In Life There Are Worse Things Than Dying

Abandonaron el Expreso de Hogwarts y un grandullón, llamado Hagrid, los condujo hacia los botes que los llevarían al colegio de Magia y Hechicería, Hogwarts.

Una mujer con pintas aparentemente de bruja los detuvo antes de acabar de subir la escalera.

—Bienvenidos a Hogwarts —comenzó diciendo— Bien, en breve atravesaréis esas puertas para uniros a vuestros compañeros. Pero antes de eso se os seleccionará para vuestras casas. A saber, Gryffindor, Hufflepuff, Ravenclaw y Slytherin. Mientras viváis aquí, vuestra casa será vuestra familia, vuestros triunfos serán puntos para vuestra casa, y cualquier infracción hará que pierda puntos. Al final del año, la casa con más puntos será galardonada con la Copa de la Casa.

—¡Trevor! —saltó un muchacho moreno hacia un sapo que estaba en lo alto de la escalera, interrumpiendo a la profesora, sin intención alguna—. Perdón —dijo intimidado por la mirada de ésta.

—La ceremonia de selección tendrá lugar en unos instantes —prosiguió la bruja, de la cuál todavía no sabíamos el nombre, y se encaminó a cruzar esas puertas.

—Veo que es cierto lo que se decía en el tren —habló un joven muy rubio—. Harry Potter ha venido a Hogwarts.

En ese instante todos comenzaron a murmurar acerca de ese muchacho.

—Estos son Crabbe y Goyle —continuó el extremadamente rubio indicando a los nombrados con un movimiento de cabeza—. Yo soy Malfoy, Draco Malfoy —dijo en frente del joven Potter, causando una risa al acompañante pelirrojo—. ¿Mi nombre te hace gracia? No necesito preguntarte el tuyo, pelirrojo y túnica de segunda mano. Debes de ser un Weasley —dijo con desprecio—. Pronto descubrirás que hay familias de magos mejor que otras, Potter. No te juntes con la gente equivocada —volvió a mirar al pelirrojo—. En eso puedo ayudarte —dijo ofreciéndole la mano al moreno de gafas redondas.

—Creo que se elegir por mí mismo, gracias —contestó éste, heroico por su parte.

—Ya está todo preparado, seguidme —dijo la profesora haciendo acto de presencia.

Comenzaron a caminar tras ella en fila de dos en dos, cruzaron las puertas mirando y alabando cada rincón de ese maravilloso colegio que los había dejado asombrados. La sala era amplia, con mesas kilométricas y alumnos sentados de forma ordenada alrededor de éstas. Habían velas flotando por doquier, y el techo estaba bajo un hechizo para que pareciese el cielo.

—Tened la amabilidad de esperar aquí —dijo la profesora, deteniéndolos ante ella y una larga mesa colocada horizontalmente donde aguardaban, parece ser, los demás profesores—. Ahora, antes de comenzar, el profesor Dumbledore quiere dedicaros unas palabras —dijo mientras un hombre de larga barba blanca se levantaba de su asiento.

—He de anunciaros algunas normas de principio de curso —comenzó diciendo—. Los nuevos debéis saber que el Bosque Oscuro está terminantemente prohibido para todos los alumnos, así mismo nuestro celador, el señor Filch me ha pedido que os recuerde que el pasillo del tercer piso, el del lado derecho, no está permitido para todo aquel que no desee la más dolorosa de las muertes. Gracias —dijo tomando asiento, de nuevo.

—Cuando diga vuestro nombre, vendréis hasta aquí. Yo os colocaré el sombrero sobre la cabeza, y seréis seleccionados para una casa —Hermione Granger —dijo leyendo el nombre de un pergamino que sostenía en la mano contraria a la del sombrero.

La joven maga acudió al taburete y el Sombrero Seleccionador hizo su trabajo.

"Ah, veamos... Bien, de acuerdo. ¡Gryffindor!" anunció provocando aplausos en una de las mesas, perteneciente, obviamente, a esa casa. La muchacha castaña abandonó el lugar y acudió a su casa.

