Hola corazones, ¿cómo os encontráis?

Hoy estoy aquí con un one-shot que tiene tiempo subí. Sin embargo, al volver a leerlo me percaté de la horrible manera en la que estaba escrito, así que me decidí a editarle. Los que ya lo habéis leído se darán cuenta que le he cambiado un poco pero conservando la idea principal.

En fin, me dejo de cháchara inútil, espero que esta nueva versión os guste, tanto a los que ya le habéis leído y a los nuevos :)

Y no olvidéis hacerme llegar vuestras opiniones al respecto.

Summary: de amores imposibles y castillos de nube de algodón.

Disclaimer: los personas y escenarios pertenecen a J. K. Rowling, sólo está historia es mía y esta hecha sin fin de lucro. ¡DIGAMOS NO AL PLAGIO!


In Dreams of Love

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by Miss Breakable Butterfly

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.X.

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Y las miro lejanas mis palabras.

Más que mías son tuyas.

Van trepando en mi viejo dolor como las yedras.

Ellas trepan así por las paredes húmedas.

Eres tú la culpable de este juego sangriento.

Ellas están huyendo de mi guarida oscura.

Todo lo llenas tú, todo lo llenas.

Antes que tú poblaron la soledad que ocupas,

y están acostumbradas más que tú a mi tristeza.

Ahora quiero que digan lo que quiero decirte

para que tú oigas como quiero que me oigas.

Fragmento del poema "Para que tú me oigas…"

De Pablo Neruda.

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.X.

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Él la odia, es un hecho para todos que si relaciones sus nombres tiene qué ser bajo este estricto término, el odio. Después de todo ambos representan las dos caras de una sociedad; el sangre pura elitista y la sangre sucia qué se sobre esfuerza por crearse un lugar en una sociedad que aunque aparentemente reprocha los prejuicios contra las personas como ella, debajo del agua, la porquería fluye libre y constante.

Así que por supuesto la odia, o es lo que siempre se repite cada que la ve. Con su cabello castaño enmarañado como un arbusto sin podar y...—

— ¡Cuidado Granger! las lechuzas podrían usar tu cabeza como nido —pronunció en una ocasión, sintiendo un burbujeante emoción estallarle en el pecho cuando ella le miró, sus ojos cafés chispeantes de irá reprimida.

— Eres un imbécil Malfoy —contestó ella con voz siseante y contenida. Sus labios rojos y brillantes pronunciando cada sílaba y letra como una sentencia de muerte. Luego se giró sin más, dejando a Draco con los puños apretados y una molesta sensación en los pantalones.

—... ese andar qué lleva por los pasillos del castillo, como si fuera la reina del lugar, moviendo las caderas que antes no tenía, con la falda una pulgada más arriba de lo que comúnmente llevaba y con la túnica ligeramente más ajustada. Y entonces se enerva porque pasa de él como si no existiera y nadie ignora a un Malfoy, menos aún una sangre sucia, que no merece ni por asomo respirar el mismo aire qué él.

Así que, frunce los labios y aprieta los dientes mientras pronuncia silbante, casi como el sisear de una serpiente:

— Sangre Sucia —y con gozo observa como ella se detiene y gira a mirarle con sus centellantes ojos cafés que lo fulminan. La observa con una oscura satisfacción a lo que una sola frase suya puede causarle, la túnica parece ajustarse sobre su pecho ante las respiraciones cortas y profundas que da. Sus manos de ella se vuelven puños, porque se muere de ganas de romperle la cara como en tercer año, pero luego se relaja, da media vuelta y lo ignora siguiendo su camino, como si nada hubiera sucedido.

Entonces los papeles se invierten y ahora él es el que aprieta las manos en puños e imagina que es su níveo cuello que destroza. La imagina jadeante suplicando por aire, rogándole a través de su mirada; y ante aquel pensamiento se relaja. Sin embargo, luego la imagen se distorsiona, funde y de pronto lo que imagina es algo totalmente diferente: la ve a ella sonrojada, con los labios hinchados y jadeante intentando pronunciar su nombre que sale entrecortado...

Dra…co…

La imagen persiste y la furia vuelve a llenarle cuando siente sus pantalones apretar. Así que, golpea la pared mientras la observa girar al final del pasillo sin mirar en su dirección una sola vez. Entonces repite en su mente:

Te odio, te odio, te odio —como un mantra o un hechizo que le ayude a controlarse. Pero eso no funciona muy bien y va en busca de Pansy porque siente que la polla le revienta y la imagen de centellantes ojos cafés esta persistente en su memoria.


