"Chocolate"
By: Kajime
Capítulo 1: Sobre Matt, él era…
Algunas veces, la vida simplemente no es buena. Algunas otras, somos nosotros los que la hacemos no buena. Matt era este tipo de personas que se consideraban a sí mismas retrógradas y, en su caso particular, a mucha honra. Nada podía ser mejor para él, nada podía sobrepasar el utópico mundo que había construido en su amplio y bien escondido departamento. Tenía todo lo que necesitaba: un sofá indescriptiblemente cómodo, uno de los mejores ordenadores jamás usados por el hombre, ingresos multimillonarios bancarios (porque un hacker necesita de pequeñas contribuciones, no necesariamente con el beneplácito de sus benefactores, claro), tecnología de primera, una variada y completa selección de sus marcas favoritas de cigarros en el primer cajón de su cómoda y cerveza, mucha cerveza y comida en su cocina y heladera.
Claro que, si buscáramos encontrar una falla entre tanta belleza, lo único que podríamos mencionar es el hecho de que Matt, un hombre joven, salvaje, increíblemente apuesto y con hartas cantidades de dinero, aún anduviera sólo. Su única verdadera amante en esos 4 años habría sido su pequeña consola de videojuegos, la cual, incluso después de dejar Wammy's House, había conservado como única compañía, actualizándola con cada nueva evolución tecnológica que se daba en el mercado.
"¿Qué puedo decir? Eres mi compañera de toda la vida…", solía decirle siempre que terminaba de contarle alguna de esas nuevas de la red, que él consideraba tragedias, como la vez en que una compañía europea de software de seguridad se las arregló para crear milagrosamente una cura al virus informático que se había tomado la molestia de crear por Navidad.
Mmm… ¿sexo? Bueno, claro que y por supuesto que Matt había tenido amantes humanas, pero el asunto era sólo ese: "SEXO". No es que él las consideraba amantes más que como compañeras de cama de una noche. Te das cuenta de ello apenas notas que nunca busca a la misma chica dos veces.
¿Qué cómo es¿Qué cosa¡Ah! Para describir el ritual de Matt, primero debería hablarte de sus gustos. Te diré que, contrario a lo que puedas pensar, le gustaban las mujeres serias y maduras, chicas que no fueran a molestarlo después de esa noche o confundieran el verdadero propósito del encuentro. Matt era tan masoquista… Le gustaban así porque el sentirse usado para dar placer le daba más libertad de usar para conseguir el suyo. Por otro lado, no le gustaban mucho las mujeres más altas que él y odiaba a las muy bajitas. Entre los 5 y 10 cm. menos que él eran perfectas. Le gustaban las de ojos claros y grandes y de colores de cabello bastante luminosos. No tenía distinción por el color, había probado de todo, pero tenía más simpatía por la piel blanca, el color lechoso lo excitaba con facilidad. Para él era como asociarlo a la pureza, lo hacía pensar que su nuevo juguete era una virgen, una virgen de ojos claros, cabellos dorados y… ¡Ah¡Casi lo olvidaba! Si había algo que Matt más odiara en una mujer era una obsesión, algo tan colectivo entre las féminas que esta era la principal razón de que Matt fuese tan selectivo y encontrara pocas candidatas: la obsesión por el chocolate.
Imagínate el problema. Primero, si Matt no tenía necesidad de sexo por ningún motivo salía de su casa durante la noche, a menos que se le hubiera terminado la cerveza o se le antojara comer alguna tontería en especial. Si se levantaba, salía a pasear por el primer centro de cacería que se le venía a la mente. Siempre respetaba eso porque era como una corazonada para él. Luego, entraba a un bar, de preferencia, uno con billar y buenos prospectos. Entonces, empezaba el ritual. Las que ya habían probado sus virtudes se limitaban a saludarle. Una que otra se atrevía a probar suerte y ver si Matt les invitaba una copa dependiendo de que tan bueno recordara que fue el sexo. Luego de eso, las chicas se alejaban y comentaban entre ellas acerca de sus experiencias con el niño. Si ninguna se animaba pronto a acercarse, Matt pasaba sus ojos por el bar y vaciaba lenta y pausadamente su copa mientras buscaba algún bonito y nuevo rostro. Ubicada la ganadora de la noche de placer, Matt se las arreglaba con el jefe de cantina que, en la mayoría de los casos, solía ser un gran amigo suyo y que se complacía en ayudarle con sus galanterías por una módica suma de dinero.
