Hola a todos, les traigo un Fanfic sobre FE Rekka no Ken, luego de hacer la ruta de Lyn probablemente tomare la de Héctor y no Eliwood, aunque puede que cambie de opinión en el camino. Aunque la historia seguirá la trama original, enfocándose en mi OC, habrá uno que otro desvió. Espero que les guste, todas las críticas, siempre que sean constructivas serán muy bien recibidas.
-FE y todos sus personajes son propiedad de Intelligent Systems y Nintendo.
-Todos los OCs que aparezcan son de mi creación.
Capítulo I
-¿Te has despertado ya?-
-…- Poco a poco abrió sus ojos para acostumbrarse a la luz, podía distinguir una figura femenina a su lado, sin embargo, tardo un par de minutos en poder enfocar su vista. Frente a ella, sosteniendo un tazón se encontraba una chica me mediana estatura, delgada y de cabello y ojos verdes, parecía no superar los 16 años. Intento incorporarse, sin embargo, el solo intento hacia que todo a su alrededor comenzara a girar, por lo cual prefirió mantenerse recostada un poco más.
-¿Dónde estoy?-
-Te encontré inconsciente en las llanuras con las ropas echas girones y algunas heridas, pero no te preocupes, ya me encargue de ellas y no tienes nada grave, aunque parece que te diste un buen golpe en la cabeza, ¿Cómo te llamas?-
-¿Eh? ¿Mi nombre?... – Tras infructuosos intentos se dio cuenta de que no lo sabía, de hecho le era imposible recordar cualquier cosa antes de este instante, y cada esfuerzo resultaba en una punzada en la cabeza - …. Mi cabeza está completamente en blanco…-
-No te preocupes, seguramente debe ser por el golpe, a veces sucede, seguramente con el tiempo iras recordando todo, así que no te sobreesfuerzes, toma, prepare algo de avena, estuviste inconsciente durante un día completo así que debes estar muerta de hambre-
-Gracias, emmm…-
-Mi nombre es Lyndis, perteneciente a la tribu de los Lorcas, aquí estarás a salvo hasta que te recuperes así que no te preocupes. Vamos, yo te ayudare a sentarte para que puedas comer-, la nómada le asistió para poder incorporarse, aun se encontraba mareada, sin embargo algunos almohadones le ayudaron a mantenerse estable, cuando estuvo en una posición cómoda y segura, Lyndis puso el tazón en su falda y le facilito una cuchara.
-Lyndis… -
-¿Necesitas que te ayude a comer?-
-No, no es eso. Me preguntaba si traía conmigo objetos que me ayuden a recordar algo-
-La verdad es que no, no había ningún tipo de bolso cerca de ti y entre tus ropas no encontré ninguna cosa, mi suposición es que quizás te asaltaron, te dieron una paliza y cuando pensaron que estabas muerta simplemente te dejaron botada ahí. Déjame decirte que tuviste mucha suerte, últimamente andan muchos bandidos por la zona, una chica no debería andar sola por estos lugares, te podría haber pasado algo peor…-
-Supongo que es verdad, aunque aún no estamos seguras de sí estaba sola, quizás me separe de algún grupo-
-Es posible, aunque el sector en que te encontré no es una ruta común, no habían huellas de carretas ni nada que indicara el paso de alguna caravana o de caballos. De hecho, solo pude percatarme de un par de pisadas, las tuyas. No quise seguir investigando ya que podían haber bandidos cerca, y como estabas tan mal herida, lo mejor era traerte a mi casa lo antes posible. Pero si quieres podemos regresar al lugar mañana cuando te sientas mejor-
-Esa es buena idea, me encantaría ir ahora mismo pero no me veo capaz de poner un pie fuera de la cama-
-Lo mejor será dejarlo para mañana, por ahora solo procura comer y descansar, iré a alimentar a mi caballo, no tardo-
En cuanto vio salir a Lyndis de la carpa un suspiro de resignación salió de su boca y luego se hecho una cucharada de avena a la boca, la mastico con calma mientras asimilaba el sabor.
