Disclaimer: Ninguno de los personajes de Nintendo o Level 5 presentes en esta historia me pertenece, así como ciertas localizaciones ficticias mencionadas. El resto de personajes y/o localizaciones ajenos a las citadas compañías son originales.

Advertencias: La historia puede contener Spoilers de varios juegos de la saga del Profesor Layton; así como escenas de sexo, tortura, y lenguaje inapropiado en futuras actualizaciones. Por el momento el contenido puede clasificarse como T (13+), no obstante avisaré debidamente cuando se incluyan cambios en estos términos.


PRÓLOGO


Antes de nada me gustaría aclarar que ésta es la primera historia que escribo, con lo cual probablemente esté repleta de errores debidos a mi inexperiencia.

Me llamaba la atención la idea de escribir una historia de misterio, y dado que soy una fan acérrima de la saga de juegos de el Profesor Layton he decidido utilizar algunos de sus personajes en mi trama.

El hilo temporal de la historia se sitúa aproximadamente seis meses después del final del Futuro Perdido, con Luke aún fuera. De todas maneras es mas que posible que aparezca en algún punto de la investigación para resolver el misterio junto a Layton.

Agradecería los comentarios, ya que así me haría una idea de los fallos y aciertos de mi historia para seguir escribiendo.

Un saludo y espero que quién lo lea disfrute.


CAPÍTULO 1. UNA CARTA MISTERIOSA


Era una cálida y agradable mañana de verano. Como cada día el profesor Hershel Layton se dispuso a tomar su taza de té plácidamente acomodado en su sillón favorito mientras, por el amplio ventanal de la sala, disfrutaba de unas espectaculares vistas al río Támesis.

Pese a la tranquilidad aparente que le rodeaba varias ideas turbaban sus pensamientos. Se sentía enormemente preocupado por Luke. Apenas recibía cartas suyas, y habían llegado a sus oídos noticias preocupantes sobre su situación familiar. Y por otro lado estaba ella: el recuerdo que siempre llevaría a cuestas como un pesado fardo, que le oprimía el pecho tanto que aveces le hacía difícil respirar… Claire. Habían pasado ya seis meses desde que volviera a perderla, desde que aquella herida que empezaba a cicatrizar volviera a desgarrarse, pero él seguía sintiendo el mismo dolor que el primer día.

De repente el chirriar de la puerta le hizo abandonar sobresaltado sus pensamientos. Giró su cuerpo sobre el sofá y vio a Flora, sosteniendo un sobre en sus manos.

- Buenos días profesor, parece que tiene correspondencia. - La chica se acercó con sus enormes y alegres ojos negros clavados en los del profesor y tras dedicarle una afable sonrisa le entregó la carta que sujetaba.

- Muchas gracias, Flora. - Dijo él mientras le devolvía caballerosamente la sonrisa, aunque en su interior sintiera que ya no le quedaba ningún motivo para reír.

Observó cuidadosamente el sobre. Escrito sobre él con una letra peculiarmente refinada podía leerse "Para Hershel Layton". De alguna manera creía haber visto esa letra en alguna otra parte, aunque no conseguía recordar dónde.

- Espero que no sea otro de esos chiflados que quieren destruir el mundo. - Comentó jocosamente la niña.

- Tendremos que comprobarlo. - Layton volvió a sonreír a la muchacha y con gesto de cansancio se levantó lentamente, tomó su inseparable sombrero de copa del brazo del sillón y se lo colocó con elegancia. Desde que Claire se lo regalara años atrás, justo antes de perderla por primera vez, solo se lo quitaba en la tranquilidad de su casa para descansar.

Abrió el sobre y desdobló la carta que había en su interior. Pudo percibir un leve olor, como a perfume de mujer proveniente del papel. Con la misma fina letra del sobre podía leerse el siguiente mensaje:

"Estimado Profesor:

Siento el importunio que pueda causarle mi proposición. Aún no puedo explicarle con detalles los hechos. Rogaría no se tomase esta carta a la ligera, ya que se trata de un asunto delicado. Antes o después, si no colabora conmigo, puede acabar lamentándolo. Ha de creerme.

Juré solemnemente que no revelaría un secreto así pero no me queda otra opción. Otros han intentado arrebatármelo, pero no lo han conseguido. No hay tiempo que perder. Espéreme esta tarde a las 6:00, frente a la torre. Sé que vendrá, y sé que me reconocerá.

Atentamente: La ya citada."

"La ya citada…" Todo aquello le resultaba muy extraño al profesor. La redacción de la carta era realmente peculiar: las frases no parecían escritas de manera natural, parecían seguir algún tipo de norma. Alguien le pedía ayuda, pero a la vez le estaba proponiendo un reto, y los retos le encantaban.

Volvió a ojear la carta y enseguida comprendió quién era su misterioso remitente.

- ¿Y bien? - Preguntó Flora curiosa. Había estado observándolo atentamente, y habría jurado verle esbozar una leve sonrisa sarcástica.

- Parece que tengo una cita. - Respondió él.

- ¿Con una mujer? - El tono de la chica no escondía los celos que la invadían. Desde que se fuera Luke ella era la única que acaparaba la atención del profesor, y no le agradaba la idea de perder esa exclusividad.

A Layton le resultó divertida la reacción de la muchacha y no pudo contener una carcajada, lo que la incomodó aún mas.

- No es lo que te piensas, Flora. - Intentó tranquilizarla. - Se trata de una vieja conocida que parece tener algo importante que contarme. Es mi deber como caballero ayudar a una dama en apuros si está en mis manos, ¿lo comprendes, verdad?.

La chica asintió cabizbaja.

- Supongo que no querrá que le acompañe… - Respondió.

- Por el momento será mejor que te quedes en casa estudiando, recuerda que tus exámenes están a la vuelta de la esquina.

- Como usted quiera, profesor. - La muchacha se giró y abandonó la sala con semblante triste.

El despejado cielo de aquella mañana empezaba a tornarse gris. Layton caminó hacia el ventanal para contemplar las nubes reflejándose sobre las turbias aguas del río. Alzó la vista, desde su despacho podía verse la famosa Torre de Londres, el lugar donde esa misma tarde iba a encontrarse con su remitente. Seguro que era un asunto realmente interesante viniendo de ella.

Mucho mas animado volvió a dejarse caer en su sillón favorito y a retomar la taza de té, que ya estaba empezando a enfriarse. Parecía que al fin iba a romper la tediosa rutina que últimamente le acompañaba e iba a adentrarse en otra nueva e interesante aventura.