Hola! Este es mi primer fic, espero que les guste. Este es un fic AU y OCC.

Cuando la letra es te así ejemplo se refiere a una narración.

Cuando las palabras estén así -ejemplo- se refieren a los diálogos

Y cuando este en cursiva ejemplo se refiere a pensamientos


Nunca consideré las consecuencias...

Capítulo 1: Hazañas en Seattle

¡Al fin libre! era el único pensamiento que pasaba por mi cabeza. Había cumplido los 18 y nunca jamás, tendría que volver a pisar el infierno, o como otros lo llamaban el instituto Ridgeway.

5 minutos y libertad, sólo 5 minutos en lo que sería mi última clase en este lugar. Ahh, la última clase en este infierno, la última vez que tendría que escuchar la espantosa e insoportable voz de la señorita Briggs.

Mi paciencia comenzaba a acabarse, por lo que comencé a realizar garabato en el cuaderno que tenía en frente. Unos minutos después sonó el timbre, la felicidad que sentía en ese momento no se hizo esperar y una gran sonrisa apareció en mi rostro. Cogí mis cosas y salí corriendo en dirección a donde estaban los casilleros. Llegué al mio casi sin aliento, puse mi clave, tomé la gran bolsa negra que en la mañana había dejado allí y metí todos los libros, lápices, cuadernos y utensilios que en algún momento utilicé. Cuando vacié mi casillero, le hice un nudo a la bolsa y la arrojé al bote de basura que estaba en una esquina.

Salí del edificio con una gran sonrisa, no me molesté en despedirme de nadie, después de todo no tenía amigos, sólo un par de conocidos con los cuales molestaba a los nerds para robarles el dinero y poder comprarme comida, o sí, mamá ama la comida y en especial el jamón.

Los fuertes bocinazos me sacaron de mis recuerdos, tomé la mochila que llevaba en mis hombros con más fuerza, en señal de protección - sonreí ante eso, no tenía nada que pudiera proteger, después de todo sólo llevaba unos cambios de ropa, mi Peraphone y mi dinero iban en mis bolsillos.

Seguí caminando por las calles de Seattle, era una buena ciudad, no se parecía mucho al lugar donde nací… por un momento pensé en regresar allí, pero luego recordé la vida que llevaba. En el instituto los profesores me odiaban, la gran mayoría de los alumnos me tenían miedo desde el jardín de niños y en mi hogar, no, eso no era un hogar, era un departamento que se encontraba en muy malas condiciones, donde vivía con mi madre , la cual prefería una botella antes que a su hija, y mi padre, ah mi padre, el recordarlo hizo que un nudo se me formara en la garganta, no sabía de él desde los 8, se fue para nunca más volver.

Seguí caminado y vi la hora en un gran reloj en la pared de un edificio, eran las 5pm, según mis cálculos estaba por empezar mi graduación, graduación en la no me molesté en ir. No soportaría ver los rostros nostálgicos de algunos al abandonar a sus amigos – amigos, amigos que yo no tuve- o aquellos rostros felices de quienes tenían sus expectativas a lo que sería una vida universitaria, cosa que no sentiría nunca, ya que no me había molestado en tratar de entrar a alguna, de todos modos sabía que no me aceptarían.

Vagué por unas calles hasta que me topé con una iglesia la cual tenía las puertas abiertas y por lo que podía ver, se estaba llevando a cabo una boda. Me acerqué aún más, estaba casi adentro y mi vista se centró en la novia. Llevaba puesto un vestido blanco con una larga cola, a su lado, estaba el que sería el novio vestido de traje y junto a él, unos sujetos vestidos igual, lo que supuse serían los padrinos o algo así. El cura les preguntaba si aceptaban casarse el uno con el otro, cosa que ambos aceptaron.

