El pelinegro Vongola caminaba tranquilo por los pasillos del hospital con una botella de agua en las manos moviéndola de allá para acá con una sonrisa pegada en su rostro. Desde donde estaba varios metros atrás podía escuchar los gritos de su compañero mientras le atendían en una habitación a lo que solo atino a lanzar una de sus características risitas antes de detenerse en la puerta de su senpai. Le observo un momento para ver como la enfermera trata de meterle una aguja en el brazo para el suero y dos enfermeros peleaban con él para sujetarlo, lanzo otra risita antes de mirar al ascensor en el pasillo y ver a una mujer en silla de ruedas que trataba de pasar la pequeña separación que había entre el piso y el elevador, lanzo el agua a la cama de su superior, se apresuró a ella y le detuvo la puerta gentilmente con una sonrisa mientras la mujer le miraba extrañada para así, tenía la mano en el sensor del elevador esperando que ella saliera
-¿necesitas ayuda?-pregunto tranquilo a la mujer
-no es necesario- dijo antes de soltar un suspiro
-déjame que te lleve hasta tu habitación-dijo empujando la silla fuera del elevador y avanzando por el pasillo- ¿me dirías cuál es?
-la numero 512-respondio sin mucho animo
-es por este pasillo-indico animado-¿y porque estás aquí?
-me atropellaron y me rompí las piernas-dijo algo triste- deben operarme mañana
-que lastima pero aun así no te preocupes, es un buen hospital y todo saldrá bien-dijo animado
-es la siguiente puerta- indico con la mano antes de que se escuchase un estruendoso grito- que ruidoso-bufo molesta
-perdona es mi senpai, le pediré que sea más silencioso si gustas-dijo entrando a la habitación-¿necesita más ayuda?
-gracias pero ya no es necesario, ya has hecho más que suficiente…-alza la mirada para encontrar la del pelinegro- soy Alina… Alina Pasini…-musito antes de bajar la mirada
-Soy Takeshi… Yamamoto Takeshi… ¿necesitas que te suba?
-no... Estaré bien
-bueno te dejo tranquila... nos veremos -dijo antes de salir y cerrar la puerta
Entro animado a la habitación de su senpai para luego sentarse a su lado y notar que su compañero guardián tenía varias heridas, entre ellas el brazo vendado, nada grave dentro del mundo donde vivían pero la hermana menor del peliblanco insistió en que se presentara en el lugar y que al menos se quedara una noche ¿Cómo podía decirle que no a su hermana? Era entendible, claro que más de uno cuestiono por que no se curaba el mismo con su llama amarilla pero incluso el jefe se puso de su lado que era necesario que descansara unos días, tanto por su bien como el de su hermana.
-senpai-dijo el pelinegro alegre- te parecería gritar un poco menos, hay una chica en la habitación de enfrente que no está pudiendo descansar bien
-¿una chica?-dijo golpeándose el hombro con su brazo sano- ¿te gusta?-dijo animado
-no es lo que piensas senpai-dijo sonrojado-solo la lleve hasta su habitación
-de acuerdo tratare de calmarme un poco pero deberías conocer una mujer
-¿yo?-dice riendo-no soy muy bueno en eso
-¡una mujer extrema!
-c-calma senpai-dijo haciéndole una señal para que se callara- debes estar tranquilo es un hospital
-cierto ¿y dónde está Sawada con el cabeza de pulpo?
-ah, aún están en casa, vendrán en un rato...deberías descansar mientras ellos vienen senpai, recuerda lo que te decía Colonello
-ah... mi maestro me golpearía si me viera así-sonríe- creo que dormiré un rato
-te dejare tranquilo, iré por un café y algo de comer-se acerca a la puerta y mira al otro lado del pasillo- nos vemos luego
Miro por la ventana del pasillo un segundo a la mujer que yacía en la cama con las manos sobre su regazo tranquilamente mirando la lluvia caer y algunas gotas que se deslizaban lentamente por los cristales. Sobre la cama estaban dispersados lápices de múltiples colores, estaba dibujando hace un rato supuso el pelinegro debido a que había muchos dibujos tanto en el suelo como en su cama y también pegados en las murallas.
Dio un suspiro y siguió caminando hacia la cafetería, busco algo que le hiciera entrar en calor, ya que el hospital era un lugar frio, agarro un latte y un sándwich, se sentó cerca de la ventana para mirar las gotas de lluvia que hacían más ameno el ambiente al menos para él y así disfrutar con más tranquilidad su comida. Observo como las gruesas nubes cubrían los hermosos valles de Italia que ahora ya era su nuevo hogar, dentro que poco nacería nuevamente la primavera y la esperaba con ansias.
Luego de comer volvió a comprar para tomar una naranja, la lanzo un poco al aire antes de irse con la fruta mientras la lanzaba levemente en el aire caminando hasta la habitación frente a su senpai, abrió la puerta y vio a la mujer en la misma posición que hace un rato había visto, hundida en los cómodos almohadones. Comenzó a observar detenidamente a la mujer, unos suaves ojos rosa pálido apagados y con un cabello castaño con flequillo que se esparcía por la almohada y caía por su pecho, se acercó y golpeo levemente el marco de la puerta haciendo el sonido con su boca divertido para llamar la atención de la dama tendida en la cama.
