Ventisca

La madera desgastada, la pintura de las paredes descolorida, las cortinas semiabiertas con un estampado floral que cubrían la ventana situada encima del fregadero y los majestuosos árboles que se veían a través de la ventanita de la puerta que daba al jardín.

Esa imagen se repetía cada día que cruzaba la cocina de la Madriguera a las seis de la mañana cuando todos aún dormían.

Ya era una costumbre, la rutina que había adoptado durante los días de escuela seguía en vacaciones.

Ninguno de los habitantes de la casa sabía de aquel momento de privacidad, simplemente por eso, porque era un momento privado. Pero estaba segura que aun que lo supieran, ninguno se levantaría a esas horas tempestivas de la mañana.

Recorrió el vasto césped mientras observaba los tonos azulados que adoptaba el cielo a esas horas.

Pasaba una brisa fresca acompañada de la humedad de la noche.

Paró en seco en medio del jardín.

Retiró un mechón rebelde detrás de la oreja y cerró los ojos para sentir mejor el viento.

Se frotó con las manos los brazos y un pequeño escalofrío recorrió todo su cuerpo. Aspiró profundamente el aire y dio media vuelta camino hacia la casa.

Una vez dentro volvió a cruzar la cocina y se encaminó hacia el salón. Se sentó en uno de los sofás y cogió su libro de runas antiguas que siempre dejaba encima de la mesita central para esas ocasiones.

Se acomodó en el sofá y apoyó el libro en su regazo abriéndolo por la página doscientos cuatro.

Y empezó a contar. Uno. Dos. Tres. Cuatro. Cinco. Seis. Siete. Ocho. Nueve. Y diez.

Y allí apareció, como cada día, aquel pelirrojo que le robaba el sueño. Era bromista, irresponsable, alborotador...

Por eso le gustaba tanto, porque era todo lo contrario a ella: responsable, seria, trabajadora y seguidora a las normas.

Con las manos en los bolsillos avanzó con paso lento hasta sentarse en el sofá de delante de la chica. Al sentarse adoptó una postura informal, apoyando los brazos en el respaldo y las piernas separadas entre si.

La observó durante unos minutos, los suficientes para grabar en su mente ese rostro que tanto le agradaba.

-Deberías ir al médico por esa incontinencia urinaria-dijo Hermione sin apartar la vista de su libro.

-He bajado porque tenía sed-contestó él fijando su vista en unas espadas que colgaban de la pared encima de la chimenea.

-Ah, pues me parece que el grifo está en la cocina.

-Vaya, debería pasar más tiempo en esta casa-ahora fijó su mirada hacia la chica que levantó la cabeza lentamente mientras enarcaba una ceja.

-Por curiosidad...¿Qué excusa inventarás mañana?-volvió a centrarse en su libro. El fingió dudar durante unos segundos.

-Bueno, veo que lo de ir al baño ya está muy usado... creo que mañana tendré una pesadilla y no podré volver a dormir.

-¿Un Gryffindor sin dormir por una pesadilla? Que poco valiente...

-No creo que tú pudieras volver a dormir nunca más después de ver a un Hagrid con batín rosa, la cara llena de crema hidratante y dos rodajas de pepino en los ojos...

-¡No seas cruel, es nuestro amigo!-dijo la chica entre risas cerrando el libro.

-Eso no quita lo otro- ahora el chico se levantó y, dando un pequeña vuelta alrededor de la mesilla central se situó delante del sofá de Hermione.

Ésta se incorporó y dejó el libro a un lado.

El chico se inclinó hasta quedar en la altura de ella y suavemente posó sus labios contra los de la chica, besándolos tiernamente.

Se separó unos pocos centímetros para observarla mejor. Sus miradas se cruzaron un instante, y al momento George la tomó por los muslos y la elevó con una pequeña sacudida.

Ella al instante cruzó sus piernas en la espalda de él y colocó sus manos en la nuca del chico.

Volvieron a cruzar una mirada y después empezaron a besarse. Besos cortos y rápidos esparcidos por la cara, el cuello, la nuca...

El chico la condujo por una de las puertas que conducían a una especie de almacén que no solían usar, chocando con paredes, jarrones y cosas que no habían visto nunca pero en ese momento estorbaban demasiado.

Allí con un golpe de varita y un par de hechizos quedaron aislados del resto de la casa y a partir de ahí Hermione Granger ya no poseía una rutina privada, sino dos.


¡Hola!

Aquí el primer capítulo de Ventisca. Espero que hayáis podido llegar hasta aquí sanos y salvos, si no podéis demandarme, eso sí, ¡a través de un review! x)

Tengo dos o tres capítulos más escritos, y he de reconocer que este es el que menos me gusta ¡pero es necesario para los siguientes!

También quería decir que para entender mejor la estructura del fic esperéis el segundo capítulo, ¡creo que no supe explicarlo bien en el sumary!

En fin, ¡acepto críticas!

-Fizz-