Título : La forma del ángel

Resumen : Tal como el aire el ángel no tiene una forma definida, tal como el agua se adapta a la forma de su recipiente. Tal como el amor, el ángel no tiene género, ni ojos, ni forma, solo siente, solo fluye, como el amor, es el ángel del jueves él que visita a Dean cada noche, a este ángel no importa el recipiente pero busca tener uno. Dean descubrió que a él tampoco le interesa el envase.

Advertencias : Mención de sexo.

Notas : Los personajes no hijo míos. Gracias por leer.

Capítulo único .

Fue un desastre cuando la madre de Dean perdió su vida en un terrible incendio intencionado.

Dean era pequeño en ese entonces, con solo cuatro años, sostenía en sus pequeños bracitos un niño de seis meses a quien amaba y protegerí para siempre: Sammy, su hermanito menor.

Ese mismo jueves, muy tarde en la noche y después de haber hecho la denuncia, la rota familia Winchester partió en un hotel donde pasarían la noche. Esa noche fue fatal, y no sólo por lo que le había pasado a su madre: Sam no paraba de gritar y llorar, su padre, había consumido alcohol y estaba gritando a su hijo de menos de un año que se calló de una vez. En cuanto Dean vio su padre acercarse unos pasos a Sam lleno de rabia, entonces fue su momento de actuar. Con una inocente valentía se puso en medio de su padre y su hermano menor. Ese fue el primer y el último golpe que su padre le dio, pero Dean recibió muchos más si tiene un Sammy sano y salvo se ara.

Después del golpe, los sollozos de su papá, y eso fue derrotado por completo al niño, sí, había llorado, pero hasta ahora, como no lo había hecho, porque todavía tenía alguien a quien darle amor y cuidados, alguien que realmente lo necesitaba .

Ese jueves, fue la primera vez que Dean de rodillas, rezó.

Rezó por su familia partida.

Rezó por Sam y por su padre.

Rezó porque su mamá ahora está en el cielo un día de haber muerto con lo que parecían ser las llamas del infierno.

Y rezó porque un ángel lo escuchara, rezó porque todo en lo que su mamá había creído en vida, sea verdad. Rezó aún sin estar muy convencido de la existencia de seres divinos, pero su mamá le dijo que tenía que tener fé.

Le dijo que siempre habría un ángel cuidando de él..

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Al principio podía verlo en su verdadera forma, parecía un brillante humo enorme de un hermoso tono azul celeste volando por toda su habitación, Dean sonreía cada vez que lo veía, y al juzgar por la risa de Sam, este también podía verlo.

El día después del trágico incendio y la noche del jueves, su padre los llevó a la casa de su tío Bobby y se marchó, quién sabe cuánto tiempo.

Nada estaba llendo bien, Dean se sentía un estorbo para Bobby y un inútil en cuanto a los cuidados de Sam, pero había aprendido a cambiar un pañal y preparar la mamadera.

Pero todo cambió el siguiente jueves, cuando vio por primera vez ese especie de vapor celestial que decidió llamar "su ángel"… entrando por su ventana, hermoso, sin forma, que sólo giraba a su alrededor sin hacer nada más, dándole pequeñas caricias de vez en cuando que se sentían como un suspiro, como brisa de invierno, un tacto suave y resbaladizo como el del agua, pero sin mojarlo.

Aquél ángel siempre lo visitaba a la noche y los jueves, siempre que Sam lloraba, al ángel solo le bastaba con acercarse con su gracia al bebé para curar todos sus males. A Dean le gustaba.

A veces sentía murmullos, sonidos muy bajos, casi mudos, pero siempre en esos ruidos contraba la calma. Un día, lleno de paz de tanto escuchar esos susurros, le preguntó, casi gritándole para que no escapara por la ventana:

— ¿Cuál es tu nombre? — Dean estaba parado en la cama, inclinado sobre la ventana, trató de tomar al ángel para que este no se marchara, pero no había forma, se resbalaba de sus manitos.

