Disclaimer: Harry Potter le pertenece a la maravillosa Rowling, yo sólo juego con sus personajes, sin fines de lucro.
...
Summary: Victoire y Dominique Weasley no podían ser más diferentes, no podían ser más desiguales. Pero eran hermanas, y las hermanas siempre se apoyaban.
Mi hermana querida
Parte I
La primera pregunta que hizo Victoire Weasley fue:
—¿Y Nique?
Si Fleur estuvo sorprendida por la repentina pregunta, no lo demostró. Antes bien señaló hacia las escaleras.
Victoire asintió y siguió la dirección que indicaban los dedos de su madre. Una vez en el segundo piso, ella no dudó, sabía exactamente a dónde dirigirse. Pasó de largo la puerta de la habitación de sus padres, ignoró a Louis cuando preguntó a dónde iba con tanta prisa, y se detuvo exactamente en la puerta de su hermana.
Cerrada.
Victoire tocó la puerta. No hubo respuesta.
—Soy yo, Nique.
Nuevamente no hubo respuesta.
Victoire tocó de nuevo, impaciente. ¿Por qué Nique insistía en encerrarse? ¿Por qué no hablaba con ella? ¡Ella estaba segura que podía ayudarla! Pero sólo si Nique la dejaba.
—Vamos, Nique. Abre la puerta.
No que lo necesitara. Con la varita podía deshacer el hechizo que tenía la puerta, pero prefería que Nique la abriera.
Al otro lado de la puerta le contestaron:
—Vete.
—¿Qué sucedió, Nique? Dime, por favor.
Silencio.
Victoire bufó: —Abre la puerta, por favor. Dime qué sucedió. Tal vez pueda ayudarte.
—No, no puedes—gruñó Nique.
A Victoire le dolió eso. Claro que podía, siempre podía ayudar a su hermana. Había una conexión entre ellas, se apoyaban la una en la otra.
—Somos hermanas, Nique. Si yo no puedo ayudarte, ¿quién puede hacerlo? Vamos, por favor.
Nuevamente el silencio.
Victoire empezaba a desesperarse. ¿Por qué Dominique era tan terca? ¿Por qué no entendía que ella quería ayudarla?
—Nique, o abres la puerta o…
—Es tu culpa. Todo es tu culpa.
—¿Mi culpa? —preguntó extrañada—. ¿Por qué mi culpa?
—Si no fuera por ti…
Victoire escuchó el clic de la puerta - el que indicaba que se estaba abriendo -, y suspiró de alivio.
El alivio sin embargo le duró poco.
—¿Nique qué…?
Dominique estaba sentada en el piso, rodeada de lo que parecían restos de algún vidrio, pero también había papeles destrozados, tinta derramada, una pluma rota, y dos colillas de cigarro. Pero lo peor era el propio aspecto de Nique: usaba una vieja camiseta de los Falmouth Falcons - que de tanto usarla se había estirado hasta quedarle de vestido -, agujereada y deslucida, y con un rastro de algo que parecía vómito. ¿Nique había vomitado? Miró el rostro de su hermana: Nique había llorado, tenía el rímel corrido, y la cara hinchada de sufrimiento.
Victoire estaba muda mientras contemplaba aquel espectáculo. ¿Pero qué había pasado? ¿Cómo es que Nique, su pelirroja y pecosa hermana, había llegado a ese punto?
—Anda, ríete de mi miseria.
Victoire salió de su estupor y se cruzó de brazos. —¿Por qué me reiría, Nique?
—¿Y por qué no? Yo lo haría.
Victoire rodó los ojos. —Dime qué pasó.
—Nada.
—Nique…—advirtió Victoire. ¿Cómo podía decir "nada" si ella estaba viendo señales que indicaban lo contrario?
—Ya te dije que nada, Toire, no insistas.
En ese momento Victoire toma una decisión. Con mucho cuidado, atravesó el cuarto de su hermana - tuvo la impresión de atravesar un campo minado - y se sentó en la cama.
—¿No estás apurada? Creí que te verías con Teddy…
Nique intentaba ganar tiempo, pero eso no funcionaría, este día no, se dijo Victoire.
—Tengo tiempo—replicó la rubia —y lo voy a invertir en escucharte. Así que desembucha.
Silencio.
Nique se quedó mirando a la nada. Victoire empezó a contar mentalmente. Diez, sólo voy a darle diez segundos, pensó.
—Está bien…
—¡Al fin!—exclamó Victoire.
—Te voy a decir, pero promete que no vas a burlarte, Toire.
Victoire bufó por segunda vez. —Y otra vez con eso. No voy a burlarme, Nique, lo prometo.
