¡NOTA! LEER: ¡Hola de nuevo chiquillas(os)! ¿Cómo están? Espero que bien y pues bueno como verán… Aquí les traigo un nuevo, lindo, fascinante, dramático, romaaantico, doloroso y amistoso Fanfic, que espero que les guste y sea de su agrado, como lo es para mí, así que al no más terminar el capítulo comenten que tal les pareció y esas cosillas, PEROOOO ACLARANDO ALGOOO, eso no quiere decir que abandone mi otro Fic, solo que estaba trabajando en este y más los estudios y esas cosas. Sin embargo he estado muy enferma y me esfuerzo por complacerlos a todos ustedes. YYYYY SIN MÁS PARLOTEO ¡DISFRUTENLOOOOOO!

Princess

Capítulo 1

El tiempo, las horas minutos y segundos parecían ser eternos, solo miraba el reloj que colgaba en la pared del área de clase, pero eso no hacía que el tiempo se adelantara. Jugaba con mi pluma golpeándola levemente con el pupitre en el que me hallaba al igual que con mi pie formando un ritmo con ambos sonidos.

La clase realmente estaba aburrida y ya deseaba irme, pero no por ello, quería decir que no me gustaba estudiar o asistir a las clases, simplemente esta asignatura no era lo mío, pero hacía y hago lo posible por estar bien en ella. A diferencia de mi amiga rubia, Miyako parecía encantarle, y se preguntaran ¿Por qué? La respuesta es obvia, ella no se encuentra más que en los pupitres delanteros con toda su atención en la clase, su mentón estaba apoyado en la palma de su mano y tenía una pequeña sonrisa ladeada en su perfecto rostro de niña.

Y Kaoru… Bueno, ella simplemente decidió no entrar a clase como muchas veces anteriores si es que no es encontrada por el director, aunque por ello no es que ella sea una rebelde y chica mala, bueno, si lo es, pero no como se podría imaginar o como siempre lo es. Solo que a ella no le interesa esta asignatura y la entiendo.

Cuando por fin la hora de salir se hizo, todos salieron disparados al no más escuchar el timbre, quien no. Yo recogí todas mis cosas mientras que me acomodaba mi bolso en el hombro, por parte de Miyako corrió hacía mi aun con su sonrisa, y me tomó de la mano para así salir, y así fue.

-La clase estuvo realmente interesante –expresa la rubia sin siquiera mirarme, yo la observo atónita– ¿Qué? ¿Dije algo malo? –dice, inocente.

-¡Si! ¿Acaso no viste como el resto de la clase se dormía? –ella ríe.

Al salir de las instalaciones nos encontramos con una sexy morena recostada en su motocicleta mientras se terminaba un cigarrillo, ella al vernos nos sonríe y se cruza de brazos, para así por fin decirnos con sorna.

-¡Hasta que por fin salen de esa maldita cárcel! –nos carcajeamos ante su comentario.

-Si supieras como todos se dormían en clase –niego con la cabeza y ella suelta una risa, que nos contagia a mí y a Miyako.

-No es una excepción, pero ya vamos que el almuerzo nos espera.

Y en ese mínimo momento, instante o minuto, todo pasó tan rápido como la velocidad de la luz, no sabía que estaba pasando en estos instantes todo era tan confuso que podría decirse que era inexplicable, y si yo me encuentro en este estado no puedo imaginarme en mis dos amigas. Frente mis ojos todo pasaba en una cámara lenta;

Miyako pataleando, mordiendo y rasguñando a aquel hombre, Kaoru forzajeando y tratando de golpear a los tipos. Yo… Yo no estaba realmente consciente de lo que estaba haciendo ahora, pero cuando por fin reaccioné a la realidad, me di cuenta que dos tipos grandes y vestidos de traje negro y gafas oscuras estaban a punto de meterme en un auto moderno de color negro brillante, pero fui más rápida y lo evité, impulsándome con fuerza hacia atrás mientras que a uno lo golpee en la nariz con mi cabeza, soltándome de inmediato mientras que al otro lo golpee en el estómago con mi codo, y tuve la oportunidad de salir corriendo y pedir ayuda, pero no.

La primera en ser metida en el auto fue Miyako y más tarde yo, la pelinegra fue un poco más difícil ya que su fuerza era mucho mayor que la de nosotras e incluso si la fuerza de Miyako y la mía estuvieran juntas la de Kaoru aun seguiría siendo mayor, pero, si hay un dulce y encantador pero, es que Kaoru a la final fue metida en el auto igual que nosotras.

