Tetsuna: Este es un nuevo trabajo en colaboración de Yuki esperamos les gustara

Yukihana: Daiya no nos pertenece.

TITULO: Inocencia
AUTORA: Tetsuna Hibari y Yukihana-Hime
RESUMEN: A veces la pureza de los niños, llega a niveles insospechados. Y sus palabras y acciones por muy infantiles para los adultos, para ellos pueden ser el mundo.
PAREJAS: MiyuKura, FumiRyo, YukiJun
GÉNEROS: Comedia, Shonen-Ai
ADVERTENCIAS: Mpreg


Pretendientes


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— ¡Oto-chan apúrate! ―exclamaba un pequeño doncelito castaño, poseedor de un par de hermosos ojos ámbar y una reluciente sonrisa.

El pequeño Eijun vestía un trajecito de marinerito blanco con azul mientras esperaba con su mochilita en la entrada de su casa. Trotaba sobre el mismo sitio impaciente por salir corriendo.

— ¡Espera Eijun! ―se escuchó una voz diciéndole al pequeño que tuviera paciencia.

— ¡Apúrate! ―exigió otra vez el niño en desacuerdo, estaban retrasados a su destino.

— Ya, vamos. ―dijo apareciendo en la entrada el padre del infante. ― Toma. ―entrego al pequeño un sombrero que hacia conjunto con su uniforme.

El mayor era un hermoso doncel de cabellos verdes rebeldes y una gran sonrisa como la de su hijo, ojos cafés y una gran figura, Miyuki Youichi, marido de un jugador de béisbol profesional y gestor del imperativo Eijun.

— Hai. ―exclamo el niño cuando se lo colocaron en su cabeza― Ahora vámonos. Chris-sensei me espera y no puedo hacerlo esperar. No es correcto. ―el pequeño jalo de la mano a su papi hacia fuera de la casa hablando con gran solemnidad― Te enseñare todo lo que he aprendido gracias a mi Chris-sensei.

— Ya entendí. Ya entendí. Vamos. ―hablo con tono amable y una sonrisa fingida, dejándose llevar.

Se detuvo a cerrar la puerta de su casa con seguro y caminaron un poco antes de subirse a la camioneta familiar para arrancar directo a la guardería de su hijo. En todo el camino hacia el recinto educativo el pequeño no había dejado de gritar que se apresurara, y por momentos el padre maldijo a la causa de la impaciencia de su retoño, el famoso sensei.

Cada día era lo mismo, su pequeño exigiendo ser llevado con rapidez al encuentro con aquel profesor pero ese día el menor se portaba peor que los días anteriores, muy probablemente se debía a que se realizaría era el festival deportivo y los padres tenían que ir a convivir con sus hijos en la escuela y el infante podría lucirse enfrente de su profesor amado.

Eijun había estado emocionado desde una semana atrás, diciéndoles a sus padres que les enseñaría todo lo que sabía. Los padres orgullosos sonrieron ante la idea de que su hijo pensaba lucirse para ellos pero al escuchar que el menor mencionaba otra vez a su profesor, el padre doncel frunció el ceño. Lo admitía, era un padre celoso y no le gustaba la idea de que su retoño tuviera ojos para alguien más que no fuera sus padres.

— Ya llegamos. ―aviso el padre estacionando el auto.

Rápidamente el niño se desabrocho el cinturón de seguridad para poder bajar del auto sin esperar a que su padre le abriera la puerta trasera.

― Eijun con calma. ―pidió a su hijo ante de que corriera lejos de su vista, hizo un puchero pero obedeció a su papá.

Una vez su padre doncel estaba a su lado, el infante agarro la mano del mayor para empezar a caminar hacia la entrada de la guardería "Seidou", en donde estudiaba felizmente desde que su profesor comenzó trabajar.

— Youichi, buenos días. ―una nueva voz juguetona detuvo el andar de padre e hijo, quienes voltearon su mirar hacia la persona que llamaba al doncel.

— Ryo-san buenos días. ―saludo con una sonrisa el peli-verde.

A los familiares se acercaba un doncel pelirosa con una mini copia de sí mismo agarrado de su mano, Ryosuke Fumiya y junto a él venía su esposo Kusunoki Fumiya, el cual sonreía mientras agarraba la otra mano de su pequeño hijo.

— ¡Haruchii! ―exclamo Eijun al ver a su mejor amigo, ignorando a los padres de tal.

Se soltó del agarre de su padre para correr a abrazar al pelirosa menor, quien también se soltó de sus padres para corresponder el abrazo de su mejor amigo. Ambos infantes se sonrieron con gran alegría.

— ¡Ei-chan! ―exclamo Haruichi.

— ¡Vamos! ¡Chris-sensei nos espera! ―el enérgico castaño con nueva presa la jalo al interior de la guardería, dejando a los adultos detrás.

— Ahh…―suspiro el peli-verde con resignación.

— ¿Cansado? ―pregunto burlón Ryosuke.

— Ryo, deja en paz a Youichi-san. No es fácil controlar los celos de padre. ―hablo calmadamente el varón Fumiya a su esposo, quien solo hizo un leve puchero al ser regañado por querer burlarse.

— Ryo-san, solo espera a que Haruichi se enamore y me entenderás. ―dijo el peli-verde con gran pesar, aun le costaba asimilar que su hijo había crecido a tal nivel que ya tenía su primer amor.

— Youichi, eso nunca sucederá. ―aseguro Ryosuke con una sonrisa sádica.― No creo que haya alguien tan valiente para acercarse a mi hijo.

— ¡Haruchii! ―escucharon el grito de Eijun llamando al pelirosa.

Los tres adultos guardaron silencio, mirándose.

—…A excepción de tontos como Eijun. ―concluyo Ryosuke al final.

