Los personajes de Ranma ½ pertenecen a la mangaka Rumiko Takahashi y solo escribo para los fans por diversión que aman esta genial serie de Anime y manga sin obtener algún ingreso económico.


Capitulo 1

Venía entrando a la casa de su abuela ya fallecida con una maleta después de seis meses de haber estado fuera de la ciudad. Su abuela había fallecido hace diez años al igual que otra persona que la consideraba su amiga, cuñada y hermana, por eso era la razón de su regreso. Nuevamente su hermano se había encerrado en su cuarto por días ya que a pesar del tiempo transcurrido de su muerte no podía superarlo. Todos en la familia se impactaron por el terrible accidente de su cuñada Hiro, principalmente su hermano, Ranma que la amaba con locura, tanto que muchas veces intentó quitarse la vida. Esperaba que esta vez no fuera un "Berrinche" de parte de él porque si no, lo golpearía.

—Bienvenido a casa joven Ryoga. — Llegó la ama de llaves haciendo reverencia.

—Gracias. —Dijo Ryoga dejando su maleta a lado. —¿No hay nadie en casa?

—Su madre salió de viaje, de haber sabido que llegaría no se hubiera ido. —Comentó la ama de llaves. —Su tía...—Mencionó haciendo una mueca. —También la acompaño para ir de compras y luego su primo. —Nuevamente haciendo mueca. —También se fue con ellas. Solo se encuentra el joven Ranma. —Dijo señalando hacia arriba.

—Encerrado en su cuarto ¿Verdad?

—Sí, joven. —Se entristeció. —Ha estado ahí una semana, le dejamos comida y apenas se lo come, por eso sabemos que sigue vivo.

—¡Esto es el colmo! —Exclamó Ryoga. —Él no debería estar ahí, debe de estar en el hotel, al frente de él en lugar de ese idiota de Shinosuke.

La abuela había dejado en claro que su nieto, Ranma, sé quedaría al mando del hotel que logró e hizo crecer para sus hijos y nietos y tuvieran un legado que al final su hermano no quería y todo después de la muerte de Hiro. Todos pensaba que así sería, pero cuando murió su abuela, dejo dicho en su testamento que el primer bisnieto que tuviera uno de sus nietos se quedaría con el poder y mando. Hasta ahora, nadie lo había logrado, ni siquiera él, pero no quería eso ya que el matrimonio no era para él. Pero con eso de que Ranma sigue sin superar la muerte de su esposa, Shinosuke aprovechó y ante toda la mesa directiva lo nombraron presidente. Todo se volvió insoportable, más su tía Yashiro que era la mamá de Shinosuke porque alaba y presumía del cargo de su hijo.

Además de la muerte de su cuñada, Shinosuke se divorció de su esposa, Nabiki, que hasta ahora no ha sabido nada de ella desde hace años. La razón de su separación, fue porque no le había podido dar hijos, esa fue la premisa oficial, pero estaba seguro de que la que quiso fue ella porque no soportaba a su primo. Se volvió a casar y con una mujer tan linda y amable que no merecía estar con él. Estos 10 años había cambiado todo de lo que era, incluso su hermano.

Dejo sus cosas en su cuarto que estaba tal y como estaba que cuando se fue. Había pasado seis meses desde que salió de esa casa, a veces se comunicaba con su mamá y en ciertas ocasiones con su hermano, claro cuando no estaba deprimido. Estos años sin contar lo de su hermano, se la había pasado increíble. A diferencia de su hermano, él jamás se casaría. ¿Para qué se casaría si podía tener todas las mujeres a sus pies? Por eso su abuela no lo incluyó en el testamento porque sabía que nunca cambiaría y así sería. Solo le dejo algunos terrenos y parte de sus acciones del hotel. Le dejo más a Ranma porque confiaba en que él se quedaría con la empresa, pero sucedió la muerte de su esposa y eso cambió todo. Además de otro motivo que era mejor olvidar. Fue a la habitación de Ranma y la puerta estaba con seguro. Miro al suelo y estaba la bandeja de comida que le había dejado Hiro, la ama de llaves. Le sorprendió que estuviera vacío, eso quiere decir que tan deprimido no estaba.