Le vuelve a ver en clase de pociones, sentada al frente a un lado de Longbottom; sonriendo a las estupideces que le susurran Potty y la comadreja, ajena y ausente a su presencia—

¿Acaso no lo entiendes, Granger? A los Malfoy no se les ignora.

—. Así que mientras la perfora con su mirada, recarga la punta de su pluma contra el pergamino sobre la mesa hasta que la revienta por la mitad, crack, resuena en sus oídos, una sonrisa oscura formándose en sus labios mientras imagina que son sus huesos quebrándose. Su sonrisa se amplia al imaginar su sonrisa deformándose en una mueca de infinito dolor.

Pero, mientras la ve, ella pasa su pequeña lengua sonrosada por sus labios, el pequeño músculo los recorre dolorosamente lenta, como si paseara, luego sonríe la pequeña descarada; y la imagen de ella sufriendo de dolor se va a la mierda.

La imagen cambia y su impertinente imaginación le ofrece a ella de rodillas bajo su mesa, con la cabeza entre sus piernas, el cabello castaña enmarañado cubriendo como su lengua se pasea por su longitud punzante; ofreciendo promesas de finales felices y cuentos de hadas que han quedado en olvido ante los matices grises y negros del cielo.

Parpadea repetidamente mientras pronuncia con mayor ímpetu en su mente:

Te odio, te odio, te odio... —un cántico sin fin que se vuelve oración cuando la ve sonrojar por algo que la comadreja pobretona le susurro.

Sin embargo, esto no funciona muy bien así que, cuando salen de clase se asegura de empujarle a él contra la pared, mientras, a ella la fulmina con la mirada.


El aire frío apenas es sentido, la luz de luna lo único que ofrece relativa iluminación en ese regularmente vacío salón de clases.

Sus manos tiemblan en anticipación, sus pantalones dolorosamente apretados y los suaves jadeos que ella de vez en cuando suelta no ayudan a mejorar su control.

Levanta su falda hasta la cintura y le baja las bragas hasta las rodillas sin mucha consideración. La recarga en el escritorio, luego él desabotona y baja la cremallera de su pantalón, descubriendo sólo lo necesario. Aprieta su cadera ajustando su posición y entonces la penetra brusco y sin compasión.

Enreda su mano en su cabello negro y liso. La besa profundo y duro, molesto porque no tiene el cabello castaño enmarañado, ni profundos y centellantez ojos café.

Así que cuando ella, la chica con la que esta abre los ojos entre el beso. Los ojos verdes, parecen oscurecerse y su imaginación sale a relucir, cambiando los ojos verdes por unos cafés, la piel ligeramente más tostada y rebeldes rizos que enmarcan el rostro de una niña que la sociedad le ha dicho que debe odiar por la sangre que corre por sus venas y ¿acaso es su culpa haber nacido muggle? ¿Es ella culpable por la calidad de la sangre que recorre sus venas?

Un montón de preguntas le abruman y la respiración se acelera y entrecorta, sintiendo que se asfixia, aprieta fuertemente los ojos mientras termina más rápido de lo normal. Cuando termina, se reacomoda la ropa y sale prácticamente corriendo del aula sin mirar atrás, porque le teme a sus pensamientos, porque necesita aire fresco y siente que las paredes se acercan cada vez más y más.


Llega a lo alto de la torre de astronomía, con el pulso acelerado, inhalando como si se hubiera quedado sin nada de aire por un largo rato.

Cuando finalmente llega al pequeño balcón se relaja por un instante mientras contempla las estrellas, aferrando la barandilla como si fuera su salvavidas. Sin embargo, su breve tranquilidad se ve interrumpida cuando escucha pasos que se esfuerzan por ser silenciosos sin lograrlo. Se gira y la ve frente a él, con el cabello castaño enmarañado enmarcando el fino rostro; con los ojos cafés más abiertos de lo normal, porque no esperaba encontrarse con él en ese lugar.

Se acomoda en la barandilla del balcón para observarla de frente. Sus manos descansan en los bolsillos, dándole un aire despreocupado; una sonrisa arrogante y una mirada despectiva formada en su rostro…

— Sangre Sucia, ¿esperabas encontrarte aquí con tu novio el pobretón? —inquirió con odio y una mueca de asco formándose en su rostro, al observar que ella buscaba con la mirada a alguien aparte de él.

— No es tu asunto, Hurón —puños apretados, mirada centellante, mandíbula apretada, que afloja con un suspiro—. No deberías estar aquí…

— Yo podría decir lo mismo —espetó groseramente para segundos después girarse e ignorarle, porque tiene miedo de que repetirse que la odia no sea suficiente esta vez.

