Hello everybody! Ya de nuevo hay una nueva historia de Amai. Esta historia está basada en el cd drama de Tegami-letter de Yamato Ishida, o sea, mi versión de lo que sucedió. Digo de una vez que el fic es muy diferente al cd, no sigue el tiempo y temática, únicamente tomé la trama para hacerlo, es mi modo de ver las cosas, espero que sea de su agrado.

Decir que las actualizaciones no serán tan cercanas y tardaran cierto periodo de tiempo.

Año en que se lleva a cabo la historia: 2003

Ya por último: Digimon ni el cd drama me pertenecen.

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Tobira: la puerta de tus decisiones

por Amai do

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Capítulo 1: Una puerta desconocida

No faltaba mucho para que él fin de año llegara, el invierno mostraba claras señas de avecinarse y no sólo se veía por las personas que llevaban ropa abrigadora, sino también por los árboles que ya no se encontraban tan frondosos como lo están en primavera o en verano mostrando todo su esplendor.

Los digidestinados, tenían nuevas actividades para realizar cada día; y cada niño, que ya no lo era más, había crecido y madurado, ahora cada quien comenzaba a tomar su camino y a ver por sí mismos, pero claro, sin dejar de lado esas memorias que los transformaron en personas distintas a las que ellos aseguraban ser. Es claro que el destino prepara muchas pruebas, y la verdadera prueba es salir victorioso de todas ellas.

Había pasado casi un año en el que los conocidos y queridos portadores del Amor y la Amistad comenzaran su relación romántica, y cada vez que se les veía se sentía el amor y cariño que compartían.

Situándose en sus vidas, en ese momento de un martes, las clases ya habían terminado por lo que muchos de los alumnos se habían retirado, claro, a menos que tuvieran actividades extraescolares o pertenecieran a un club artístico o deportivo. Y precisamente muchos de los elegidos pertenecían a algunos, por ejemplo Sora que martes, jueves y sábados por la mañana asistía a la práctica de tenis que era donde se encontraba en esos momentos.

-Muy bien Takenouchi. –exclamó la entrenadora al ver el excelente remate que la pelirroja había hecho en la cancha. –Dentro de tres meses es el campeonato de Tenis estatal y si sigues entrenando como lo has hecho hasta ahora, es seguro que puedes ganar y dejar en alto el nombre de la institución.

A la portadora del amor le halagó demasiado los cumplidos que la deportista hacía; ella también deseaba ganar un partido importante.

-Muchas gracias entrenadora, le prometo que no fallaré.

Había sido una racha de victorias a niveles escolares, locales y regionales, ahora era más esperado por cada escuela del distrito, y era claro que la pelirroja había quedado seleccionada para jugar siendo el orgullo de la escuela por mantener el nombre de ésta en la más alta expectación.

La práctica había finalizado así que la pelirroja se dirigió a los vestuarios, pues tenía que cambiarse e ir a su casa antes que otro asunto se le presentase. Sora era rápida, no demoró mucho y en sólo un par de minutos salió para disfrutar el resto de la tarde.

Mientras se cambiaba, sintió un fuerte mareo, durante varias semanas se había sentido así, y lo más preocupante para ella era que cada vez se hacían más frecuentes. Decidió ignorarlos las primeras veces, pero conforme avanzaban, sus preocupaciones se hacían evidentes y continuas.

-¿Qué me pasa? –susurró mientras se llevaba una mano a la frente y se sentaba en una banca cerca de allí.

Ese lapso de oscuridad duro escasos cincos segundos se levantó del asiento, tomó sus pertenencias y se retiró lo antes posible. Durante el camino recordó esos dolores de cabeza y momentos en los que no veía nada salvo el color negro.

Esto ya no es normal, pero no quiero preocupar a los demás.

-Sora, ¿qué te pasa? –escuchó una voz a su espalda, la reconoció de inmediato después del primer sonido emitido de su cuerdas vocales.

