¡Hola!

Vuelvo con una nueva historia, que he escrito para desahogarme un poco. Me he pasado la tarde entera y parte de la madrugada escribiéndola, porque no podía parar. Tuve un año terrible, y francamente el último día de este fue peor que todo el año junto, pero ese no es el punto exactamente; no quiero deprimirlos. Esta historia nace de mi necesidad de hacerme creer a mí misma que cosas como estas pueden pasar, y que un Año Nuevo sí puede significar un nuevo comienzo. Con esta historia me gustaría mandar el mensaje de que, si uno escoge, el siguiente año puede ser mejor. Y básicamente, así es como esto terminó aquí.

Y nada. En mi país ya es 2015 (probablemente en todo el continente xD), así que ¡Feliz Año Nuevo!:D

*En la historia, Castiel es menor que Dean.


Toma su chaqueta de cuero y se la pone, toma sus llaves y se pasa las manos por el cabello para ordenarlo un poco. Camina hasta el espejo fuera de su baño, y suspira. Su reflejo le devuelve una mirada verde y cansada, junto con una sonrisa que no podría ser más falsa. Se aleja del espejo. Está harto de su cara.

Frunce el ceño y se dice a sí mismo que puede hacerlo. Que va a hacerlo. Va a salir por fin de su casa, va a ir a un bar cualquiera y va a volver a casa con una chica solitaria decepcionada por el año terminante.

Inhala fuertemente y, en lo que a él le parece un acto de valentía pura, camina hasta la puerta y posa la mano sobre el picaporte. Está a punto de girarlo, sólo necesita aplicar una fuerza casi nula, caminar unos pasos y por fin estará afuera. Sin embargo, se detiene y retrocede, completamente desarmado. Piensa para sí mismo que no tiene caso y camina hasta su cocina para tomar una cerveza del refrigerador y tumbarse en el sofá, encendiendo la tele. Están pasando algún programa estúpido con personas emocionadas por el fin de año. No le presta realmente atención, y en su lugar se hunde en su propia mísera, primero poco a poco y después de golpe.

Piensa en el año que tuvo, y suspira cansado.

Su hermano pequeño, Sam, lo había abandonado para irse a Stanford hace unos cuatro o cinco meses. Dean lo odia por eso, por haberlo dejado solo, y a pesar de que intenta con todas sus fuerzas obligarse a sí mismo a pensar que Sam lo hizo por su propio bien y que así estará mejor, termina con la misma sensación de traición que ha sentido todo el tiempo que ha tenido que soportar solo en su casa.

Su novia, Lisa, lo abandonó hace un par de meses. Y Dean no la culpa, en verdad que no; él mismo se había dado cuenta que la relación se había ido por un tubo hace mucho tiempo, y de que ninguno de los dos sentía ya lo mismo que en un principio. A pesar de eso, se siente mal, porque él creía que al final terminaría casado con ella de todos modos, con un hermoso hijo o algo parecido. Sin embargo, estaba ahí, en fin de año, solo como un perro callejero.

Y encima de todo, como para coronar su desgracia, está desempleado. De nuevo, Dean supone que fue su culpa, porque había estado tan ensimismado en las desgracias que le habían llegado que su mente estaba en todos los lugares menos en el trabajo.

Ah, y su perro había escapado.

Dean se talla los ojos y mira el reloj colgado a un lado de la TV, dándose cuenta que faltan apenas unos minutos para que un nuevo año comience. Un nuevo año de miserias, piensa para sí mismo.

Su mente viaja con rapidez a una pistola escondida bajo su cama, y se pregunta si sería muy cliché darse un tiro en año nuevo. Desecha la idea de inmediato, pensando que no podría hacerle algo así a su hermano, a pesar de que éste lo haya dejado.

Intenta prestar atención al televisor, y ve que ahora están pasando el típico programa con los fuegos artificiales a punto de explotar y la gente a punto de gritar. Se endereza en su lugar al mismo tiempo que la gente se prepara para la cuenta regresiva.

10… Dean piensa en que el año fue una mierda.

9… Piensa también en que probablemente el próximo también lo será.

8… Se pregunta qué hizo para merecer esto.

7… Se pregunta si Sammy se acuerda siquiera de él.

6… Se pregunta si su padre está ebrio en alguna cantina cerca de su propia casa.

5… Se pregunta si Lisa está con algún otro hombre, contando emocionada.

4… Se dice a sí mismo que no es tan feo como para no poder encontrar otra novia.

3… Se ríe de sí mismo hasta que la risa se convierte en un sollozo.

2… Se da cuenta que realmente no le apetece tener otra novia.

1… Se da cuenta que realmente no le apetece seguir respirando siquiera.

¡Feliz Año Nuevo!

"Feliz Año Nuevo," Dean susurra para sí mismo, dándole un trago a su cerveza que le sabe amargo. La deja en el piso y junta las manos sobre sus rodillas, pensando qué hacer.

