Una vez que hubieron terminado de comer y Molly y Dorea pusieron fin a la competición de Sirius, James, Godric y Ron de ver quién podía comer más Hamburguesas, la mayoria se preparó para irse a dormir, hasta que…
- ¿Por qué no empezamos el siguiente libro? Todavía no es tan tarde – propuso Tonks. Algunos asintieron de acuerdo y se sentaron en los sofás mientras Sirius recuperado de la competición corría a buscar el nuevo libro, los demás suspiraron resignados y se sentaron también sabiendo que sería muy difícil hacerles cambiar de opinión.
- ¿Cómo se llama este libro? – Preguntó Lily, al ver a Sirius volver con un libro de tapas verdes, esperando un titulo que significara un año tranquilo para Harry. Pero se esfumaron sus esperanzas cuando vio la mirada de Sirius al leer el titulo, era una extraña mezcla entre emoción, preocupación y ansia por saber que iba a pasar.
- Se llama Harry Potter y la cámara secreta – dijo él – ¿no será esa antigua leyenda sobre Slytherin?
Todos miraron al fundador incluidos los otros tres fundadores.
- ¿La leyenda de Slytherin? – Preguntaron los padres de Hermione y algunos más de la sala que no sabían de que estaban hablando.
- ¿Es que nunca habéis leído Historia de Hogwarts? – Preguntaron Hermione, Lily y Remus.
- Pues claro que no – dijo Sirius.
- ¿Y cómo es que tú la conoces?- Preguntó Tonks.
- Soy parte de la familia Black, esa leyenda es como un cuento para dormir para nuestra familia, nos la contaban junto con los cuentos de Beedle el Bardo – respondió Sirius, mientras Andrómeda asentía dándole la razón.
Mientras tanto los fundadores se habían retirado un poco.
- ¿Tienes una cámara secreta en Hogwarts? – preguntaron los tres a la vez.
- Es una larga historia, la necesitaba para guardar algo peligroso – contestó Salazar – pero no os preocupes la cámara está sellada y escondida, solo yo puedo abrirla.
- ¿Y qué es lo que necesitabas esconder? – preguntó Rowena. Salazar iba a contestar pero fue interrumpido por los Nuevos Merodeadores.
- ¿Qué tal si leemos el libro en vez de discutir todo esto?
- Os enterareis de todo conforme lo vayamos leyendo, y los que ya lo sepáis podréis disfrutar de la maravillosa sensación de saber algo que los demás ignoran. – Dijo Orión mirando a todos en la sala, la mayoría estaban pensando en que podría consistir esa leyenda mientras que Dumbledore se veía preocupado pensando en lo que podría pasar en el colegio, los jóvenes que habían estado por allí cuando pasó habian reaccionado de distintas maneras, el trío dorado y sobretodo Ginny se habían quedado palidos y en el caso de la pelirroja temblaba un poco, Neville, los gemelos y Luna se veían curiosos y preocupados por sus amigos y hermanos sobre lo que había pasado ese año. Mientras que Bill y Charlie no tenían mucha idea de lo que habia pasado realmente.
- Me parece bien – dijo Sirius sonriendo por saberse la leyenda – yo empiezo, el primer capítulo se llama El peor cumpleaños, Pues empieza bien, ¿no creeis? – Dijo con su mejor sarcasmo.
No era la primera vez que en el número 4 de Privet Drive estallaba una discusión
durante el desayuno. A primera hora de la mañana, había despertado al señor Vernon
Dursley un sonoro ulular procedente del dormitorio de su sobrino Harry.
—¡Es la tercera vez esta semana! —se quejó, sentado a la mesa—. ¡Si no puedes
dominar a esa lechuza, tendrá que irse a otra parte!
- Ya empezamos – se quejó Lily
Harry intentó explicarse una vez más.
—Es que se aburre. Está acostumbrada a dar una vuelta por ahí. Si pudiera dejarla
salir aunque sólo fuera de noche...
