Nexus

Frío. Eso era lo único que podía sentirse sin importar la dirección que pudieras tomar. Un ambiente frío que cubría por completo todo el espacio como si fuera el mismo aire que te rodea el que hubiera bajado su temperatura. Y, por qué no, seguramente se trataba de eso mismo.

Duro. Así era como se podía sentir el lugar en el que se encontraba. Una superficie dura, y arisca, que estaba en contacto con su cuerpo, con todo su cuerpo. Duro, molesto y que no parecía tener fin.

Estuviera donde estuviera, lo único que parecía ser era que no le gustaba nada en absoluto y que querría estar de vuelta al lugar donde habitualmente estaría durmiendo porque, así es, se encontraba durmiendo y todo lo que sentía lo hacía de manera inconsciente por eso mismo, pero que, a pesar de ello, le llegaba a fin de cuentas porque aún poseía el sentido del tacto por todo su cuerpo.

Extraño. Eso era lo que todo este lugar, todas estas sensaciones, le estaban proporcionando. Donde fuera que se encontrase, no era un lugar que le fuera conocido y, por tanto, uno en el que pudiera permitirse el lujo de estar durmiendo de manera despreocupada. No estaba a salvo si no todo lo contrario. Estaba en peligro y debía despertar de una vez. Y debía hacerlo…

¡AHORA!

Sus ojos se abrieron de golpe y una profunda oscuridad le dio la bienvenida impidiéndole el tratar de reconocer los alrededores. Con sumo cuidado trató de levantarse pero, mientras no se acomodase a la escasa luz presente, decidió que no pasaría de llegar a sentarse. Sentarse en un suelo de fría piedra que podía sentir a través de la tela que cubría su cuerpo y que se lo estaba maltratando. Una inspección con sus manos le hicieron ver que se encontraba llevando uno de sus pijamas y, debido el cual llevaba puesto, uno cuya parte superior imitaba a un corsé con su escote acordonado, sabía que se durmió la noche de un viernes por lo que, era más que posible, que fuera sábado ya que no solía pasarse un día completo durmiendo. Además de que había sentido la necesidad imperiosa de despertarse. Por suerte se trataba de una expresión y no que hubieran usado en ella la maldición Imperius, por lo menos hasta donde podía estar segura.

Su vista, finalmente, se acomodó a la poca luz del lugar y sintió como si alguien le apretara el corazón en un puño ante lo que le mostraron sus ojos. Era un espacio cerrado de piedra que, a primera vista, parecía de forma cúbica y de unos seis metros de lado. No había nada más que la piedra que formaba el suelo, las paredes y el techo.

Nada más. Ni ventanas con barrotes, ni puerta firmemente cerrada a cal y canto. Solamente seis superficies de piedra a su alrededor y ella sola en su interior iluminada por aquella pálida luminosidad que parecía provenir, precisamente, de las propias paredes. Realmente se trataba de algo siniestro, o así se lo parecía por culpa de haberse despertado en este lugar en vez de haberlo hecho en su propia cama, en su propia casa.

Se llevó una mano a la boca para ahogar cualquier sonido que pudiera haber podido emitir cuando su vista periférica le mostró como una sombra se llegó a mover a su derecha, en la esquina de esa zona. A pesar de encontrarse en esta extraña, confusa y, seguramente, peligrosa situación, su mente parecía tratar de aclimatarse y hacer lo mejor que se le daba: el pensar. Así llegó a la conclusión de que, aunque había cierta luz en este lugar, esta parecía encontrarse dirigida solamente a su presencia, con lo que dejaba en sombras a su acompañante. Habiendo encontrado el lugar a oscuras cuando se despertó, llegó a la conclusión de que la luz se dirigía a aquellos que se encontraban despiertos. Una vez llegó a esta conclusión, y mientras trataba de no dar a conocer su presencia, ni que estaba despierta, su otra mano buscó lo único que podría defenderla: su varita. Un ataque de ansiedad fue en aumento cuando se percató que no la llevaba encima.