Está pensando seriamente en comenzar a escribir una carta de suicidio, o una carta de despedida para largarse al otro lado del mundo, o lo que sea con tal de hacer algo por salir de su miseria, cuando alguien toca la puerta tan insistentemente que Dean piensa que se va a venir abajo.

Se para apresurado con pasos tambaleantes, se limpia los ojos, patea la botella de cerveza a su paso susurrando un "mierda" y casi corre hasta la puerta. La abre, esperando encontrar a algún vecino enojado por noséqué, a un anciano pidiendo limosna, a un cura tratando de exorcizarlo, a un jodido alíen tal vez; todo menos a un chico con impresionantes ojos azules que lo empuja al pasar dentro corriendo cerrando la puerta tras de sí.

Dean está pensando ¿Qué rayos? cuando el chico corre hasta el otro extremo de la pequeña sala, pasando por un lado del sofá y pisando el pequeño charco de cerveza. El chico exclama algo que Dean no alcanza a entender, y es entonces cuando se da cuenta que el chico va descalzo.

"¿Qué…?" comienza a decir Dean, pero el chico lo interrumpe.

"¡Lo siento!" dice, con expresión asustada, abrazándose a sí mismo.

Dean siente su corazón retorcerse un poco y, acercándose con cautela al chico, pregunta "Hey, ¿qué pasa?"

"Lo siento," vuelve a decir. "N-no sabía qué hacer, mi hermano me perseguía y…" la voz le tiembla. Se detiene un momento para inhalar "Y vi las luces encendidas aquí, y pensé que podría ocultarme sólo un poco aquí, sólo hasta que mi hermano se vaya"

"¿Tu hermano?" pregunta Dean, sorprendido. Se pregunta qué clase de hermano te persigue con tal enojo para hacer que te metas a la casa de un completo extraño pidiendo refugio. En su experiencia, los hermanos a veces te abandonaban por la Universidad, sí, pero definitivamente no te perseguían en Año Nuevo.

"Sí, él…" el chico tose un poco, y Dean nota que sólo lleva una camisa blanca muy delgada y un pantalón de aspecto terriblemente viejo.

"Espera" le pide y se quita la chaqueta de cuero para extendérsela. El chico la toma, el brazo temblándole, y se la pone con rapidez. Le queda enorme, las mangas le cuelgan. El chico la envuelve alrededor de sí, y Dean nota que es bastante delgado. Luce como si no hubiera comido en semanas. Dean se pregunta si es así. "¿Tienes hambre?"

"N-no" el chico murmura, mirando al piso, pero un rugido de su estómago lo delata. Dean sonríe ligeramente y camina hasta la cocina, buscando algo que darle al chico. Examina la cocina entera, y se da cuenta que realmente no tiene nada decente para comer. Piensa por un momento darle simplemente una cerveza, pero el chico tiene algo, como un aura de inocencia que Dean simplemente no puede explicar y que siente que corrompería si le inculcara su propio vicio. Apenado, le da al chico una bolsa de patatas fritas.

"Lo siento, realmente no tengo nada comestible" se ríe un poco y, para su alivio, el chico ríe un poco también. El sonido relaja a Dean, y se permite volver a sentarse en el sofá, observando cómo el chico abre con una calma que Dean sospecha no siente en verdad la bolsa, comenzando a comer despacio.

"¿Por qué no te sientas?" lo invita Dean, palmeando el sofá a un lado de él. El chico lo mira con ambos ojos abiertos, como si Dean le estuviera pidiendo que aceptara un diamante enorme, lo que causa que éste último ría. "Vamos, no seas tímido"

El chico frunce el ceño y se acerca con cautela, sentándose en un extremo del sofá. Dean lo observa con una pequeña sonrisa, y se da cuenta que el televisor sigue encendido. Lo apaga y se gira hacia el chico.

"Me llamo Castiel, por cierto" dice el chico, Castiel, volteándose hacia Dean visiblemente nervioso.

Dean sonríe. ¿Qué clase de nombre es Castiel? "Yo soy Dean. Ahora, ¿qué pasó?"

El chico tragó. "Yo, uh… Huía de mi hermano"

"Sí, me lo has dicho. Pero, ¿por qué?"

"E-es que…" Castiel retuerce entre sus dedos las mangas de la chaqueta de Dean. "No es nada, yo… No creo que haya visto dónde me metí. Tal vez deba irme…" se para y hace amago de quitarse la chaqueta, pero Dean se para y lo detiene.

"No, quédatela" dice, "¿Dónde vives? Hace un frío terrible, por Dios, está nevando. Déjame llevarte"

Castiel se sonroja. "Yo, uh… No quiero molestarte, realmente no voy hacia mi casa ahora mismo"

"Entonces, ¿a dónde? Te llevo igual. No pienso simplemente dejar que vayas por ahí, con un hermano loco tras de ti y encima descalzo"

Castiel se sacude el cabello oscuro y ríe un poco. "Estoy buscando a alguien. Un amigo me dijo que podría quedarme en su casa temporalmente, pero… realmente no sé quién es"

"¿Y por qué buscarías a alguien sin saber quién es siquiera?" Dean alza una ceja.

