Hola. :)


¿Apuestas tu cabello?

Resumen: Neji y Sakura quedan de verse para trabajar en unos pergaminos que Tsunade les había encomendado.

Disclaimer: No soy dueña de nadie de naruto.

-pensamientos-


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¿Apuestas tu cabello?

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Corría rápidamente, aunque ya no lograría llegar a tiempo. No quería que creyeran que las malas mañas de su sensei se le habían pegado, pero no pudo evitar retrasarse. Ahora, sólo le quedaba correr. Estaría sudada y cansada, pero llegaría.

Sabía que él la entendería. Se mostraría molesto al principio, la miraría por unos instantes con sus ojos fríos, diría alguna frase sobre la puntualidad, después la ignoraría y mientras ella se disculpaba, él estaría mirando para otro lugar, sin prestarle atención, aunque en realidad sí la estaría escuchando, luego murmuraría algo reconfortante como: -la próxima vez, sólo avísame-, y de nuevo estarían felices y contentos.

Apostaba su cabello a que eso sucedería.

—Que tonta—murmuró mientras continuaba corriendo—, ya estoy hablando como él.

Al entrar a la sala donde debía reunirse con su compañero hace más de dos horas, una gélida mirada le detuvo el paso.

-Enfado-se dijo. Como supuso la primera impresión de él. Durante su rápido recorrido, se había preparado mentalmente para no flaquear ante aquella penetrante mirada.

Sin embargo, no pudo controlar el escalofrío que la recorrió y trastabilló un poco. Había olvidado lo incómodo que era tener dos fríos ojos, semejantes a duras calizas, fijos en ella.

Si había algo que aquel joven de opalina mirada odiaba era el retraso. Inconcebible, según él, para alguien que se hiciera llamar shinobi. Los pocos sentimientos que se permitía mostrar tenían que ver con orgullo y furia. Y sólo salían a superficie cuando un fracasado lo retaba o cuando ocurría un retraso.

—Llegas tarde, Haruno—dijo, su voz fue seca—. De nuevo. Si no respetas tu tiempo, por favor, respeta el mío.

Voz fría, mirada molesta, ceño exageradamente fruncido, debía agradecer que la hubiera esperado.

-Sabía que diría eso-pensó la chica-, ahora: Ley del Hielo.

El joven después de mirarla por última vez, giró la cabeza hacia una montaña de pergaminos y la ignoró.

—Neji—murmuró ella, acercándose despacio al chico—. Lo siento.

No hubo respuesta, en realidad no la esperaba, sabía que los próximos quince minutos sólo habría un monólogo creado e interpretado por ella misma.

Después del plazo del cuarto de hora, Sakura decidió dejar de lado sus disculpas sin respuesta e inició su excusa-explicación del por qué de su retraso. No quería sonar como niño melindroso que contaba como su hermanita menor se comió la tarea, así que de camino, también, había podido planear un poco su discurso.

—Soy doctora, Neji, las personas no se lastiman o enferman únicamente en horario de oficina—le dijo con un tono muy profesional—. Hubo una emergencia en el hospital, me retrasé atendiendo al paciente.

El hyuga no la miraba, no había dado ni una sólo seña de estarle prestando atención, pero ella sabía que sí la escuchaba.

—No quería que la pobre chica se fuera a su casa con una katana atravesada en la pierna—concluyó. Concentró toda su atención en el hombre para ver si daba alguna señal de haberle perdonado el retraso, pero no hubo cambio alguno en el semblante de él.

En todo caso, él sí prestó atención y sí entendió la razón del retraso. Tal vez ella aún no lo sabía, pero el chico siempre la escucharía, la entendería y perdonaría.

—Ten—le dijo, después de un rato de silencio.

Un silencio cómodo y cálido, donde ambos se sintieron bien al lado del otro. Sakura sonrió y tomó asiento al lado del Hyuga; esos silencios eran cada vez más comunes entre ellos.