No sabía donde se encontraba y estaba indefensa.

Con gran cuidado de no hacer ningún ruido se colocó de cuclillas y gateó hacia aquel bulto de oscuridad, que no volvió a moverse desde que se percató de su presencia allí dentro con ella. Afortunadamente su vista se había acostumbrado lo suficiente a la falta de iluminación para poder distinguir lo que tuviera ante ella y por eso supo qué era aquella sombra.

Una persona.

Otra persona que también había sido llevaba hasta el extraño cubo de piedra en el que se encontraba retenida. Su mente le iba ofreciendo posibilidades, que los nervios convertían en realidad, para poder tener algunas respuestas en las que apoyarse y, más tarde, poder tenerlas para rebatir en la investigación que debería hacer para averiguar realmente lo que estaba pasando.

Apenas distaba algo más de un metro cuando el bulto se volvió ligeramente, de manera que provocó que un ligero chorro de luz iluminase esa zona, y su vista captó sus formas e identidad. La impresión la hizo retroceder y caer sentada sobre su culo mientras usó ambas manos para evitar que cualquier sonido surgiera de entre sus labios. Ciertamente se trataba de otra persona pero era una a la que ella conocía, aunque siendo la última que se le ocurría colocar en un lugar como este como su única compañía.

Tuvo la ligera esperanza de que él llevase encima su varita, por muy difícil que esto pudiera ser debido a que, como ella, él también estaba vistiendo en pijamas pero que, como diferencia, solamente llevaba puesto el pantalón dejando su torso expuesto. Por esto mismo no entendía como era que no se despertaba a causa del frío que debía de estar sintiendo al estar tumbado sobre la fría piedra. Ella misma se respondió al recordar de quién se trataba. No obstante las serpientes son criaturas de sangre fría. Apartando esa línea de pensamientos, que no la ayudaban para nada en la situación en la que se encontraba, se acercó con mucho cuidado de no despertarle, no tenía ganas de confrontarle y descubrir como eran sus despertares pues, conociendo como se las gasta estando despierto, durante horas, podía tener una muy buena perspectiva de cómo sería su actitud al despertarse, a lo que había que añadir el hacerlo en este extraño lugar, para buscar la varita que esperaba que llevara encima. Como se encontraba muy cerca de la esquina le costó un poco el examinar la zona debiendo moverse a su alrededor y poniendo manos y pies en torno a él y a sus propias piernas y brazos.

No había rastro de ninguna varita cerca de él y, a pesar de saber que se trataba de una muy mala idea, que debía seguirla, más a su pesar por no tener otra salida, tuvo que registrar lo poco que mantenía cubierto. Cierto que su corazón latía con gran fuerza, o que su respiración se encontraba agitada, pero era debido a la situación en la que se encontraba y no por estar palpándole por encima del pantalón de su pijama en busca de una varita que sabía no iba a encontrar. Claro que, en cambio, sus manos encontraron otro tipo de varita que la hizo sonrojarse y no por el frío del lugar. Apartó sus manos al momento pero ya era demasiado tarde.

Él tenía los ojos abiertos y estaban fijos en los suyos propios.

—¿Granger?— su confusión era tan sincera que, de no ser porque se encontraban en una situación peligrosa y desconocía las causas que la habían llevado aquí, Hermione se habría reído.

—Ya era hora que despertases, Malfoy.

Continuará

Se trata de una historia que, tan bien, podría haber sido subida como un one-shot pero que, en cambio, irá por unos cuantos capítulos. No traten de buscarle un fondo a la historia, ni entender a los personajes que la protagonizan si no, solamente, lean y, así lo espero, lleguen a disfrutar de su lectura.

Disclaimer: Todos los personajes relacionados con las novelas de Harry Potter, así como lugares, objetos, y demás, pertenecen a J. K. Rowling. Lo único que me pertenece es el argumento de la historia, y eso es algo que se nota dada su sencillez.

REVIEWS.

REVIEWS.

Nos leemos.^^