, por supuesto, había visto con sus propios ojos la clase de bifurcación que puede generarse en el alma más firme y voluntariosa. En el alma de su propio hermano, por ejemplo. Y aunque no padeciera en forma tan rotunda el problema de saber que, además de uno, se es otro, compartía con sus compañeros las secretas ansias de experimentar un día los avatares de una vida más sencilla. Aunque, sabía bien, su destino de dios y heredero al trono auguraba algo muy distinto.
Clint, por su parte, ya se había acostumbrado. Lo tomaba como un trabajo y ese trabajo era lo mejor que sabía hacer. Podía darse el lujo de conocer los derroteros de una vida familiar, común y corriente, y esa vida en ocasiones pesaba más en su corazón que las ansias de gloria o superación. Sin embargo, al igual que los demás, hacía su mejor esfuerzo para lidiar con ambos aspectos de su identidad incluso en los momentos en que más le costaba reconciliarlos.
Así, por paradójico que fuese, mientas cualquier hombre común sueña con los superpoderes que le permitan destacarse entre los demás, aquellos que por una u otra razón gozan de dicha ventaja a menudo son asaltados por el deseo de revertirlo. Pero como les resulta imposible desentenderse de la responsabilidad que han asumido, coexisten con un otro que cosecha adeptos gracias a su fuerza y disposición hacia el bien, mientras que el original trata de permanecer en el anonimato. Excepto Tony Stark, claro.
-De acuerdo, es un problema –dijo él para romper el silencio-. ¿Por qué no sacarle entonces el mayor rédito posible?
-Creí que ya se lo sacábamos –repuso Steve, reponiéndose un poco de la melancolía-. Siendo superfuertes, combatiendo al villano de turno, vistiendo estos trajes…
-Los trajes que nadie más puede vestir sin quedar en ridículo –señaló Bruce, también de mejor humor-. Al menos yo no los necesito.
-Bien por ti, Gruñón –se burló Tony. Había arrojado un problema al azar y había observado que, a pesar de las inquietudes que ese problema pudiera causarles, sabrían manejarlo sin dejar de ser quienes eran en realidad, aunque a veces no lo notasen-. Ningún resentimiento entonces con los chicos en los que nos hemos convertido, ¿verdad?
-Ningún resentimiento –confirmó Steve.
-Sólo cuando destruye cosas sin sentido –dijo Bruce, medio en broma y medio en serio.
-Supongo que nadie es perfecto –concedió Tony por lo bajo-. De todas maneras, lo importante aquí es lo que hacemos con ello.
-Por fin has hablado con sabiduría –dijo Thor mirándolo con asombro, y los demás lo secundaron en el visto bueno.
-Parece que hoy no tendré que matarte, Stark –anunció Natasha con cierta decepción.
-Sí, qué suerte la mía –repuso Tony con forzada sonrisa, porque en el fondo el tono de voz de la mujer y el incierto resplandor en la mirada que le dirigía le provocaron un escalofrío.
Clint por fin se dignó a ponerse de pie mientras guardaba en el carcaj la última de sus flechas.
-¿Nos vamos ya?
Los demás apenas si le dirigieron una mirada de reproche, mientras él se encogía de hombros fingiendo desentendimiento.
A pesar del fastidio de Clint, permanecieron en la biblioteca algún tiempo más compartiendo en silencio, agradecidos de ser camaradas más allá de las divergencias. Podían padecer los arrebatos de una personalidad disociada, lamentarlo o celebrarlo según el humor y las circunstancias, pero de seguro jamás se arrepentirían de haber llegado a ser lo que eran y eso los unía todavía más.
Desde luego que eran diferentes, afortunadamente podían serlo. Si no fuera así, nunca podrían formar el singular grupo que los identificaba. Eran los Vengadores precisamente porque, dentro de la peculiaridad de cada uno, podían encontrar un motivo en común para vincularse y luchar. Luchar para defender y luchar para ser mejores.
Que fuesen superhéroes no los mantenía completamente a salvo de determinados problemas, ni de sus diferencias, pero ahí estaban todos para enfrentarse a eso también. Si podían luchar contra los advenedizos llegados de otras dimensiones, ¿cómo no iban a poder luchar contra sus propias flaquezas? Al fin y al cabo, una segunda identidad sería un buen refuerzo para lograrlo.