Cuando termino de comer dejo el tazón junto a su cama eh hizo un nuevo intento por ponerse de pie. Gracias a la avena tenía más energías, sumado a esto, el mareo había disminuido considerablemente, por lo cual no le fue tan difícil mantenerse en pie. Fue paso a paso acostumbrando sus piernas, hasta que el mundo le pareció mucho más firme, y fue capaz de trasladarse de un lado al otro de la habitación en donde había un lavatorio sobre una caja de madera, tomo un jarrón con agua que había en el piso y procedió a vaciarlo hasta que este estuvo lleno hasta la mitad.
En el reflejo del agua por fin pudo ver como lucia su rostro, podía ver que su edad estaba cercana a la de Lyndis, su cabello era igual de largo pero negro como la misma noche, su piel era un poco más clara y sus ojos, de un azul claro creaban un interesante contraste. Por sus facciones también pudo saber que no era de los alrededores, a diferencia de Lyndis, no poseía ni el más mínimo rasgo de los nómades de Sacae, por lo que debía de ser extranjera.
-¡Tenemos problemas!, bandidos han bajado desde las montañas de Bern, lo más probable es que quieran atacar los pueblos cercanos, debo detenerlos- la peliverde había regresado notablemente alterada a la carpa, tomo una espada que estaba apoyada sobre una mesa y se dirigió nuevamente hacia la entrada.
-Tú quédate aquí, con algo de suerte no serán muchos y me las podre apañar sola-
-Espera un momento Lyndis, es muy peligroso, yo iré contigo-
-Claro que no, no estás en condiciones de pelear, además… si no sabes manejar un arma solo me estorbarías-
-¡Aun así!, si me quedo aquí no estaré tranquila, así que iré contigo quieras o no-
-… De acuerdo…-
Saliendo de la carpa, Lyndis se acercó hasta su yegua, la cual se encontraba lista para ser montada, -vamos, súbete, si algo me llegara a suceder te iras al pueblo más cercano a dar aviso, lluvia sabe el camino así que no será un problema llegar-
La pelinegra hizo una mueca, era evidente que no la abandonaría ahí, si es que la situación las superara la obligaría a huir con ella, fuera como fuera. Sin decirle nada más se subió a la yegua, tras ella se subió Lyndis y fueron al encuentro de los bandidos. Cuando estuvieron lo suficientemente cerca de ellos pudo saber con mejor detalle cual era el escenario que se les presentaba, afortunadamente eran solo 4, tal vez podrían encargarse de ellos sin problemas, o más bien, Lyndis podría, todo dependería de su habilidad para usar la espada que llevaba colgada al cinto. Cuando estuvieron a una distancia prudente, Lyn se bajó del caballo y se acercó hasta los bandidos.
-¡Si aprecian su vida será mejor que se devuelvan por donde mismo vinieron!-
En conjunto, los cuatro bandidos soltaron una fuerte carcajada, -¿Hablas enserio niña?- bufo el que parecía ser el líder, -¿Por qué mejor tu amiga y tú nos hacen el trabajo más simple y se rinden de una vez?, si son buenas chicas prometemos ser amables con ustedes-
-Lo lamento pero no soy una chica fácil, así que desenvaina y pelead, que no tengo todo el día para ustedes-
-¡Mocosa arrogante, ya verás lo que es bueno! ¡Vamos, acaben con ella!-
Dos de los bandidos arremetieron contra Lyndis, la cual los esperaba en posición de defensa. En cuanto el primero intento atinarle un golpe con un hacha, esta lo esquivo con agilidad para luego propinarle un profundo corte en el brazo, lo que lo obligo a soltar el arma para caer de rodillas sobre el pasto intentando detener la hemorragia, -¡cómo te atreves perra-, grito el otro bandido que intentando no cometer el mismo error que su compañero, se mantuvo a la defensiva frente a él para cubrirlo.
Luego de unos segundos que parecieron eternos para la chica sobre el caballo, la peliverde y el bandido comenzaron a cruzar sus hojas, este parecía ser mucho más diestro en la pelea ya que no se la estaba haciendo fácil a la nómada. Lyndis no se quedaba atrás, y mostraba tener un buen manejo de la espada, sin embargo, su contrincante le superaba en fuerza y aquello le estaba dando algunos problemas, intentaba buscar alguna oportunidad para atinarle un golpe pero la tarea no le estaba resultando sencilla.