El doncel pelirosa recordó el día en que el enérgico Eijun había conocido a su adorable pequeño, en aquel momento quiso matarlo por tomar por completo la atención de su adorable niño quien estaba feliz de tener su primer amigo, pero se abstuvo de hacerlo al notar que el castaño no iba tras su hijo más que con una intención amistosa. Motivo por el cual le permitió una vida más larga.

— Mi Eijun no es…―El peli-verde quiso defender a su hijo, aunque incluso él sabía que era un tontito en muchos aspectos. Suspiro derrotado.

— No defiendas lo indefendible. Sabemos que Eijun es tontito. ―susurraron en el oído del doncel, provocándole un estremecimiento.

Ante tal reacción el nuevo integrante en la conversación sonrió. El doncel fue tomado de la cintura para girarlo sobre su eje para encontrarse de frente con su esposo, un varón de pelo y ojos café que ocultaba detrás de unas gafas.

— ¡¿Qué haces aquí Kazuya?! ―preguntó desconcertado.

— Me salte el trabajo. ―respondió con simpleza y feliz el varón.

— ¡¿Qué hiciste que?!

— No tienes que gritar. ―el varo se cubrió los oídos, su esposo tenía la misma manía de gritar que su hijo.

― Claro que tengo que hacerlo si haces semejante idiotez. ―el doncel lo miraba con el ceño fruncido y el tono claro de enfado.

― Bueno… no me podía perder el festival deportivo de mi hijo. ―intento justificarse pero noto que solo había provocado mayor enfado en su esposo, por lo que opto por dejar el juego.― No te preocupes, me dieron permiso.

— Además, si nuestro pequeño salió tonto, fue por tu culpa, maldito mapache. ―Youichi se tranquilizó, regresando al tema original― Tus genes no traen nada bueno.

— Oye, Oye~ Si mis genes no tuvieran nada bueno, no sería guapo e inteligente y no te hubieras enamorado de mi perfección. ―contraataco Kazuya.

— ¡¿Ahh?! Pero que es…

— ¡Los padres que faltan, entren por favor, el festival esta punto de comenzar! ―el anuncio de un trabajador de la guardería interrumpió la pelea del matrimonio Miyuki.

Ambos matrimonios miraron a la entrada del edificio, encontrándose con joven varón con rasgos extranjeros, alto, castaño y guapo. Era el cuidador de sus hijos; Chris Yuu Takigawa. El joven varón estudiaba la universidad pero trabajaba medio tiempo por las mañanas en la guardería, ayudando a su madre que era la directora.

— Chris ―saludo Kazuya con una sonrisa acercándose con los demás a la entrada de la guardería.

— Oh, Miyuki-san, bienvenido. Pensé que no vendría por su trabajo. ―dijo el asistente con una sonrisa cordial.― Debe ser difícil ser jugador profesional.

— No es tan duro. ―contesto Kazuya.

— Pasen, espero se diviertan. ―el joven se hizo a un lado para dejar pasar a los padres.― Bienvenidos el día de hoy Youichi-san, señores Fumiya.

Ambas parejas entraron al recinto después de regresar el saludo, dirigiéndose al Salón Inu [1] ya que sus hijos estaban en el mismo salón. Al entrar notaron que los niños andaban de un lado a otro, sin importarles las presencias de sus padres que los miraban con una sonrisa al ver como se divertían lo peques por arreglar los últimos detalles para darles la bienvenida. Los adultos notaron que el pequeño castaño se les acercaba con gran rapidez y curiosidad.

— ¡¿Qué haces aquí Miyuki Kazuya?! ―pregunto Eijun, señalando a su padre varón que lo miraba con una venita en la frente por ser llamado por su nombre completo.

— Es Oto-san, para ti. ―le corrigió, dándole un golpecito en la frente.

— Eijun. ―le regaño el peli-verde a su hijo.

Siempre era lo mismo, su hijo llamaba a su otro padre por su nombre completo en vez de "Oto-san". En cierta forma ya se habían resignado a que el menor nunca se dirigiera a Kazuya como padre pero aun así insistían a veces con la esperanza de que ocurriera algún milagro, algo que no pasaba a pesar de sus ruegos. Eijun seguía con aquella forma de hablar a pesar de todos sus regaños, pláticas, órdenes, etc., y es que el pequeño no le veía nada de malo.

— Eijun, es descortés que llames a tu padre por su nombre. ―le regaño levemente Chris, atrayendo la atención de su alumno.

El infante hizo un puchero por ser regañado por su profesor amado, nunca había sido su deseo que su profesor se molestara con él.

— Lo siento…―se disculpó jugando con sus manitas― Ya que Chris-sensei lo dice, no lo volveré a hacer. ―el matrimonio Miyuki abrió los ojos sorprendidos pero felices de tal suceso.― Lo siento mucho, Miyuki Kazuya Oto-san.

Así hubieran sido personajes de anime, los padres del menor estaban seguros de que hubieran caído al suelo. Habían soñado mucho por algo a lo que deberían de estar acostumbrados. A todos les salió una gotita ante el "Miyuki Kazuya Oto-san", parecía que el niño no había entendido para nada que solamente debería llamarlo Oto-san.

— Bueno… al menos es un avance. ―hablo con resignación Kazuya, encogiéndose de hombros.

— Youichi-san ¿por qué Eijun llama a Miyuki-san por su nombre?

El joven varón se acercó y preguntó al peli-verde, quien pensaba en que responderle al maestro de su hijo, al cual quería matar, no porque le cayera mal, al contrario, Chris era un buen hombre y mejor que su esposo a pesar de ser tan joven, tenía que reconocerlo pero había un problema que involucraba a su hijo, y eso era que Eijun estaba enamorado de su profesor.

