- ¡Esto es el paraíso! ¿No creéis, chicos? –

- Es un sitio muy bonito, sí, ¡pero hace un frío terrible! –

- ¡Por eso es precisamente el paraíso, Usopp! –

- Claro, para ti que llevas ese abrigo tan calentito puesto –

- ¡No es un abrigo, es mi piel! –

En aquellos momentos, la nieve caía, escuetamente, sobre ellos. La estampa era totalmente invernal. La isla estaba cubierta por vegetación de taiga, donde abundaban los bosques de coníferas, con pinos, cipreses y abetos. Los pequeños arbustos también predominaban en el lugar, además de los líquenes y musgos, que se adherían a las rocas recias, de gran tamaño. Una manta de nieve yacía sobre el paisaje, tiñéndolo todo de blanco.

- ¡Chopper! ¡Préstame tu piel! –

- ¡De ninguna manera! ¡Es imposible que pueda quitarme la piel, baka Nami! –

- ¿Quieres mi abrigo? O mejor, ¿Toda mi ropa, mi querida Nami-swan? –

- No lo necesito –

- Ahhh, ¡eres tan bonita cuando te pones hiriente! –

Chopper, Nami, y el resto de la tripulación, caminaban por el camino semi-enterrado bajo la nieve. Las dos chicas intentaban guiarse a toda costa, pero se veían interrumpidas, constantemente, por los juegos de sus compañeros. Una bola de nieve golpeó el rostro de Nami, que se paró en seco y se volvió, furiosa.

- ¿¡QUIÉN ES EL IDIOTA QUE ME HA TIRADO ESTO A LA CARA!? –

- Él – Dijeron al unísono Luffy, Chopper y Usopp mientras señalaban a Zoro.

- ¡Zoro! ¡¿Qué es lo que quieres, eh?! ¡Quedarte sin un berrie para gastar! –

- ¡Pero qué estás diciendo! ¡Si yo no te he tirado nada, maldita! –

- Ya, seguro, tú eres capaz de hacer eso –

- ¡Pero si han sido esos tres! –

Robin, que iba a la cabeza, se paró en seco frente a un poste cubierto de nieve. Cruzó sus brazos y creó un par de manos fleur con las cuales retiró la nieve sobre los letreros, dejando los nombres de nuevo a la vista.

- Chicos, aquí el camino se bifurca, tenemos que elegir una de las direcciones –

Nami y Zoro dejaron de discutir, y el resto de jugar entre ellos. Se pararon justo detrás de Robin, y observaron los dos letreros.

- Milied… y Julud, ¿A dónde conducirá cada uno? – Intervino Brook, por primera vez.

- Lo que nos faltaba ya, si no estábamos suficientemente perdidos, ahora tenemos que elegir entre dos caminos, ¿Y si uno de ellos lleva a un lugar horrible? – Interrumpió Nami, que se había olvidado ya de la disputa con Zoro.

- Este lugar es demasiado bonito para tener algo horrible, ¡Nami! –

- Chopper, entiendo que a ti te gusten, especialmente, los lugares como este, ¡pero esto es el Nuevo Mundo! ¿Y si uno de los dos sitios tiene alguna criatura extraña que devora renos? –

- ¡Oh, no! ¡PERO ESO SERÍA TERRIBLE! ¡QUÉ LUGAR MÁS HORRIBLE ES ESTA ISLA! –

- Oi, oi, oi… deja de crear pánico sin ningún motivo, maldita bruja –

- Y a ti quién te ha dado vela en este entierro, ¿¡EH!? –

- Milied suena bien, shishishishi

- ¿¡Milied!? ¿Así, tan rápido decides? –

- Ese es nuestro SUUUUPER senchou –

- Shishishishi –

- Qué más da uno que otro, no tenemos ni idea de a dónde nos lleva ninguno de los dos –

- No me gusta coincidir con el marimo en nada, pero en esto tengo que darle la razón –

- ¡Pero no te pongas de su parte, Sanji-kun! –

- ¡Kuso marimo! ¡Lo que acabas de decir es estúpido, muy propio de ti! –

- ¡Pero de qué vas, ero-cook, te voy a matar! –

Luffy y su tripulación habían llegado, esta vez, a una isla de invierno de un tamaño imponente. En el centro de la isla se erigía una montaña de un considerable tamaño, cuyo pico se perdía entre la maraña de oscuros nubarrones que cubría el extremo más alto de la isla. Siendo tan grande, era lógico pensar que hubiese una buena cantidad de pueblos y aldeas, incluso alguna ciudad, y la presencia de carteles así se lo demostraba. Aun así, no sabían nada de aquella isla, que para ellos era todo un misterio. El lugar era hermoso y, de primeras, tranquilo, pero con la misma naturaleza que un animal salvaje, todos estaban seguros de que aquel paisaje guardaba un lado salvaje e indomable.

