Disclaimer: Tokyo Ghoul no me pertenece.
SENTIMENTAL
Llora con el alma descubierta, con las lágrimas a borbotones ensuciando sus mejillas y nublando sus rojos ojos, grita un —¡No! —con el dolor en la garganta quemándole las entrañas y trona los dedos en memoria de un pasado próximo.
Sierra dientes contra dientes y, sollozos encendidos brotando de sus pulmones, jura venganza sin palabras mientras el veneno que es la vida de un ghoul infecta sus venas y come, con instinto animal y raciocinio humano, muerde manos iguales que las suyas, piernas iguales que las suyas, torsos iguales que el suyo, clava sus colmillos de monstruo en la carne cruda y la arranca con un crujido —y un grito que no es suyo —antes de tragársela entera.
Se le escapa el aire entre sollozos y la sangre entre sus labios rojos, su comida le acompaña en sus alaridos pero Yamori era su Dios, Yamori era su hermano y ahora que ya no está el luto se le escapa por las heridas abiertas que no hacen más que sangrar su desconsuelo.
Que le llamen tonto, qué le llamen estúpido e imbécil, que le califiquen de monstruo y le apoden por su raza, que le insulten con ella —ghoul —, en una sola sílaba larga y tóxica, saturada de rencor y resentimiento, con la tortura de una familia muerta a manos de los que son como él, mientras él, sin apellido ni más familia que la que se busca, sufre la misma tragedia bajo un nombre completamente diferente al de ellos—Naki —, sin ser capaz de recordar quien se lo dio.
(Yamori, Yamori que era su hermano mayor y que le daba regalos por su cumpleaños y que le explicaba las palabras que no entendía, Yamori a quien mataron dejándolo sin hermano mayor)
Llevará el recuerdo en duelo infinito y, cuando Gagi y Guge caigan delante de él, añadirá dos nombres más a la lista de los que no volverá a ver. Y cuando le den una oportunidad de volver a verlos, él siempre dirá —Sí.
Después las lágrimas caerán. Pensarán de él que es un débil y un llorón pero solo él sabrá la verdad; que llora de dolor y no de soledad y que la soledad te come por dentro como él se come a las personas
(y que buenas que están, que bien que saben, y como se parecen a ellos y que crueles y que desalmados son al comérselos como si fueran simples animalitos gritando por socorro en otra lengua que no entienden con palabras que no disciernen
—y cuanta razón tienen)
Se reirán de él, se han reído de él, y él vestirá de blanco y vestirá inconscientemente su ingenuidad y se creerá las mentiras que le cuenten y cuando se rían, él los ignorará con la puerilidad propia de aquellos como él.
Aun así, inocencia y simpleza en cada fibra de su hambriento ser, Gagi y Guge sangran vida y mueren debajo de él y por él, un sacrificio que él no pidió nacido de una lealtad que necesita; gotas saladas en sus mejillas que mojan sus labios abiertos en desesperación y el horror lo asfixia, el miedo lo ahoga en vida, y su corazón pasional se rompe en mil pedazos llenos de emoción, mientras él grita entre suplicas que caen en oídos sordos:
—¡No me dejéis solo!