— Ryo-Otochan dijo que personas como Miyuki Kazuya Oto-san tenían que ser llamadas por su nombre completo porque de lo contrario el demonio que los poseía no se iría y seguirían siendo molestos. ―respondió rápidamente el infante, atrayendo la atención de los mayores.

El matrimonio Miyuki y el maestro voltearon a ver a Ryosuke, quien portaba una sonrisa maliciosa. El varón Fumiya solo negó con la cabeza, acostumbrado a que su esposo hiciera aquellas maldades sin que lo notaran.

— Haru me llama. ―dijo el pelirosa, tomando de la mano a su esposo e irse con su pequeño el cual se encontraba al otro lado del salón hablando con una pequeña pelirroja.

*Huyo* fue el pensamiento unánime que tuvieron los demás adultos, había sido tan obvio que solo lo hizo para alejarse.

— Ahh. ―suspiro con cansancio el peli-verde― Aun cuando ya tengamos al culpable de todo, no podemos hacer nada.

Y era verdad, era claro para ellos que no podían hacerle nada al pelirosa, aun siendo doncel era de temer. Nadie se creía tan valiente para enfrentarlo, hasta Kazuya que nunca dudaba desquiciar a cualquiera, evitaba molestarlo.

— Eijun. ―llamo Chris al menor quien volteo a verlo confundido por lo que sucedía, ¿había hecho algo mal?― Lo que dijo Ryosuke-san no es verdad, tú al ser hijo de Miyuki-san debes de respetarlo y llamarlo solamente "Oto-san".

— ¿Ryo-Otochan se equivocó? ―Pregunto inocentemente, él siempre pensó que el padre de su amigo nunca se equivocaba, era alguien a quien admirar― No entiendo. ―hizo un puchero, estaba confundido.

— Déjalo así. ―contesto su papi, la situación era muy compleja para su pequeño― Tu solo tienes que llamar a Kazuya, Oto-san. A secas.

Eijun parpadeo viendo a su padre doncel, nuevamente confundido, estaba a punto de hablar cuando una voz gruesa se hizo presente. Todos voltearon a un lado, encontrándose con el matrimonio Yuki.

— Oh, así que viniste Miyuki.

El doncel en el matrimonio -a pesar de que no lo parecía- era de cabellos castaños y ojos del mismo tono con una pequeña barba, respondía al nombre de Jun Yuki. El varón Tetsuya Yuki por su parte tenía cabellos negros y ojos cafés. Con ellos venia un pequeño varoncito de cabellos azabache con toques azulados y ojos azules, Satoru Yuki.

— Tetsu-san, Jun-san. ―saludo feliz Youichi al verlos.

— ¡Sato-chan! ―exclamo Eijun, lazándose a abrazar al otro niño quien lo esquivo fácilmente― ¡No me esquives!

— Hahaha, sigues igual de escandaloso Eijun. ―rio Jun al pequeño revolviendo su cabello.

— Usted también, Inu-Otochan. ―dijo Eijun con un puchero.

— ¿A quién llamas perro? ―exclamo el mayor con una venita en la frente.

— Eijun, respeto. ―riño de nuevo Youichi a su pequeño, el cual no tenía pizca de sentido común.

— Me llevo a Sato-chan. ―anuncio el infante tomando de la mano al recién llegado, escapando de los reclamos de sus padres.

Los adultos fueron testigos de cómo el pequeño doncelito huía jalando al varoncito fue que parecía soñoliento, alejándose en busca de su amigo pelirosa.

— Los niños sí que tienen energía. ―comento Jun al ver como los pequeños empezaban a jugar haciendo más escándalo de lo que ya había en el salón.

— Hyahaha, Jun-san suena como un viejo.

— Tetsu y Satoru me quitan toda la energía, se la pasan jugando. ―se justificó el doncel Yuki― Satoru lanza y Tetsu batea pero parece ser que Tetsu no entiende la palabra contenerse con su pequeño. Siempre está haciendo que Satoru se encienda y lance aún más. Al final del día ambos terminan cansados y aún más yo, que tengo que estar gritándoles que la comida, merienda y cena ya están preparados. No me hacen caso a menos de que salga por ellos al patio.

— Lo entiendo muy bien, Jun-san. ―Youichi estaba muy de acuerdo con las quejas de Jun.― Lo mismo sucede con Eijun y Kazuya. Este tipo…―señalo a su esposo que sonreía orgulloso― tampoco entiende la palabra contenerse. Y como consecuencia, Eijun no deja de gritar.

— Vamos, lo hacemos para que los niños crezcan grandes y fuertes. ―explico el castaño de lentes y el pelinegro asintió de acuerdo.

— Claro, como ustedes se van a trabajar y no tienen que lidiar después con el griterío de sus hijos que ustedes provocaron.

— Eijun siempre grita. / Satoru nunca grita. ―hablaron ambos padres varones respectivamente.

— Es un decir. ―Hablo Jun y es que era verdad que su hijo parecía mudo la mayor parte del tiempo― Cuando ustedes trabajan nosotros tenemos que pagar por sus consecuencias.

— Nosotros tenemos que hacer lo que ustedes no hacen, disciplinarlos. ―continuo el doncel Miyuki― Eijun es un niño muy imperativo.

— Lo saco de ti. ―rebatió Kazuya.

— Pero yo era controlable de niño. ―intento defenderse.

*O tal vez no… no recuerdo en realidad… debo hablar con mi madre…* pensaba el peliverde, intentando ocultar su duda.

— Satoru es muy tranquilo pero cuando Tetsu no está en casa para que puedan jugar, no quiere hacer nada. ―contaba Jun― Parece bella durmiente en su habitación. Durmiendo todo el día a excepción cuando es hora de comer.