Aunque en el Grand Line, lo que incluía al Nuevo Mundo, se podían encontrar islas con cualquier clima, se habían dado cuenta de que las islas de invierno no abundaban, precisamente. De hecho, el frío de aquella isla era tan intenso que calaba hasta sus huesos, a pesar de que llevaban gruesos abrigos, guantes, bufandas y gorros.

- Estoy aburrido… sólo veo blanco, ¿Cuándo vamos a llegar? –

- ¿Y cómo lo vamos a saber, Luffy? ¡Es la primera vez que estamos en esta isla! –

- Vamos a parar un rato, me apetece hacer muñecos de nieve –

- No, no, no… ni locos vamos a parar aquí, en medio de la nieve –

- Pero Nami, ¡a mí me apetece hacer muñecos! Seguro que a Usopp y Chopper también – dijo Luffy mientras señalaba a sus compañeros, que asentían, efusivamente.

- Luffy, creo que es mejor no entretenernos hasta llegar a nuestro destino. El tiempo podría empeorar, si nos sorprendiera una tormenta en medio de ninguna parte, podríamos morir congelados –

- Mi preciosa Robin-chwan tiene razón, Luffy, lo mejor será seguir este camino hasta llegar a Milied, allí podrás jugar lo que quieras mientras nosotros pedimos ayuda –

- Mmmm… bueno, de acuerdo. Pero vamos rápido, estoy empezando a sentirme hambriento –

- A sus órdenes, capitán –

A todos, en especial a Sanji, les sorprendía que Luffy estuviese aguantando tanto tiempo sin comer. Aunque se había atiborrado a la hora de la comida, ya habían pasado varias horas desde eso, y si le sumaban la incesante caminata, en cualquier momento, el capitán empezaría a quejarse. Zoro, a esas alturas, se encontraba más relajado, y disfrutaba plácidamente del relajado ambiente. Aunque las islas que más le gustaban eran las de otoño con la estación otoñal, también le resultaba agradable sentir un frío intenso de vez en cuando. Se protegía con un abrigo de antelina marrón oscuro, hasta las rodillas, con abundante pelo en las solapas y en la parte inferior, un foulard rojo y naranja y unos pantalones de color gris, con unas buenas botas del mismo color. Protegía sus manos con unos guantes de piel de color beige, mientras posaba una de ellas sobre la empuñadura de sus espadas.

Aquel clima le recordaba, al principio, a la isla de Drum, la tierra natal de Chopper. Se sentía un poco ridículo al recordar que, meditando mientras protegía el barco, por unas cosas y otras, terminó perdido en la isla, semidesnudo entre la nieve. Parecía que había sucedido recientemente, pero Zoro era consciente de que habían pasado más de dos años desde que ocurrió aquello. Un momento mucho más reciente, también con un clima, en parte, frío, se le venía a la mente, un momento mucho más intenso que le producía, siempre, cada vez que lo recordaba, un fuerte nudo en el estómago. La nieve y la ventisca que había manado de Monet, la mujer pájaro con el poder logia de nieve, era mucho más abundante y violenta que la que caía sobre él en aquellos momentos. Recordaba los gritos desesperados de Tashigi, la capitana del G5, cuando la mujer harpía había hincado sus dientes helados en la piel de su hombro. Ese momento aún le seguía perturbando, a ratos, sin saber muy bien por qué. Ella era su enemiga, quería arrebatarle sus espadas y encerrarle entre rejas, se le antojaba incongruente sentir una especie de arrepentimiento por no haber actuado antes.

- ¡Mirad! ¡Allí se empiezan a ver algunas casas! – Gritó, de repente, el pequeño Chopper.

