Este fic contiene spoilers de todos libros de Canción de Hielo y Fuego (hasta Danza de Dragones), aunque está inspirado en los personajes de la serie creada por HBO. Ni Juego de Tronos ni Canción de hielo y fuego son míos, sino de George R.R. Martin y HBO. Y el título, se lo debo a la serie 50 sombras de Grey, de E.L. James. El argumento del fic no tiene nada que ver con este libro, no es un crossover. Pero me hicieron gracia las coincidencias evidentes.

Espero vuestros comentarios y sugerencias. ¡Depende de vosotros que esto siga adelante!

I

—¿El bastardo de Bolton? ¿Estás loco? No pienso aceptar ese compromiso.

Euron Ojo de Cuervo observó con paciencia los finos grabados que cubrían el cristal de su copa. No era un hombre paciente y no solía aceptar las quejas de ninguno de sus hombres, pero aquel era un caso distinto. Resha era la única de sus vástagos a la que había reconocido como hija legítima, aunque no lo fuera. Era su favorita, las más competente de entre todos los inútiles que había traído a la vida. Al menos ella era una auténtica pirata. Una princesa pirata, ahora que él era el rey de las Islas del Hierro y ella, por fin, una Greyjoy.

—Comprendo tu reticencia. Pero no vamos a discutirlo —dijo al fin, dejando la copa en la mesa con cuidado. Sus movimientos eran tranquilos, tal vez para disimular que por dentro las dudas le corroían el alma. La muchacha tenía razón en no aceptar aquel matrimonio. El tipo era un miserable, un torturador.

—Dios mío, dejó morir a su primera esposa. ¡Y está casado!

—Ya no —Euron se puso de pie, aquella conversación empezaba a aburrirlo—. El matrimonio con Arya Stark fue anulado. La chica no era quien decía ser.

—¿Y qué me dices de Theon?

Euron se detuvo y observó a su hija. Era una joven bonita, pero no tenía la hermosura de su madre. Los años de sol y agua le habían curtido la piel como a cualquier otro marinero. Ni siquiera se preocupaba demasiado en cuidar aquella cabellera castaña que había sacado del Dios Ahogado sabía dónde. Sería difícil contentar al bastardo de Bolton con aquello. Pero lo necesitaba para conseguir Invernalia. Lo necesitaba porque necesitaba a Roose Bolton. Y si había una mujer en el mundo capaz de soportar a alguien como Ramsay Snow, seguramente era Resha.

—No hay nada más que hablar. Vete a prepararte.

Euron salió de la habitación y Resha observó la puerta estupefacta. ¿Prepararse? No pensaba ir a Invernalia de ninguna manera. Embarcaría a primera hora, en cuanto subiese la marea. Salió de su habitación dispuesta a encontrarse con su tripulación, pero en el salón la esperaba su madre, Lady Arianne. Resha se envaró en cuanto la vio. No se sentía cómoda con su madre.

—Hija —La dama se acercó a la joven, que la esperaba con gesto hosco—. Me alegro de verte.

—Madre.

Aunque tenían rasgos en común, Lady Arianne era, a su edad, una belleza comparable a la de la reina Cersei. Había enviudado antes de conocer a Euron y, aunque no aceptó jamás el título de esposa de sal, ese había sido su papel al lado del pirata durante los últimos veinte años. Resha había llegado poco después de iniciar aquella tormentosa aunque estable relación con Ojo de Cuervo. Pero de poco habían servido sus intentos por convertir a Resha en una joven dama digna de presentarse en Desembarco del Rey. Resha era una Hija del Hierro de los pies a la cabeza. Lo suyo no eran las sedas y las joyas. Habría sido mejor que naciera hombre. Arianne estaba convencida de que aquello era culpa de la sangre Greyjoy, que asalvajaba a las mujeres, lanzándolas a una vida en el mar y obligándolas a perseguir al kraken durante toda su vida. Pero aquello daba igual. Tenía una semana para dotar a Resha de una apariencia respetable y de un ajuar digno de una dama de Poniente.

Arianne observó el aspecto indómito de su hija, la ropa de un negro azulado, cubierta de tachuelas y sal, y el pelo recogido de cualquier manera. El bastardo de Bolton no era un idiota. Aquella mujer no era algo que pudiese desear, aunque llegase rodeada de una flota de cien barcos.

—Tenemos trabajo que hacer.

Resha dejó escapar una risa irónica.

—No, no tenemos ningún trabajo que hacer. Me voy.

Arianne sacudió la cabeza.

—Si esperas poder escapar en alguno de tus barcos, me temo que tu padre se te ha adelantado. Las órdenes estaban dadas desde hace días.

Resha apretó los labios, furiosa.

—¿Soy una prisionera de Pyke?

—Puedes verlo como quieras —Respondió Arianne—. Eres una Greyjoy y tendrás que hacer lo que se te ordene.

Resha sacudió la cabeza. Empezaba a pensar que su familia se había vuelto loca. Todos parecían tan tranquilos, tan normales, como si no fueran a entregarla —o a intentarlo— a un loco sanguinario que se dedicaba a violar y desollar mujeres por deporte. Y eso sin contar el hecho de que ella no estaba hecha para casarse. Era capitana de una flota de diez barcos. No necesitaba un estúpido marido agricultor.

—No puedo creer esto. Me estáis vendiendo por la posibilidad remota de conseguir poner un pie en tierra. Es absurdo. ¿No os acordáis a de nuestro lema? ¡Nosotros no sembramos! Esto es tan absurdo que… —Se encogió de hombros. No sabía qué decir. Aquello era ridículo.

Arianne se acercó a su hija y le puso una mano en el hombro, con cuidado.

—Piensa que vas a la guerra. Una guerra en la que las mujeres jugamos un papel distinto —Suspiró—. Sin embargo, en este caso, creo que será una guerra auténtica. Lo siento tanto, hija mía…

Resha se sacudió la mano de su madre.

—No pienso cambiar de ropa para impresionar a ese malnacido.

—Lo harás —Respondió Arianne—. Si quieres tener alguna oportunidad de seguir viva.

—No me conoces, madre. Ni tú, ni Euron. Estáis equivocados si creéis que esto va a salir bien.

Arianne observó con preocupación a la que una vez fue su querida niña. Quedaba poco de ella en aquella mujer que tenía delante. Y tal vez era mejor así. El juego al que estaban a punto de jugar no era un juego sencillo. Y la partida iba a ser complicada.

(Continuará)