Atrás de la puerta, la habitación estaba completamente oscura, las ventanas estaban cerradas, pero la puerta del baño estaba abierta. Se podía escuchar la regadera abierta y como el agua se escurría en el azulejo del piso. También estaba con la luz apagada y se podía observa una escena tenebrosa, aunque ese no era el caso, se pudo observar que la transparencia del agua se mezclaba con un color rojo.

Había una persona sentada con las rodillas dobladas en donde tenía sostenida su cabeza y sus manos estiradas a lado de su cabeza, solo que una tenía el cuchillo con el que hace un momento se había cortado las muñecas, muy cerca de las venas. Si así había sido fue porque tenía miedo de lastimarse, pero cuando sintió que el dolor no era tan fuerte, volvió acercarla estando cerca de la vena. Como se decía, el dolor no era tan fuerte porque no se comparaba con el que había sentido durante todos estos años por haber perdido a su esposa, el amor de su vida.

No podía seguir soportando su vida, sin ella no era nada. Quería morir para ir con ella. No podía entender cómo dios fue capaz de arrebatársela, ¿Es que acaso lo odiaba? Primero ella y luego le siguió su abuela, que también era una de las personas más importantes de su vida. Su abuela ya era una persona mayor, ya se había hecho la idea de que en cualquier momento se iría. Pero ¿Por qué también se llevó a Hiro? Siempre pensó que cuando se le arrebataba algo, venia algo mejor. Entonces... ¿Por qué se la quitaron y no había recibido algo a cambio? Se escuchaba feo porque nadie las remplazaría, Pero ¿Qué necesita para ser feliz?

No quiso seguir pensando así que siguió con su cometido y pasó el cuchillo más arriba de su muñeca, en medio de sus venas y después siguió con las otras. De repente se sintió frío y mareado hasta que vio todo negro.


Los aviones aterrizaban en su tiempo establecido y el orden correspondiente. Los pasajeros recién llegados caminaban con su equipaje recién recogidos hacia las puertas de salidas para encontrarse con familiares o amigos que los esperaba con ansias para recibirlos después de mucho tiempo sin mirarse. A excepción de una persona que pasó desapercibida por todos los demás y que por supuesto no iba a ser recibida por nadie. Eso no le preocupaba en absoluto, ya que era consciente de que nadie la iba a recibir. El aeropuerto era bastante grande y además de que sintió mucho calor, recordándole que era un lugar tropical, por lo que se quitó todo lo que tenía encima de su ropa, como chamarra, bufanda, pero lo que no podía era cambiarse la blusa que traía que era de manga larga. Por lo que no le quedó de otra que ir al baño a cambiarse por un vestido más cómodo y fresco, consistía de un vestido largo de color rosa pastel de tirantes y el largo le llegaba hasta arriba de las rodillas y tapado con una tela de del mismo color, pero transparente que llegaba a los talones. Lo bueno es que había comprado ropa de verano antes de venir a escondida a Japón. Si se refiere a escondidas era porque tenía sus motivos. Esa ropa en España era barata ya que ahora era temporada de frío y además de que el clima siempre es fresco por lo que no se sentía acostumbrada a ese clima que era insoportable. Se vio en el espejo y acomodo un poco su cabello corto azulado.

Salió del baño y ahora iría a buscar un taxi. No evitó detenerse un poco en una licorería, pero tenía que tener fuerzas, necesitaba estar sobria para ir a ese lugar. Trago duro para no caer en la tentación, pero al final fue y compro dos botellas grandes. Las metió a su maleta y después se concentró nuevamente en buscar un taxi. Salió del aeropuerto y encontró a un hombre que estaba ha lado de un carro.

—Disculpe, ¿Está en servicio? —Pregunto al taxista.

—Si. — Afirmó el hombre. —¿A dónde quiere que la lleve?

