Prólogo
10 de Noviembre, 2.001Pub Devil's ParadiseTodo estaba listo para el concierto, pero Killian aún seguía empecinado en mejorar algunos detalles de la última canción que había compuesto y que, sin lugar a dudas, sería la primera que sonaría aquella noche, en ese bar de carretera en el que les habían contratado. Ese tipo de lugares no eran gran cosa, pero después de sólo cuatro años con una banda formada y estable, era lo mejor para ir abriéndose paso en el mundo de la música, forjándose paso a paso un nombre en la misma. ¿Quién sabía qué podía pasar? Tal vez, en una de esas cutres actuaciones, les viera algún productor musical y se interesaría en ellos.
—Venga, Killian, déjalo ya, que la canción está perfecta.
El cantante levantó la mirada de su bloc de notas para dirigirla hacia el bajista de su grupo, con una expresión seria y, sin decir nada y rodando los ojos, volvió a centrarse en el papel, repasando la letra, por si había que hacer algún pequeño cambio. Sin embargo, su compañero tenía razón: estaba perfecta, y no hacía falta retocarla. Se levantó de la silla, dejando el bloc y el lápiz sobre una caja de cartón, y observó a su alrededor. Aunque no esperaba un camerino, el almacén tampoco era el lugar idóneo para prepararse, y más uno tan mugriento como aquel, pero al parecer, para el resto del grupo no estaba tan mal. Killian resopló y procedió a ponerse el chaleco negro sobre la camisa, colocándoselo más veces de la cuenta.
—Vale, tienes razón, Smee. Está perfecta. Pero eso ahora da lo mismo... —Se frotó el puente de la nariz, inspirando profundamente para exhalar ese aire en un suspiro.— Nos van a escuchar cuatro gatos, que seguramente ni presten atención a nuestra música.
—¿Y qué esperabas? Es un pub de mala muerte en mitad de una carretera dejada de la mano de Dios.
Sin más palabras, el moreno se encogió de hombros, justo en el momento en que el dueño del pub se asomaba para comprobar si estaban listos. Todos asintieron, casi al mismo tiempo, y se miraron entre sí, listos para salir al escenario. Aunque más que un escenario, parecía una chapuza improvisada, sobre la que habían montado la batería, y aunque Killian dudaba que resistiese su peso, todo indicaba que no se iba a caer bajo sus pies. El cantante se armó entonces con una de sus mejores y más arrebatadoras sonrisas mientras se colocaba en el centro, frente al micrófono, con su guitarra eléctrica colgada del hombro.
—¡Buenas noches, querido público! ¡Somos Jones and the Pirates, y ésta es la última canción que hemos compuesto! —Ante la ausencia de aplausos, Killian se vio obligado a pronunciar el título del tema, ocupando en espacio que pertenecía a la pequeña inexistente ovación.— Se llama... "The girl at the door".
Primero comenzó la batería, seguida del bajo y, posteriormente, la guitarra se unió a la melodía a la par que la voz del cantante se alzaba en el pub, recitando una letra que hablaba sobre la chica que se aparecía en sueños ante él, de la forma más literal posible, a la que nunca había visto la cara, y que siempre huía antes de poder alcanzarla.
En ese momento, como si estuviese soñando de nuevo, el vocal alcanzó a ver a través de la ventana junto a la puerta una melena rubia recogida en una coleta, de espaldas al local, que parecía esperar a alguien. Era exactamente la figura que se aparecía en sus sueños. O eso, o estaba alucinando mientras proseguía con su canción, pero en cuanto una joven morena se unió a ella para entrar al lugar, Killian confirmó que estaba allí, de verdad, y que no era sólo una visión provocada por la letra de aquella canción. La sonrisa del muchacho mientras cantaba se acentuó, y sabía exactamente lo que tenía que hacer en cuanto acabase el pequeño concierto. Pero, mientras tanto, canción tras canción, no podía dejar de mirarla y, a partir de cierto punto, parecía que ella tampoco podía apartar la mirada de él, salvo en ciertas ocasiones, cuando intercambiaba algún comentario con su acompañante.
Tras algo más de una hora, acabaron con el repertorio preparado, y los tres tuvieron que retirarse al improvisado camerino a dejar los instrumentos y poder salir a tomar algo. Sin embargo, cuando estaban yendo a la barra, un pequeño grupo que parecía ser su club de fans, le interceptó en el camino. Era un séquito de tres muchachas que les seguían adonde quiera que fuesen y que, en alguna ocasión, habían caído en brazos de los integrantes de la banda, siendo la que Killian suponía era la presidenta, o la abeja reina, quien había caído en sus redes, y que en alguna ocasión había dejado caer la ilusión que le hacía ser algo más que un pasatiempo. Pero, para el cantante, la mayoría de las mujeres nunca eran más que eso. Mientras las chicas le acosaban, el moreno buscó con la mirada a la rubia de antes, pero no la encontró por ningún lado.