Ahora, si bien es cierto que la fama ayuda, con las chicas eso puede ser cierto o no. Si tú, cómo parte de ese círculo femenino, ves una noche a Matt, el chico del que todas comentan maravillas y proezas, el banquete único, el cual nunca volverás a probar una vez lo disfrutes, podrías reaccionar de dos maneras. La primera, y suponiendo que eres muy dueña de ti misma y sabes lo que haces, irás a su encuentro y aceptarás los tragos que te invite mientras llevan a cabo la "entrevista". Si todo sale bien, podrás pasar a una de las salas cómodas y privadas que tenga para ofrecer el bar o, si lo mencionas sutilmente y en el momento justo, con suerte acabarías en la habitación de un bonito y agradable hotel de citas. Si hiciste eso, pues felicidades y buen provecho. Tu segunda reacción que, o te la provocan los nervios o la ignorancia de esta pequeña pero crucial información, es llevar los primeros pasos bien para luego morder el polvo en la entrevista. Si hablas muchos, deberías hacerte un favor y morderte la lengua porque, a menos que la menciones acompañada del "odio el", la palabra "chocolate" te dejaría un amargo sabor apenas vieras al pelirrojo levantarse y, despidiendo a algunas chicas, dejar un fajo de billetes en la barra al retirarse sin siquiera decirte una palabra. Claro que, si tienes mucha suerte y alguno de esos santos te está protegiendo, por más tonteras que hagas acabarías teniendo la mejor noche de tu vida. Sólo deberías procurar no aburrirlo, así que te hubiera aconsejado que te callaras. Aunque esto es hablar hipotéticamente. No estoy diciendo que alguien como tú hubiera hecho todo eso. Matt era así con todas sus amantes o al menos con sus compañeras de una sola noche.
¿Lo que las mujeres veíamos en Matt? Personalmente, cuando fui al bar esa noche a ver a Grace, una amiga que hace siglos no había visto, me sentía tan emocionada por volvernos a encontrar pero, apenas nos sentamos, el primer tema del que se puso a hablar fue de la maravillosa noche que había pasado el día anterior. Primero, la encuentro ganándose la vida como ayudante y mesera en un bar, dando servicios de compañía ocasionalmente. Aunque tampoco pienso que el arte del sexo y las salidas por placer con extraños sean algo del todo malo. Cada quien a lo suyo. Segundo, ni bien dejamos de abrazarnos, me dice: "No tienes idea de lo que me pasó anoche…", y empezó a hablarme de un tal Matt que yo no conocía, no me interesaba y del que, después de toda la charla, terminé considerando un total Casanova, el típico playboy de los que piensan que las mujeres son todas fáciles y se ligan a la que quieren cuando se les antoja.
Por lo que puedes notar, todas las otras mujeres de su entorno estaban prácticamente locas por él. El punto de la obsesión era tal que todas las chicas que habían pasado por su lecho llevaban como una especia de aura, un aire de superioridad, una condición de estatus, que las colocaba por encima de las que aún soñaban con él y mucho más arriba de aquellas que por su condición física o por su gusto por el chocolate nunca podrían tocarlo. No obstante, si él te invitó y te descartó por que te delataste con el chocolate, el simple hecho de que te haya considerado te colocaba en el segundo peldaño de esa jerarquía.
Ellas, todas, siempre lo querían, lo deseaban. Me pregunto si es que acaso nunca se dieron cuenta de que él las usaba. Supongo que está bien catalogar por lo bueno que puede ser alguien en la cama, pero… Sí, tal vez tengas razón. Quizá sí se dieron cuenta, quizá sí sabían que él las consideraba carne y gustaba usarlas, marcarlas y luego abandonarlas. Quién lo diría. Admito que tampoco te equivocas esta vez. El hecho de que él fuera así, tan misterioso, tan cerrado pero desinhibido en la intimidad es lo que hacía a las mujeres tener esa fijación y deseo por él. Sí, también conocí a muchas que alegaban amarlo pero nunca se lo hubiesen dicho porque eran consientes de la unilateralidad de su amor y, además, eran mujeres demasiado orgullosas para admitir el impacto que había tenido en ellas una noche de sexo. Mmm… pues, no las culpo. Te diré que, por un tiempo, yo también fui una de esas mujeres. No podía comprender el porqué de que me sintiera así. Claro que, cuando acepté, estaba totalmente segura de lo que estaba haciendo y era totalmente consiente de las consecuencias que me acarrearía. Por más que no se dio el ritual y podría haberme rehusado, había algo en él que me llevó a continuar lo que él empezó. Sí, él tenía algo, algo de lo cual no podías escaparte. Incluso ahora creo que me sería imposible decir con certeza que hizo que me enamorara de él en ese momento, que me hizo aceptar perder mi virginidad con él.
No, no me molestaría relatarte eso. Ahora, creo que ni a él le molestarías y, si es por servirle de algo, no me importaría contarte todo. Lamentablemente, ya es muy tarde. Si, es una lástima. Supongo que no podemos hacer nada. Hay una gran diferencia horaria. Claro, esperaré tu llamada mañana. ¿A la misma hora? Perfecto. Sí, estaré aquí. Sí. Hasta mañana.
Hola!! Gracias a los ninios y ninias que leyeron mi fic n.n El siguiente cap saldrá pronto o-o Tengo muchas clases aburridas donde inspirarme xDD Bueno, se supone que el disclaimer va al inicio pero, si lo ponía ahí arriba, me mataba la atmósfera T.T So, ahí les va xD
Disclaimer: - Death Note no me pertenece ;-; Si así fuese Matt y Mello, incluso L-chan nunca se habrían muerto ToT, la serie seria yaoi de todas formas xDDD y, de alguna forma, Light no se habría vuelto loco o-o Anyway, se agradece a Takeshi Obata y Tsugumi Ohba por tan buena historia 8D
Bueno, ahora sí me voy o.o Besos!!! Eeeeeeiiiiioooozzzzz!!! n.-