Zoro salió de su ensimismamiento, y alzó la vista hacia donde señalaba su compañero. Bajo la falda de una enorme montaña, en un profundo valle entre numerosas montañas, junto a un cristalino lago, que en aquellos momentos se encontraba congelado, había una pequeña aldea, con casas de madera pintada de brillantes colores y tejados con altos picos para evitar que se depositase la nieve.

- ¡Cuántas luces, por todas partes! –

La banda de los Mugiwara llegó a las primeras casas de la aldea. Apenas había unas pocas calles, atestadas de pequeños puestos donde los aldeanos compraban distintos productos. Entre la casas de ambos lados de la calle, colgaban diminutas y brillantes cenefas de luces amarillas, que le daban un aspecto cálido y familiar al lugar.

- Todo parece salido de un cuento de hadas – Dijo Nami, que se adelantaba unos pasos al resto de sus compañeros – Es impresionante –

Había gran cantidad de gente en el exterior, adornando las fachadas de las casas. Sacudían la nieve de los abetos y los decoraban con guirnaldas, estrellas, bastones y bolas de colores. Colocaban cenefas en los marcos de las ventanas, y coquetos muñecos en las entradas. Los lugareños eran gente de piel pálida, ojos increíblemente claros y cabello rubio.

- Me recuerdan a la gente del North Blue

- ¡Ah! Es cierto, Sanji, tú no naciste en el East Blue – dijo Usopp, que se puso a la altura de su compañero.

Casi al instante, el grupo, al completo, empezó a llamar la atención de los lugareños. No es solo que desentonasen estéticamente con ellos, en un lugar tan pequeño, donde todos se conocían, un grupo de extraños destacaba rápidamente. Por los rostros de los ciudadanos, entre sorprendidos y asustados, podían entrever que las visitas no eran muy frecuentes por aquellas tierras.

- Parecen atemorizados, no creo que estén acostumbrados a los forasteros – dijo Robin, que se paró en seco y agarró al capitán por el hombro – Luffy, deberíamos dejarles claro que no queremos hacerles daño, sino que simplemente necesitamos ayuda –

- No creo ni que sepan quienes somos, parece una aldea muy aislada de lo que ocurre en el exterior – Apuntó Nami, que completó la explicación de su compañera.

- Ah, ya veo – Dijo Luffy, que no paraba de mirar a su alrededor - ¡HOLA A TODOS! ¡SOY LUFFY, EL HOMBRE QUE VA A CONVERTIRSE EN EL REY DE LOS PIRAT- -

-¡Pero qué haces, idiota! – Le gritó Nami, que se abalanzó sobre él y le pellizcó los labios para sellar su boca - ¡Si se enteran que somos piratas, correrán despavoridos! –

- Fya fveo –

- Ni se te ocurra abrir el pico, ¿eh? Déjanos esto a Robin y a mí –

- Fsí, fsí –

Nami, aun cerrando la boca de Luffy, se acercó a uno de los puestos, acompañada de Robin, mientras el resto esperaba, observando el lugar. Se dirigieron a una chica joven, de enormes ojos verdes y larga melena rubia, que rellenaba, en aquellos momentos, distintos recipientes con granos y semillas para después venderlos.

- ¿Ojou-san?

La chica se giró y miró directamente hacia Robin, que se dirigía hacia ella. Pudieron observar que empezaba a temblar, y su rostro a palidecer. Estaba asustada, y, sin decir nada, intentó ocultarse en una de las casas cercanas.

- ¡Espera, Ojou-san! ¡Ayúdanos, por favor! Necesitamos ayuda para nuestro barco –

La cálida voz de Robin hizo que se parase en seco. Se giró de nuevo y miró a las dos chicas, y después a Luffy, que le saludó con la mano. Soltó una leve carcajada al ver el cómico rostro del capitán, todavía pellizcado por Nami.

- Sois gente extraña – Comenzó a hablar la chica – Me llamo Elin, siento haber sido tan brusca, pero aquí no estamos acostumbrados a los forasteros. Vosotros parecéis gente amable, ¡y además divertida! –

- Fufufufu, mi nombre es Robin, ella es Nami, y este chico de aquí se llama Luffy –

- Fencanftado fde fcofocerte –

- ¡Gracias por escucharnos, Elin-chan! Tenemos un gran problema con nuestro barco, necesitamos vuestra ayuda –

- Ya veo, creo que sé a qué os referís… los forasteros que pisan nuestra aldea siempre lo hacen por culpa de… eso –

- ¿Eso? –

- ¡AAAAAAAHHH! –

Luffy y el resto se giraron al escuchar el grito ahogado de Chopper, que corría, despavorido, de un lado para otro, como si estuviera buscando algo, o mejor dicho, a alguien.