"Por la misma razón por la que me oculto en la casa de alguien sin saber quién es siquiera" responde, agachando la mirada.

"Y quieres decir que…"

"Yo… Huí de casa, ¿está bien? Planeaba quedarme en la casa del amigo de mi amigo -él me dijo que estaba solo y me dejaría quedarme un par de días-, pero mi hermano me descubrió y corrí sin sentido hasta que llegué acá"

Dean frunce el ceño. "¿Y por qué harías eso?"

Castiel sonríe un poco. "¿Ves eso que siempre dicen en las historias, sobre gente infeliz que hace algún cambio impresionante en su vida apenas entra el año, y terminan felices?"

"Oh" dice Dean simplemente. Está un poco asombrado. Castiel tiene pinta de ser un niño, y en los diez minutos que Dean lleva conociéndolo ha demostrado tener más agallas de las que Dean jamás tendrá. Es un niño, y está huyendo de casa, piensa Dean, ni en mil años juntaría el valor para hacer lo que él acaba de hacer. "Pero eres demasiado joven como para enfrentarte al mundo real aún" termina diciendo de todos modos.

"¿Joven?" Castiel frunce el ceño. "Tengo veinte años"

"Oh" Dean frunce el ceño. Si le hubieran preguntado, él diría que Castiel debía tener… 15. "¿No deberías estar en la Universidad o algo así?"

"Bueno, para empezar, es Año Nuevo" ríe. "Y no. Mi padre no me permitió estudiar"

La confesión hace que a Dean se le forme un nudo en la garganta. No puede imaginar qué otras cosas habrá sufrido Castiel, si vivía con un hombre que ni siquiera le permitió ir a la jodida escuela. Resuelto, Dean se para frente al chico y lo mira con determinación. "Te quedarás entonces conmigo"

"¿Qué?" Castiel lo mira directo a los ojos, y Dean se marea un poco por lo azules que son. ¿Existe siquiera ese tono de azul?

"Oh, vamos. Pensabas quedarte con un completo extraño, de todos modos. Es más, por lo que sabes yo podría ser ese extraño" le sonríe, tratando de calmarlo. "Además, es muy tarde y hace un frío terrible. Al menos quédate aquí esta noche, ¿quieres?"

El chico guarda silencio por un rato, pero después asiente lentamente. "Está bien" dice, y Dean suspira.

"Bien, entonces…" le extiende una mano al chico. Castiel la toma y se para frente a él. Dean nota que es apenas unos centímetros más bajo que él. "Te mostraré dónde puedes dormir"

Castiel asiente y Dean comienza a caminar escaleras arriba, asumiendo que el chico lo sigue. Apenas sube, abre la primera puerta y voltea para mirar a Castiel. "Puedes dormir aquí. Era el cuarto de mi hermano, pero ya no está"

"Oh," Castiel lo mira apenado. "Lo siento mucho"

Dean ríe. "¡No! No está muerto. Me refiero a que ya no vive aquí"

Castiel sonríe apenado y entra al cuarto, murmurando un "Oh" casi inaudible.

"Te dejo, entonces" dice Dean y se da media vuelta, pero cuando está a punto de caminar, siente cómo el chico le toma del brazo para voltearlo.

Le da un beso en la mejilla y le susurra un "Gracias, Dean" al oído antes de soltarlo y cerrar la puerta. Lo escucha gritar "¡Y feliz año nuevo!" desde dentro del cuarto.

Adorable. Dean sonríe y camina hacia su propio cuarto, que está al final del pasillo del mismo piso. Entra y se deja caer en su cama, tomando su celular, que anuncia un nuevo mensaje.

"Deberías agradecerme"

Dean frunce el ceño, pensando en un momento de estupidez que Dios se ha vuelto humano, ha conseguido un móvil y ahora le está exigiendo que le agradezca por enviarle a semejante ángel justo el desdichado día en que se estaba rindiendo. Después ve el número y se da cuenta que es sólo Chuck, un viejo amigo al que casi ni recuerda.

Teclea un rápido "¿Por qué?" y lo envía, dejando después el aparato en un buró al lado de su cama.

"Esto es ridículo" susurra para sí mismo, pensando que apenas hace un rato estaba considerando volarse los sesos, y ahora sentía la obligación de cuidar al chico que había ido a parar a su casa. Piensa en que es bastante cliché, que alguien llegue de esa manera a su vida justo en, literalmente, el primer minuto del nuevo año. Ríe para sí mismo y cierra los ojos, dejándose arrastrar por el sueño.


Generalmente no es mi estilo escribir con un lenguaje "vulgar" (aunque, en realidad, normalmente hablo así xD), pero ya que la historia es narrada desde el punto de vista de Dean, me pareció adecuado.

A quienes se hayan tomado el tiempo de leer esto, ¡gracias! Espero y haya sido de su agrado. Si tengo tiempo, subiré un capítulo cada día, ya que ya he escrito la mayoría (no serán más de 10) y sólo necesito editarlos un poco. ^^'