Y de ese modo los donceles comenzaron una horda de quejas hacia y sobre sus esposos, quienes escuchaban las consecuencias de sus actos respecto a sus hijos, siendo regañados mientras sus pequeños jugaban tranquilamente sin preocuparse por ellos en una esquina del salón, a la espera de que su profesor anunciara el inicio del festival.

— Bien, empecemos con este festival. ―dijo Chris llamando la atención de todos los padres como de los pequeños, los cuales empezaron a gritar y saltar de alegría ya queriendo jugar.― Como han de saber en el festival deportivo se llevaran a cabo varias actividades donde participaran tanto los niños como sus padres. Este año empezaremos con una obra que se hará con ayuda de las otras tres clases de segundo año, por favor salir al patio donde ya se ha preparado lo necesario enfrente de un pequeño escenario. ―los padres saludaron a sus pequeños que permanecerían un poco más en el salón.― Niños pónganse sus disfraces.

― Hai. ―exclamaron todos los infantes corriendo a buscar su mochila que habían dejado con anterioridad en el salón durante las semanas de ensayo.

Los pequeños emocionados rápidamente se pusieron sus trajes con ayuda del profesor y dos ayudantes, además de alistar lo que falta para empezar la obra. Mientras tanto los padres se acomodaron en las sillas que colocaron para su uso enfrente del escenario improvisado. Los adultos sonreían enternecidos por la emoción de sus adorados retoños los cuales ya comenzaban a llegar y colocarse detrás del telón.

Las familias Miyuki, Fumiya y Yuki se colocaron hasta en frente a petición de Chris, quien les dijo que era para que pudieran ver mejor a sus retoños, los cuales tendrían una mayor participación en la obra escolar.

— Una de mis nalgas queda afuera. ―se quejó Miyuki ante la pequeñez de la silla.

Mientras los demás reían ante su ridículo comentario, el varón de lentes miro a un lado de su esposo como Ryosuke encajaba perfectamente en la silla que pertenecía a los pequeños del kínder.

― ¿Ryo-san acaso tiene la misma altura que de pequeño? ―hablo burlón.― No ha cambiado nada por lo que veo, sigue estando la silla a su medida.

— Youichi, te quedaras viudo. ―le anuncio al peli-verde con una gran sonrisa maliciosa.

— Demonios, Eijun y yo perderemos nuestra fuente de dinero pero ni modo. Lo entiendo. ―el doncel Miyuki estaba resignado a ver morir a su esposo en ese momento.

― ¿Ehh? ¿Youichi? ―Kazuya lo miro incrédulo.― ¿Soy solo una fuente de ingresos para ti? Pero más importante, ¿Cómo te resignas tan fácil a quedarte viudo?

La probable discusión se vio interrumpida cuando uno de los profesores de otra clase se colocó sobre la pequeña tarima, delante de todos llamando la atención de los padres. El educador dio un pequeño discurso de bienvenida y agradecimientos, retirándose cuando el telón se abrió. Chris se colocó a un lado del telón, comenzando la narración correspondiente mostrando un paisaje de una pequeña aldea.

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Había una vez hace mucho tiempo, una pequeña familia en una pequeña aldea rodeada de bosque. En esa familia vivía un pequeño muy alegre y adorable al que todo llamaban caperucita roja… ―en el pequeño escenario apareció el pequeño Eijun vestido de manera humilde y una caperuza roja, saludado al público haciéndolos reír ante su alegría.― Todos los aldeanos amaban a aquel pequeñito y hermoso doncel.

¡Yo soy Caperucita Roja! ―grito con un poco de nervios en su voz al darse cuenta que por estar saludando a sus padres no había dicho sus líneas.― Soy un buen niño que siempre obedece a sus padres.

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El público en general soltó una leve exclamación enternecidos por la sonrisa brillante que mostro el pequeño Eijun y que le dio una imagen angelical, era imposible no amarlo. Youichi como todo padre o madre tonto por su hijo, empezó a sacar fotos sin descanso por medio de su teléfono, una captura tras otra.

— ¿Obedece a sus padres? ―ironizo Kazuya.― Si, como no

— Cállate Kazuya. ―regaño a su esposo para que lo dejara escuchar a su pequeño.― ¿Ryo-san usted no sacara fotos? ―pregunto al verlo tan calmado en su lugar.

El peli-rosa lo miro y sonrió, chasqueando sus dedos, en menos de un segundo de entre el público varias cámaras profesionales salieron de todos los ángulos posibles, con personas con traje que se aseguraría de grabar cada segundo de la pequeña función.

El matrimonio Miyuki sonrió con un tic nervioso en la ceja derecha con una gotita de sudor en la frente, aquello era una actitud común en el doncel mayor, quien exageraba sus acciones cuando se trataba de su pequeño hijo, era seguro que había tomado aquellas medidas para no perderse ni un segundo de su hijo en escena.

— Si quieres te doy una copia, Youichi. ―dijo zorrunamente, recibiendo un agradecimiento.

— Tetsu, deja de moverla así o la romperás…―la advertencia de Jun había sido hecha demasiado tarde, el moreno había roto la cámara de video― Nosotros también necesitaremos una copia, Ryosuke. ―suspiro cansado.

Jun no habría querido darle la cámara al varón a sabiendas de su don por destruir cuanto aparato tecnológico tenía en mano pero cuando se dio cuenta, Tetsuya ya tenía en manos la videocámara.

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—…Caperucita Roja. ―la obra continuaba, ahora con una pequeña pelirroja entrando en escena.

Oh, Haruno Oka-sama ¿sucede algo? ―cuestiono el pequeño Eijun con su adorable sobreactuación.

Quiero que vayas a la casa de tu abuelito Satoru y le lleves esta canasta de comida. ―la pequeña le entrego una pequeña canastita cubierta con una franela.

Por supuesto, Haruno Oka-sama.

