Hola a todos, gracias por entrar a este fic Shikatema. Este fic está dedicado a las chicas que siempre han comentado mis trabajos, gracias por todo su apoyo.
Capítulo dedicado en especial para fiorelaa91.
Nota del autor: Las letras en negrita corresponde cuando Shikamaru se habla a sí mismo.
Disclaimer: Naruto y todos sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto. La historia es mía y la publico sin ánimos de lucro.
La problemática de mis sueños
Capítulo I: Sorpresa.
Los rayos de sol golpearon mi cara como castigo por haber llegado de madrugada a mi apartamento, ni que mi madre tuviese un pacto con el diablo, de una u otra forma siempre tenía presente sus regaños. Maldije por no haber cerrado bien esa cortina, anoche. En un intento por hacerle el quite a la claridad, tapé mi rostro con las sábanas, sentía demasiada pereza para levantarme e ir a correrlas; creo que debiese existir algún control para ese tipo de pequeñeces o alguna aplicación en el celular para solucionar todos esos problemas domésticos. Traté nuevamente de volver a los brazos de Morfeo por un par de horas más, cuando de pronto, escuché el sonido de la puerta abrirse, y junto a éste, una melodiosa voz terminó por despertarme.
—Hasta que al fin despiertas bello durmiente —habló con un dejo de sarcasmo, cierta rubia.
Abrí mis ojos exorbitantemente, quedando en estado de estupefacción. Mi cerebro no procesaba ni media palabra, era todo muy problemático.
—Shikamaru, ¿vas a seguir durmiendo? —replicó, la dama con seriedad.
Esa segunda frase me hizo reaccionar, dando inicio a mi cuestionamiento.
—¿Qué hace Temari en mi apartamento? —susurré sorprendido—, ¿qué pasó anoche?, mendokusai. ¡Ayyy, mi cabeza!, Kamisama, no recuerdo nada.
Saqué con pereza la sábana de mi rostro y pude verla de pie en frente de mí, en gloria y majestad. Tenía puesta mi playera preferida, la cual le permitía lucir sus largas y bellas piernas; debía reconocer que ese look le quedaba bastante bien a la muy condenada. Bueno, con esos atributos armoniosamente distribuidos, imposible que algo le quedara mal. La observé detenidamente y algo me llamó la atención, traía una bandeja con desayuno, ¿desayuno para dos?
Analicé más de doscientas razones del por qué tan guapa mujer se encontraba en mi hogar, pero ninguna respuesta me convenció. Traté de disimular mi sorpresa, sonriéndole de medio lado, me sentía algo cínico, pero no podía hacerme el desentendido, por supuesto no, menos con ella.
—Buenos días mujer, ¿cómo dormiste? —pregunté con parsimonia, tratando de iniciar una conversación, cuyo fin era entender mejor la situación en donde me había metido.
—Dormí de maravilla, ¿y tú? — me sonrió descaradamente.
Por inercia llevé mi mano derecha hacia la nuca para rascármela, no supe qué me puso más nervioso, si la respuesta que me dio o su sonrisa maligna, pero comencé a sudar frío. —Respóndele de una vez, Shikamaru —me dije mentalmente.
Humedecí mis labios para responderle, mientras me destapaba y sentaba en la cama, cuando me percaté que estaba como Kamisama me echó al mundo. Abrí mis ojos desmesuradamente, quedando nuevamente pasmado.
—¿Pasa algo genio? —arremetió nuevamente contra mí.
Alcé la vista lentamente para encontrarme con la suya. Sentí como sus ojos verdes me escudriñaban sin reparo; analizaba mi expresión con su ceño fruncido. Sin embargo, le sostuve la mirada con decisión, no podía ser un cobarde toda la vida, claro que no, aunque por dentro era todo lo contrario, sentía una mezcla de miedo y expectación. —Vamos Shikamaru, di algo —me dije a mi mismo—, ¿o te vas a quedar ahí como idiota mirándola?
—No, nada mujer— le respondí, disimulando mi turbación —. Lo que pasa es que acabo de recordar que hoy es domingo y tengo que almorzar donde mis padres, es una tradición familiar que hemos instaurado desde que me fui de casa.
Fue lo más estúpido que dije esa mañana, lo sabía, pero tenía que cambiar el rumbo de la conversación. Como le iba preguntar por qué estaba desnudo en mi cama y ella vestida de esa forma; era obvia la respuesta, ¿o no? Maldición, no tenía recuerdos de la fiesta de anoche y menos cómo había terminado; estaba complemente borrado. —Eres un maldito cobarde, Shikamaru —me reprendí mentalmente—. No eres capaz de reconocer que no recuerdas nada, pero como decirle que no sé la razón de su estancia en mi apartamento.
—¿Seguro que sólo es eso? —volvió a replicarme con seriedad, no muy convencida con mi respuesta.
—Sólo es eso mujer, no te preocupes —respondí con una media sonrisa, tratado de ocultar mi nerviosismo —. Vaya, preparaste desayuno, se ve muy rico. Déjame vestirme y comemos, ¿te parece?
—Está bien, pero no te demores —me dijo en un tono que parecía más una orden que una aseveración—. Llevaré el desayuno al comedor para que puedas vestirte tranquilo.
La vi salir de mi habitación y bufé aliviado; por fin mi cuerpo se relajó. Nunca en la vida me imaginé vivir está situación, Sabaku no Temari en mi apartamento, era mi sueño hecho realidad; Kamisama, gracias por el favor concebido. Tantos años admirando a esta bella mujer y hoy la tenía aquí, junto a mí. Bueno, eso de junto a mí, sonaba muy comprometedor; pero aún no tenía claro que había pasado entre nosotros, no tenía certeza de nada.
Mientras me vestía, algunas imágenes comenzaron a llegar a mi mente. La fiesta de anoche, mis amigos de siempre, música, alcohol y más alcohol. Recordé que celebrábamos que Naruto se había hecho novio de Hinata, después de dos años de perseguirla, es decir, cortejarla. Era una junta de amigos y compañeros de universidad en el antro de moda, por lo que bebimos sin reparo, sin preocuparnos de nada y de nadie; arrasamos con las cervezas y las botellas de ron del local. Otra secuencia de imágenes aparecieron por mi mente, otro grupo de chicos de la universidad, que eran de cursos mayores, estaban compartiendo con nosotros, y entre ellos, la mujer de mis sueños, Sabaku no Temari, la mujer que desde niño admiré, mi amor platónico, estaba ahí en la discoteque. Ella como siempre tan hermosa, radiante, perfecta….
—¡Nara Shikamaru!, apúrate que el café se va a enfriar —gritó sin contemplación, la rubia desde el comedor.
—Hai, hai —contesté por inercia.
—Con un sólo hai me basta —me reprendió, tal como lo hacía mi progenitora.
—No es perfecta, lo sé —susurré resignado—, es algo gruñona y mandona, tal como mi santa madre, una problemática, pero tiene algo que la hace encantadora.
Caminé con pereza en dirección al comedor, estaba algo ansioso, no lo podía evitar. Iba a desayunar con Temari, la mujer de mis sueños, o mejor dicho, la problemática de mis sueños. Además, tenía la misión de averiguar, qué había pasado entre nosotros, definitivamente iba a ser un desayuno problemático.
CONTINUARÁ…
Gracias por leer. ¿Qué les pareció?, ¿alguna sugerencia?, todo es bienvenido.