- ¡Chopper! ¿Pero, se puede saber por qué gritas así? –

- ¡NAMIII! ¡Zoro se ha vuelto a perder! –

.

.

.

El espadachín caminaba, distraídamente, por las ajetreadas y adornadas calles. Sólo al rato se dio cuenta de que caminaba solo, sin ninguno de sus compañeros a su alrededor. Tampoco le dio excesiva importancia, a menudo, el resto desaparecía de su lado y se veía recorriendo las distintas ciudades por su cuenta. Se percató de que el ambiente a su alrededor estaba excesivamente animado, la alegría reinaba por todos los rincones de la aldea. Zoro era un tipo perspicaz e increíblemente observador, y se había percatado de que algo no encajaba en el ambiente. Había empezado a vislumbrar tipos con la piel y cabello oscuro, gente que no era autóctona de la isla. Pero lo que más le sorprendía era la familiaridad con la que los lugareños congraciaban con ellos.

Después de dar varias vueltas entre las casas de llamativos colores, sin saber muy bien cómo, llegó a las inmediaciones del lago que bañaba la aldea de Milied, completamente helado en aquellos momentos. Hasta Zoro, alguien bastante tosco, se maravilló del paisaje que tenía ante sus ojos. Los rayos empezaban a bajar en el horizonte, aunque todavía quedaban unas horas para el crepúsculo, haciendo brillar la superficie del lago helado. El espadachín miró a su alrededor, y observó que los lugareños cargaban enormes cajas repletas de carne, pescado, verduras, frutas y hortalizas frescas, además de sacos con legumbres, semillas y harinas. Dirigió la vista hacia el lugar donde hacían cola los ciudadanos para tomar las cajas, y la estampa ante sus ojos hizo que su corazón diese un vuelco.

A escasos metros, frente a él, se encontraba la capitana marine rodeada de sus hombres del G5. Tenía una enorme lista entre las manos, tan larga, que casi llegaba hasta el suelo. Llevaba su pelo completamente suelto, las gafas puestas, y, debido al frío, su nariz y sus mejillas estaban teñidas de un intenso rojo. Protegía sus manos y su cabeza con unos guantes y un gorro, adornado con un borlón blanco, ambos de color burdeos. Llevaba un abrigo largo de paño, azul marino, de estilo militar y con gruesos botones dorados. Debajo, unos pantalones vaqueros oscuros y unas botas planas y altas también burdeos, que llegaban por encima de sus rodillas. No paraba quieta ni un solo momento, escribía, frenéticamente, en su hoja de papel, mientras señalaba qué paquete debían coger en cada momento cada uno de sus hombres.

- ¡P-p-p-p-p-p-pero qué hace ella, precisamente ella, aquí! ¡Si esto es un pueblo perdido entre las montañas! –

Zoro dio un bote, y se escondió tras un abeto, para evitar que lo viese. A sus numerosos problemas, tenían que sumarle uno más, la presencia de la Marina en aquella isla. Qué hacían exactamente allí era algo que iba a averiguar, para alertar a sus compañeros, por eso aguzó el oído y la vista.

- ¡Vamos, chicos, dejad de gandulear! Hay mucha gente que todavía no ha recibido ninguna caja de víveres –

- Pero capitana-chan… ¡danos un respiro! Este es el último cargamento… llevamos tres días trabajando sin parar –

- ¡Chicos, pero este es vuestro trabajo! ¡Y Milied ha sufrido una emergencia humanitaria! La Gran Helada ha sorprendido este año a la isla, anticipándose. Si hubiésemos tardado más tiempo en llegar, ¡mucha gente hubiera muerto de hambre! –

- Lo entendemos capitana, pero necesitamos descansas un rato, estamos agotados –

- Venga, chicos, ¡ánimo! Estamos a punto de terminar y las fiestas de Milied están a punto de comenzar. Os prometo que después de esto tendréis varios días libres para divertiros –

- ¡Aaah! ¡Es cierto! Capitana-chan, ¿Patinarás conmigo? –

- ¿¡Q-qué!? ¡No es tiempo para eso ahora, vamos, dejad de procrastinar! –

Zoro se giró de nuevo, y se sentó bajo el abeto, pensativo. ¿Qué era eso de la Gran Helada? ¿Tenía algo que ver con lo que les había ocurrido? Tenía que ser algo lo suficientemente grave como para sumir a la isla en una crisis humanitaria.