— Castiel.

El niño rubio escuchó entonces ese susurro más claro que cualquier otro, con una voz un poco más fuerte, un poco más gruesa, pero tan tranquila que inspiraba paz. Dean amó esa voz desde que la escuchó.

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Le contó al tío Bobby lo que pasaba en su habitación todos los días jueves a la noche, y como solían hacer los adultos, ignoró lo que le decía, excusándose en que eran imaginaciones del chico.

Dean se sintió humillado y ofendido y esa vez, a sus seis años, fue la primera vez que le levantó la voz a su tío.

— ¡Sam si me cree! — dijo con un puchero y se fue corriendo a meterse en la habitación para abrazar su almohada.

Pero pronto llegó su castaño hermanito de dos años para consolarlo.

— Es ridículo Sammy, ¡Cree que Cas no existe! Pero Cas si existe, nosotros lo vemos.

— Cas… Cas. — el pequeño solo asentía, entonces miró a su hermano. — ¿Mañana es jueves? — Dean asintió sin comprender la pregunta y entonces Sam aplaudió complacido. — ¡Vamos a poder ver a Cas!

Y de repente los ánimos de Dean subieron.

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Muchas veces, mientras Dean y Sam crecían, podían ver al ser celestial tratando de cambiar su forma, parecía humo azul intentando imitar la forma de un ser humano, pero con alas, alas enormes y un poco más oscuras de lo que su cuerpo era, hermosas.

— ¿Porque ya no nos hablas Cas? —Dean hizo un puchero, tratando de llamar la atención del ángel tocándolo, pero era imposible, su mano traspasaba la barrera azul.

— Necesito concentración para esto.

Sam observó curioso, y entonces preguntó:

— ¿Estás intentando ser igual a nosotros pero te cuesta?

Era un niño muy inteligente, sin dudas.

— Exactamente, Sam. También tengo que controlar mi voz para no hacerle daño a sus delicados oídos humanos, y es un poco difícil. Yo me controlo porque prefiero prevenir que lamentar, aunque la mayoría de los niños pueden verme y escucharme sin sufrir daños, yo no podría soportarlo si por algún error mío salen lastimados. La pureza del alma de los pequeños consigue que estos sean inmunes a la luz de mi gracia. Ustedes por eso pueden verme.

En ese momento a ninguno de los dos hermanitos se les ocurrió preguntar si en algún momento iban a tener que dejar de verlo.

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El cumpleaños de Dean caía un viernes, y el jueves por la noche antes de su cumpleaños número doce, Cas volvió a aparecer.

Ese día Castiel les explicó que en un determinado momento de su adolescencia iban a dejar de verlo, porque si él se presentaba frente a ellos, la luz de su gracia podía dejarlos ciegos.

— ¡A mí no me importa estar ciego por ti Cas! —le gritó Dean, y Sam, siempre siguiendo a Dean sin pensar se apresuró a decir:

— ¡A mí tampoco, Cas!

Castiel soltó una risita suave y dijo, en un susurro lleno de cariño:

— Lo siento, pero me importan demasiado y no quiero lastimar a ninguno de mis dos humanos especiales.

— Cas, apresúrate a tener un cuerpo, ¡Porque realmente quiero abrazarte!

Siguieron hablando y jugando hasta que Castiel tuvo que marcharse.

— Por cierto, Dean.

— ¿Si?

— Feliz cumpleaños.

Sintió algo en su frente, se sintió como aire fresco pero para Dean había sido un beso de Castiel para él, como un regalo único, para él.

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Dean cumplió doce, un cumpleaños feliz, sin John Winchester, pero no importaba mucho. Hace mucho que no era necesario.

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A los trece años, Dean tuvo su primer pensamiento homicida, cuando su padre llegó borracho a la casa de Bobby y casi golpea a Sam, de no ser porque Dean se interpuso entre ellos.

