¿No quieres tomar un vasito de café? Un recorrido por Santiago de Chile.
#1 Café Altura.
Taichi en la Vega Central.
El sol se colaba chillón por las ventanas de la habitación pero era invisible para Taichi que se cubría la cara con la almohada y se hacía bolita aferrándose a sus sueños, tal vez estaba por patear el penal decisivo para ganar el Mundial de Rusia 2018 como el juvenil revelación de la selección y del mundo...
—¡Taichi despierta de una condenada vez!, ¡son las 9 AM y no te hay dignado a abrir los ojos!
—Waw… ¡Qué rica está la parte helada de la cama! —ignoró todo el reto de su madre.
—¡Despierta de una vez! —Yuuko le quito la sábana y lo empezó a golpear con los cojines hasta que se levantara.
—Eres muy brusca, prefiero que me despierte Hikari, ¿dónde está?
—Quedó de juntarse con Sora y Mimi a tomar un café, ya salió.
—¡Qué bien! Seguro irán a ese lugar de siempre cuando quieren comer, brunch o como se llame, me apuro y las alcanzo.
—Cabro condenao, ¡tú no vay a ninguna parte!
—¿Eh?
—¡Te vay a bañar y te vay directo a la Vega Central sin desayunar! Nunca ayudai con las compras así que este será tu castigo. Sobre la mesa está la lista y la plata. ¡Y te apurai!
Era de las pocas ocasiones en las que Yuuko se transformaba en un monstruo y no tenía nada que alegar, a decir verdad. Era más que cierto que por las prácticas del club de fútbol de la universidad tenía bastante abandonada las labores del hogar, a diferencia de Hikari que siempre se preocupaba de aportar.
Tomó un pequeño bolso y un carrito para ir al gran mercado de frutas y verduras de la capital. Salió desde un pequeño block de departamentos cercanos al metro Quinta Normal; con todas las cosas que debía comprar era imposible andar en bicicleta. Moriría atropellado por alguna vieja acelerada o por algún transantiago agresor.
Se subió al vagón del metro a las 09.30 aproximadamente y para su suerte estaba casi vacío a pesar de que el metro Quinta Normal ya no era estación terminal.
La hora, la hora… Mamá puede ser diabólica cuando quiere.
Lo que en un principio fue suerte se convirtió en desgracia. Taichi se quedó dormido, olvidó hacer el cambio de línea para llegar a su destino y terminó en otro rincón de Santiago, en Vicente Valdés para ser exacto. Una abuelita se dio la maña de despertarlo antes de llegar a la última estación.
—¡Conchetum**** me quedé dormido! —agarró el carro y salió corriendo a toda velocidad—. ¡Gracias abuelita!
—¡Tengo sesenta y cinco no más cabro mal educao!
—¡Sí, sí, perdón señora!
Escucho a lo lejos cómo le respondieron "señorita".
Mamá me va a matar.
Después de hacer el camino de vuelta, combinar en Santa Ana hacia el metro Patronato, Taichi llegó sano y salvo a la Vega. Entro al gran mercado que aún no estaba tan lleno de gente porque tan sólo eran quince minutos pasadas las once de la mañana.
Iba a sacar de su bolsillo la lista cuando le comenzó a rugir el estómago.
¡Verdad que no desayuné! Con la mano en el bolsillo también recordó que tenía una considerable cantidad de dinero para gastar.
Jiji, me lo merezco.
—¡Holaa! —se dirigió al primer carrito de comida que pilló al entrar—, me da… emm… —miró la carta breves segundos— una empanada de pino y una pizza napolitana por favor.
—En seguida amigo —un joven venezolano le atendió amablemente—. Puede sentarse mientras espera.
—¡Vale chamo! —al oír eso el pizzero le guiñó un ojo. La discriminación a los extranjeros en Chile es un tema delicado y aquel gesto de Taichi le dio confianza.
Mientras esperaba su pizza Taichi pensaba en que almorzaría muy tarde si esperaba a que su madre cocinara una vez que el llegara así que decidió que comeria en La Vega y se desentendería del almuerzo. Una parte de su conciencia se remordía por evitar a propósito la comida de su madre pero su diablillo interno fue más fuerte: ¡voh dale Taichi!
En menos de cinco minutos volaron cerdamente la pizza y la empanada. Pagó y se retiro satisfecho.
—¡Estaba súper rico, gracias!
Se disponía a andar a otro carrito de comida cuando vio un montón de gente apilada al frente de un carrito. Por lo que pudo distinguir era uno que vendía café y justo cuando iba a pasar de largo vio a una joven de su misma edad con un helado que se veía demasiado llamativo. Se acercó a preguntar.
—Disculpa, ¿qué es eso?
—Es un affogato —la mujer miró con cara de cómo me preguntai eso, otsea—. Café con helado.
—Ah, vale gracias —y agregó en un tono bajo— tss la mina pa' pesá. En la Vega Central también es común ver gente adinerada que va a comprar frutas y verduras frescas entre otras cosas y que pasan a tomar un café de especialidad en el carrito, así como muchos turistas fáciles de reconocer por sus llamativas cámaras fotgráficas, ya que es un punto de la ciudad totalmente recomendado de visitar.
Taichi se dio cuenta de que la gente cercana lo miraba raro por su comentario. Al parecer todo ese piño de personas era cliente habitual del carrito de café. Se puso a la fila y espero paciente su turno pues la fila era larga.
—¡Dame un affogato y una media luna por fa!
—¡Un affogato ahora! —el dueño del café era quien atendía a Taichi y repitió la orden al barista— Serían 2900 pesos.
—¿Cuánto sale la media luna, quinientos?, ¡Dame tres entonces!
—Serían 3900 pesos —Tome aquí tiene, dijo Taichi mientras se sentía poderoso al pasar un billete de diez mil pesos.
Taichi se salió de la fila y esperó su affogato comiéndose tres medias lunas que trataron de aterrizar en su estómago sin fondo.
—Esto es vida —se estiraba a los cuatro vientos—, mamá debería enojarse más seguido conmigo.
—Affogato, ¿para quién? —habló el dueño del carrito. Taichi miró hacia a su alrededor y se dio cuenta de que era el suyo.
—Aquí, aquí caballero. ¡Gracias!
Se hizo a un lado con sus cosas y dio una pequeña probada al helado.
—¡Woooow!, ¡Está exquisito!
Sin ser una cantidad grotesca de helado, era bastante generosa. Era un shot de espresso literalmente ahogado en un montón de helado de vainilla que no le duró ni un minuto.
La gente a su alrededor reía y Taichi se sentía como si fuera a ser un próximo cliente frecuente. Guatita llena corazón contento dice la gente, hasta que su celular vibró.
—¡Cresta pasó una hora desde que llegué y no he comprado ni una weá !
Hola! Primer capítulo de este fic costumbrista experimental. Simplemente Taichi era el que mejor encajaba en la Vega Central, que es un mercado gi-gan-te, donde se venden frutas, verduras, carnes, quesos, fiambres, lo que se te ocurra a muy buen precio, mejor si es al por mayor.
En general los chilenos tenemos la costumbre de agregar el ai/ay a las palabras: ¿Cómo estai?
Finalmente, el motivo común de estos OS-drabbles: café. Café Altura tal como dice es un carrito que vende café de especialidad a un precio muy económico, ya sea para servir o llevar además de comprar café siempre fresco también a un precio muy módico. Es un lugar tradicional de la Vega y tienen una gran clientela en particular los fines de semana donde hay una cantidad terrible de gente, especialmente a las 14 horas.
Gracias por leer! Nos vemos y feliz año.