Pasaron otros minutos de silencio. Victoire estaba realmente desesperada, consideró incluso llamar al Jefe de Aurores - léase el tío Harry - para que le sacaran la información a Nique.
—Hay un chico en Hogwarts…
Victoire no pudo evitarlo y replicó: —Hay miles de chicos en Hogwarts.
Nique bufó y la miró con mala cara.
—¡Qué lista, Toire! ¿Quién te entiende? Primero, quieres que te cuente y ahora que lo hago, fastidias.
—Lo siento, realmente lo siento. ¿Me perdonas?
Dominique la miró fijamente, como si estudiara la posibilidad de no decir más nada. Decidió que se lo contaría y repitió:
—Hay un chico en Hogwarts…
—Ajá.
—Qué me gusta.
Toire lanzó un gemido de emoción. Nique se intentó echar para atrás, pero ya era tarde, los brazos de su hermana la encerraron y le hicieron imposible el escape. El abrazo sofocante se completó con chillidos en el oído de Nique, y la pelirroja consideró por un momento enviar a su hermana a San Mungo.
—¡No puedo respirar, Toire!
—¡Mon Dieu! (1) Mi hermanita ya es toda una mujer. ¡Le gustan los chicos!
Nique bufó y consiguió zafarse de los brazos de Toire. —¿Sabes?, a veces me pregunto quién de las dos es la hermana mayor.
Victoire se encogió de hombros, nada avergonzada por su arranque.
—Yo, por supuesto, soy la que tiene más experiencia.
—Si tú lo dices…
—Vamos a cambiar de tema. Quiero saberlo todo. ¡Oh, mon Dieu! ¡Mi hermanita ya es toda una mujer!
—¡Basta, Toire!
Victoire no le prestó atención.
—Detalles, quiero detalles. ¡Quiero saber todo!
—¿Qué…? ¿Qué quieres saber?
—¡Todo! ¿Cómo se llama? ¿Va a sexto? ¿Va a Ravenclaw? ¿Ya te pidió salir?—preguntó aquello muy rápidamente.
Nique hizo una mueca.
—Una pregunta a la vez, Toire. Se llama Thomas…
—Me gusta, es lindo ese nombre.
—¿Me vas a dejar hablar?—preguntó Nique con impaciencia.
—Sí, continúa. Es que estoy tan emocionada…
—Se nota—masculló. Victoire hizo un gesto quitándole importancia—. En fin… Va a séptimo, no a sexto. Tampoco es Ravenclaw, es… es un Slytherin… —terminó de decir tímidamente. Victoire por supuesto lo notó y preguntó extrañada:
—¿Por qué ese miedo?
—Es un slytherin.
—¿Y?—preguntó Victoire sin entender. ¿Qué importaba el asunto de las casas? —. Te recuerdo que Albus está en Slytherin.
—Sí, bueno pero Albus… Albus es nuestro primo. En cambio Thomas…
—Si él te gusta y él gusta de ti, no hay ningún problema—señaló Victoire. ¿Eso era todo? ¿Nique se había deprimido, hasta el punto de encerrarse en su cuarto, porque Thomas estaba en Slytherin? Eso era tan absurdo que Victoire no sabía si reírse o sentir lástima por Nique y su dramatismo.
—Ahí está el problema—dijo Nique, en voz tan baja que era un milagro que la hubiera escuchado.
Bueno, no era un verdadero milagro. Benditos genes lobunos heredados de mi padre, pensó Vic, hacen que uno escuche hasta lo que no quiere escuchar, pensó, recordando todas las veces que sin querer escuchó como sus padres tenían sexo.
Pero se obligó a olvidarse de sus traumas y a preguntar:
—¿Cuál es el problema, Nique?
—Yo no le gusto.
—Ah, entiendo.
Pero en realidad, Victoire no entendía. Si ese tal Thomas no gustaba de Nique, ese era su problema, no el de Nique. Allá él que se perdía el estar con la maravillosa persona que era su hermana.
—No, no lo entiendes—gruñó Nique —. No le gustó, le gusta alguien más. Le gusta… bueno, le gustas tú.
Victoire estaba tan sorprendida que sólo atinó a decir:
—¿Yo? —Luego, como si entendiera que tenía que decir algo más, agregó: —. ¿Le gusto yo?
—No te hagas la sorprendida—masculló Nique. Su cara era una tormenta de emociones que iban desde la tristeza y la frustración por no ser correspondida, y la ira y la rabia por sentirse desplazada por nada más y nada menos que su hermana —. Eres guapa, siempre lo has sido. Todos los tíos quieren estar contigo. Y Thomas… Thomas te recuerda y quiere…
—¿Quiere llegar a mí a través de ti?—preguntó Victoire incrédula. Nique asintió y Victoire sintió la rabia burbujeando en su cuerpo —. ¡Quelle horreur! (2) ¡Será cerdo! Es un cabrón egoísta, Nique. No vale la pena, ¿ok? No lo vale.