-Muy bien chicos, es todo por hoy, gracias por quedarse a ensayar. –dijo el vocalista de los "Lobos Adolescentes" mientras se bajaba de un escenario y quitaba el bajo colgando de su cuerpo al finalizar los ensayos de ese día. –Esta noche les envío por mail las modificaciones que hicimos para algunas pistas.

Yamato Ishida acababa de terminar el ensayo de su banda, y como buen líder y vocalista principal debía encargarse de cerrar el local, por suerte sus amigos le ayudaron y terminó antes de lo programado.

Al salir del lugar miró su reloj, las 6:00 pm, si se apresuraba alcanzaría a interceptar a su chica. Con paso firme tomó el camino más corto rumbo al departamento de Sora, por lo que atravesó un parque y lo que vio al llegar a la esquina lo asustó mucho, así que corrió un poco más aprisa, pues ver a su novia a punto de desmayarse sentada en una banca era de lo menos agradable de ver.

-Sora, ¿qué te pasa? –preguntó llevándole una mano a su espalda. Notó como se sorprendió un poco por la rapidez con la que habló, pero se volteó de inmediato y le dio una sonrisa tranquilizadora.

-No es nada. –respondió tranquilamente. –Estuve practicando mucho, por lo que estoy cansada, es todo. –actuó muy bien al momento de habla y lo corroboró al momento en que Matt ablandó su mirada.

Él le pasó un brazo por el hombro de ella, cargo su mochila y la acompañó por el resto de camino, que en realidad era muy poco porque su casa quedaba a unos pasos.

-No deberías esforzarte tanto, te aseguro que eres la mejor tenista, me preocupa que por todos los entrenamientos tu salud se vea afectada. –le dijo seriamente.

-Descuida, no se repetirá. –prometió, dejando más tranquilo al rubio.

Matt dejó en la puerta de su casa a Sora, y después se encaminó a su hogar creyendo inocentemente que el pequeño mareo de Sora se debía al cansancio del tenis. Sora entró a su hogar, notando que no había nadie; sabía que su padre estaba de viaje con algunos estudiantes de la universidad, pero respecto a su madre y Biyomon no tenía idea de donde podían estar, hasta que caminando por la casa encontró un papel en la mesa que decía que ellas habían ido a comprar alimentos para cenar; se rió un momento, ellas dos se habían vuelto grandes amigas desde todo ese caos del digimundo, y le agradaba, pues eso le hacía sentirse en una familia más unida.

Al dejar el papel en otra mesilla contigua a la cocina, otro mareo seguido de un fuerte dolor de cabeza vino de pronto, era el segundo en el día, además con un rango muy pequeño de tiempo entre uno y otro. Pero si hay alguien que conocía a la pelirroja ex poseedora del emblema del amor, sabría que ella es capaz de quedarse callada con tal de no preocupar a sus seres queridos, por lo que su decisión nuevamente fue callar esos malestares de los últimos días, confiando en que pronto terminarían siendo producto del estrés por la escuela y el próximo torneo de tenis.

Al siguiente día en la mañana todos los alumnos del instituto estaban en clases, bueno, casi todos, porque una maestra no había ido a su trabajo, por lo que el grupo donde se encontraban los elegidos del valor, amor y amistad tenían todo una hora libre; así que decidieron irse a la cafetería de la escuela por petición de Taichi, quien como siempre, tenía hambre a tan sólo dos horas de haber desayunado.

-No sé qué comprar para comer. –dijo mientras seguían caminando y se escuchaba fuertemente su tripa.

-Pues lo que sea Taichi, pero asegúrate que tu estómago se calme para la próxima hora, ya sabes cómo se pone el maestro de química cuando escucha ruidos en su clase. –comentó Matt tratando de poner un poco de diversión al asunto haciendo que el moreno se enfadara un poco.