—Al mejor hotel de la ciudad. —Dijo moviendo sus brazos como una manera de alumbrar y que fuera algo grande.

—Por supuesto, le recomiendo el hotel Marintia, es uno de los mejores y más lujosos de Japón.

—¿Marintia? —Se preguntó extrañada. —Que nombre tan... Occidental. —Sonrío alzando una ceja.

—Bueno lo que sucede es que la madre de la fundadora de ese hotel, era de origen español y se llamaba Marintia. —Respondió el hombre tomando la maleta de la joven que aún seguía sonriendo.

—Española...Así como yo. —Dijo la joven.

El taxista le abrió la puerta para que entrara al coche.

—Podíamos pasar a un banco para cambiar mis euros por yenes. —Sugirió antes de entrar. —No se preocupe, tengo yenes para pagarle, pero si es el mejor hotel y el más lujoso necesitaré más dinero.

Ya iba a meter su pie, pero se detuvo y miro al hombre.

—Una pregunta, ¿Tengo olor a alcohol? — Pregunto señalando su boca. —Porque una de mis paradas fue en Alemania y lo que compre me lo tome en Corea y... —Ahora si se metió al carro. —Ha sido uno de mis mejores vuelos.


Un doctor vendaba las muñecas a Ranma, mientras él estaba semi acostado en su cama y con una cara de enfado. Como no lo iba a estar, si no pudo cometer el acto, nuevamente.

—¡Eres un idiota! —Lo insultaba Ryoga. —¿Por qué lo hiciste? —Preguntaba muy molesto.

Cuando vio que no le abría y que además, se escuchaba la regadera abierta, no dudó en ir por la llave de la puerta y entrar para ver que su hermano estuvo a punto de morir. Logró llegar a tiempo porque si no, ya estuviera muerto. Parece ser que su mamá no había exagerado. Ranma estaba en una situación seria y estaba llegando a un límite en que al final se podía salir con la suya. Su preocupación ahora era más grande, tenía que ayudarlo, pero no sabía cómo hacerlo.

—¡Listo! —Exclamó el doctor terminando de vendar las dos manos. —Con esto será suficiente. Pude detener el sangrado, pero si se lastima nuevamente no volverás a ver la luz del día.

—Tenía una semana sin ver la luz en mi rostro. —Hablo Ranma con los brazos cruzados y sin verlos. —Si no la veo nuevamente sería un milagro.

—¡No digas eso Ranma! —Se molestó Ryoga por el comentario de su hermano. —Doctor gracias por todo. —Agradeció haciendo reverencia. —Hiro, llévalo a la puerta. —Ordenó Ryoga a la ama de llaves.

El doctor y el ama de llaves salieron del cuarto de Ranma.

—¡Y lo peor de todo es que se llama igual que mi esposa! —Grito Ranma. —¡Deberías cambiarte el nombre! ¡Si no lo haces, no quiero volver a verte en mi vida! —Le seguía gritando a la ama de llaves que ya se había ido.

—¡Ranma suficiente! —Exclamó molesto y cerrando la puerta.

—A partir de hoy la llamaré a Hiromi. —Seguía Ranma.

—¿Y no se supone que así se llamaba tu esposa? —Pregunto Ryoga con una gota de sudor en su frente.

—Sí, pero yo le decía Hiro. — Se defendió como niño. —Así que no cuenta.

Ryoga pasó su mano en su rostro, ya se estaba cansando de esto.

—Escucha no le diremos a mamá lo que intentaste hacer. —Aclaró Ryoga. —Eso la preocuparía más y te llevaría un hospital psiquiátrico y créeme que si deberías ir a uno. —Dijo acercándose más a su hermano. —Esta es la... La...

—El intento número 122 para suicidarme. —Termino por él.

—¿Llevas las cuentas?

—Si... Cuento cada año, semanas, días, horas, minutos y segundos desde que no tengo a Hiro. —Contesto con seriedad.

Ryoga se quedó en silencio, en serio quería ayudarlo, pero cada vez se ponía peor. Ya no podía hacer nada más, hizo lo posible en estos años, pero fue imposible. Tenía que buscar la forma de hacer olvidar su dolor.

