N/A: Posible ooc y errores de puntuación.
MENTIRAS
" 38, 4"
Las palabras del doctor fueron severas, una orden unánime e inquebrantable, la expresión trémula y los sonidos vocales firmes. Eliminando cualquier atisbo de duda de las dos personas frente a él.
" — No puedes salir así."
Desde su posición puede ver con claridad absoluta como el chico en la cama desvía la mirada y pide auxilio al rubio junto a él.
" — Lo siento."
Pronuncia en un patético consuelo, consuelo que sabe el paciente no buscaba. Izumo inclina la cabeza y él simplemente se retira del recinto, no queriendo oír el lamento dolido del muchacho.
— Ya lo escuchaste, Yata-chan.— La voz de Kusanagi trató de sonar conciliadora al ver como la expresión del muchacho se contraía, formando un poema lamentable y tiñéndose de colores turbios que no quería dilucidar. Solapar la tristeza contraría parecía difícil en estas circunstancias, buscar una forma de hacerle olvidar la promesa de semanas atrás resultaba casi una cruel burla.
— Usted dijo que podía...
— Ahora no puedo hacer nada. — Izumo busca dentro suyo la calma característica para hacerle razonar.
— Usted lo prometió.— Apenas un susurro roto escapa de los labios de Misaki, volviéndolo plenamente consciente de la bola de pesadumbre meciéndose dolorosa y constante en el centro de su pecho.
— Hey, no te pongas así. — El rubio cede, permitiéndole a sus dedos viajar entre el cabello del más bajo, trazando patrones sin orden entre las hebras y enredándolas aun más. — Podrás ir en otra ocasión, el bar no se moverá de ahí.
Misaki llevó la atención al costado opuesto, fingiendo de mala manera no haber oído la mentira constante que siempre le soltaba, fingiendo ser un ente ajeno involucrado en aquel teatro mal hecho que en cualquier momento dejaría caer el telón, enseñando al autor de tan ridículo guión.
"¿Qué hacía él en una cama de hospital para empezar?"
Rídiculo, es una definición estrecha. No existían palabras para encasillar semejante escena.
Sin esperarlo realmente, el rubio acabó sentándose al borde de la cama, eliminando las distancias y acunando la mejilla de Yata con la zurda. Los ojos se encuentran al fin y él solo puede ofrecer una sonrisa cargada de nostalgia porque tampoco disfruta viéndolo así.
— Tus pulmones no soportarán otra recaída. — No puede guardarse la sentencia que se desliza entre sus labios. El doctor fue categórico con respecto a esa información, información que fue mutando a lo lardo de seis tortuosos meses, la condición de Yata empeoraba silenciosamente disminuyendo la cantidad de salidas autorizadas de forma paulatina.
La boca del chico se abrió en una nueva protesta, oraciones que murieron antes de ser creadas, incapaz de dar forma al barullo turbio desatándose en su cabeza. La lengua se vuelve un trozo de músculo inútil no apto para dar forma a todo aquel remolino desatándose en la intimidad de sus pensamientos.
Entonces, los pensamientos y él mismo pasaban a ser un montón de papel desparramado en el suelo, un ser inconstante, lleno de grietas que se aferra a una esperanza minúscula.
En este tiempo los donantes escasean.
Luego sencillamente quedaba rendirse, buscando con ahínco el áspero género de la ropa del bartender, permitiéndole a una pequeña parte suya ser patéticamente débil.
Después, prácticamente se deshace buscando entre las fisuras de su determinación desbaratada algo para mantenerse firme, algo con lo que orillar el miedo y poder ignorarlo.
Los brazos del rubio alrededor de la cintura lo distraen, otorgándole el privilegio de huir de la carga que se le obligó llevar.
— Vas a estar bien. —Y, lo dice. Suelta la peor mentira de todas, incluso cuando el repiquetear de su dolido corazón le susurra entre latidos hipótesis perversas, contraponiéndose a la esperanza ciega de encontrar a ese extraviado donante. —Anda, no estés triste. La próxima vez si podremos ir.
A esas alturas Izumo solo podía ofrecer una mentira tras otra, enmascarando la preocupación densa y tratando de mantener al menos un atisbo de Yata Misaki ahí, mientras unía pesados con fría pausa.
—Hoy me quedaré aquí también.—Lanza otro salvavidas, esta vez uno más sólido que todos los anteriores. Yata termina de caer, asiente sin despegar la frente de la hendidura de su cuello, aceptando las promesas inseguras, pasando por alto las obvias mentiras y aferrándose a ellas como si fuesen verdades sonantes. —Puedes dormir tranquilo.
Finalmente, solo existían oraciones disfrazadas y cargadas de eufemismos.
N/A: No tengo cara lo sé -uglysobs- debería haber actualizado el que tengo pendiente pero noooo, vengo y publico otro. Zoe-mikaela también va para ti porque tienes un lugar especial en mi dokoro ; /;
Si llegaste hasta aquí muchas gracias por leer (L)