Eso le gustaba, y a él también.

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-Cielos, debería raparme-pensó la chica, tiempo después, cuando el Hyuga se disponía a marcharse.

—Mañana al atardecer—le dijo él a modo de despedida, su tono fue suave, logrando cautivar a la pelirrosada.

Ella asintió avergonzada, no podía creer que sus mejillas enrojecieran con tan pocas y nada románticas palabras. Sin embargo, una sombra nubló sus pensamientos. Neji no había dicho nada reconfortante para que ella supiera del todo que su retraso no lo había enfadado. Se acarició su cabello mientras pensaba que había perdido la apuesta.

—Haruno—llamó él—, ¿sucede algo?

Ella sonrió amablemente y negó con la cabeza.

El Hyuga la miró sin creerle, conocía la mirada de ella, no era la primera vez que veía a la chica llevarse las manos así a su cabello. Recordaba la primera vez que lo hizo.

FLASH BLACK.

Después de terminar una misión con Sakura y Naruto, el rubio había tenido la osadía de hablar de momentos privados con su prima delante de él.

No hace falta explicar la reacción del chico ante esas declaraciones, especialmente, porque lo que importa es la reacción de Sakura.

—Hyuga—aún ella no tenía tanta confianza en él para llamarlo por su nombre y su intención era defender a Naruto—, no le hagas caso a Naruto. Hinata y Naruto no han estado juntos.

Dejando atrás al rubio, Neji se acercó a ella, hasta invadir el espacio de la chica y ponerla en una situación bastante incómoda. Eso era lo que buscaba. Era sumamente indecoroso que Naruto hablara de sus intimidades en público, pero era aún peor que Sakura mencionara una relación formal entre Hinata y Uzumaki y que hablara, tan a la ligera, de relaciones sexuales.

A pesar de la fuerte intimidación, ella repitió lo que había dicho.

—Apuesto mi cabello, a que sí—le dijo él en un susurro amenazador y se le acercó todavía más.

Sakura confiaba en lo que decía. Naruto era su mejor amigo y Hinata participaba en las fiestas de solo chicas, así que si había sucedido algo entre ellos, ella sabría. Sonrió con seguridad:

—Apuesto mi cabello, a que no.

—¡Sakura, no!—chilló Naruto.

Neji sonrió, con aquella sonrisa maniática tan característica de su triunfo y le ofreció a la pobre chica un kunai.

La pelirrosada temerosa se llevó su mano a su cabello y lo acarició.

Neji solo apostaba su largo, sedoso y bien cuidado cabello cuando estaba completamente seguro.

Fin Flash Back.

Desde ese entonces, ya más de dos años, la chica había usado su cabello corto.

—¿Apostaste tu cabello?—preguntó él, curioso.

Los ojos verdes y expresivos de la chica se abrieron sorprendidos.

—Solo pensaba—murmuró y le sonrió algo tímida. Recordaba bien su apuesta de cabello, sobre todo, porque desde aquel día, Neji se había convertido en su amigo.

Él le devolvió la sonrisa y ella se sintió feliz, aunque internamente se lamentaba pues creía conocerlo bien y se había equivocado. El Hyuga se marchaba sin decirle una frase reconfortante. Ni siquiera un: sé puntual mañana, o no apuestes tu cabello si no estás completamente segura.

En fin, se había prometido no tener más desencantos en el amor y ella también tenía que marcharse. Lanzó un largo suspiro y tomó su mochila.

—Haruno—dijo él por última vez, antes de desaparecer en el umbral de la puerta—, la próxima vez, sólo avísame.

Sus ojos verdes se iluminaron, su sonrisa se intensificó.

No era tan distinta a Neji.

Ella también sólo apostaba su cabello cuando estaba completamente segura.


Gracias por leer!

Por cierto, se imaginan a Neji perdiendo una apuesta T.T

Me gustaría que me hagan saber qué les pareció.

Saludos, que estén bien. :)