—Iré por comida. —Dijo finalmente Ryoga. —¡Cuando regrese te quiero aquí! —Ordenó Ryoga saliendo de la habitación.

Después de unos diez minutos, venía por el pasillo con la comida de Ranma, pero cuando entro, hizo lo que presentía que pasaría. No era la primera vez que Ranma se escapaba. Pero el hecho de que salga después de semanas no era una de las mejores ideas. Podría atentar nuevamente por su vida y tenía que detenerlo.


Después de llegar al gran hotel se asombró ya que no esperaba ver ese monstruo de monumento. Se veía grande y no podía esperar a ver el interior. El lugar era muy elegante, la recepción era el doble de grande que su departamento en España y eso que no era algo sencillo, a ella le gustaba vivir en grande y con lujos. Llego y se registró y obviamente pidió de las mejores habitaciones. Tenía la sala separada de su cuarto que era grande, con un gran closet que parecía de princesa, definitivamente mañana iría de compras para llenarlo por completo. El comedor en otra esquina de la sala, era de madera de calidad y con acabados de un color más oscuro que el color base del mueble. Las paredes era de papel tapiz en una de las paredes y en la siguiente de estas era de color beige. Su cama era de tamaño King size y eso lo agradecía porque temía que fuera matrimonial y eso para ella era un insulto.

Dejo todo y salió de su habitación, quería conocer el lugar y por supuesto las playas. Caminaba por la orilla del mar, pisando la arena directamente ya que se había quitado sus zapatos y los llevaba en su mano izquierda y en la otra tenía una botella de licor que había comprado en el aeropuerto. Después media hora estaba tirada en la arena con la botella aún en la mano, pero manteniéndola de pie. Estaba a punto de acabársela, pero si se había tardado era porque sabía pésima y no entendía porque aún la seguía tomando. Se levantó para ver el mar y se dio cuenta de que ya estaba atardeciendo. Se miraba tan Hermoso el mar.

—Eres lo segundo más hermoso que he visto en toda mi jodida vida. —Dijo la chica.

De repente vio una silueta negra, muy lejos de ella, pero por la forma era la de un hombre. Le llamó la atención que estuviera ahí parado en la orilla del mar y mojando sus pies con los zapatos puestos.

—Tal vez esté tan borracha que miro cosas. —Hablo volviendo a mirar su botella. —Te llamaré Shinosuke. —Nombró a su botella.

Volvió a ver dónde estaba el hombre y ahora caminaba hasta que el agua llego a su cintura.

—Si querréis nadar porque no se puso un traje de baño. —Se preguntó mirando al chico.

Fue cuando vio que se sumergió por completo, entendió y sonrío.

—Ya entendí...se quiere suicidar. Nada mal para el primer día en este país. —Le dio otro trago mientras observaban como salían burbujas. —¡Vaya! A durado mucho y aún sigue respirando.

Siguió observando un buen rato y se asombró que, a pesar de querer quitarse la vida, dios aún no lo quiere en su gloria. Miro la botella con una interrogante.

—Shinosuke supiste pésimo, eres una vergüenza para las bebidas alcohólicas. —Le hablaba a la botella. —Pero igual haces que tus consumidores hagan locuras y ahora tendré que mojar mi vestido, pero al menos haré el acto bueno del día y eso que no hago algo bueno en años.

Se metió al mar, aunque cada vez se le complicaba caminar porque el vestido era pesado al momento de mojarse. Cuando llegó en donde estaban las burbujas se sumergió y pudo observar al chico que ya estaba inconsciente y lo tomo de los brazos y saco la cabeza para respirar al igual que la de él. Nado hasta la orilla y cada vez se le hacía más difícil y eso que el cuerpo de Ranma no le pesaba, era su vestido. Maldecía habérselo puesto ese día y además de que costó y fue el único que en verdad costo una fortuna.

Llego a la orilla y lo arrastró hasta que la marea no lo tocara. Uno de los empleados se acercó para ayudarlo.