Pero Nique escondió su rostro en sus piernas, los sollozos hicieron que sus hombros temblaran. Dolida por ella, Victoire la abrazó, o lo intentó al menos, porque Dominique se resistió. Pero Victoire era tan terca como Nique - cuidado si no más - y pronto consiguió vencer las defensas de su hermana.
Nique lloró por horas - o quizás sólo algunos minutos -, sostenida por Victoire, quien maldecía a todos los descendientes de ese tal Thomas. Cuando termine contigo, sólo quedará un rastro de mierda en el piso, lo prometo, se dijo. Nadie se atreve a hacer llorar a mi hermana, nadie, afirmó.
Poco a poco Nique se calmó y recuperó el control de sí misma, pero no terminó el abrazo. Los brazos de Toire traían consigo algo de consuelo y Nique no quería renunciar a eso.
—Y ahora pienso… Ahora pienso…
—¿Qué piensas? Nique, dime por favor.
En otras circunstancias aquel ruego de Victoire hubiera sido en vano, pero Dominique estaba sensible luego de su llanto, y contestó:
—¿Y si a nadie le gustó?
—¿Qué?
Nuevamente Victoire sintió ganas de reír, ahora por la incredulidad que le inspiraba lo que acaba de oír.
—¿Cómo es eso de a nadie le vas a gustar?
—¡No te burles! —la acusó Nique—. Es la verdad.
—¿La verdad? Nique…
¿Cómo era posible? ¿Cómo era posible que su hermana creyera que no iba a gustar a nadie? ¿Qué no se veía en el espejo?
—Al lado de ti… ¿quién…?
—¿Quién qué?—Victoire sospechaba lo que Dominique iba a decir pero quería escucharlo.
Nique volvió a enterrar su cabeza en sus piernas, y lo próximo que escuchó Victoire, fue gracias a sus oídos desarrollados.
—¿Quién quería estar conmigo?
Silencio.
Dominique hasta pensó que Victoire se había ido, pero la pudo sentir con sus sentidos de lobo, con su olfato. Victoire olía a primavera, a rocío y a un té de las cinco de la tarde, y Nique sabía que ese olor no había abandonado la habitación.
Nique levantó la cabeza y giró su cabeza hacia donde sabía que estaba su hermana.
—Victoire…—intentó una vez más.
Silencio.
Dominique maldijo mentalmente a Merlín; era Victoire la que tenía paciencia para penetrar en los silencios de los demás. Tenía experiencia con ella, con Teddy, incluso con su madre que era la más cerrada de todos - mamá debió ir a Slytherin, si hubiera asistido a Hogwarts, de seguro hubiera ido a Slytherin, pensó Dominique sin que eso viniera a cuento -. Era Victoire la encargada de hablar con aquel que no quería hablar, no Dominique.
—Victoire, di algo, por favor.
Por suerte para ella, Toire no se hizo de rogar.
—¿Tú realmente crees eso? —no esperó respuesta y siguió hablando, sin mirarla siquiera —. ¿Crees que al lado de mí nadie se fijará en ti?
Dominique dudó, pero al final claudicó:
—La… la experiencia me ha demostrado que así es.
—¿La experiencia? —preguntó Victoire irónica. Lanzó una carcajada que no tenía nada de divertida —. ¿Cuál experiencia? ¿La de un tipo que es tan enfermo que te dice a ti que quiere conocerme a mí en lugar de conocerte a ti?
Por favor, Dominique tenía que darse cuenta que la opinión de ese idiota de Thomas no era valedera. Hasta con desmaius, Victoire se lo iba a hacer entender.
—Él… él no me dijo nada. Fue Albus quien…
—¡Me da lo mismo, Dominique! —estalló. Victoire empezó a pasear por el cuarto, sin preocuparse por donde pisaba —. ¿Cómo le puedes creer a ese anormal? Es un cerdo. ¡Es un maldito cabrón y no merece que tú le creas! No todos los hombres son como Thomas, ¿ok?—señaló a Nique con su dedo índice —. Si ese cerdo egoísta no ve lo especial que eres, es porque está ciego, vendrán otros mil que sí sabrán apreciar lo que tienes, lo que te hace… lo que te hace especial, Nique.
—Yo no soy especial.
(1) Mon Dieu: Dios mío en francés.
(2) Quelle horreur: Qué horrible, también en francés.
Notas de la autora:
Originalmente esto iba a ser un one-shoot, pero al final decidí dividirlo en dos partes, por aquello de que se lee mejor (pienso yo). Espero que les guste!
