Disclaimer: Naruto no me pertenece.

Aviso: Este fic participa en el reto Lo perdí del foro La Aldea Oculta entre las Hojas.

Personajes: Kabuto Yakushi/Nonō Yakushi

Extensión: 492 palabras netas.


Cenizas

...

Capítulo único

...

En el mundo shinobi existen tres tipos de personas: víctimas, victimarios y… ninjas; algunos renegados. Ahora mismo, él no sabía con exactitud a qué grupo pertenecía. Durante tantos años de infiltraciones: de fingir aquí, de mentir allá, había terminado por olvidar, si no quién, por lo menos cómo era. Había perdido su identidad.

Ya le habían sido arrebatas suficientes cosas en la vida como para que se sintiera con ánimos de afrontar una pérdida más; menos una tan significativa y en circunstancias tan atroces. Por eso, en un intento inútil, desesperado por desacreditar la realidad, lanzó una ojeada de soslayo a la mano trémula y ensangrentada que hace un instante había hecho las veces de arma. Se sintió morir.

El daño ya estaba hecho.

La esquirla de hueso imaginaria que desde hace rato rasgaba su corazón, lo atravesó de lado a lado cuando la mirada verde se apagó, exangüe. Se fue sin reconocerlo y él no entendía el porqué. Entonces, un sollozo que le atenazaba la garganta y que, a duras penas, había conseguido retener, lo ahogó, ocasionando que gimiera. Acto seguido, las gruesas lágrimas rodaron por sus mejillas, empañándole los anteojos redondos al tiempo que delataban el aluvión de sufrimiento que lo atribulaba. El regazo de la mujer de finos cabellos marrones, que por voluntad propia lo había acogido como su hijo hacia algunos años, se humedeció a causa del llanto. Su llanto.

Un repentino vértigo lo agobió cuando fue dolorosamente consciente de lo que acababa de hacer. Ella estaba muerta por él. Él lo había hecho. Su mano. La misma con la que intentó, infructuosamente, revertir el daño ¡Era un asesino! Los oídos le zumbaron al tiempo que una oleada de dolor lo volvió a recorrer entero. Esta vez logró acallar el sollozo a tiempo; sin embargo, algo en su interior pareció romperse.

Sentía miedo, dolor, confusión, culpa; sobre todo culpa. Toda esa maraña de emociones se aglomeraron en su pecho, amenazando con hacerlo sucumbir en la oscuridad. Asfixiándolo. Derritiendo cada maldita molécula de oxigeno que con suprema dificultad sus conductos nasales habían conseguido absorber. Entonces, hizo lo que cualquier persona que pretendiera seguir con vida, hubiese hecho en su lugar…

Huyó... de sí mismo.

Durante el trayecto, evitó a toda a costa que el ramalazo de la realidad lo volviera abrumar. Por un nanosegundo, el único sentimiento más fuerte que la culpa y el dolor juntos, se apoderó de cada célula de su cuerpo, emponzoñándolo: por vez primera, sintió odio; sentimiento que lo acompañaría por largo tiempo.

Él podía no estar seguro de quién era realmente, pero eso no la hacía exento del sufrimiento. Después de todo, el dolor no tiene rostro; no discrimina. Así que cuando su rostro se vio reflejado en el agua, el muchacho solo tenía algo claro: él ya no era ese niño que solía ser. Ahora mismo era el compendio de varías partes de lo que un día fue un ser humano. De lo que había sido, no quedaba nada…

Solo cenizas.

*Fin*


Espero que les haya gustado. Ya saben que cualquier opinión será bien recibida.

¡Feliz existencia!