—¿Se encuentra bien? —Dijo el mesero que trabaja en el restaurante del hotel que estaba en la playa.

—Sí, pero él tal vez no.—Señaló la chica a Ranma.

El joven empezó a presionar su pecho para sacar el agua de su cuerpo.

—¡Señor Saotome! ¡Otra vez no! —Exclamó el empleado mientras seguía presionando.

—¿Otra vez? —Pregunto la chica.

—Sí, no es la primera vez que lo hace. —Explicó el joven.

—¿Ósea que tiene tiempo suficiente hospedado aquí para que sepan que quiere acabar con su vida?

—¡No! ¡Él es dueño del hotel! —Confesó el mesero.

Se quedó asombrada y con la boca abierta.

—¿Ósea que pesque un buen pez? ¡Y de los dorados!

De repente vio que uno de los que limpiaba la playa recogía su botella y ella corrió tras de ella antes de que se la llevaran.

—¡No se la lleve! ¡Aún tiene! —Exclamó quitándole la botella y abrazándola.

Ya molesta y pasada de alcohol se dirigió a su habitación sin importar si el chico a quien sacó del mar se haya salvado.

—Algún día yo seré la dueña de todo esto. —Susurraba borracha y con molestia. — Akane Tendo será la dueña absoluta y los despediré a todos.


Al siguiente día, Ranma y Ryoga estaba enfrente del personal del restaurante que estaban esparcidos desorganizadamente, pero era mejor así, según Ranma.

—Quiero pedir disculpas por haberles causado problemas... —Recibió un golpe con el codo de su hermano. —Nuevamente. — Se disculpó Ranma con mala gana y a la vez de vergüenza.

—No tiene que preocuparse, señor. — Dijo uno de los meseros. —De echo fue una chica quien lo saco del agua.

—¿En serio? —Pregunto Ranma. —No la vi.

—Es porque ya se había ido. —Explico el joven. —Además de que se encontraba en un estado…este como se lo digo…

—Ebria. —Termino otro mesero.

—Para que tuviera el valor para salvar a mi hermano no me sorprende que estuviera borracha. —Opino Ryoga.

—¡Que chistoso! —Exclamo Ranma con molestia. —¿Sabe quién era? ¿Cómo se llama?

—No, pero si la miro la puedo reconocer. —Contesto el mesero.

—Cuando la vuelva a ver me avisa, le quiero gritar por haberme salvado. —Recibió otro codazo en las costillas. —Digo… agradecerle. —Corrigió Ranma.

—A mí también, yo sí quiero agradecerle por haber salvado la vida de este idiota. —Dijo Ryoga con una mirada fulminante a su hermano y él se la regreso de la misma manera.


Ryoga iba al salón de televisión con unas palomitas para ver una película con su hermano, sin embargo, cuando llego vio que nuevamente su hermano no estaba. Suspiro del cansancio y era en serio ya se estaba hartando de esto. Si no es porque su mamá estaba fuera de la ciudad, ya le hubiera dado un infarto. Dejo las palomitas y comenzó a pensar.

—Ya fue lo de la regadera, después lo de la playa… ¿Cuál sigue de acuerdo a lo que ha hecho en estos años? —Se preguntó así mismo con tranquilidad y es que esto ya se le hacía muy común, aunque igual de riesgoso porque puede que ahora si se salga con la suya. —Sigue la orca en el bosque artificial. —Dijo eso y salió de su casa para ir a ese sitio antes de que sea demasiado tarde.


Sin embargo, esta vez no estaba ahí. Ranma estaba parado en la orilla del mar en donde estuvo a punto de quitarse la vida el día anterior. Solo quería pensar, era lo único que deseaba y por supuesto estar solo. Es ridículo, ¿Estar solo? Ya lo estaba desde hace diez años. Todos pensaban ¿Por qué te casaste tan joven? Era cierto, tenía 18 años cuando se casó con Hiro y ella también. Todo por esa maldita herencia que ahora no quería y preferiría mil veces que su primo se haga cargo del imperio, sin importar que se convierta en un presumido, aunque ya lo era desde hace años. Esa herencia tuvo la culpa de que se haya separado de su esposa y esa era una historia que no quería pensar.

