Pobre Conejito
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Unos extraños pensamientos me rodearon en cuanto lo vi.
Y sí, me recordaba mucho a él.
Sus cabellos esparcidos y brillantes se parecían mucho a los de él.
Su cuerpo saltarín me hacia recordad a cuando salia corriendo luego de haberme hecho una broma.
Su mirada rojiza era igual que la suya.
Y además ¡Era Tan tierno!
Bueno, tal vez eso no lo saco de él, pero por lo menos eso lo hace especial ¿Verdad?
O algo así ¿No?
Bueno debía admitir que si no fuera por mis hermanas ya me los hubiera llevado todos, pero por suerte (Para ellas claro esta) me lleve tranquilamente (sin contar los forcejeos y patadas) uno solo a casa.
Y aquí estaba, él recostado en mi cama mirándome con sus pequeños y rojizos ojos. Con sus mejillas peludas y sin contar regordetas, que te daban ganas de agarrarlo y apachugarlo mientras tocaba esas largas orejas hermosamente largas, peludas, y tiernas.
Su nariz que iba y venia con cada respiración, me daban ganas de besarla.
Y lo más importante, su hermoso y peludo pelaje brillante y blanquecino. Que lo hacia ver súper-extra-tierno-y-lindo y que te daban ganas de levantarlo y decirle baboseadas cursis.
Porque sí, tener un conejo era pasar todo el día acaramelada con él.
Aunque también estaban las limpiezas y cuidarlo hasta que se acostumbrara al entorno. Pero hoy era el primer día que lo tenía. ¡Y ya lo consideraba parte de mi familia!
Bueno además este conejo se parece mucho a Brick, mi amor platónico desde que tengo memoria.
[Pobrecito conejito. La que le espera]
Pero bueno, ahora tenia a mi nuevo esponjoso y lindo confidente. Y ya nada me detendría de decirle las cosas que me pasan. ¡Nadie necesita un diario cuando tienes a un conejo que respira con una nariz demasiado planta y gris!
–Ahora mi querido amigo. Espero tus orejas resistan mucho porque te voy a contar toda mi vida y como empezó mi amor por Brick...
[Pobre conejito, ya estas a punto de volverte tu propio suicida en cuanto empieces a escucharla.. Solo pobre conejito...]̣
~o~
The End
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Agg, recuerdo que tuve mi primer conjito a la edad de once años. Lo raro fue que de los tres que tuve, me había quedado solo uno, ya que los demás desaparecieron misteriosamente...
Hasta La Próxima