En ese mismo momento, en el baño, tenía lugar una animada conversación entre retoques de maquillaje y vestimenta.
—¿Tú crees que puedo ligarme al bajista? Dicen que hacen milagros con las manos...
—¡Jane! Por dios... —La rubia se inclinó sobre el lavabo para pasar la barra de color rojo sobre sus labios, juntándolos y separándolos de golpe, provocando un sonido de vacío.— Mira que a veces puedes ser muy suelta, ¿eh?
—Es que tú eres una mojigata aún, Emma... Cuando lo pruebes, ya verás. —La joven dedicó una mirada pícara y una sonrisa a su amiga a través del espejo, la cual le devolvió una mirada cínica.
—Mira... Déjalo
Emma se apoyó en el lavabo, mientras la morena terminaba, y cuando lo hizo, ambas salieron y se dirigieron a la barra, pero la mirada de la primera fue a parar al grupito que rodeaba al cantante, y esbozó una expresión de decepción. Llamó la atención de su amiga para que lo viera, pero ésta decidió no darle importancia y ambas se dispusieron a pedir, aunque alguien se les adelantó y pidió por ellas.
—Pónganos unos chupitos de vodka, jefe, que invito yo.
Killian volvió a recorrer el local con la mirada, hasta dar con su objetivo que, además, ya se había encargado Smee de entretener. Esbozó una sonrisa, agradeciendo interiormente a su compañero aquello, pero sin olvidarse del problema que tenía entre manos. Al momento en que una de ella le pidió explicaciones, el joven puso los ojos en blanco.
—Verás, amor, fue una noche... Bueno, en realidad más de una, pero sólo fue eso, ¿de acuerdo? No me va el amor, lo siento.
Esbozó una sonrisa sarcástica que, en un momento, se borró de su rostro cuando la mano de la muchacha a la que se dirigía alcanzó el mismo de lleno, con la palma abierta y provocando que todo el pub se girase a mirar qué estaba pasando, incluidas Emma y Jane, ambas con sendos vasos de chupito en la mano. Killian se giró hacia allí y, con la mano sobre la mejilla, seguramente enrojecida y marcada, esbozó una sonrisa de disculpas y, al mismo tiempo, de alivio, mientras la abeja reina y su séquito se marchaban del lugar y él se acercaba donde estaba su amigo.
—¿Dónde está Pete? —Preguntó, con curiosidad, aunque su mudo amigo no solía ser muy sociable.
—Se ha quedado dentro, a la espera de que desmontemos la batería.
—Bien... ¿Y quiénes son nuestras amigas, hm? —Inquirió, girándose hacia ellas a la par que formulaba la pregunta y mirando, especialmente, a la rubia. Sin embargo, quien respondió fue la otra muchacha, su amiga.
—Yo soy Jane Woods, y ella es Emma Swan.
—Swan... —Susurró, antes de besar las manos de ambas al más anticuado estilo, incluyendo algo similar a una reverencia.— Killian Jones. Y éste es William, pero todo el mundo le llama Smee.
En ese instante, su compañero le pasó el chupito que le correspondía, y ambos muchachos lo alzaron en el aire, a la espera de un pequeño brindis, antes de bebérselo de golpe. A Emma se le dibujó una mueca de desagrado en el rostro, y el cantante bordeó a ambas jóvenes hasta posicionarse junto a ésta, apoyando ambos antebrazos en la barra y dedicándole una mirada divertida.
—¿Demasiado fuerte para ti, amor?
—No, es que... yo... no estoy acostumbrada. —Murmuró, casi balbuceando, e intentaba apartar la mirada del moreno, sobre todo para que no se percatase de la rojez que había aflorado en su rostro. Ni que decir tenía que Killian, en cierto sentido, la intimidaba.
—Swan es un apellido precioso, por cierto. Digno de tal belleza.
Emma le dedicó una sonrisa agradecida, a conjunto con la mirada que devolvía al pirata detrás de esas gafas de pasta negra cuadradas. No parecía un mal hombre, pero después del espectáculo extraoficial con la chica de hacía unos minutos, dejaba que desear. Y estaba claro que trataba de sustituir a esa joven por ella, pero la rubia tenía cierta dignidad y no caería tan fácilmente. No como, sin embargo, Jane, a la cual vio en pleno intercambio de saliva con Smee a unos metros cuando se giró para decirle algo, pero se volvió hacia el cantante, resoplando con frustración.
—Qué rápida es...
—Será que tiene prisa. —Comentó Killian, restándole importancia, y acto seguido pidió al camarero dos vasos de whisky, a pesar de que Emma intentó impedírselo.
—No, yo no... no quiero beber...
—Venga, Swan, sólo una copa, te lo prometo. —Formó una expresión suplicante, casi como si se tratase de un cachorrito, a lo que la rubia no fue capaz de negarse, asintiendo al final.
