M'hijo 2. La muerte llega al santuario
Día 14 del mes de Athena. Quedan 16. ¿Podré lograrlo? ¿Me alcanzaran los días para incluir a todos los caballeros de Athena?
Disclamer: Saint Seiya pertenece a Kurumada. La familia Popo y Danna son míos.
M'hijo 2. La muerte llega al santuario
Santuario de Ares (Monte Baba, Bitola, República de Macedonia)
Kanon esquivaba los golpes de la amazona pelinegra con la gracia digna de un caballero y una sonrisa en el rostro.
―Quédate quieto, Kanon.
― ¿Y dejar que me golpees? No lo… ―en ese momento lo sintió. El puño de Danna se estrelló contra su rostro para sorpresa de la muchacha.
― ¡Kanon! ¡Creí que lo esquivarías!
―La muerte llegó al Santuario ―murmuró Kanon.
― ¿Hades? ¿Thanatos? Deben estar de visita.
―No, es mucho peor ―dijo él. Tomó las manos de la amazona entre las suyas y susurró. ―Son los Señores Popo.
― ¿Has estado mirando demasiado DragonBall con mi hermano? ―preguntó ella con el ceño fruncido.
―Menos mal que estoy aquí.
―Kanon de verdad no entiendo nada de lo que estás diciendo.
Buena suerte, Saga
Afueras del Santuario de Athena. (Atenas, Grecia)
Una pareja mayor, acompañados de una joven bajaron del auto y le pagaron al conductor.
La mujer miró un mapa dibujado en una servilleta y regresó su vista hacia la entrada frente a ellos.
―Mira, viejo. Aquí es donde nos dijo Julián que vivía Kani ―gritó la mujer en el oído de su marido.
― ¿Mitéra, de verdad tenía que venir también? ―preguntó la joven a su madre mientras regresaba algunos cabellos de color miel a su coleta.
―Claro, M'hija. Tienes que conocer a tu futuro esposo.
La joven roló los ojos ante las insistencias de su madre y no dijo nada. Discutir no le serviría de mucho. Cuando Elena Popoulos se decidía por algo era necesario un milagro para hacerla cambiar de opinión.
Elena avanzó hacia el primer templo, subiendo las escaleras como si fuera más joven que su hija. Su esposo subía detrás de ella, muchos escalones detrás, subiendo las valijas.
―Disculpen, no pueden pasar ―dijo Mu al ver a la comitiva en la entrada de su templo.
― ¡Ay! M'hijo, mírate.
Mu se vio atacado por las manos de la mujer que le tanteaban el estómago y los costados. Los dedos se le clavaban en las costillas.
Que buen momento para no haberme puesto la armadura, pensó.
―Estás muy flaco.
―Señora… ―llamó Mu sin mucho éxito.
La joven dejó las maletas en manos de su padre y corrió escaleras arriba hasta alcanzar a su madre.
― ¡Mitéra! Por favor ―dijo, alejando las manos ofensivas del cuerpo del caballero.
― ¿Maestro?
Mu miró hacia su derecha, donde Kiki observaba todo con ojos llenos de curiosidad.
― ¡Ay, pero que lindura! ―la mujer dejó a Mu y se lanzó contra el pequeño lemuriano, tomando sus mejillas entre sus dedos y apretujando al pobre niño.
― ¡Mitéra! Deja de torturar al niño.
Elena dejó ir las mejillas, ahora coloradas, de Kiki y se giró hacia Mu.
― ¿Y su madre?
―Su madre falleció cuando era pequeño, yo-
―Que padre tan responsable.
―No, Señora. Yo no soy…
―Quedarte con tu hijito aunque tu esposa ya no esté ―siguió la mujer con lágrimas en los ojos e ignorando al caballero.
―Vieja, deja de inundar el lugar. A lo que vinimos ―dijo el hombre por fin llegando donde estaban los demás.
―Vinimos a ver a Kani.
Mu asintió despacio y estaba a punto de decir que Kanon no estaba cuando Saga apareció.