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— ¿Por qué a ella que es falsa si la llama "Oka-san" y a mí que soy su padre verdadero no me puede decir "Oto-san"? ―se quejó Kazuya, inflando sus cachetes.

— Deja de actuar como un niño.

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—…Pero ten cuidado Caperucita, tu abuelito vive en el bosque donde hay muchos peligros. También allí vive el gran lobo feroz, así que nunca te desvíes del camino o te comerá. ―advirtió la preocupada "madre"

—…La pequeña Caperucita Roja asintió a lo dicho por su madre y salió de casa para ir a visitar a su abuelo… ―concluyo Chris narrando esa última escena.

El telón volvió a cerrarse, escuchándose las pequeñas voces de los niños detrás apresurándose a cambiar el ambiente, haciendo sonreír a los padres. En poco tiempo la cortina fue abierta en un nuevo fondo de bosque, varios de los pequeños estaban felizmente disfrazados de árboles o pequeños animalitos pero lo que provoco una risa general fue ver a un pequeño disfrazado de oruga arrastrare por el escenario.

Con gran diversión el pequeño Sawamura entro en escena, brincando y tarareando una alegre melodía, saludado a los animalitos del bosque, deteniéndose a mitad del bosque al escuchar una "voz tenebrosa" o al menos el intento de una ya que era una muy aguda. El "feroz" y adorable lobo entro en escena.

Yo soy el lobo Haruichi. ―se presentó el pequeño con gran vergüenza por lo que se podía ver de su rostro del mismo tono que un tomate.

Todos miraron al "feroz" lobo y rápidamente un gritillo se hizo presente por parte de las madres, empezando a decir que el lobo era realmente tierno. El lobito Haru que escuchaba todo se empezó a sonrojar aún más, dificultándose el habla.

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— Haruichi se ve totalmente tierno. ―Youichi miraba al lobito temblar en escena. ― No le queda el papel del lobo malo.

— Haruichi estaba muy emocionado por el papel, se la paso todo el tiempo encerrado en su cuarto aprendiéndose sus diálogos. ―conto el varón Fumiya con una boba sonrisa al ver a su adoración.

— Pensé que Chris seria el lobo. ―Kazuya ladeo su cabeza confundido.

El varón de lentes recordaba que su pequeño había estado muy emocionado anunciando mientras corría por toda la sala, que actuaría al lado de su profesor amado que sería el lobo que se lo comería. Incluso recordaba ver a su esposo furioso ante la idea de que su hijo fuera "comido" por su profesor.

— Sí, Satoru también me dijo eso. ―hablo Jun.

— Eso parece ser culpa de Eijun. ―se unió a la conversación el peli-rosa.

— ¿De Eijun? ―Youichi no entendía que tenía que ver su pequeño en el cambio de roles.

— Sí. ―respondió con una gran sonrisa mientras veía como se transformaba la cara de su amigo.― Haru me conto que Chris no pudo ser el lobo porque el pequeño Eijun siempre cambiaba el dialogo de "Me va a comer" por "Cómeme".

— Eijun no pudo…

— Típico de Eijun, ¿no crees amor? ―dijo Kazuya interrumpiéndolo pero recibió un codazo de parte de su esposo.

— Deberías de defender a mi hijo en vez de decir que es típico de él. ―riño.

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—…Lo siento señor lobo pero tengo que ir a visitar a mi abuelito. ―Eijun se negó a seguir al lobo.

Vamos, necesito que me acompañes. ―insistía.

Sera en otra ocasión, señor lobo. ―se negó cruzarse de brazos, imitando a su padre doncel cuando se negaba a seguir a su padre varón a la habitación a hacer juegos de adultos― Haruno Oka-san me dijo que tuviera cuidado con usted porque me podría comer.

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— Si sabe que se lo va a comer ¿porque dijo que para otra ocasión lo acompaña? ―el varón de lentes se burló de su pequeño.

Después de todo la obra estaba basada en la improvisación de diálogos de los pequeños ante su poca capacidad de retención de información a su corta y tierna edad.

— Kazuya, cállate, no me dejas disfrutar de la obra. ―ordeno el peli-verde irritado ante sus constantes interrupciones.

— Esta vez, Kazuya tiene razón, Youichi. ―apoyo el pelirosa.― ¿Por qué dijo eso?

— Ustedes sí que saben arruinar una obra infantil. ―Jun remarco la última palabra.

Los donceles Yuki y Miyuki, así como el varón Fumiya tenían una gotita de sudor al ver que sus compañeros se quejaban de todo. ¿Qué tan altas expectativas tenían de una obra de preescolar? Por su parte, Tetsuya los ignoraba olímpicamente atento en espera del momento en que su hijo apareciera en escena. El momento del pequeño Satoru estaba cerca, después de que caperucita se librara del insistente lobo y continuara su camino a casa de su abuelito se cerró de nuevo el telón.

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―…Caperucita había logrado evadir al lobo Haruichi, pero este no se quedaría quieto. ―continuo Chris mientras Eijun salía de la escena.

Jajá. ―reía el pequeño Haruichi― No importa, se me acaba de ocurrir un gran plan para que Caperucita roja sea mío.

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Las mujeres y donceles presenten dieron un "Waaa~" enternecidos por aquel adorable lobo, haciendo que el pequeño Fumiya se sonrojara y saliera corriendo de escena. Los dos pequeños que se encargaban de la cortina volvieron a cerrarla, haciendo que los pequeños cambiaran la escena de nueva cuenta. Claro que los profesores los ayudaban para que todo fuera más rápido.

Cuando se abrió de nueva cuenta, el boque fue reemplazado por la escenografía del interior de una pequeña cabaña, en medio se encontraba un pequeño futon y un bulto cubierto de sabanas. Una puerta falsa fue abierta, dejando entrar al pequeño Eijun de nueva cuenta a escena.