Después de eso, veía con poca frecuencia a Castiel, y este le daba como explicación:

— Dean, estás creciendo, tu pureza de niño se está marchitando y yo tengo que esforzarme para no hacerte daño en los ojos al aparecerme.

Ese día, cuando Cas se lo explicó, a Dean le dolieron los oídos.

— ¿Esa es tu verdadera voz?

El ángel, preocupado, se apresuró a irse antes de causar más daño.

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A los catorce le tocó un seno a una chica por primera vez. Desde entonces, es un don Juan en la escuela, deseado por las chicas, envidiado por los chicos.

Se había vuelto un chico problemático también.

Castiel no volvió a aparecer para él, aunque le rezaba todos los jueves por la noche y a veces lloraba, de extrañar tanto su compañía, aunque eso es algo que él jamás admitiría.

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— Dean, Cas me dijo que te mandaba saludos.

— ¿Cas? Alto. ¿Tú puedes ver a Cas?

No era sano que Dean sintiera tanta envidia y rabia contra su hermano de once años, ¿pero porque Castiel se le aparecía a Sammy y a él no?

El rubio se decía que no entendía lo que sentía, aunque la respuesta fuera muy clara él no iba a admitir sus celos tan fácilmente.

— ¿Te dijo algo más?

— Si, que escuchaba tus rezos y te pide perdón por no poder contestarlos.

— ¿Perdón? ¿De qué me sirven sus disculpas? —preguntó incrédulo temblando de la rabia.

— Me dijo que te diga que dejes de estar molesto, que sigues siendo su humano favorito. ¡Y cuando le pregunté porque eras su preferido solo me contestó que él tiene un vínculo más profundo contigo! Eso no es justo, Dean.

Eso fue lo que logró que el rubio se tranquilizara, aún quería ver a Cas, pero sintió que podía controlarse, por Sammy.

— ¿Y qué más de dijo, Sam?

— Dijo que le había pedido a Dios un recipiente humano, y que dentro de no mucho, con suerte, lo obtendrá, y entonces nosotros podríamos verlo. ¿No es emocionante?

Dean sonrió.

— Lo es, enano, lo es.

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Dean se vio obligado a dejar de lado tus tontas fantasías de volver a ver a Castiel.

Se había tenido que concentrar en sus estudios de la universidad, había escogido como carrera a seguir ingeniería mecánica y se había recibido con honores, la educación la pagó Bobby, y Dean quiere devolverle todo el dinero que gasto aunque su gruñón padre adoptivo le dijo que no se preocupara. Dean ya iba a cumplir sus treinta.

— Si Cas estuviera aquí estaría orgulloso. —decía en voz baja Dean, pensando que nadie lo escuchaba mientras limpiaba un auto clásico.

— Deberías dejar de creer que eso existe, Dean.— escuchó una conocida voz a sus espaldas.

— ¡Sammy! No sabía que venías…

— Pasé y entre a saludar.

— Cas si existe, Sam, ¿Te olvidas de cómo los veíamos todos los jueves?

— Éramos niños con una gran imaginación, Dean. Teníamos un amigo imaginario en común.

— ¿Entonces cómo sabías cuál era su aspecto?

— Me lo habrás descripto.

— Nunca te dije como era. Ni como sonaba.

— Dean sé que tienes un desarrollo madurativo atrasado pero estás grandecito para creer en esas cosas…

— ¿Crees en los ángeles?

— Creo en ellos, pero no creo que hayamos visto uno.

— Ajá, ¿Y cómo me explicas que veíamos a Cas todos los jueves y en la biblia se habla sobre Castiel, el ángel de los jueves? No sabíamos eso de pequeños.

— ¿Tú leyendo la biblia? Que gran novedad.

— Se llama investigación, Sammy.

— Como digas, pero Dean, los ángeles tendrán cosas más importantes que hacer que ir a visitar a los niños.

La discusión quedó ahí, aunque ninguno estaba dispuesto a ceder..