La pelinegra observaba la escena mientras sostenía con fuerza las riendas de la yegua, la ansiedad y el miedo se la estaban comiendo y no podía controlar el temblor en todo su cuerpo. Estaba tan enfocada en observa la batalla que en ningún momento se dio cuenta de que el tercer bandido se había acercado sigilosamente a ella por detrás, y sin que pudiera siquiera defenderse la bajo del caballo inmovilizándola entre sus fuertes brazos.
-¡Ya la tengo jefe!-
-¡Suéltame!-
Lyndis giro la vista y observo con pánico como su compañera había sido atrapada, -¡no te distraigas mocosa!-, alcanzo a colocar su espada entre el hacha y su pecho, no obstante, la fuerza del golpe la lanzo un par de metros hacia atrás. Intento incorporarse lo más rápido posible sin soltar su espada, pero cuando lo hacía, el jefe que hasta el momento solo se había dedicado a observar, se lanzó sobre ella para intentar acabarla de un solo golpe. No tuvo suficiente tiempo para ponerse de pie, así que solamente rodo hacia un lado mientras que la hoja de la enorme hacha se hundía en la tierra, si ese golpe le hubiera dado la habría partido en dos.
Con la respiración agitada logro incorporarse y nuevamente intento ponerse a la defensiva, su brazo izquierdo había absorbido todo el golpe, no podía disimular la mueca de dolor ni tampoco controlar el temblor de la extremidad. Ambos bandidos sonrieron con superioridad, -estas muerta niña, si mueves un solo pelo mi compañero le cortara el cuello a tu linda amiga, así que será mejor que sueltes tu espada, prometo ser gentil y arrancarte la cabeza de un solo golpe-
-Que hago, que hago- su cuerpo completo temblaba, si no hacía algo Lyndis y ella morirían ahí mismo, no quería morir de esa manera, ni menos en un lugar así, -Piensa, piensa…- pese a que su cuerpo había caído completamente en el pánico, parecía como si su mente fuera a otro ritmo, parecía como si el tiempo corriera mucho más lento, y de pronto una idea vino a su mente, una desesperada y estúpida idea, pero que si funcionaba le daría una ventana a Lyndis para que las pudiera salvar a ambas.
Tomo aire con fuerza y abriendo la boca enterró sus dientes en el grueso brazo de su captor arrancándole la piel y obligándolo a soltarla, -¡Buahhhhhh la muy bastarda me saco un pedazo!-, con ira le lanzo un manotazo que no fue capaz de esquivar, golpeándole en la cara y lanzándola al piso a un par de metros, perdiendo la conciencia de inmediato.
Lyndis no desaprovecho la oportunidad y tomo los pocos segundos de conmoción que le había regalado su compañera. Se armó de todo el valor que poseía y se abalanzó sobre el jefe de los bandidos, este intento levantar su hacha nuevamente para interceptarla pero desafortunadamente no fue lo suficientemente rápido y cuanto iba a golpearla su cuello ya había sido atravesado por la hoja de Lyndis. Su garganta gorgoteo y la sangre comenzó a escaparse por su cuello y boca. Cuando la nómada retiro la espada, el líquido carmesí broto con más ganas, y dejando caer el arma este intento detenerla con sus gruesas manos, sin embargo, sus esfuerzos fueron inutiles, fue cosa de segundos en que se desmorono sobre los pastizales, no había forma de evitar la hemorragia, y en un par de minutos estaría muerto.
El resto de los bandidos vieron con horror la escena, su jefe estaba acabado, ya no había nada más que hacer en ese lugar, por lo que tomaron la poca dignidad que les quedaba y salieron huyendo sin siquiera ver atrás, poco y nada les importo que su líder agonizara a sus espaldas, solo les importaban sus propias vidas.