Y es ahí cuando todas mis esperanzas de ser salvadas por estos hombres se fueron por la borda, y es AHÍ cuando el miedo, terror y pánico se apodera de todo mí ser.

Estos hombres habían tomado rumbo a quien sabe dónde y el silencio reinaba en el oscuro ambiente. Observe a Miyako, ella se encontraba observando un punto muerto, su piel estaba dos veces más pálida y su vista era totalmente cristalina, ella quería llorar pero no lo hacía porque ella siempre dijo que era valiente. A mi otro costado esta Kaoru quien tenía sus manos apretadas tanto que su nudillos estaban totalmente blancos, su entre cejo estaba fruncido y sus labios estaban en una línea recta, su semblante era serio y podría decirse que no está asustada, pero ella si lo estaba, sus ojos me lo demostraban a gritos, yo la conocía muy bien como para decir que estaba muerta de miedo.

Y quien no lo estaría, no sabemos quiénes son estos hombres, no sabemos a dónde nos llevan y no sabemos que mierdas harán con nosotras, o ¿Si? Yo ya tenía una idea y consistía en lo siguiente: 1) Son algún tipo de hombres malos. 2) Nos llevaran a un lugar desierto o totalmente desconocido y por último, es decir 3) Nos violaran, nos venderán a un lugar de prostitución o nos mataran para vender nuestros amados órganos. Sí, eso harán y nadie nos salvará.

-¡¿A dónde mierdas nos llevan?! –explota con furia la morena.

-Al Castillo de los Reyes de Tokio –responde uno de los hombres, para ser más específica era el que conducía.

¡Dios! Si por lo menos nos explicara sobre el castillo de los Reyes de Tokio sería mucho más sencillo comprender lo que nos decía. Y por unos segundos el miedo fue suplantado por la confusión, tan solo unos segundos.

Pero como si aquel hombre supiera lo que pensara, dice:

-Se preguntaran que a que me refiero con ello, pues es un poco complicado.

-Ve al puto grano, que mi paciencia es temporal, y ya se está agotando. –musita la morena con obstinación, por lo que por un momento me dan ganas de reír.

-Tranquila princesa Kaoru –dice otro de los hombres.

¿Princesa? ¿Acaso escuché bien o estoy sorda?

-¿Cómo que princesa? ¿Quién se cree usted para llamarme de tal forma?

-Paciencia, ya les explico –canturrea–. Usted junto con sus amigas, o mejor dicho hermanas, son hijas del Rey Utonio y la Reyna Kate*, sin embargo al nacer fueron tomadas por alguien, quien escapó junto con ustedes, eran tan lindas y hermosas que eran envidiadas por muchas personas pero también eran amadas por otras. Nunca supimos quien fue la persona, y hasta ahora no descansamos en seguir buscando quien fue el culpable de todo esto. Pero después con los años, los Reyes supieron de su paradero y nos ordenaron ir a buscarlas, y bueno se podría decir que esa es toda la historia, señoritas.

Y sin más, las tres nos carcajeamos al compás.

Tanto como para mí y a mis amigas nos parecía completamente ridículo, y sin embargo pensé que en algún momento el carro se detendría y saldrían los camarógrafos y dirían que solo era una broma de algún programa de TV. Pero estos hombres nunca se detuvieron y sus caras eran completamente serias, como si lo que hubieran dicho era verdadero.

-¿De qué se ríen? –pregunta uno.

-De su chiste –responde Miyako limpiándose la lágrima que había derramado por la risa.

-No es ningún chiste, es en serio.

Las chicas y yo nos observamos lentamente y completamente confundidas, ¿Acaso estaban diciendo la verdad? ¿Somos hijas de Reyes? Miles de preguntas rondaban por mi cabeza en las cuales no creía que podían ser ciertas.

-Sabemos que es difícil de creer, pero es cierto así que prepárense que el viaje es largo señoritas –dice esto con una sonrisa para luego seguir con lo suyo.

Estábamos confundidas aun y eso no era lo peor, sino que aún no confiamos plenamente en estos tipos. Mire a mi amiga Miyako para comprobar si aún se encontraba en el estado que anteriormente lo estaba, pero no, su rostro había cambiado a una facción más relajada pero no del todo, solo un poco. Y Kaoru, bueno ella tenía su vista fijada en el vidrio del vehículo observando los árboles que pasábamos, sin embargo sus manos aún se encontraban hechas en un puño.