—Bueno, está bien. Sólo una.
Ambos brindaron con sus copas y bebieron, aunque Emma volvió a expresar esa mueca otra vez que, poco a poco, trago a trago, fue desapareciendo. Incluso pidieron otra copa más, después de acabar la primera, y justo cuando Smee y Jane se acercaron a decirles que se iban.
—Pero, ¿y Pete? Hay que desmontar la bate... —Cuando el joven se giró, vio el hueco de la batería, pero no la misma.
—Pete ya se ha encargado, y se ha largado con la furgo, así que nosotros iremos a pie hasta el motel, ¿eh? Mañana te veo, Capitán.
—Hasta mañana, grumete. —Se despidió, con una sonrisa divertida, y devolvió la mirada a la rubia, que parecía un poco desorientada.— Amor, ¿estás bien?
—Sí, sí... Sí. —Ambos volvieron a brindar, y después del trago correspondiente, la joven comenzó a hablar sin tapujo alguno.— ¿Sabes? Mi padre trabaja en un canal musical de radio... Si tenéis una grabación, podría convencerle para que os ponga un par de veces al día. Así os conocería más gente, y quizá os contratase una productora.
El cantante estaba alucinando con lo que Emma le contaba, y le encantaba la idea, de modo que, después de beberse de un trago la copa, señaló la puerta con un leve gesto de cabeza.
—Tengo una maqueta grabada en mi maleta, en el motel. Si no te asusta que pueda ser un depravado sexual, puedes acompañarme y te la llevas a casa, ¿quieres?
—Mmm... —A la joven le costaba decidirse, y no era para menos. Además de la ligera embriaguez que le había provocado la primera copa, aún no se fiaba del todo de él, pero terminó por asentir y hacer lo mismo que el contrario, acabando con su copa de un trago.— Sí, sí, vamos...
Tras dejar un billete sobre la barra, Killian no tardó en echar la mano a la espalda de la joven para evitar que, en algún momento, pudiera caer al suelo por algún mareo. De hecho, a Emma se le movía bastante el suelo, pero conseguía mantenerse en pie sin problema alguno.
Tras unos quince minutos de camino, en el que la muchacha seguía hablando sobre el trabajo de su padre, y lo buenos que les habían parecido tocando, llegaron al motel en el que los tres integrantes se hospedaban, subiendo directamente a la habitación del vocal del grupo, y éste cerró la puerta tras de sí, dirigiéndose directamente hacia la cama, ya que sobre ella era donde estaba la maleta. Abrió el bolsillo exterior de la misma, y sacó una caja de cd, muy fina, y con el nombre del grupo y la canción escrito sobre la superficie del disco. Cuando se giró para exclamar un "¡Aquí está!", se encontró de cara con Emma, a una muy corta distancia de él, y sus ojos se desviaron hacia su escote. Juraría que, cuando habían llegado, tenía los botones de la blusa abrochados hasta arriba, pero ahora dejaban ver su piel, y parte de un sostén negro que hizo al cantante tragar en seco.
—¿Emma, qué...?
No le dio tiempo a concluir la pregunta, pues la rubia se abalanzó en ese momento sobre él, rodeando su cuello con los brazos y fundiendo sus labios con los del moreno en un profundo e intenso beso. Killian lo asociaba al alcohol, pero no sabía que Emma estaba perfectamente consciente de lo que hacía; aun así, el joven no se iba a quejar, de modo que lanzó la caja que contenía la maqueta sobre la cama, y, en un rápido movimiento coordinado por los instintos de ambos, las piernas de la rubia rodearon la cintura ajena, y Killian trató de estabilizarse dando unos pasos hacia delante, haciendo que la fémina quedase sentada sobre la cómoda frente a la cama, que quedaba a la altura perfecta para continuar con aquello y que, entre besos, caricias, respiraciones agitadas y jadeos que se entremezclaban entre ellos, pasara lo que tenía que pasar.
Cuando las primeras luces del día aparecieron, atravesaron la persiana de aquella habitación de motel, dejando sobre la piel de ambos líneas luminosas, mientras la diestra del cantante dejaba caricias sobre la cintura de la joven que, agotada, había caído rendida después de ese momento de pasión, lujuria, y desenfreno entre ambos que Killian no dejaba de rememorar una y otra vez. No había dormido en toda la noche, sólo para guardar el sueño de Emma, pero el cansancio empezaba a hacer mella en él y, mientras repasaba caricia tras caricia la piel de la muchacha, se terminó quedando dormido mientras amanecía, pero la rubia se despertó un rato después y, tras ponerse su ropa, recoger la maqueta que había quedado por el suelo cuando Killian despejó la cama, y echar un último vistazo a lo que quedaba de esa intensa noche, desapareció sin dejar rastro para ese muchacho que dormía profundamente, y al que, seguramente, no volvería a ver después de aquello.