La única que estaba fuera de la plática entre valor y amistad era Sora, su mente seguía pensando en los sucesos que la tarde anterior acontecieron después de la práctica de tenis, y agradecía que durante el día no se había manifestado ni uno solo de ellos, creyó que ya había pasado.

La pelirroja siguió caminando al lado de ellos, Tai se adelantó al ver por las escaleras que la cafetería comenzaba a llenarse y tras decir rápidamente "me voy a adelantar" corrió para que no ganaran más lugar en la fila. Sora y Matt sólo lo siguieron viendo, su amigo siempre sería igual. No faltaba mucho para llegar, por lo que faltaba el último obstáculo, siguieron caminando y cuando Yamato bajó un escalón antes que la pelirroja, pensando en que ella venía detrás de él, pero al voltear para decirle algo, sintió una acongoja en el corazón al ver que ella caía, por suerte, Yamato fue rápido y alcanzó a tomarla de la cintura y recargarla con el barandal de la escalera para que tuviera un punto del cual sostenerla. Sora estaba desconcertada, pero sabía a la perfección que Matt la había ayudado.

-Ten cuidado Sora, ¿qué paso?, ¿acaso no viste las escaleras? –preguntó con una ligera sonrisa y un poco de tono de preocupación en su voz, él pensó que sólo había sido un descuido, que iba distraída y olvido que había escaleras para llegar a la cafetería que estaba en la plata baja.

Sora no dijo nada, ni siquiera lo veía a los ojos era como si su mirada estuviera perdida y sin punto fijo en el cual recaer su vista, era un vacío total. Ante esa expresión en su cara, Ishida se preocupó más, entendiendo que no fue un descuido.

-¿Acaso no viste la escalera? –preguntó en busca de la verdad.

La portadora del amor no respondió, se quedó callada con sus ojos cerrados.

-¿Sora?

Nada. Seguía inmóvil, pero poco a poco fue recobrando la luz a sus ojos y logró enfocar la cara que su novio, quien la veía con su típica mirada fría, pero ella que lo conocía, entendió que no era más que una mirada de profunda preocupación por ella.

-No pasó nada, Matt. No te preocupes. –logró decir mientras seguía sosteniéndose del barandal y comenzaba a bajar por lo escalones que hace unos momentos estuvo a punto de caer.

Yamato se quedó inmóvil sólo viéndola caminar, mas cuando ella llegó al piso (puesto que no eran muchos escalones) empezó a ir en la dirección que ella iba, cuando llegó a su lado, la tomó de un hombro y le hizo que lo mirara.

-Dime la verdad. –exigió de una manera autoritaria y a la vez preocupante, no iba a permitir que su novia corriera el más mínimo peligro.

-No ocurre nada. –dijo al bajar su mirada al suelo.

-Sabes que no es cierto. Sólo quiero que me digas la verdad. -aclaró pacientemente obligando a Sora a volver a mirarlo a sus ojos azules. –Confía en mí.

Sora no supo que pensar, además, ¿Qué podía decirle si ni sabía lo que en realidad tenía, no quería alarmar a nadie, sabía cómo era Yamato cuando alguien que quería estaba mal. Prefirió no indagar más con el tema, dando la misma respuesta que tenía desde que empezaron esos mareos y visiones borrosas.

-No es nada, he estado practicando mucho y además no he comido, por eso cuanto antes lleguemos a la cafetería, mejor. –escapó de las preguntas caminando a caso rápido dejando a Matt con la charla.

Al rubio no le quedó más remedio que creerle.

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La semana siguió su curso, por lo que los digidestinados siguieron con sus vidas escolares, de vez en cuando se juntaban en los recesos, pero la mayoría del tiempo sólo se mandaban un par de miradas cómplices o simplemente se saludaban, eso sí, tenían un estricto compromiso de juntarse para pasear una vez al mes sin excepción alguna de exámenes u otros compromisos. Justo ese día era viernes, y como todo viernes en la hora de salida, los chicos de escuela corrían desesperados para liberarse del estrés producido durante toda una semana, bueno, todos a excepción de uno, que calmadamente recogía sus libros, y se dirigía a un cuarto de sonido en donde había quedado de verse con Koushiro para arreglar unas canciones, sobre todo acerca de una melodía que aún no tenía letra, la cual ansiaba por darle fin para poderla cantar con sus amigos, o bien, dedicarla en una velada romántica para su única chica.