- ¡ZOOOOOOOOOOOOOOOOOROOOOOOOOOO! –

- ¡SE PUEDE SABER DÓNDE TE HAS METIDO, PEDAZO DE IDIOTA! ¿PERO TÚ HAS VISTO ESTE LUGAR? ¡PODRÍAS MORIR CONGELADO SI TE PERDIESES! –

El espadachín dio un fuerte respingo al escuchar los gritos de Luffy y de Nami. Sus compañeros se acercaban, ruidosamente, hacia donde él estaba escondido. Zoro se percató de que iban acompañados por una joven de cabello rubio y ojos claros, que charlaba animadamente con Chopper y evitaba los acosos de Sanji. Estaban llamando la atención de todos, y eso incluía también al G5 y a Tashigi.

- N-no puede ser… ¿Eres tú, Kuroashi no nii-chan? –

- ¡Qué alegría poder vernos de nuevo! –

- ¡Qué casualidad, nii-chan, nos encontramos en una isla nevada de nuevo! –

- ¿Vosotros…? ¡Si sois vosotros! Eso significa qué… ¡DÓNDE ESTÁS, PRECIOSA TASHIGI-CHAAAAAAN! –

Zoro empezó a sentirse nervioso, lo último que necesitaban era entremezclarse de nuevo con el G5, lo último que necesitaba era volver a encontrarse con ella, había tenido suficiente para una buena temporada después de lo ocurrido en Punk Hazard.

- Shishishishi, ¡Vamos, Zoroooooooooooooo! ¡Qué haces ahí escondido! –

El espadachín notó la mano de Luffy enrollándose alrededor de su cintura, y justo después su cuerpo salir disparado en dirección a sus compañeros. Chocaron con tanta fuerza que cayeron rondando al suelo, manchándose de nieve. El sonoro golpe, además de las voces y risas de todos, terminaron alertando a Tashigi, que transportaba una de las últimas cajas de víveres entre sus manos. Alzó la vista y posó sus ojos sobre Zoro, que estaba boca abajo en el suelo. Aquello la sorprendió tanto que aflojó los dedos de las manos y dejó caer la caja al suelo, desperdigando las verduras y hortalizas por todas partes.

- T-tú… ¡QUÉ HACES TÚ AQUÍ, RORONOA! –

Zoro se levantó de golpe y se sacudió la nieve del rostro. Clavó los ojos en ella, que en aquellos momentos, llevaba sus manos hacia la empuñadura de su espada y adoptaba una pose de defensa.

- ¿Y por qué debería contestarte? -


¡Buenas tardísimas noches! Esto... a ver. Yo tenía en mente algo así desde hacía tiempo, relacionado con el invierno. Además, con la llegada de estas fechas, me dije... bueno, ¿Y por qué no matar dos pájaros de un tiro? Ya sabéis que improviso mucho las cosas, pero esto, de verdad os digo, es el colmo de la improvisación, este fic creo que va a ser una ida de olla un poco grande, pero mi objetivo, ante todo, con el fondo navideño de por medio, es que sea una historia tierna y cálida, de esas que te dan en la patata y te despiertan una sonrisilla al leerla, así que ya adelanto que aunque vaya a tener varios capítulos, no va a haber lemon, quiero que sea otro tipo de cosa. Bueno, a ver qué va saliendo. Mi objetivo era hacerla dentro de las fiestas (jaaaaaa) pero, la verdad, aunque tenga más tiempo por no tener clase, veo más a la familia, los conocidos/amigos y eso, por lo que al final, lo comido por lo servido XD además, tengo Hinsa Skies por ahí :O Que no me olvido, pero necesito corregir varios capítulos escritos antes de publicar. Bueno, no me enrrollo más, a ver qué os parece este fic, esta temática, podéis dejar alguna review :) Nos leeemos!