Los personajes de Inuyasha pertenecen a la gran Rumiko, yo solo los tomó prestados para poder dar forma a la trama la cual si me pertenece. Todo sin lucro y solo con el afán de entretener.


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Basado en la canción "Esa Chica" de LODV.


Esa Chica

Se cepillaba su larga cabellera negra frente a su tocador, en el pasillo escuchaba a sus asistentes ir y venir a toda prisa. Tenía todo un equipo de personas a su disposición, siempre rodeada de gente. Bastaba un chasquido de dedos para que le consiguiesen lo que deseaba en ese momento. Que si deseaba fresas con chocolate, tenía las mejores; tenía apetito de soda de frambuesa, le llevaban seis marcas diferentes. Tenía patrocinadores que la llenaban de las últimas tendencias.

Esa tarde daría un concierto y a la siguiente noche se presentaría en un programa de televisión, conviviría con unas pequeñas que luchaban contra el cáncer y eran sus fans. Los medios de comunicación hablaban maravillas de ella, tenía talento, era la imagen de la japonesa ideal, sabía la ceremonia del té, el ikebana; hablaba tres idiomas, tenía cursos de cocina y era la autora de sus propias canciones. Todo eso la convertía en el modelo a seguir de las jovencitas, claro que sin olvidar que en sus canciones les daba consejos de cómo afrontar la vida, en que ellas podían salir adelante en un mundo controlado por los varones, a no sufrir por hombres que las botaban porque ellas valían más que eso.

Se acercó al espejo para ponerse delineador ¿Cuándo fue la última vez que salió sin maquillaje? ¿Cuándo fue la última vez que no se preocupó porque su cabellera luciera perfecta? Lo sabía, fue cuando vivía en su pueblo natal.

Recordaba la vida en su pueblo, siempre jugaba con los niños de la colonia, desde antes de ser famosa ya tenía sus admiradores: Su familia; cada fin de semana les cantaba a los ancianos del asilo mientras tocaba la guitarra, era feliz con saber que alegraba la vida de esas personas. Tal vez parecía loca al jugar sobre las hojas secas o saltar en los charcos de agua, cuando el viento cálido del verano soplaba no se molestaba en desanudar su cabellera, así le gustaba, nadie le criticaba. La gente decía que tenía una relajante risa, que transmitía paz.

—Señorita Higurashi.— llamó su modista.— ¿Azul o verde el vestido para mañana?

—Verde.

—Pensándolo mejor, creo que un rosa le iría mejor.— le mostraron un vestido con holanes.— ¿Zapatillas altas o bajas?

—Bajas.

—Con el ese vestido rosa las altas van mejor.— suspiró cansada ¿Por qué le preguntaban su opinión si terminaban por elegir ellos?— En una hora partimos al "Tokio Digital Theater Dome".

—Señorita, le llegó esto.— dijo un joven al entrar con un ramo de flores.

Esperó a que le dejasen nuevamente sola para ir a ver la tarjeta, de nuevo ese actor francés ¿Por qué no entendía que ella no estaba interesada? Solo podía pensar en un chico en especial.

¿Cómo olvidarlo? Le había gustado desde que le vio ayudando en el templo de la familia, sus increíbles ojos miel la conquistaron. A pesar de salir a pasear juntos, nunca formalizaron su relación.

...

Los reflectores del escenario la cegaban, las luces en el público la mareaban, aun así, mantenía la sincronización y no dejaba de cantar. Miles de personas coreaban sus canciones, sus conciertos siempre estaban llenos y hasta faltaban lugares, pero solo le importaba que entre todos ellos estuviese "Él". Cambiaría todos sus premios, su guardarropa completo, por un día poder volver al pórtico donde siempre "Él" aparecía para verla, donde Inuyasha alegraba su día.

Buenos días.— saludó emocionada.

Te he dicho que pasó por ti.

Nos desviaríamos más y quiero aprovechar lo más que se pueda el festival de verano.

De nuevo con tu guitarra.

El señor Goro me pidió que le acompañase en su presentación.— sintió que el instrumentó le era quitado e Inuyasha ahora lo llevaba, ella le tomó del brazo y caminaron juntos.

A los 16 años, gracias a un vídeo que sus amigas subieron a internet, llegó la oportunidad de ser famosa. Se vio seducida por un mundo de fama, se volvió la princesa de un mundo lleno de falsas sonrisas, de falsos amigos, falsas promesas y falso amor.

Hace años que no era feliz, podía tener millones de fans, aparecer en las portadas de revistas y modelar para altos diseñadores. Pero eso no le llenaba, eso no le daba el amor que había perdido.

¡Sus asistentes eran más felices que ella!

—Buen trabajo el de hoy, estoy muy satisfecha con todos, se merecen un descanso, pero antes, he mandado preparar una cena para todos.— le gustaba premiar el trabajo bien hecho.

—Señorita Higurashi ¿No se queda?— preguntó alguien.

—Me encantaría pero debo preparar todo para mañana.— la verdad era que quería estar sola, le costaba mantener esa sonrisa cuando estaba destrozada por dentro.

—Esas niñas no han de poder dormir por la emoción.— dijo alguien más.


Le alegraba poder llenar de felicidad y esperanza a esas pequeñas que luchaban por su salud, entre ellas había quienes querían ser abogadas, biólogas, maestras, científicas… Le entristecía que muchas no lo lograrían.