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¿Abuelito? ¿Abuelito? ―llamaba Eijun fingiendo buscar por la habitación.

¿Caperucita? ―se escuchó una voz proveniente del bulto, mostrando ahora al lobito vestido con una pijama.

Abuelito, ¿cómo estás? ―cuestiono caperucita acercándose y sentándose cerca del futon, fingiendo no saber que aquel no era su abuelito

Estoy bien, mi pequeño. Estoy bien. ―aseguraba el depredador disfrazado.

Pero abuelito, ¿qué orejas más grandes tienes? ―el travieso Eijun las acaricio.

Son… Son para oírte mejor.

¿Y qué manos más peludas y grandes tienes?

Eijun las tomo alzándolas y mostrándolas al público, provocando la risa general ya que al hacerlo arrastro un poco al lobo casi sacándolo de la seguridad de su cama, había usado más fuerza de lo debido.

Son para poder tocarte mejor. ―el peli-rosa menor se recuperó, regresando a su lugar.

¿Y porque tienes una nariz tan grande? ―Tomo en manos el hocico del disfraz.

Es para olerte mejor. ―respondió después de zafarse del agarre, que estaba por arrancarle la nariz.

Y qué gran boca tienes.

¡Son para comerte mejor! ―exclamo el pequeño lobito.

Caperucita salió corriendo del lugar gritando como loco pero la escena perdió su seriedad cuando el pequeño lobo dispuesto a perseguir a su presa, tropezó por culpa de las sabanas del futon, provocando la risa del público. El telón se cerró de nuevo.

Rápidamente cambiaron nuevamente el escenario al de un bosque, en donde se llevó a cabo la escena del leñador que "ahuyentaba" y salvaba de ser comido a Eijun, corriendo al interior de la cabaña en donde buscaban al abuelito, encontrándolo dormido tranquilamente en el interior de un armario de cartón.

Nuevamente el púbico rio al ver como Eijun estaba feliz y aliviado de ver vivo a su abuelo, e intentaba abrazarlo pero solo era esquivado por el ancianito, que odiaba aquellas muestras de afecto. El telón fue cerrado dando fin a la puesta en escena, con Eijun y Satoru corriendo en círculos en medio del escenario, caperucita intentaba abrazar a su abuelito.

Los niños se quitaron sus disfraces después de realizar una pequeña reverencia en agradecimiento a los padres, que aplaudieron como si su vida dependiera de ello, habían disfrutado mucho de la función. Los pequeños recibieron la indicación de su profesor de vestir el uniforme de deportes, era hora de empezar con los juegos y competencias, donde habría desde carreras hasta atrapadas.

Sí, todo sería alegría para los niños ese día que disfrutarían a lado de sus padres.

Como actividad solo para los pequeños jugaron a encestar, un pequeño partido de futbol y una carrera de relevos, quemados, los alumnos más grandes hicieron una pequeña danza y después se realizó un pequeño maratón alrededor de la escuela. En compañía de los adultos jugaron a pescar pequeños pececitos de plásticos, robo de bandera, entre otras actividades. En la mayoría de los eventos Youichi participaba mientras su esposo se encargaba de grabar y tomar fotos.

Pasado del medio día llego la hora de tomar un pequeño descanso y disfrutar de un pequeño almuerzo que llevaron los padres. Las tres familias amigas -Miyuki, Yuki y Fumiya- se unieron para comer el obento preparado por los donceles mayores.

― Que bueno que prepare de más otro almuerzo por las dudas. ―dijo Youichi mirando a su esposo, el cual no debería de haber asistido ese día.

― Amo que seas tan precavido. ―susurro provocativamente, generando un sonrojo en las mejillas de su doncel.

Youichi intentó golpearlo pero sus esfuerzos fueron en vano cuando Kazuya atrapo sus manos. Mientras ellos se peleaban, el pequeño Eijun comía un poco de su almuerzo en compañía de sus amigos hasta que vio a su mayor delirio unos metros más ala de su posición. Sonrió ante su idea, comería al lado de su amado profesor por lo que aprovechado lo distraídos que estaban los adultos -sus padres peleando y los demás observándolos- se levantó de su lugar y se fue.

― Hey Youichi, ¿y mi almuerzo? ―cuestiono Kazuya después de dejar su pelea atrás.

Había buscado con su mirada la caja de almuerzo que su esposo había dejado cerca para él pero no la había encontrado.

― Estaba por aquí…―dijo extrañado el doncel al no poder localizarla.

― Si buscan una caja color negra con rojo con comida, cierta caperucita se lo llevo hace unos minutos. ―informo Ryosuke con burla, señalando hacia donde se encontraba Eijun y su maestro comiendo de la famosa cajita.

― ¿En qué momento…? ―El matrimonio Miyuki abrió la boca y ojos sorprendidos.

― ¿Qué tal, Chris-sensei? ―los ojos color ámbar del menor estaban llenos de brillo― A que esta rico.

― Quiero matar a ese mocoso. ―dijo Kazuya con una lagrimilla en sus ojos.

― Hey, que es tu hijo. ―Youichi lo golpeo en la nuca.

― ¡Señores Miyuki! ―grito un pequeño varón rubio de ojos cristalinos y piel blanca acercándose a la familia.

Ambos adultos miraron interrogantes al pequeño que de manera intempestiva se había colocado enfrente de ellos, no lo conocían, al menos no recordaban haberlo visto en alguna ocasión anterior.

― Déjenme presentarme, mi nombre es Narumiya Mei y seré su futuro hijo. ―se presentó con gran orgullo, con la mano derecha sobre su pecho.

― ¿Mi futuro hijo? ―cuestiono Kazuya sin entender, mostrando una expresión horrorizada al tener una idea.― ¿No me digas que…?