- ¿Tenían a Hedwig encerrada? – Preguntaron Charlie, Luna y Hagrid enfadados.
—¿Acaso tengo cara de idiota?
- ¿Es una pregunta con trampa? – preguntó Fred.
—gruñó tío Vernon, con restos de huevo frito en el
poblado bigote—.
- Eso no ayuda a parecer menos idiota – añadió George.
Ya sé lo que ocurriría si saliera la lechuza.
- ¿Qué cazaría un ratón?
Cambió una mirada sombría con su esposa, Petunia.
Harry quería seguir discutiendo, pero un eructo estruendoso y prolongado de
Dudley, el hijo de los Dursley, ahogó sus palabras.
- El chico sigue siendo un encanto – dijo Molly.
—¡Quiero más beicon!
—Queda más en la sartén, ricura —dijo tía Petunia, volviendo los ojos a su robusto
Hijo —. Tenemos que alimentarte bien mientras podamos... No me gusta la pinta que
tiene la comida del colegio...
—No digas tonterías, Petunia, yo nunca pasé hambre en Smeltings —dijo con
énfasis tío Vernon—. Dudley come lo suficiente, ¿verdad que sí, hijo?
- Es evidente en ambos casos – dijo Harry.
Dudley, que estaba tan gordo que el trasero le colgaba por los lados de la silla, hizo
una mueca y se volvió hacia Harry.
—Pásame la sartén.
—Se te han olvidado las palabras mágicas —repuso Harry de mal talante.
El efecto que esta simple frase produjo en la familia fue increíble: Dudley ahogó un
grito y se cayó de la silla con un batacazo que sacudió la cocina entera; la señora
Dursley profirió un débil alarido y se tapó la boca con las manos, y el señor Dursley se
puso de pie de un salto, con las venas de las sienes palpitándole.
- Canuto creo que te han quitado el titulo de Drama queen – le dijo James sonriendo.
- Son un poco exagerados ¿no?
—¡Me refería a «por favor»! —dijo Harry inmediatamente—. No me refería a...
—¿QUÉ TE TENGO DICHO —bramó el tío, rociando saliva por toda la mesa—
ACERCA DE PRONUNCIAR LA PALABRA CON «M» EN ESTA CASA?
- ¿La palabra con M? ¿En serio?
—Pero yo...
—¡CÓMO TE ATREVES A ASUSTAR A DUDLEY! —dijo furioso tío Vernon,
golpeando la mesa con el puño.
- ¿Cómo pudiste hacer algo tan horrible como asustar a Dudley? Eres una persona realmente malvada Harry – dijo George.
—Yo sólo...
—¡TE LO ADVERTÍ! ¡BAJO ESTE TECHO NO TOLERARÉ NINGUNA
MENCIÓN A TU ANORMALIDAD!
- Tu sí que eres anormal Dursley – dijo Sirius.
Harry miró el rostro encarnado de su tío y la cara pálida de su tía, que trataba de
levantar a Dudley del suelo.
—De acuerdo —dijo Harry—, de acuerdo...
Tío Vernon volvió a sentarse, resoplando como un rinoceronte al que le faltara el
aire y vigilando estrechamente a Harry por el rabillo de sus ojos pequeños y penetrantes.
Desde que Harry había vuelto a casa para pasar las vacaciones de verano, tío
Vernon lo había tratado como si fuera una bomba que pudiera estallar en cualquier
momento;
- Pues en realidad… - dijo Ron.
- Si que eres un poco como una bomba a punto de estallar – terminó Hermione.
Y si a los Dursley no les gustaba que Harry pasara con ellos las vacaciones, su desagrado no era nada comparado con el de su sobrino.
Añoraba tanto Hogwarts que estar lejos de allí era como tener un dolor de
estómago permanente.
- Conozco esa sensación – dijo Sirius.
Añoraba el castillo, con sus pasadizos secretos y sus fantasmas; las clases
- Tienes que estar muy mal para añorar hasta las clases – dijo Fred, pero su madre le golpeó en la cabeza.