—Señorita, antes de ser famosa ¿Qué deseaba ser?— preguntó una pequeña.

—Médico pediatra, atender pequeñas como ustedes.

—¡Usted es fabulosa!— gritaron las pequeñas.

—Les tengo un regalo a cada una.— chillidos de felicidad inundaron el set.— Son pelucas hechas especialmente para ustedes, pero recuerden que el no tener cabello no las hace menos hermosas, ustedes son bellas tal como son.

—¡Muchas gracias!

Después de recibir sus presentes, las niñas corrieron hasta sus familias. Los padres les recibieron en medio de lágrimas, les llenaron de besos y abrazos. ¿Cuándo fue que recibió algo de eso? Desde hace años no tenía contacto con su familia, la última vez que vio a su madre fue tres años atrás, cada mes les manda algún obsequio pero su apretada agenda le impedía visitarles.

Entró a su dormitorio en ese hotel de lujo, en la mesa había un paquete con una nota. "Señorita, feliz cumpleaños adelantado, mañana no podré verla. Aproveche el fin de semana y visite a su familia." Lo había olvidado, sacó el pastel de la caja, no era de una tienda gourmed, era de minisúper, pero en los últimos años era lo mejor que había recibido. A pesar de que la nota no estaba firmada supo de quien era, la señora de la limpieza, esa amable mujer fue como su abuela en esos años, tal vez, fuese la única que notaba que sufría.

Tomó su vieja guitarra, recordaba muy bien su último cumpleaños en familia.

Hija ¡Feliz cumpleaños!- le felicitó su madre al entrar a la cocina. Preparé el pastel que te gusta "coco y nuez".

Voy a esconderlo para que me dure.

No es todo, toma.- le entregó una guitarra.

Mamá…

La otra ya era pequeña, ¡Toca algo! Siempre es grato escucharte.

Encendió la televisión y lo primero que vio fue una noticia sobre ella.

"La Idol Kagome ayer dio un espectáculo como ella solo sabe "Perfecto", no dejó a sus fans insatisfechos..."

Mientras se daba la notica entró al baño para quitarse el maquillaje, al salir, se mostraban imágenes de su concierto.

"Siempre mostrando una sonrisa que la caracteriza. Pero lo que más sorprendió y llegó a los corazones, fue la balada de amor

¿Será para algún ex o para un nuevo amor? Alguien tan risueña, amable y bondadosa se merece alguien que la ame."

Molesta apagó el aparato ¡Ellos que iban a saber de sus sentimientos! ¡Que iban a saber lo que ella sufría! Se acercó a la ventana, el cielo nocturno estaba oscuro.

¿Cuándo fue la última vez que vio las estrellas? Estrellas naturales y no esas artificiales del hotel. Deseaba cambiar esas estrellas del Resort por las estrellas de su pueblo, quería sentir la calidez que las noches estrelladas le daban, quería sentir el aroma masculino del chico que amaba, que le prestase su chamarra para cubrirla del frio, ni las mejores mantas le llenaban de ese calor que necesitaba.

—¿Tú quién eres y que has hecho con aquella que fui yo?— preguntó a su reflejó, ya no se reconocía sin maquillaje, deseaba que alguien le dijese que sin tantas plastas pintura lucía mucho mejor, que era bonita sin todos esos productos de más.

Las lágrimas bajaron por su rostro, no se molestó en limpiarlas, que más daba que alguien entrase y la viese llorando, extrañaba todo lo que más quería. Era ahora que sentía que estaba fuera de lugar, ese no era su sueño, ella quería volver a su pueblo, volver a sonreír de verdad. Volver a ser la jovencita loca que tenía un verdadero hogar.


Tenía ganas de llorar de felicidad, Inuyasha seguía viviendo en la misma casa. Los años le hicieron justicia, ya no era ese joven de 19 años, su aspecto ahora era más maduro y le encantó. Seguía enamora de él, su estómago se llenó de mariposas y su corazón latía rápido. No le avisó a su familia que volvía, no quería un gran alboroto y deseaba sorprenderle.

—Inuyasha.— susurró.

Su corazón volvió a latir y llenarse de calidez, sonrió como hace mucho no hacía, él le dedicaba la más hermosa sonrisa que jamás recordó, una sonrisa que reflejaba amor.

Caminó unos pasos más y se quedó congelada al ver que no era a ella a quien sonreía. Inuyasha le sonreía a un pequeño, no tendría más de dos años. Debía calmarse, tal vez era su sobrino. Recordaba que el chico tenía un hermano mayor.

—¡Eso es cachorro! ¡Pudiste caminar tu solo!— dijo eufórico al cargar al niño.— Vamos a llamar a mamá para que te vea.

—¡Paaaaapá!

—No, grítale a "mamá".

—¡Paaapá!

—Te gusta hacerme repelar ¿Verdad?

Se quedó congelada, Inuyasha había hecho su vida sin ella. Era obvio, habían pasado doce años. Ahora él tenía 31 y ella 28. Se tardó mucho en volver. Volvió a esconderse tras un árbol no quería que la viesen llorar.

Había perdido lo más importante por seguir un sueño vacío.


20/02/2017

Soy débil, tengo historias pendiente y me pongo a escribir esto T_T. Pero es algo corto y por el insomnio lo terminé.

¿Les gustó? :D