-Si alguien se opone a esta unión, que hable ahora o calle para siempre – el cura pronunció esa frase y todo el lugar quedó en silencio, mientras una idea descabellada pasaba por mi cabeza, y si…

- Yo me opongo- dije fuerte y claro entrando en la iglesia. Todas las miradas se posaron en mi, algunos susurraban, la novia le exigía explicaciones al que sería su esposo, mientras este solo negaba con las manos y la cabeza en una forma desesperada.

El cura se aclaró la garganta y pronunció – Hermana, Cuales son tus razones para impedir esta boda- el lugar volvió a un silencio sepulcral.

Tomé una bocanada de aire y sonreí. – Ninguno, sólo me pareció divertido hacer esto- salí de ahí corriendo ante la mirada atónita de los presentes, recogiendo mi mochila que segundos antes reposaba en el suelo de la entrada.

Mi risa no se hizo esperar mientras huía del lugar donde había realizado mi gran hazaña. Sus caras de sorpresa no las iba a olvidar tan fácilmente. Una carcajada murió en mi garganta cuando un idiota de jaló del brazo para frenarme.

-¿¡qué te sucede imbécil! – exclamé enojada, dirigiéndole una mirada furiosa

- ¿qué te sucede a ti?, por poco arruinas la boda de mi hermana!

Entonces reparé en él, era una cabeza más alto que yo, tenía el cabello castaño, era blanco, sus ojos eran marrón oscuro y se notaba enojado, por la forma en la que sostenía mi brazo noté que era fuerte. Miré su vestimenta y llevaba un esmoquin, lo reconocí como unos de los sujetos que estaban al lado del novio.

Mi cara era de pura sorpresa, jamás creí que me atraparían. Desperté de mi trance cuando me di cuenta de que me arrastraba de vuelta al lugar donde cometí mi gran hazaña.

-Idiota suéltame, si no quieres que te parta la cara!- le grité mientras trataba de zafarme

- No te soltaré hasta que le pidas disculpa a mi hermana y su esposo por el mal rato que le haz hecho pasar- dijo lo más sereno posible pero con una mirada seria.

- já! En tus sueños idiota- soy una Puckett, y las Puckett no pedimos perdón.

Entonces sonrió, que sonrisa más sexy, espera qué!

-Si no quieres por las buenas…- oh no, él no lo haría – lo harás por las malas- y antes de que me diera cuenta el idiota me tomó de la cintura y me cargó en sus hombros como si fuera un saco de papas.

Comencé a darle golpes en la espalda mientras lo insultaba, ya que el idiota tenía mis piernas afirmadas de un modo en el que no podía propinarle unos buenos rodillazos, inmovilizándome.

-Insulta y golpéame todo lo que quieras, no te soltaré- dicho esto, comenzó a correr a pesar de incrementar mis golpes e ingeniosos insultos, con respecto a su cara y forma de ser.

Supe que llegamos cuando paró de correr. Dejé de golpearlo para levantar mi cara y ver a todas las personas que estaban en la iglesia, incluidos los novios, ahora esposos, mirándome como si les diera asco. Les dirigí una mirada fulminante a todos.

-qué hace ella aquí?- pronunció la novia con repulsión, el idiota me bajó, pero seguía sosteniéndome de los hombros.

-Viene a disculparse- dijo como si fuera obvio.

-Te dije que no lo haría idiota!- dije de una manera enojada y agresiva.

-Freddie…-así que se llamaba Freddie, Frediota le quedaba mejor, sonreí ante este pensamiento- déjala, que se vaya y no nos arruine la tarde- dijo una de las señoras

-Sí Frediota, suéltame- el idiota me soltó, y con el mayor descaro del mundo hice una especie de reverencia, sonreí y pronuncié- Un placer conocerlos señores- Luego de eso me fui caminando como si nada hubiera pasado, mientras escuchaba como algunos gruñían o susurraban a mis espaldas.


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Por sus dudas este fic si va a tener Seddie, y mucho.

Si lo desean nos leemos en la próxima!

Bless *-*'