―Mu, necesito-
―Kani ―dijo la mujer lanzándose a abrazar al caballero que la miraba como si se tratara de un espectro de Hades saliendo en San Valentín. ―Que alegría verte, M'hijo.
―Señora yo no soy Kanon, soy su gemelo.
―Que chistes haces, Kani. Como si no fuera a reconocerte.
―Somos gemelos idénticos.
―Bromista ―dijo soltando al caballero y lanzando a su hija hacia Saga. ―Ella es mi hija, Phoebe. Recuerdas que te mandé la carta avisándote de la boda.
Saga frunció el ceño y recordó el comportamiento extraño de Kanon semanas antes. Como había empacado a las apuradas y se había ido a visitar a su novia. Recordaba el "buena suerte" de Kanon y maldijo a su gemelo.
―Lo siento, mitéra no sabe detenerse ―murmuró la chica en voz baja, dedicándole al caballero una sonrisa cansada y alejándose unos pasos.
―Otra vez tienes el cabello largo ―dijo el hombre que las acompañaba.
Saga recordaba la imagen de su hermano, gordo con un corte de cabello que lo hacía parecer un hongo, y tragó con dificultad. Tendría que tener mucho cuidado.
―Y tu también―le dijo a Mu que creía haberse desligado de todo. ―Estos muchachitos de ahora y sus cabellos desgreñados y largos. Que falta de respeto.
Mu frunció el ceño. Su cabello no era desgreñado, lo cuidaba mucho.
―Deja a los jóvenes ser jóvenes, viejo. Y será mejor que nos muestres nuestras habitaciones, Kani. Estamos muy cansados.
Saga no pudo hablar más porque la mujer empezó a subir con pasos vigorosos hasta el segundo templo.
Suertudo Aldebarán, no estará aquí por unas semanas.
Al llegar a géminis, Saga les mostró a vieja y viejo, cuyos nombres aún no sabía, a la habitación de Kanon.
―Señorita, si me sigue le mostraré su habitación ―dijo a la joven.
Agradecía que sus alumnos estuvieran con Aldebarán durante una semana visitando a sus padres biológicos en Alemania, sino no tendría habitación para la muchacha.
―Phoebe está bien… ¿tu nombre es Kanon?
―Soy Saga, su gemelo.
―No puedes llevarla a otro cuarto ―dijo vieja desde la puerta de su habitación. ―Es tu futura esposa M'hijo. Duerme contigo.
― ¡Mitéra!
La mirada que la mujer les dedicó no aceptaba réplica y Saga y Phoebe no tuvieron más opción que desaparecer en la habitación del gemelo.
Saga miró la cama y la cara sonrojada de la chica.
―Tu duerme en la cama, yo dormiré en el sillón.
―Gracias, y lo siento mucho.
―Tu madre…
―Elena.
―Elena, es muy…
― ¿Loca? ―preguntó ella con una sonrisa.
―No iba a decir eso.
―Está bien. Ella está loca. Yo no me ofendo.
Saga le regresó la sonrisa y la dejó en la habitación para que se instalara. Avanzó por el pasillo, por gracia de Athena no cruzándose con Elena y su marido, y logró salir hasta las escaleras que llevaban a Cáncer.
Kanon, llamó vía cosmos, regresa aquí y arregla esto.
Kanon no puede contestar ahora, Saga. Le llegó la voz de Danna. Se desmayó y no podemos despertarlo.
¿Se desmayó?
Bueno, algo así. Tuve que dejarlo inconsciente, seguía balbuceando sobre la muerte en el santuario o algo así.
Saga suspiró. Claro que la muerte había llegado al santuario. En la forma de una pareja de lunáticos que ya una vez habían torturado a Kanon y que ahora iban a torturarlo a él.
Gracias por leer…
Adelanto del próximo capítulo
―Cuantos padres jóvenes y responsables hay en este lugar.
―Señora, nosotros no…
―Y todos muy guapos. Tengo que llamar a Gía para que sepa que le puedo conseguir esposo a su nieta.