(aunque quizá no a Snape, el profesor de Pociones);
- ¿Quién le echaría de menos?
las lechuzas que llevaban el correo; los banquetes en el Gran Comedor;
- Yo también los echo de menos – dijo Sirius sujetándose el estomago.
dormir en su cama con dosel en el dormitorio de la torre; visitar a Hagrid, el guardabosques, que vivía en una cabaña en las inmediaciones del bosque prohibido; y, sobre todo, añoraba el quidditch, el deporte más popular en el mundo mágico. En cuanto Harry llegó a la casa, tío Vernon le guardó en un baúl bajo llave, en la alacena que había bajo la escalera, todos sus libros de hechizos, la varita mágica, las túnicas, el caldero y la escoba de primerísima calidad, la Nimbus 2.000.
- Estupidos Dursley – fue el coro general en toda la sala.
¿Qué les importaba a los Dursley si Harry perdía su puesto en el equipo de quidditch de Gryffindor por no haber practicado en todo el verano?
- No creo que eso sea posible – dijo Fred.
- Si, si Wood no te echó después de haberte perdido el último partido estas a salvo – añadió George.
¿Qué más les daba a los Dursley si Harry volvía al colegio sin haber hecho los deberes?
- ¿Pensabas hacer los deberes? – preguntaron James y Sirius horrorizados – esto es culpa tuya Lily.
Los Dursley eran lo que los magos llamaban muggles, es decir, que no tenían ni una gota de sangre mágica en las venas, y para ellos tener un mago en la familia era algo completamente vergonzoso.
- Lo que es vergonzoso es que ellos sean familia de Lily y Harry – masculló James enfadado.
Tío Vernon había incluso cerrado con candado la jaula de Hedwig, la lechuza de Harry, para que no pudiera llevar mensajes a nadie del mundo mágico.
- Maldito sea – maldijo Ron – por eso no nos mandabas cartas – añadió Hermione – pensé que había sido solo por lo de Dobby – añadió mas bajo.
Los Dursley ni siquiera se habían acordado de que aquel día Harry cumplía doce
años.
- ¡Feliz cumpleaños! – gritaron todos.
No es que él tuviera muchas esperanzas, porque nunca le habían hecho un regalo
como Dios manda,
- Nosotros cambiaremos eso – aseguró Sirius frotándose las manos.
y no digamos una tarta... Pero de ahí a olvidarse completamente...
En aquel instante, tío Vernon se aclaró la garganta con afectación y dijo:
—Bueno, como todos sabemos, hoy es un día muy importante.
- ¿He oído bien? – dijo Guideon incrédulo – no puede ser el mundo debe estar a punto de acabar.
Harry levantó la mirada, incrédulo.
—Puede que hoy sea el día en que cierre el trato más importante de toda mi vida
profesional —dijo tío Vernon.
- Habeis cantado victoria muy pronto, esto ya es mas Dursley.
Harry volvió a concentrar su atención en la tostada. Por supuesto, pensó con
amargura, tío Vernon se refería a su estúpida cena. No había hablado de otra cosa en los
últimos quince días.
- Que aburrimiento de hombre, la misma conversación durante quince días – dijo Fabian.
Un rico constructor y su esposa irían a cenar, y tío Vernon esperaba
obtener un pedido descomunal.
—Creo que deberíamos repasarlo todo otra vez —dijo tío Vernon—. Tendremos
que estar en nuestros puestos a las ocho en punto. Petunia, ¿tú estarás...?
- No puede ser, ¿lo tiene planeado y todo?
—En el salón —respondió enseguida tía Petunia—, esperando para darles la
bienvenida a nuestra casa.
—Bien, bien. ¿Y Dudley?
—Estaré esperando para abrir la puerta. —Dudley esbozó una sonrisa idiota—.
¿Me permiten sus abrigos, señor y señora Mason?
- Es un poco exagerado ¿no creeis?
—¡Les va a parecer adorable! —exclamó embelesada tía Petunia.
- Adorable no es exactamente la palabra que yo usaría.
