Lamento Silencioso
Saint Seiya ni sus personajes me pertenecen, son de propiedad exclusiva de Masami Kurumada.
Un Drabble :).
Sin siquiera atreverte a mirar atrás dejaste mi templo aquella noche, no me dijiste adiós, ni hasta luego, solo se escuchaba tu paso pesado sobre la roca del templo al salir de Escorpión. Si hubiera sabido que aquella sería el último momento en el que te vería con vida, no te habría dejado marchar, te hubiera retenido entre mis brazos y te habría aprisionado lejos de todo lo que quisiera dañarte.
Me pregunto si al menos eras consciente del dolor que ibas a causarme con tu decisión, de la tristeza y desolación. Tú decidiste por los dos, quisiste enfrentarte a tu discípulo, aun sabiendo que esa lucha te llevaría a la muerte. El dolor se abre paso en mi corazón al verte tendido sobre la fría roca de tu templo, tu rostro inerte y congelado, tu cuerpo sin vida.
Intento consolarme a mí mismo diciéndome que lo hiciste como un deber de caballero, pero mis traicioneros pensamientos no hacen más que insinuarme, que yo no fui lo suficientemente importante para retenerte en este mundo, que a pesar de todo lo que compartirnos, y del infinito amor que te profese, no fue suficiente para llegar a tu helado corazón. Y que en cambio ese muchachito si lo fue, tanto que hasta llegaste a dar tu vida solo por verlo crecer.
No son solo las dudas las cuales atormentaran mi mente y mi alma, sino la soledad de tu partida repentina y abrupta, era solo ayer cuando planeábamos que haríamos a la semana próxima, y tú ya no estas a mi lado. Caíste como un fiel guerrero de Athena, pero eso no disminuye mi pena de ya no saberte a mi lado.
Nunca dudes que te amé, fuiste todo para mí, el tiempo que compartimos juntos, es el tesoro más valioso que puedo poseer, tus tímidas y raras sonrisas me harán más falta de lo que te podrías imaginar. Solo espero que mis crueles pensamientos estén equivocado, y que el amor que tu decías tenerme si haya existido, pues aquello será lo único que pueda sostenerme, después de tantos lamentos en lo más silencioso de la soledad.
—Hasta que nos volvamos a ver Camus.