Observaba como las horas al pasar el cielo cambiaba de color y sus nubes de forma, pronto el cielo oscureció y ahora no se encontraba más que adornado con una hermosa constelación de hipnotizantes y brillantes estrellas. Yo solo las observaba mientras pensaba en como nosotras tres podemos ser unas princesas e hijas de Reyes, si no recuerdo una pisca de ello, tan solo recuerdo que mi infancia la pasé en un orfanato junto a mis dos mejores amigas, es… ¿Inexplicable? Sí, eso mismo.

Pero de pronto un sentimiento de opresión llego a mi pecho sin explicación alguna y solo desee que se esfumara pero nunca lo hice hasta que sentí que mis ojos se cerraban por si solos y me di cuenta que era por el sueño que tenía y que cada vez se hacía mucho más fuerte, donde pronto quedé rendida y sumida en mi sueño.

-Princesa… Princesa –escucho a lo lejos.

Cuando abro mis ojos un poco somnolienta mi campo de visión tropieza con la de aquel hombre que nos trajo al supuesto Castillo, y descubro que fue él quien me despertó, mire a mis laterales y noté que Miyako y Kaoru ya habían despertado, sus rostros eran confusos pues no sabían si estaban felices, estupecfactadas, asustadas o desorientadas. Realmente no lo sabía.

-Hemos llegado señorita… –me dice otro hombre, quien ahora nos abría la puerta del auto para luego salir del mismo.

Y en ese momento comprendí porque mis amigas se encontraban en tal estado, al frente de mí y de mis ojos se encontraba un inmenso castillo, era cierto, no era falso.

Todo era sorprendente pero hermoso a la vez, habían muchas cosas hermosas que no lograba comprender a un, todo parecía un cuento que alguna vez te contaron de pequeño y que ahora lo tienes enfrente y no puedes creerlo.

Había un hermoso jardín lleno de flores de todas las especies y colores existentes en el planeta, árboles que daban un aspecto hipnotizador por su linda forma, color y fragancia que desprendían, pozos de agua que a simple vista se podría notar su pureza y magia. Simplemente todo era hermoso.

Mire a las chicas y ellas estaban igual que yo, aquellos hombres se acercaron a nosotras y dijeron.

-Sigan, que los Reyes esperan por ustedes.

En eso, desprendimos nuestro camino hacia las grandes puertas de aquel Castillo, y que al no más estar en frente estas puertas se abrieron dando a la vista un gran pasillo con una larga y roja alfombra que parecía no tener fin. Las tres nos miramos para luego observar hacía atrás donde se encontraban los hombres, ellos con una sonrisa asintieron en señal de que sigamos.

Mientras caminábamos admirábamos todo con detalle y asombro, las paredes eran blancas de marfil y en ellas había cientos de retratos en pintura sobre los Reyes o un montón de cosas extraordinarias. Y de pronto otra puerta se encontraba y junto a ellas habían dos jovencitas con vestimentas de empleadas del Castillo, ellas parecieron completamente sorprendidas de nuestra presencia pues sus ojos se salieron de orbita y sus pieles se palidecieron como si acabaran de ver alguna aparición. Luego de ellas reaccionar nos abrieron las puertas no sin antes de realizar una pequeña inclinación ante nosotras, y francamente eso se siente un poco incómodo y abrumador.

Y justo en ese momento nos encontrábamos en una gran pieza, esta era mucho más grande y extraordinaria lámparas de cristal y totalmente de gran valerosidad colgaban del techo, muebles, mesas, retratos, pinturas, esculturas y hasta fuentes se encontraban en la sala. Y lo que más llamó nuestra atención fueron las dos sillas de oro con cojines y recostadero de algún almohadón de porcelana rojo, y al lado habían otras tres un poco más pequeñas, donde tenían el mismo modelo a diferencia que los almohadones eran de distintos colores, uno era de color rosado casi fucsia, otro era de color celeste como el cielo y el otro era de un color verde como el pasto.

Y en los escalones que había para subir y bajar de ellos, se encontraban dos personas, un señor de piel pálida, de cabello un poco corto de color negro, sus ojos eran de un negro brillante y eran adornados por largas pestañas del mismo color, era de estatura alta vestía como todo Rey de algún cuento de hadas y a su lado había una señora, de cabello castaño casi rojizo que caía en forma de cascadas por su delgada cintura, su piel pálida y ojos de un color verde azulado quienes eran adornados por largas pestañas oscuras y vestía de un hermoso vestido, como toda Reina de un cuento…

-Hijas…. –dicen los Reyes al unísono con una sonrisa temblante.

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