Llevaban un par de minutos en el aula de computación, la escuela ya casi se había vaciado por el alumnado, sólo quedaban aquellos que tenían alguna actividad extracurricular, lo bueno, era que desde donde Yamato e Izumi estaban, se veía todo el patio de la escuela, también la calle que estaba al frente de ésta y de igual forma, las canchas de entrenamiento. A lo lejos, divisó una mata de peló rebelde café, sin duda su amigo Taichi se encontraba en su práctica de futbol, Matt aún o conseguía entender lo mucho que le gustaba ese deporte, todos los días de su ida prácticamente lo había jugado y mientras tuviera la oportunidad, lo seguiría haciendo. Bajó su mirada un poco y se encontró con la cancha de tenis, esperaba encontrarla vacía puesto que hoy no era día de practica con los entrenadores de tal actividad, por lo que le consternó ver a una chica en esa misma cancha golpeando la pelota contra la pared. No tardó absolutamente nada en reconocerla, era una muchacha que conocía de sobra: Sora. Sonrió al verla entrenando, siempre que la veía trabajando, dando su máximo esfuerzo para cualquier cosa, lo hacía sonreír. Pero sí le pareció extraño verla a esas horas de la tarde, sobre todo verla sola, por lo general se encontraba con ella Mayumi, su compañera de juego, sin embargo, parecía que esta ocasión era el momento de tener una práctica en solitario; no le gustaba para nada que lo hiciera puesto que en días anteriores había tenido unos mareos, causados, según la versión de Sora, por sus arduas practicas.

Se prometió a sí mismo que hablaría con ella en cuanto él se desocupara de los arreglos sonoros para sus canciones, pero mientras seguía inmerso en sus planes inmediatos, vio como el revés de su pelirroja fallaba, le pareció un poco extraño, puesto que se movió de lado contrario al que la pelota de tenis se dirigía.

Sora detuvo su entrenamiento por unos momentos, hizo como si buscara la pelota y seguir con su práctica, pero no lo hizo. A Yamato le pareció extraño, sobre todo porque tenía el objeto a escasos centímetros de sus pies, con sólo dos pasos era capaz de recogerla; pero no lo hizo. Tomo sus cosas y la vio alejarse rumbo a la salida. Habían quedado de verse en el parque que estaba enfrente de la escuela, por lo que pidió interiormente que Izzy terminara pronto para ir con ella y pasear un rato, era lo bueno de las citas improvisadas, no tenías planes y a la mera hora todo resultaba bien.

Se esperó un poco mientras Koushiro terminó de arreglar el sonido, quedó muy bien, sin duda alguna que el ex portador del conocimiento había hecho un gran trabajo y a partir de ahora harían sonarían mejor en cualquier evento que tuvieren.

-Gracias Koushiro, quedó genial. –le agradeció mientras salían de la escuela.

-No fue nada, Miyako también me ayudó mucho en realidad. –dijo un poco incomodo ante el cumplido.

Sin más demora, llegaron a la salida pero Yamato ya no encontró a Sora en donde la había observado antes de salir.

-¡Hey muchachos! –se escuchó una agitada voz que venía de detrás de ellos. Ambos voltearon y se encontraron con una gran mata de cabello que veía directo a ellos. –Espérenme.

-Seguro. –accedió Izzy haciendo un saludo. -Ya nos vamos, los tres vamos para el mismo rumbo.

-Chicos, yo quedé de verme con Sora, por lo que no puedo acompañarlos ahora. –dijo mientras tomaba otro rumbo para ir a buscarla. –Nos vemos luego.