Lyndis ni siquiera se molestó en decirles algo, corrió de inmediato con la pelinegra que yacía en el piso sin hacer ningún movimiento. La giro con delicadeza eh inmediatamente dejo salir un gran suspiro de alivio, respiraba…
Al otro día…
Se repetía la misma escena, la pelinegra abriendo lentamente sus ojos para acostumbrarse a la luz, y una figura femenina frente a ella observándola. -¿Deja vu?-
-Así parece- Lyndis se sentó a los pies de la cama mientras la observaba, -lamento mucho lo que sucedió ayer, fue toda mi culpa, no debí ir sola a intentar detener a los bandidos. Lo lógico hubiera sido ir al pueblo más cercano y dar aviso, fui muy estúpida en mi actuar-
-… ciertamente lo fuiste, aunque… en parte también fue mi culpa, si no me hubiera distraído ese sujeto no me hubiera atrapado, adema fui yo la que te exigió llevarme contigo-
-Te lo agradezco… sin embargo, quien sabe lo que hubiera sucedido si no me hubieras acompañado. Creo que lo importante es que ambas estamos bien, al menos por esta vez, deberíamos quedarnos con eso y no darle tantas vueltas al asunto-
-Supongo que tienes razón…-, la pelinegra llevo su mano hacia su rostro eh inmediatamente la retiro al sentir el dolor –parece que me dieron una buena paliza otra vez-
-Jejeje, si… tienes bastante hinchado ese lado de la cara, tardara unos cuantos días en bajar pero la sacaste barata, ese sujeto te pudo cortar el cuello-
-Me vi desesperada… además… probablemente las marcas de mis dientes le quedaran para el resto de la vida, nunca se olvidara de mi-
Luego de un momento de silencio ambas rompieron en una fuerte carcajada, -Por cierto… ¿qué haremos con tu nombre?-
-¿A qué te refieres?-
-Bueno, creo que es un poco práctico andar por la vida sin saber tu nombre, así que estaba pensando que deberías escoger alguno, al menos hasta que logres recuperar el verdadero-
-Mmm… supongo que tienes razón, ayúdame con eso, me da un poco de pereza pensar en alguno-
-¿Estas segura?, pues… ¿Qué tal Eileen?-
-Espero que no me estés poniendo el nombre de algún muerto-
-¡Claro que no!, o eso espero… mi madre decía que tenía una amiga llamada así, aunque no la veía de la infancia, creo que es un buen nombre-
-Supongo… me da igual realmente, pues desde ahora me llamare Eileen entonces... Por cierto Lyn, había algo que quería preguntarte, ¿vives sola en este lugar?, es que desde que desperté no eh visto a nadie más-
-Ciertamente…- la pelinegra vio como el rostro de la nómada se ensombreció y su mirada se tornó triste –Mis padres murieron, desde entonces eh estado sola. Mi padre era el líder de la tribu de los Lorcas, hace seis meses un grupo de bandidos bajo desde las montañas y nos atacaron, murió mucha gente, y los que sobrevivieron se dispersaron, no querían a una mujer como su líder- unas lágrimas comenzaron a caer por su rostro, pero antes de que estas terminaran su recorrido las detuvo con sus manos, -Lo lamento, prometí que no volvería a llorar, tengo que volverme más fuerte y así no conseguiré nada. Si me quedo aquí sola nunca progresare, mi padre era un experto espadachín y yo no le llego ni a los talones-
-Lo lamento… no sé qué decir, creo que no se me da muy bien eso de consolar a otros-
-No tienes de que preocuparte, ya no volveré a mostrar debilidad… … … Escucha Eileen, me iré de este lugar. Viajare y entrenare hasta ser lo suficientemente buena como para poder vengar la muerte de mis padres. ¿Vendrías conmigo?, sé que probablemente tus intenciones sean buscar alguna forma de recuperar tu memoria y saber tus orígenes, acompáñame, entre las dos encontraremos alguna forma de que tus recuerdos regresen-
-¿Estas segura?, no tengo dinero y no se defenderme por mi cuenta, sería una carga para ti…-
-¡Pues con más razón!, si vienes conmigo no tendrás que preocuparte por nada de eso- La pelinegra dejo salir un suspiro con resignación –en eso tienes razón, en las condiciones que estoy no podría hacer nada sola, si hasta la ropa que traigo puesta es tuya, supongo que no me queda de otra más que seguirte en tus andanzas-
-¡Maravilloso!, entonces mañana mismo partiremos. Iré a hacer la cena para que después preparemos todo para mañana-
-¡Espera Lyn!, ¿Tienes alguna ruta en mente?-
-La verdad es que no, pero eso lo veremos en el camino, iremos a donde nuestros pies nos lleven-
-Ja…- antes de que Eileen pudiera decir algo más, la nómada ya había salido de la carpa. En fin, no le quedaba de otra más que aceptar los caprichos de su nueva amiga, ¿Qué otra opción tenia?