—Excelente, Dudley —dijo tío Vernon. A continuación, se volvió hacia Harry—.
¿Y tú?
—Me quedaré en mi dormitorio, sin hacer ruido para que no se note que estoy
—dijo Harry, con voz inexpresiva.
- Vaya Harry tú tienes el papel más interesante.
- Por lo menos no tendrás que verles interpretar.
—Exacto —corroboró con crueldad tío Vernon—. Yo los haré pasar al salón, te los
presentaré, Petunia, y les serviré algo de beber. A las ocho quince...
- Ni un minuto antes ni después.
—Anunciaré que está lista la cena —dijo tía Petunia—. Y tú, Dudley, dirás...
—¿Me permite acompañarla al comedor, señora Mason? —dijo Dudley, ofreciendo
su grueso brazo a una mujer invisible.
- ¿Has visto? Terminan las frases del otro.
- Eso es amor verdadero.
—¡Mi caballerito ideal! —suspiró tía Petunia.
- Ese niño no llegaría a caballero ni en sus sueño – dijo Godric que de caballeros entendía.
—¿Y tú? —preguntó tío Vernon a Harry con brutalidad.
—Me quedaré en mi dormitorio, sin hacer ruido para que no se note que estoy
—recitó Harry.
—Exacto. Bien, tendríamos que tener preparados algunos cumplidos para la cena.
Petunia, ¿sugieres alguno?
—Vernon me ha asegurado que es usted un jugador de golf excelente, señor
Mason... Dígame dónde ha comprado ese vestido, señora Mason...
—Perfecto... ¿Dudley?
—¿Qué tal: «En el colegio nos han mandado escribir una redacción sobre nuestro
héroe preferido, señor Mason, y yo la he hecho sobre usted»?
- Vaya unos pelotas.
- Y encima no lo hacen bien
Esto fue más de lo que tía Petunia y Harry podían soportar. Tía Petunia rompió a
llorar de la emoción y abrazó a su hijo,
- No, ¿en serio?, esa tía está mal.
mientras Harry escondía la cabeza debajo de la mesa para que no lo vieran reírse.
- Y he aquí una reacción normal.
—¿Y tú, niño?
Al enderezarse, Harry hizo un esfuerzo por mantener serio el semblante.
—Me quedaré en mi dormitorio, sin hacer ruido para que no se note que estoy
—repitió.
—Eso espero —dijo el tío duramente—. Los Mason no saben nada de tu existencia
y seguirán sin saber nada. Al terminar la cena, tú, Petunia, volverás al salón con la
señora Mason para tomar el café y yo abordaré el tema de los taladros. Con un poco de suerte, cerraremos el trato, y el contrato estará firmado antes del telediario de las diez. Y mañana mismo nos iremos a comprar un apartamento en Mallorca.
- Pobrecitos los que vivan en Mallorca si se mudan allí estos especímenes.
A Harry aquello no le emocionaba mucho. No creía que los Dursley fueran a quererlo más en Mallorca que en Privet Drive.
- ¿Quién sabe? A lo mejor con el cambio de aire y ambiente les da algo y les cambia la personalidad.
- No creo.
—Bien..., voy a ir a la ciudad a recoger los esmóquines para Dudley y para mí. Y
tú —gruñó a Harry—, mantente fuera de la vista de tu tía mientras limpia.
Harry salió por la puerta de atrás. Era un día radiante, soleado. Cruzó el césped, se
dejó caer en el banco del jardín y canturreó entre dientes: «Cumpleaños feliz..., cumpleaños feliz..., me deseo yo mismo...»
- Eso es un poco triste – señaló Luna.
- No te preocupes Harry, nosotros te cantaremos el cumpleaños feliz – dijo George y acto seguido dirigió a todos cual director de orquesta mientras le cantaban.