Pero antes que el bajista se fuera, Yagami recordó algo importante. –Sora acaba de regresar a la escuela. La vi mientras subía, no debe tardar.

Ishida entendió en ese momento la razón por la que ella no estaba en la placita, se sintió un poco más tranquilo, pero su eterna preocupación por su pelirroja hizo que regresara sobre sus pasos y entrara a la escuela.

-Gracias Tai, creo que iré a buscarla muchachos, hasta luego. –Y con un simple movimiento de manos se fue, dejando a los amigos para que fueran a sus casas.

El rubio se adentró al plantel educativo para buscar a su chica, aún tenían una plática pudiente respecto a esos mareos que le daban seguido después de las clases de tenis y no quería dejar pasar más tiempo, sabía que algo andaba mal, y si ella no decía nada a sus padres, él mismo lo haría por el bienestar de ella, aunque eso significara una pelea entre ellos dos. Se dirigió a la segunda planta del edificio, sabía de sobra que su casillero estaba allí, en realidad, estaba el de él también, pues compartían lugares para estar más juntos si era posible. Aún no subía por las escaleras, justo cuando vio en el suelo una mochila, la cual conocía perfectamente debido a los llaveros que colgaba, era la de Sora; lo cual lo desconcertó, ella siempre cuidaba sus cosas, nunca las dejaba por allí como si fuera algo con poco valor, y su desconcierto aumentó en el momento en que vio un caminito de sangre dirigiéndose frente a él. De inmediato vio a un grupo de compañeros aglomerarse debajo de las escaleras, muy seguramente había habido un accidente con algunos de sus compañeros que cayera de las escaleras… justo como Sora lo iba hacer hace unos días. Fue en ese momento que se detuvo en seco y corrió hacia donde estaban todos los demás, su corazón latió fuertemente, un presentimiento lo atacó; no soltó la mochila de Sora, y corrió a toda velocidad la ppoca distancia que le separaba de los demás. Haciendo a un lado a todos los chicos , junto a otro empujón y oyendo cosas que lo asustaban más sobre que era una chica y que era del club de tenis, llegó hasta el centro, y lo que vio, le dejó con un paro en el corazón; porque así fue cómo lo sintió, sintió que su corazón dejó de latir al ver en el suelo y con una terrible cortada en la cabeza a la única razón de vivir con la que él contaba… a Sora Takenouchi, inconsciente, herida y sin señales de responder mas que una lenta, pausada y casi nula respiración.

Con una reacción casi involuntaria, se acercó a ella, y llamó a una ambulancia. No pensaba en nada, más que en que su cielo estuviera a salvo. Nunca se perdonaría que algo más malo le pasara.

Todo el colegio era conocedor de la relación que Ishida y Takenouchi mantenían desde hace algunos meses, y ver esa situación para algunos era desalentador, y para otros, una muestra más de que el rubio amaba a Sora.

Yamato nunca se había enfrentado a este tipo de situaciones, para él, eso era una puerta totalmente desconocida, lo peor, es que no quería entrar en ella, y lo triste, es que Sora había sido echada a esa, y junto con ella, él.

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Fin del capítulo 1.

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En el capítulo 2: Portal entreabierto.

¿Qué fue lo que pasó?

No sabemos lo que pasara hasta que ella despierte

Yo no puedo estar ciega, mamá

Hay muchas probabilidades de que así sea, Sora

¿Por qué no dijiste nada?

No quería preocuparlos.

¿Hay algo que se pueda hacer?

Hay algunas esperanzas, pero habrá que esperar un poco.

Escuchaste eso Sora, ¡hay esperanza!

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Notas de la autora:

Regresando un fic, Amai do hace una pequeña introducción a lo que tratara su fic. Espero que les guste y que sea de su agrado, y prepárense para los dramones que están acostumbrados a escuchar de mí.

Aviso: actualizaciones no tan seguidas :D

Dios los bendiga

*Amai do*

Publicado: 5 julio de 2011