Youichi miro desconcertado a su esposo cuando intercambiaron miradas, no entendía porque Kazuya lo miraba de manera tan extraña. Mei sonrió con superioridad pensando que sus futuros padres ya habían comprendido el porqué de sus acciones, sin embargo todo se aclaró cuando el varón señalo acusadoramente a su esposo.

― Mochi, tu…

― Tarado.

El doncel molesto por la conclusión a la que llego su marido no tardo en golpearlo de nueva cuenta, sabía que Kazuya solo jugaba, lo delataba la sonrisa burlona en sus labios, pero no podía dejarlo como tal por lo que no dudo en zarandearlo toándolo desde el cuello de la camisa mientras el varón reía.

― Y tú…―como si fuera soldadito, Mei se colocó derecho ante la voz de doncel― ¿a qué te refieres con que serás nuestro hijo?

― Po… por supuesto, a cuando me case con el angelical, hermoso doncel que tienen como hijo. ―el rubio se recompuso de su leve tartamudeo.

La revelación genero dos diferentes reacciones en el matrimonio Miyuki. El interruptor de padre o madre celoso dentro de Youichi se activó, ordenándole al doncel estrangular al pequeño roba inocencias enfrente de él. Por su parte, el castaño se preguntaba si aquel rubio no estaba alucinando, ¿de dónde sacaba lo angelical? Puesto que su pequeño Eijun no era un ángel, era un demonio andante, un remolino devastador por donde pasara.

― Papi, Chris-sensei dice que muchas gracias por el almuerzo y que estuvo delicioso. Claro que yo pienso igual. ―exclamo el pequeño Miyuki regresando desbordante de alegría con su familia y amigos, sin embargo cambio su expresión y dio un fuerte grito en cuanto vio al rubio.― ¡¿Qué haces aquí Narumiya Mei?!

― Oh, llegaste mi dulce caperucita. ―hablo el rubio lanzándose a abrazar al doncelito.

― ¡Vete! ―exclamo el castaño corriendo para alejarse de aquel pequeño varón, pues para él Mei era un enemigo.

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Paso lo que restaba del almuerzo corriendo en círculos para alejarse del rubio que quería abrazarlo, hubiera sido salvado antes por su padre doncel pero Kazuya le había impedido a Youichi interferir, después de todo debía hacerle pagar a su adorado hijo el hecho de que lo dejo si almuerzo. Al fin la persecución llego a su fin cuando el padre varón de Mei le grito, llamándolo para que se reunieran con el resto de la familia, disculpándose de paso con los Miyuki por el alboroto armado por el menor.

Las actividades fueron retomadas al poco tiempo, por lo que en esta nueva etapa del festival, Kazuya fue obligado a ser más participativo, era momento para que conviviera con su pequeño Eijun. Compitieron como padre e hijo durante dos actividades, en donde perdieron de manera cómica, ya que Kazuya no perdía la oportunidad para terminar con la -poca- paciencia de su pequeño y terminaban por pelear olvidando la competencia. Kazuya se divertía pero el doncelito terminaba molesto, aunque en el fondo se alegraba de que su padre -el cual pocas veces podía asistir a ese tipo de eventos- estuviera a su lado.

― Vamos, papi. ―suplico Eijun.

― No, ya no puedo más. ―suspiro Youichi, cansado realmente no le sorprendía y entendía que su pequeño estuviera también cansado de lo molesto que había sido Kazuya en los dos eventos superiores.

― Está bien, Eijun. Yo seguiré participando. ―dijo Kazuya levantándose con una gran sonrisa.

En el interior el varón estaba prometiéndose no seguir molestando tanto a su pequeño, dolía un poco que suplicara a su esposo para no tener que estar juntos en una actividad más. Aceptaba que tal vez se pasó un poquito molestándolo antes, después de todo sabía que aquel evento era importante para su hijo que se quería lucir.

― Vamos, mocoso. ―le sonrió.

El menor chillo ante aquel apodo, aun así padre e hijo fueron a posicionarse, era una carrera en la que cualquier familia podía entrar sin importar el grado al que asistieran, por los que familiares de todos los grados estaban ya acomodados en el lugar de salida. El tercer evento de la tarde se trataba de una carrera de objetos, que consistía en correr agarrado de la mano de su tutor hacia una mesa colocada a mitad del recorrido y de donde debían tomar un papel de una pequeña pecera que les indicaría que objeto debían buscar y pedir entre el público, llevándolo a la meta después de obtenerlo.

Eijun estaba emocionado cuando comenzó el profesor de un grado mayor dejo caer el pañuelo indicando la salida y sin mucho esfuerzo lograron superar a los demás, adelantándose una distancia considerable. La familia Miyuki llego a la mesa y tomaron un papelito que Kazuya abrió rápidamente escuchando los gritos impacientes de su pequeño para que leyera su objetivo y, es que al doncelito se alteró al ver que Mei y su padre habían llegado a su lado, tomando rápidamente también un papelito.

― ¡Tenis negros! ―exclamo sintiendo la adrenalina recorriendo su cuerpo, la emoción de su pequeño estaba contagiándolo.

Al oír el objeto que debían buscar Eijun se soltó de su padre, acercándose al público y gritando por si alguien podía prestarle un tenis negro. El rubio que suspiraba por aquel doncel alcanzo a escuchar a Kazuya revelar el objeto por lo que no dudo en ayudar a su amado, alejándose de su padre que no entendió por qué se iba.

Mientras buscaba con la mirada si alguien portaba un tenis negro se encontró un poco lejos el objeto, se trataba de un varoncito que también participaba con su padrastro y que apenas corría hacia la mesa. Sin mucho que decir se le lanzo al pobre chico azabache de ojos negros, sin darle oportunidad para sobreponerse.

― ¡Waa! ¡¿Qué te sucede Narumiya?! ―exclamo el niño, compañero del rubio.