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Dean cumplió un día jueves y eso lo deprimió. Sus amigos, Benny y Ash, lo arrastraron a beber a un bar decente, estaban estaban Charlie, Sam y Jo. Por más que Jo se le insinuó varias veces esa noche, él la rechazó sutilmente porque solo la veía como una hermana menor.

Se embriagó, durante toda la noche solo bebió y jugó al billar, pero el hondear de una gabardina marrón lo distrajo en medio del partido, entonces, sin saber bien porqué, se excusó y siguió al misterioso de la gabardina.

No entendió porque me faltaba un tipo desconocido, pero el culpable era el alcohol, era más fácil. En un momento perdido de vista, y resignado, se volteó para volver al bar pero dos ojos azules clavados en él lo detuvieron en su camino.

—Hola, Dean.

— ¿Ca ... Cas? —preguntó en un jadeo sorprendido y recibió una pequeña sonrisa de parte del hombre más de su edad que era su ángel en cuestión.

— Este es el envase que me regaló Dios. Si te incomoda, podría ...

— No. Ni lo pienses. No te lo cambies. En tus ojos puedo ... puedo ver tu esencia, Cas, es lo más hermoso que haya visto. El rubio, mirando sus ojos, sin atreverse a tocarlo o acercarse a él, por temor a que desapareciera.

— Estoy aquí, no es producto de una alucinación tuya por el alcohol en tu sistema ni nada parecido. Ahora puedes darme uno de esos famosos abrazos que tanto querías de mí cuando eras un niño.

Dean no necesitó más, lo tiene con tanta fuerza en sus brazos que se sorprendió de que no pudo haberlo hecho, hasta que fue un ángel de señor.

Sintió su mejilla siendo raspada por la barba de los días de Castiel, y eso lo había excitado como ninguna de las chicas asiaticas pechugonas que veía en la televisión para adultos lo había hecho antes.

Nunca se habría imaginado que las barbas eran tan sexys, ni que los labios resecos fueran una invitación al pecado.

— Cas.— gimió con necesidad.

— Dean, ¿Estás bien? ¿Te duele algo?

El rubio sonrió ante la inocencia y agarró la mano de Castiel, conduciendo al pobre ángel hacia un callejón desolado y sin salida.

— No lo entiendo, Dean.— dijo el ángel confundido — es tu cumpleaños, pensé que querrías estar con tus amigos y Sam ...

— Oh, no sabes cómo quiero presentarte ahora mismo a Sam solo para ver su cara.— dijo con una risa malévola.—pero antes, vamos a hacer el amor.

Dean no supo nunca cuánto quería eso hasta que lo pronunció en voz alta. No le interesaba que fuera pecado, no le interesaba que el recipiente fuera hombre. Era Cas. Y él amaba a Cas.

— ¿Hacer el amor?

Como un cachorro confundido inclinó la cabeza curioso.

— No entiendo, Dean, tenía entendido que el amor era un sentimiento, no algo que se hace.

— No te sientas mal si no entiendes, has tomado las molestias para explicarte. Con una sonrisa traviesa, no sabiendo que podía tener treinta años y estar igual de cachondo que cuando tenía quince y veía las faldas de sus compañeras subidas. — El mejor cumpleaños de la historia. Gracias

— ¿Porque estás agradecido? No hay nada que agradecer...

— Claro que sí. Que estés de hayas vuelto a mi. —declaró con una sonrisa llena de cariño a Cas.

— Nunca me fui. Hace años que un niño hace un jueves a la noche pidiendo ayuda, no hay pensamientos egoístas, solo pensando en su familia, en su hermano menor. Y la valentía y pureza de su alma me cautivó. Y aunque hayas crecido, Dean, tu alma no cambió ni un ápice. Así que gracias a ti, por ser tan fuerte desde que eras un niño y por ser tan considerado con los demás. —envolvió sus brazos en el cuerpo del humano, su humano favorito.