No había recibido postales ni regalos,
- Espera, espera… - se paró Sirius – ¿ni siquiera le mandasteis una mísera postal por su cumpleaños? ¿Qué clase de amigos sois vosotros? – les preguntó molesto, la mayoría les dirigían miradas parecidas. Ron y Hermione prefirieron no contestar.
y tendría que pasarse la noche fingiendo que no existía. Abatido, fijó la vista en el seto. Nunca se había sentido tan solo. Antes que ninguna otra cosa de Hogwarts, antes incluso que jugar al quidditch, lo que de verdad echaba de menos era a sus mejores amigos, Ron Weasley y Hermione Granger. Pero ellos no parecían acordarse de él. Ninguno de los dos le había escrito en todo el verano, a pesar de que Ron le había dicho que lo invitaría a pasar unos días en su casa.
Ambos seguían recibiendo miradas que exigían una explicación.
Un montón de veces había estado a punto de emplear la magia para abrir la jaula de
Hedwig y enviarla a Ron y a Hermione con una carta,
- Mala idea, te pillarían al instante.
pero no valía la pena correr el riesgo. A los magos menores de edad no les estaba permitido emplear la magia fuera del colegio.
- Nuestra peor pesadilla – dijeron James, Sirius y los gemelos.
Harry no se lo había dicho a los Dursley; sabía que la única razón por la que no lo encerraban en la alacena debajo de la escalera junto con su varita mágica y su escoba voladora era porque temían que él pudiera convertirlos en escarabajos.
- Buena idea – le animó su padre.
Durante las dos primeras semanas, Harry se había divertido murmurando entre dientes palabras sin sentido y viendo cómo Dudley escapaba de la habitación todo lo deprisa que le permitían sus gordas piernas.
- Todo un pequeño merodeador.
Pero el prolongado silencio de Ron y Hermione le había hecho sentirse tan apartado del mundo mágico, que incluso el burlarse de Dudley había perdido la gracia...,
- eso es malo, burlarse de Dudley nunca debería perder la gracia.
y ahora Ron y Hermione se habían olvidado de su cumpleaños.
¡Lo que habría dado en aquel momento por recibir un mensaje de Hogwarts, de un
mago o una bruja! Casi le habría alegrado ver a su mortal enemigo, Draco Malfoy, para
convencerse de que aquello no había sido solamente un sueño...
- siento decirte Harry que no tienes tanta imaginación como para haber soñado todo eso.
De pronto, Harry se irguió en el banco del jardín. Se había quedado ensimismado
mirando el seto... y el seto le devolvía la mirada. Entre las hojas habían aparecido dos
grandes ojos verdes.
- ¡¿Qué?!
- Ya decía yo que este capítulo estaba siendo muy tranquilo.
- ¿Quién te esta espiando ahora?
Una voz burlona resonó detrás de él en el jardín y Harry se puso de pie de un salto.
—Sé qué día es hoy —canturreó Dudley, acercándosele con andares de pato.
- Ya viene el cerdito a interrumpir.
Los ojos grandes se cerraron y desaparecieron.
- A lo mejor te lo imaginaste – dijo Lily aunque no muy segura.
—¿Qué? —preguntó Harry, sin apartar la vista del lugar por donde habían
desaparecido.
—Sé qué día es hoy —repitió Dudley a su lado.
- Por fin se ha aprendido los días de la semana – dijo Ginny.
—Enhorabuena —respondió Harry—. ¡Por fin has aprendido los días de la semana!
Los gemelos se burlaron de Ginny por haber dicho lo mismo que Harry sabiendo que le daría vergüenza y acabaría del color de su pelo, pero no funciono, Ginny seguía igual de pálida que cuando habían empezado el libro aunque se había recuperado lo suficiente como para hacer un comentario mordaz.
—Hoy es tu cumpleaños —dijo con sorna—. ¿Cómo es que no has recibido
postales de felicitación? ¿Ni siquiera en aquel monstruoso lugar has hecho amigos?
- ¿Monstruoso? Como es que tiene una palabra tan complicada en su vocabulario. – Dijo Luna.
—Procura que tu mamá no te oiga hablar sobre mi colegio —contestó Harry con
frialdad.