—Draco Malfoy —llamó la profesora.

"¡Slytherin!" anunció el Sombrero Seleccionador sin apenas haberle rozado la cabeza.

Así ocurrió sucesivamente hasta que la profesora llamó a la siguiente alumna.

—Aria Prescott —McGonagall pronunció el nombre, y una muchacha rubia de pelo largo y de ojos verdes grisáceos, que brillaban de forma descomunal, se dirigió bajo la presión de los nervios y tomó asiento en el taburete.

"Interesante... Realmente interesante... Percibo talento, mucho talento... Diría Gryffindor —una sonrisa se dibujó en su cara y la casa de Gryffindor comenzaba a estallar en aplausos—. Pero... —Gryffindor guardó silencio— Veamos como te defiendes en... ¡Slytherin!" anunció.


Aproximadamente tres meses después de la selección, a Aria todavía le costaba aceptar que pertenecía a Slytherin. El Sombrero Seleccionador había cometido un error, o eso es lo que pensaba la joven maga continuamente. No soportaba el hecho de que su casa y la de Gryffindor no fuesen compatibles, ya que había percibido que tenía más conexión con aquellos que con sus propios compañeros.

Paseaban por los pasillos sin ningún concreto lugar al que ir. Acompañada de Malfoy, Crabbe, Goyle y un par de Slytherins más.

—Eh, ¿a dónde ibas, feo? —preguntó Malfoy con tono de desprecio al muchacho moreno que vestía el uniforme de Gryffindor, al cuál, Aria recordaba de aquella metedura de pata del primer día, sin duda, era el chico del sapo.

—A-a-a-a... la sala común de Gryffindor —contestó el chico, aterrorizado, parecía.

—"A-a-a-a... la sala común de Gryffindor" —imitó Draco burlándose del muchacho, cosa que causó risas entre sus acompañantes, excepto Aria—. Eres penoso, Longbottom —dijo Malfoy tirándole los libros que sostenía entre sus brazos al suelo.

Los Slytherin continuaron su camino, y la muchacha rubia, les siguió de cerca. Cruzaron una columna—Voy al baño —dijo—Id sin mí, ahora os alcanzo —dijo volviéndose para retomar su camino hacia atrás. Llegó donde había sucedido la escena y supuso que el chico seguiría allí. Se acercó a él, y éste hizo ademán de apartarse.

—¿Estás bien? —preguntó ya agachada a su altura mientras le pasaba unos libros, el chico asintió— No le hagas caso, ya sabes como es Draco —dijo levantándose— Soy Aria —le ofreció su mano para ayudarle a levantarse.

—¿Por qué me ayudas? —preguntó él, sorprendido, sin aceptar la mano siquiera.

Sonrió levemente— Digamos que no soy como los demás —dijo pasándole el último libro que aguardaban sus manos.

—¿Y qué pasa si se enteran de que me has ayudado? —preguntó el chico, de nuevo.

—Por el momento podemos mantenerlo en secreto —contestó la chica— Me gustaría tener un amigo que no fuese Slytherin —sonrió sincera.

—Neville —dijo ofreciéndole ahora su mano— Neville Longbottom.

—Encantada —dijo aceptándola— Aria Prescott.

—Gracias —dijo, a lo que la rubia contestó con una sonrisa.

—¡Aria! —se oía de lejos.

—Vaya, tengo que irme. Adiós Neville —se despidió con la mano mientras iba corriendo al encuentro de su compañera Pansy Parkinson, quién la llamaba a gritos— ¿Qué quieres? —dijo cuando al fin estaba en frente de ella.

—¿Dónde estabas? —preguntó cortante.

—En el baño —contestó convincente.

—¿En serio? Acabo de ir y no estabas —atacó de nuevo.

—¿Quizá... porque había salido ya?

—¿Y qué hacías cuando has salido?

—¿A qué vienen tantas preguntas?

—Eres una Slytherin, Aria.

—Lo sé —admitió firmemente.

—Pues actúa como una —dijo levantando la voz— Venga, vámonos de aquí, no vaya a ser que aparezcan más Gryffindor.