-Yamamoto Takeshi... ¿desea algo?
-¿no tienes quien te visite?
-no hay nadie
-entonces seré tu primera visita-dijo sonriendo al entrar y sentarse en un pequeño sofá junto a ella, cruzo las piernas y siguió lanzando levemente la naranja al aire -¿naranja?-dijo extendiéndosela levemente
-gracias-dijo al tomarla-¿y tu amigo?
-está tomando una siesta
-¿qué le paso?
-estaba peleando y le hicieron una herida muy profunda en el brazo así que es mejor que se quede aquí que tratando de escaparse en casa ¿y tú?
-ya te dije
-me refiero a realmente-dijo quitándole la naranja y comenzando a pelarle- esa no es herida de atropello-sonríe tranquilo- es una herida de bala
-lo has descubierto... me dispararon en las dos piernas-mira la ventana- me atacó la mafia, pero no tu familia
-me has descubierto también-dijo soltando una pequeña risa
-hum, traje negro... no es que a la gente le guste presumir eso, se nota demasiado en todo caso… la herida en la barbilla… el olor a pólvora también puedo sentirlo
-¿y porque fue?
-soy repartidora y me metí en un mal barrio...quizás ni siquiera pueda volver a caminar
-volverás a hacerlo-dijo dándole la naranja sin cascara- estoy seguro que si
-hum-dijo tomando un gajo y mirándole- que bonito color
-¿color? ... estabas dibujando hace poco ¿no?
-ah... pinto un poco
Se quedó ahí mirando algunos bocetos que tomo de la cama y de la mesita que estaba al lado de la mujer los cuales estaban llenos de colores que el pelinegro pensó jamás haber visto en su vida, todos paisajes hermosos y vividos ante los ojos del guardián mientras la mujer permanecía con la mirada perdida en la lluvia. Entre ellos podía deslumbrar una playa, un enorme valle como los que podía ver por la ventana y un anaranjado otoño, se quedó mirando el ultimo detenidamente observando en un bosque frio y otoñal a una figura de hombre parado entre los blancos álamos que se extendían en el lugar
-este soy yo
-¿cómo podrías?-pregunto mirándole extrañada
-no lo sé-sonríe- creo que pensabas en mí en ese momento
-c-claro que no-dijo con un leve sonrojo
-¿puedo quedármelo?
-si es que quieres... no es nada especial, algo de castaño, un poco de color naranjo calabaza, gris y negro
-un bosque-sonríe- entonces ¿qué color serian mis ojos?
-parece... polvo de curry que venden en el mercado
-tus ojos parecen cerezos-dijo sonriendo- como en el hanami cuando llega la primavera
-son rosa color cerezo, haz dado en el blanco
-¿puedo preguntar...porque estas triste?
-quizás no pueda caminar jamás...quizás no pueda trabajar más y muera de hambre, por meterme con la mafia...quizás no vuelva a andar en la vespa que me costó tanto tiempo conseguir... quizás nunca más pueda andar en bicicleta ni nada de eso
-todo saldrá bien-dijo dándole otro gajo-¿sabes por qué?
-¿por qué?
-llegó la lluvia bendita que calma el conflicto y lava todo-sonríe emocionado - está bien si quieres llorar, solo llorar hasta que no queden más lagrimas... no pretendas ser fuerte-sonríe- no tienes que hacerlo sola
Miro un segundo el gajo de naranja en su mano antes de llevarlo a su boca y apoyarlo otro segundo en sus labios hasta que sintió que la primera lagrima se deslizaba por su mejilla entonces lo metió rápidamente para apaciguar el amargo sabor de la tristeza que comenzó rápidamente a llenar aún más sus ojos con aquella agua salada. Volteo a mirar a la lluvia para ocultar sus lágrimas caer por las cálidas mejillas sonrojadas mientras que el pelinegro lentamente dejaba otro gajo de naranja en su mano para que siguiera comiéndolo lentamente mirando también la silenciosa lluvia. Finalmente cuando ya no derramaba otra lagrima y la naranja había acabado, el pelinegro busco en su bolsillo un pañuelo y lo puso delicadamente en su mano, ella se limpió las mejillas y delicadamente los ojos para luego mirar el pañuelo arrugado en sus manos y ver el signo Vongola en una de las esquinas.
-V-Vongola...-le mira incrédula- eres... ¿el guardián de la lluvia?
-ah-sonríe- quédatelo... creo que Tsuna ya llego así que debo irme-se levanta y le sacude el cabello para luego tomar el dibujo - volveré mañana para ver cómo te encuentras... nos vemos mañana-dijo antes de salir y cerrar la puerta tras el
-adiós...Yamamoto Takeshi-dijo apretando el pañuelo en su mano