Dudley se subió los pantalones, que no se le sostenían en la ancha cintura.
—¿Por qué miras el seto? —preguntó con recelo.
—Estoy pensando cuál sería el mejor conjuro para prenderle fuego —dijo Harry.
Al oírlo, Dudley trastabilló hacia atrás y el pánico se reflejó en su cara gordita.
- Eso es Harry ponlo en su lugar – animó Sirius.
—No..., no puedes... Papá dijo que no harías ma-magia... Ha dicho que te echará de
casa..., y no tienes otro sitio donde ir..., no tienes amigos con los que quedarte...
—¡Abracadabra! —dijo Harry con voz enérgica—. ¡Pata de cabra! ¡Patatum,
patatam!
—¡Mamaaaaaaá! —vociferó Dudley, dando traspiés al salir a toda pastilla hacia la
casa—, ¡mamaaaaaaá! ¡Harry está haciendo lo que tú sabes!
- Jajajaja, muy bueno Harry, muy bueno.
- Genes merodeadores – dijo James orgulloso.
Harry pagó caro aquel instante de diversión. Como Dudley y el seto estaban
intactos, tía Petunia sabía que Harry no había hecho magia en realidad, pero aun así
intentó pegarle en la cabeza con la sartén que tenía a medio enjabonar y Harry tuvo que
esquivar el golpe.
- Menos mal que eres bueno esquivando cosas.
Luego le dio tareas que hacer, asegurándole que no comería hasta que
hubiera acabado.
- Menuda forma de tratar a los niños – se quejó Molly.
Mientras Dudley no hacía otra cosa que mirarlo y comer helados, Harry limpió las
ventanas, lavó el coche, cortó el césped, recortó los arriates, podó y regó los rosales y
dio una capa de pintura al banco del jardín.
- Explotación infantil – gritaron Molly y Lily.
- Espero que recuerdes eso en el futuro mama – dijeron los gemelos y Ron.
El sol ardiente le abrasaba la nuca. Harry sabía que no tenía que haber picado el anzuelo de Dudley, pero éste le había dicho exactamente lo mismo que él estaba pensando..., que quizá tampoco en Hogwarts tuviera amigos.
- Por supuesto que los tienes – dijo Hermione – ni lo dudes – añadió Ron.
«Tendrían que ver ahora al famoso Harry Potter», pensaba sin compasión, echando
abono a los arriates, con la espalda dolorida y el sudor goteándole por la cara.
Eran las siete de la tarde cuando finalmente, exhausto, oyó que lo llamaba tía
Petunia.
—¡Entra! ¡Y pisa sobre los periódicos!
Fue un alivio para Harry entrar en la sombra de la reluciente cocina. Encima del
frigorífico estaba el pudín de la cena: un montículo de nata montada con violetas de
azúcar. Una pieza de cerdo asado chisporroteaba en el horno.
—¡Come deprisa! ¡Los Mason no tardarán! —le dijo con brusquedad tía Petunia, señalando dos rebanadas de pan y un pedazo de queso que había en la mesa.
- Por qué será que no me sorprende.
Ella ya llevaba puesto el vestido de noche de color salmón.
Harry se lavó las manos y engulló su miserable cena. No bien hubo terminado, tía
Petunia le quitó el plato.
—¡Arriba! ¡Deprisa!
Al cruzar la puerta de la sala de estar, Harry vio a su tío Vernon y a Dudley con
esmoquin y pajarita. Acababa de llegar al rellano superior cuando sonó el timbre de la
puerta y al pie de la escalera apareció la cara furiosa de tío Vernon.
—Recuerda, muchacho: un solo ruido y...
- Que si pesado, que ya nos hemos enterado de tu estúpido plan.
Harry entró de puntillas en su dormitorio, cerró la puerta y se echó en la cama.
El problema era que ya había alguien sentado en ella.
- ¿Qué? - preguntaron todos sorprendidos.
- El capitulo acaba así – dijo Sirius – sin duda lo deja interesante para el siguiente.