— Pero ya es el toque de queda —reprochó ella con la voz que usa para contestar las preguntas de los profesores y que él tanto detestaba, porque para él le suena como uñas paseándose por una pizarra, y le hace más difícil ignorarla (porque en el fondo sabe que es una mentira, un pobre intento de escusa que cada vez funciona menos).

— Pero aun así tú estas aquí —contestó con la mandíbula tensa y los dientes apretados—, ¿Por qué no se larga? —se pregunta internamente, haciendo todo el esfuerzo posible por ignorarla, pero como no, ella no se deja ignorar.

— Soy prefecta y además, estoy haciendo mi ronda y… —deja de escuchar mientras iracundo se gira y camina hacia ella. La coge de los hombros bruscamente, haciendo al instante que ella se quedase callada. Sus ojos abriéndose con terror y sorpresa porque nunca le había visto así de furioso.

Entonces, su expresión se ajusta, frunce su ceño y despega los labios, lamiendo brevemente el contorno, preparándose para exigirle que la suelte o gritar por ayuda; no sabe pero no es como si en verdad le importe pues antes de que sonido alguno salga, junta sus labios en un beso salvaje y demandante.

Sus ojos se amplían brevemente, luego frunce el ceño, resistiendo al violento choque de su labios, mordiéndole en el proceso. Pero él no se aleja, simplemente hace un sonido con su garganta y aprovecha la apertura de su boca para hundir su lengua.

Un suspiro escapa de ella y comienza a responder el beso igual de salvaje. Enreda sus manos en su cabello rubio y lo aferra duro, no sabe si es para obligarle a alejarse o para fundirse más con él.

Es entonces cuando finalmente siente que sus manos descienden hasta aferrar su cintura, tan fuerte y apretado, que esta segura que le quedaran cardenales de la forma de sus dedos para recordarle en la mañana que no es un sueño, sentirse tan unida a él en ese efímero momento robado al tiempo.

Y así como el tiempo, voluble y fluctuante, el beso de pronto se vuelve suave y lento, con un sabor metálico y dulce, como si estuviesen probando un cacho de cielo. Pero al siguiente es amago y ácido, como si el infierno entrara en escena listo para la batalla. Su agarre se vuelve más suave mientras acaricia uno de sus costados, apenas un simple rose, efímero y mortal, que aun así le roban el aliento y la hacen ajustar aun más, su cuerpo con el suyo, desapareciendo el poco espacio que quedaba entre ellos.

Mientras él lame, muerde y succiona sus labios, como un dulce que quiere que se termine rápido y a la vez no tanto porque una vez que se acabe ya no quedara otro. Y no esta seguro que después de esta noche pueda vivir sin el suave rose de su cuerpo contra el suyo, sin el dulce y amargo sabor de su boca, que si ser consciente le da el cielo y el infierno. Sin sus manos suaves y blancas y...—

Eres demasiado buena para el mundo, Granger. Demasiado pura y blanca. Y quiero odiarte. Quiero destrozarte y consumirte. Y volverte etérea para llevarte conmigo sin que nadie se de cuenta. ¿Acaso no te das cuenta? ¿Acaso no percibes mi odio? Eres tonta Granger. Y un así yo...

—... esa manera en la que sus ojos se cierran, mientras ella se entrega con pasión y sin arrepentimiento.

Cuando finalmente el respirar se hace necesario, se alejan. Él la observa con ojo brillantes y ¿acuosos? Como esas veces que retienes las lágrimas, sus brazos que aun continuaban aferrándose a ella, caen a sus costados dando una breve caricia antes de reunirse a sus lados, una caricia superficial y etérea que el viento y el tiempo parecen reclamar. Finalmente se aleja un paso y luego otro más, sin embargo, cuando esta apunto de llegar a las escaleras se gira y pronuncia:

Te odio —mientras entre líneas dice teamoteamoteamo, pero ella entiende. Después de todo, es la bruja más inteligente.

— Yo también —ella contesta y sonríe, porque en su mente ingenua cree que le seguirán más noches como esa; ignorando que la próxima vez que se vean será cuando los capturen, a ella y sus amigos, en medio de una guerra, y les lleven a su mansión. Porque no sabe que con esa respuesta le termina de romper, porque el tiempo no perdona y su efímero momento atemporal llegará a su fin una vez el siguiente día anuncie su llegada, y se volverán enemigos más allá de las rencillas de colegio, porque él intentara asesinar a Dumbledore y huirá con los mortífagos.

Pero esta bien, porque después de todo por una noche se vale soñar con amores imposibles y castillos de nube de algodón, fuera del alcance del odio, la tristeza y el dolor.

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— Y aun así yo... yo te amo tanto que voy a destrozarte.