― ¡Dame tus tenis, Sanada! ―demando el rubio forcejeando con el contrario.

Los padres de ambos niños los observaban sin hacer nada ya que en realidad no sabían que hacer, parecían estar jugado en vez de pelear, aunque lo que gritaban decía lo contrario. El padre del rubio suspiro y convecino al otro padre por dejarlos hacer lo que quisieran, ya lo arreglarían ellos mismos.

― ¡Dame!

― ¡No!

― ¡Que me lo des! ¡Aja! ―Mei jalo con gran fuerza el calzado de sanada, logrando arrebatárselo.

― ¡Oye! ―el azabache no pudo hacer nada al verle alejarse.

Mei no tardo en correr hacia Kazuya que había perdido de vista a su propio hijo después de escucharle gritar que se adelantara a la meta, que ya había encontrado el tenis. El beisbolista profesional no sabía que hacer e intentaba visualizar antes que nada a su retoño al igual que Youichi que lo buscaba desde la manta en que estaban sentados durante el almuerzo.

― Padre, debemos apurarnos. ―Mei jalo de la mano a Kazuya.

Antes de poder dar con el paradero de su hijo, Kazuya se vio arrastrado por un enérgico y desquiciado rubio que le gritaba que debían apresurarse, que ya tenía el tenis y debían obtener la medalla de oro -en realidad era un chocolate- para después dárselo a Eijun. A pocos metros de la meta, el pequeño Mei se detuvo abruptamente, esquivando por poco el empuje del doncelito Miyuki, que llego como remolino a su lado y le arrebato la mano de su progenitor comenzando a jalarlo con él y con el objeto.

― Miyuki Kazuya Oto-san apúrate, debemos ganar. Ya conseguí el tenis. ―grito Eijun mientras se acercaban a la meta, superando a otros participantes.

― Eijun, yo tengo tu tenis. ―grito detrás de ellos Mei, alzando el calzado robado.

― Gracias pero ya tengo el mío. ―grito de vuelta el doncelito.

Kazuya estaba confundido por la rapidez con la que cambiaba la situación, primeo participando con su hijo que luego lo abandono sin dudar, mientras lo buscaba fue arrastrado por otro rubio que estaba detrás de ellos gritando mientras corrían hacia la meta, lo más confuso de todo es que Eijun no solo lo arrastraba a él de la mano, a su lado y tomado de la otra mano de su retoño, estaba Chris, el profesor lo miro con la vergüenza reflejada en sus mejillas. ¿Qué hacia el cuidador de su hijo corriendo junto a ellos?

Los tres llegaron a la meta con gran rapidez, obteniendo el primer lugar. Eijun soltó a su padre pero no así a su profesor mientras eran llevados a la parte donde les darían sus medallas al ganar en ese concurso.

― Gracias. Gracias.

En el pequeño podio improvisado en el patio de la escuela, Eijun agitaba una de sus manos saludando al público que le aplaudía mientras que se abrazaba con su otra mano al brazo de Chris, quien era la persona que portaba el calzado que buscaba y ahora estaba sentado sobre la plataforma elevada del primer lugar, quedando a la altura del infante.

El joven varón había intentado darle el tenis al pequeño cuando este llego demandando ayudarle, pero fue el mismo Eijun quien impidió quitárselo al jalarlo del brazo, presionándolo a que lo acompañara completamente hacia la meta. Intento negarse pero el pequeño dijo que perderían tiempo valioso para ganar, por lo que no queriendo perjudicarlo y siendo incapaz de negarle algo con aquella expresión angelical y suplicante, termino siendo arrastrado.

― Lo siento tanto, Chris. ―se disculpó Kazuya al ver la expresión de vergüenza del cuidador.

― No se preocupe. ―se apresuró a decir el profesor.― Es gusto haberlos ayudado.

― Aun así, me sorprende que recordaras que Chris tenía un par de tenis de ese color. ―le dijo a su pequeño, interrumpiendo sus gritos de agradecimientos.― No eres muy bueno recordando cosas.

― ¡Oye! ―Eijun hizo un puchero.― Yo sé todo sobre Chris-sensei. Su color favorito, el azul. Su comida favorita, curry. Le gustan los perritos. Le gusta el uniforme de su preparatoria… incluso sé que no le gusta el café y se prepara una taza de leche con chocolate en la sala de maestros cuando nosotros tomamos la siesta.

― Así suenas como un acosador. ―Miyuki y Chris veían con gran asombro todo lo que enumero el pequeño.

― No lo soy. ―le aseguro Eijun a su padre.― Solo estoy recolectando información para cuando nos casemos. ―aseguro, regresando su atención al público.

― En verdad lo siento Chris. ―repitió el padre, al fin sintiendo vergüenza por las acciones de su retoño.

― No, perdóneme usted Miyuki-san, en ocasiones ya no sé cómo manejarlo. ―confeso el profesor con gran pesar.

De camino a su lugar junto a su otro padre, el doncelito tarareaba una melodía con gran alegría. Estaba emocionado, quería continuar ya con las demás actividades.

― Eijun…―llamo la atención del pequeño.

― ¿Qué pasa? ―volteo a ver a su padre con brillo en sus ojos.

― Lo que acabas de decir… no se lo digas a tu papi. ―Miyuki suspiro.

― ¿Porque?

― Porque de decirle, no tendrás esposo en ese futuro que sueñas. ―le advirtió con gran seriedad a su pequeño, que se horrorizo ante la idea de no casarse con su maestro.

― Seré un viudo antes de casarme. ―se escandalizo el menor.

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NOTAS:

Tetsuna: Ciao~ Esperamos les gustara.

Ang / Mar: Feliz día del niño!

Yukihana: Esperamos les gustara este nuevo trabajo en colaboración de nostras Tetsuna Hibari y Yukihana-Hime.