Por otro lado, Akane venia nuevamente caminando con los zapatos en sus manos y en la otra tenía una botella que apenas había abierto. Esta vez tenía un vestido color perla, muy pegadito a su cuerpo y su pecho era tapado hasta el cuello. Estaba ansiosa de tomar esa nueva botella que de seguro estaba mejor que Shinosuke. El nombre se le había quedado porque además de que era feo el nombre, también lo que traía dentro. Tomo de un solo trago y lo dejo casi a la mitad de la botella.

Volvió a ver al mar y vio una silueta que reconoció perfectamente.

—Apenas llevo un trago y estoy segura que no estoy borracha para imaginar a ese hombre nuevamente. —Dijo molesta consigo misma y viendo al cielo como si estuviera platicando con dios. Pero se quedó pensando un momento. —No sí, estoy segura que no estoy borracha. —Dijo con duda de su estado. —¡Completamente segura! ¡No me lo estoy imaginando! —Acepto.

Vio al chico que estaba de espalda, pero a pesar de que estaba quieto era algo similar a lo que observo el día de ayer. Vio que dio un paso y fue cuando exploto.

—¡Oye! —Grito Akane.

Ranma escucho una voz que al parecer lo llamaba. Se dio la vuelta y vio a una chica, no la podía ver bien, pero sabía que lo observaba.

—¡Si vuelves a meterte al agua esta vez no te sacare! —Advirtió Akane.

Entonces ¿Ella era la chica que la salvo? Solo miraba atentamente esforzando la mirada para captar su rostro.

—Ya me arruinaste un vestido y ya supe que nadas en dinero. —Seguía hablando. —Hasta me da ganas de que me lo pagues, ¡Idiota!

No podía hablar, no sabía que responderle. Akane se estaba yendo dándole otro sorbo a su botella, pero se detuvo de nuevo y lo volvió a ver.

—¡Otra cosa! ¡Ocupas un psiquiatra! —Exclamo Akane. — Y si vuelvo a verte haciendo un intento de suicidio, da por seguro que morirás ¡Pero por mí! —Amenazo y se fue directo al restaurante con dificultad para caminar ya que se le estaba subiendo el alcohol.

Ranma vio como desapareció y estaba asombrado. ¿Por qué no le respondió?

—Hace años que no me hablaban así. —Susurro por fin opinando la reacción de esa chica.


Ranma entro al bar y solamente había tomado dos vasos pequeños de vodka, pero aún seguía pensando en lo que paso en la tarde. Que chica tan extraña, pero no sabía porque no podía dejar de pensar en ella, a pesar de que no le vio el rostro lo cual le daba más curiosidad.

Mientras él seguía pensando en eso, Akane entraba al bar un poco mejor después de darse un baño en burbujas en donde quedo maravillada. Le encantaba vivir en lujos y ese lugar era el paraíso. Sin embargo, se dio con la sorpresa de que el chico suicida estaba sentado. ¿En serio? ¿Tres veces en dos días? Se sentó a lado de él y lo comenzó a observar con una sonrisa. Ranma se dio cuenta de que alguien lo observaba y volteo para toparse con una chica que le sonreía, no pudo esconder su asombro por lo bella que era.

—Ahora sí, chico suicida…—Hablo Akane. —Dejare de lado mi acento español para hablar más oriental y como se dice… ¿Quién eres tú? —Pregunto acercándose más a él.


Hola a todos! Aquí les traigo una mini historia que espero que les guste. Es la primera vez que escribo un universo alterno y espero no decepcionarlos. Tenía esta historia en mi mente desde hace un buen tiempo y para agarrar inspiración para otra historia que escribo, me puse a escribir lo que mi mente me decía. Me despido, espero opiniones para saber que si les gusto :) o no u_u. Saludos y besos!

Próximo capítulo lo subiré el Sábado n_n